Edgar Degás, voyeur
Que a Degás le inspiraba la mujer es evidente, y su visión me encanta porque pareciera que la mirada del pintor se esconde tras la mirilla de alguna puerta.
No me interesan tanto las representaciones de bailarinas que adornan cualquier
escuela de danza, como las series de mujeres desnudas en la intimidad, instantes que parecen robados y que nos ofrecen la posibilidad de ver sin ser vistos. El lujo de admirar cómo esas féminas del siglo XIX se lavaban, se secaban, se peinaban.
Parece que Degás fue un hombre solitario, cerrado de mente, cargado de prejuicios y depresivo que no se llevó bien con sus coetáneos y que, ni se casó ni tuvo ninguna relación amorosa en su larga vida.
Seguramente su placer sensual lo alcanzaba con la mirada y la recreación en solitario.
“Me interesa dibujar lo que ya no se ve salvo en el recuerdo” 
Qué pena no encontrar pintoras que nos enseñen la imagen sensual de los hombres de épocas pasadas.
Escribín un conto erótico de bailarinas contemporáneas, un pouco sádico: aquí
el placer de las mujeres
Nunca he sido de las que he gritado públicamente mi feminismo a mano alzada, blandiendo el ángulo vaginal con los dedos pulgar e índice. No he formado club de mujeres más que con mis amigas libertinas, y allí no nos dedicamos a reivindicar.
Pero soy de las que siente orgullo de género e íntimamente creo en nuestra superioridad, principalmente en lo que a disfrute se refiere.
Por eso uno de mis mejores placeres voyeuristas es verlas gozar a ellas, gozar de verdad. Me excitan más los hombres, ya lo he dicho, pero a la hora de presenciar un orgasmo, me quedo con el de ella, con éste, con el siguiente, y el otro…
¿No es fantástica la capacidad multiorgásmica?
El estado de la vulva en excitación
Me gustaría describirle a los hombres qué experimenta una mujer en sus partes íntimas cuando se excita, las sensaciones de nuestro cuerpo, o al menos del mío.
Ante un determinado estímulo erótico concreto, por ejemplo una pareja que se besuquea impudorosamente delante de tus narices en el autobús, lo primero es un rubor allí abajo, una ligerísima subida de temperatura.
La boca se saliva y la garganta se contrae, de modo que tragar se hace algo más costoso. Entonces los labios vaginales cosquillean sutilmente y sientes un leve rocío, como si sudaras por ahí abajo.
Esto sucede a lo largo de unos minutos, no es instantáneo. Dan ganas de frotarse allí, de apretar las piernas o de menearse. Si estás a solas todo se acelera porque puedes bajarte la ropa y acariciarte, pero si seguimos en el autobús, hay que mantener las formas y no es demasiado difícil.
Es momento de relajar la mente y dejar al cuerpo fluir, abandonarse y volverse más irresponsable, más facilona y frívola. Los ojos se entornan, los pezones se endurecen. Si alguien nos preguntase la hora, nuestra voz saldría más aguda que habitualmente, más melosa.
Sientes ya los labios pulposos y jugo entre ellos. Si el proceso se prolonga deleitándose en las sensaciones y la parejita impúdica de este cuento sigue dando espectáculo -el trayecto ha de ser largo- comienzan a caer gotitas espesas y dulzonas que empapan las bragas, pero difícilmente traspasan el pantalón. Es chulísimo notar ese líquido caliente resbalar despacito por la abertura inferior y perderse entre la carne.
Este sería el momento perfecto para ofrecer la fruta a un buen cipote armado, pero si no lo hay, no pasa nada: me conformo con mirar.
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Escucha este relato interpretado por la femenina voz de Lipa Benet.
Susana y los viejos
La historia de Susana está narrada en el Antiguo testamento, en el libro de David.
Susana es la esposa del rico Joaquín. Un día es espiada por dos viejos lascivos mientras está desnuda lavando su cuerpo. Los ancianos intentan violarla, pero ella se resiste firmemente y ellos la amenazan con denunciarla diciendo que se quedó a solas para copular con un joven, amenaza que cumplen y la bella y pura Susana es condenada a muerte. Entonces intercede el sabio David, que interroga a los malvados viejos y finalmente son ellos los ejecutados.
Esta historia inspiró a un montón de grandes pintores, que retrataron la escena desde diversas perspectivas, pero casi todos se centraron en el momento del voyeurismo, en lo morboso de la escena de la chica en sus abluciones y los viejos babeando al ver sus carnes sin ropa.
- Susana y los viejos. Rembrandt, 1635
- Susana y los viejos. Rubens, 1635
- Susana y los viejos, Tintoreto, 1560
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Regalar los oidos
Me gusta escuchar cómo otros lo hacen. Algunos vecinos dicharacheros me halagan los oídos con sus sonidos de placer. Soy de las que pego un vaso en la pared, o trepo encima de una silla para disfrutar del concierto.
Por mi parte, como me gusta ser buena vecina y me enseñaron de pequeña que se debe hacer a los demás lo que una quiere que le hagan, grito y chillo en mi placer, exagerando mis lamentos para regalar los tímpanos de mis conciudadanos… nunca se han quejado.
Voyeur V
(…Continuación de voyeur IV)
Por fin sucede algo: él se levanta, se sube los pantalones haciendo hincapié en lo molesta que le resulta la ropa a su miembro viril. Parece que tiene un bicho vivo en el centro de sus piernas y camina escarranchado. Va a la cocina, vuelve con un refresco y se lo tiende a su mujer, que ahora se suaviza toda y le responde con una sonrisa encantadora, no sabría decir si por el bicho o porque tenía sed.
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Los cuadernos de don Rigoberto. Vargas Llosa
De todos los libros de literatura erótica, considero uno de los de mayor calidad literaria es “Los cuadernos de don Rigoberto” de Mario Vargas Llosa, segunda parte de “Elogio de la madrastra”, sin desmerecer el primero al segundo.
La sensualidad es muy elegante y especial, no te lleva directamente al orgasmo, tan solo te predispone de una manera sutil y delicada, como un buen amante solo sabe hacer.
Copio un párrafo donde se regodea en el olor íntimo de doña Lucrecia, la musa de sus fantasías, mientras ésta orina. Ilustro el texto con un dibujo de Picasso, y con un grabado de Rembrand, ambos se sentían, al parecer, atraidos por ese gesto tan íntimo en la mujer.
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voyeur IV
( … Continuación de voyeur III…)
Pasaban los minutos y me estaba desesperando, ahora él comienza a parecerme tonto del culo, vale, está bien
respetar el deseo de tu pareja, pero darle un masajito en los pies no es invadir la voluntad de la dama, tomar un pie entre sus manos y trabajar los tendones para relajar a la chica colaboraría a ponerla de su parte sin que ello suponga una violación. Su espectáculo de picha brava está bien, pero algún otro estímulo le vendrá de perlas a mi vecina para ceder de una vez…pero…ah!! Ahora sí, ahora todo apunta a que va a empezar el concierto.
… Continuará en Voyeur V…
También los jabalies se besan en la boca
Este libro de Pilar Sancristobal sobre algunas curiosidades del reino animal, es de fácil lectura y muy divertido.
Copio un párrafo sobre la cópula de los elefantes, en el que se demuestra que el voyeurismo es altamente edificante:
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Memorias de voyeur III
(…continuación de voyeur II)
Tanto su mujer como yo coincidíamos en que el empalme que teníamos frente a las narices resultaba una erección muy agradable, muy invitadora, toda llena de sangre, a rebosar, una hartura. Una buena caña de pesca con un cebo apetecible para nuestras almejitas.
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