Oración
Doy gracias por mi tacto, por poder sentir la dureza de la verga entre mis manos.
Doy gracias por mi olfato que me permite absorver la esencia invisible de la verga que sostengo entre mis manos.
Doy gracias por la vista, y con ella, la posibilidad de mirar esta verga perfumada que sostengo entre mis manos.
Doy gracias por tener sentido del gusto, y con él, la suerte de saborear esta verga perfumada, que miro, paladeo y sostengo entre mis manos.
Doy gracias por mi oido que me permite escuchar los sonidos acuosos de esta verga perfumada, que miro, paladeo y sostengo entre mis manos.
Y doy las gracias, emocionadas gracias a la vida, por dotarme de fantasía e
imaginación para, en caso de no disponer de la hermosa verga perfumada, de sonidos acuosos que miraría, paladearía y sostendría entre mis manos … disfrutarla de igual modo (o casi).
fin de fiesta
¡Qué ímpetu llevas! Cabalgando mis costas, fiera pareces, que no hombre cabal.
¡Qué briosa voy! … ¿Me ves? Meneo mis caderas que miras desde ahí atrás. Mis fluidos suben y bajan y tú rebufas.
Todo mi pubis está resbaloso, todo tu pubis pegajoso.
Me giro para verte de frente, para que me veas, para que nos veamos y nos acordemos que somos tú y yo. Abro piernas y brazos como una flor.
Mi cara está ahora sin misterios, carnal, no tan bella…pero ¡tan bella! Me sonríes de lado, te sonrío de frente.
Quieres quedar bien, quieres quedar como un machote y me zumbas a placer ¡Cómo te gusta esa velocidad! Yo también la gozo pero no pierdo la conciencia, todavía no pierdo la cabeza. Sin embargo, meneo mis caderas como endemoniada, gimo exageradamente.
Esos ¡ayes! hacen que ambos perdamos la concentración pero es un juego y creo que te la pone todavía más dura. Está a reventar tu hermosa verga, toda roja e inflamada.
Golpeas con brío, parece que quisieras fecundar a todas las mujeres en mí. Ya voy perdiendo los sentidos y me vuelvo más exigente. Te agarro los hombros fuerte, casi te clavo las uñas pero ni te enteras, ni me entero. Ahora tú bufas, gruñes y rechinas los dientes porque estás a punto de olvidarte de ti y sabes que anticiparte a mí sería una rendición.
Ya respiro como si me faltara el oxigeno, como si me fuese a dar un síncope, hasta que comienzo a decir palabras inconexas con poco sentido gramatical y con pinta de ser groserías o palabras de amor.
Y ya, sin más dilación.
Después de un rato sale de mí tu pene derrotado.
El primero que olió mi sexo

Arturo fue el primero que mojó sus dedos en mi poza.
Mi excitación era tan grande después de horas de besos y caricias en la esquina escondida de la playa que propicié la digitopuntura en mis carnes íntimas de terciopelo … Se nos hizo tan tarde, tan entretenidos estábamos, que salimos disparados para tomar un taxi.
Arturo, virgen a esos olores, se impresionó tanto que no había más que ver su cara en el taxi, llevándose los dedos a la nariz y aspirando como un papanatas. Los mantuvo ahí todo el camino. Levantaba y bajaba las cejas, exagerando su deleite, mirándome como si aquello fuese el objetivo olfativo de su vida.
- Cómo huele!
Más tarde, cuando me hubo despedido, Arturo, tan chavalín era y tan impresionado se encontraba, habló de ello con todos sus amigos, lo que desató primero mi ira, y después un tremendo ataque de vergüenza. Pasaron días sin querer verles, pero finalmente cedí y me presenté allí como si nada.
Los chicos me miraban de forma diferente ahora. Resultaba abrumador acercarse a una panda de muchachos sabiendo que todos están pensando que tu novio te mete los dedos. Y que tu coño huele a un fantástico elixir desconocido. Saber que todos sabían que el olor de mi sexo paralizó, noqueó a mi chico al descubrirlo, me embriagaba de pudor.
Hoy quizás me hubiese aprovechado de la situación, pero en aquel momento cerraba a cal y canto mis piernas, no se fuese a escapar un poco de ese perfume que todos aspiraban exhalar.
Febrero
Analizando este mes de febrero, creo que he estado un poco obsesionada con el miembro viril masculino. Comencé planteándome la posibilidad de disfrutar en exclusiva de la porra, sin contar con su amo, después me dio por su olor, e incluso he reflexionado sobre la posible evolución genética de ese siempre tan enigmático apéndice.
También tuve mi sesión nostálgica recordando aquellos carnavales en los que me dediqué a meter mano a toda verga que se me acercaba, protegida tras mi disfraz. Y ya en gallego, en el periódico Certo, hablé de los ejercicios que debe realizar un hombre para que sus partes estén en plena forma, y hablé de un interesante librillo no apto para acomplejados: The big penis book. Desde aquí mis ánimos a Taschen para que editen The short penis book, para disfrutarlos también.
Y a raíz de mi participación en la campaña electoral gallega de Vieiros, imaginé los penes de nuestros dirigentes.
Pero no todo es falo en mi universo sensual: os descibrí el nuevo peinado de mi pubis, e hice un canto al erotismo animal a raiz del día de San Valentín e incluí un apunte de uno de mis libros eróticos favoritos Loto Dorado, Hsi Men y sus esposas.
Terminé el mes hablando de las calientapollas, entre las que me incluyo, claro que no solo me interesa la calentura de ellos…
campaña electoral galega
Hai uns dias Vieiros pediume que fixera un seguemento erótico da Campaña Electoral. Pareceume dificilísimo acender a lareira coa cachopa de freixo da política, pero que o demo me leve se non fixeron a propaganda electoral para facilitarme a tarefa. É ista unha campaña centrada nos cabeza de lista dos partidos, case todos eles homes, tentando seducirnos con un exhibicionismo masculino, de macho dominante.
Seducción nas vaias publicitarias, senón fíxense no Feijoo tan romanticamente insinuante: “Estoy preparado para devolverte la ilusión. Llegó el momento. ¿Empezamos?”. Non levan estas verbas a matinar unha sesión desas de toda a noite con velas, viño e rosas?
Pero o Touriño non queda atrás e dinos desvergonzado: “Dalle máis forza!”, frase que leva a pensar nunha erección de pedra, resistente á forza da gravidade.
E logo está a curta do político-gladiador erguendo peito fachendoso: “Eu son Anxo Quintana”, dí e todas o imaxinamos en faldiña romana, loitando contra os leóns.
Pero xa o top é o cartel do UPD onde catro homiños apretuxados se expoñen como catro roxiñas nas vaia. Ainda que moi guapos non son, debaixo pon: “Tu escojes”, como se aquilo fose un saldo, un saldo de escaparate estilo Amsterdam.
Os meus escritos sairán todos os dias ata o primeiro de marzo, e podedes velos pinchando aqui.
el peinado
Por fin he encontrado el peinado que más le conviene a mi chochito. Hasta que no se encuentra el estilo que más favorece a la propia fisonomía se pasa fatal, con la maquinilla, la cuchilla, las tijeras. Y es que es una zona que requiere laboriosidad si se aspira a unos resultados perfectos.
Esta vez me quedó monísimo. Intentaré describirlo: el pubis lo mantengo frondoso, con mi pelo ensortijado abultando como un centímetro, creciendo en intensidad desde los bordes claros hasta el centro bien tupido, muy años veinte. Ahora bien, desde el comienzo mismo de la rajita hasta el final de la misma, allá en la retaguardia rape total, ni el menor atisbo de que pudo haber vello en esa zona.
Con este nuevo look mi entrepierna produce un efecto impresionante: al levantar la falda se ve una mujer antigua, una Carmen española con concha poderosa, casi gitana, pero si el interesado abre mis piernas… ¡Tachán! las carnes desacomplejadas brillan sin obstáculo piloso, como las de las revistas porno.
Es un flipe mi nuevo peinado.
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Escucha este relato interpretado por la voz de Lipa Benet
El olor de ellos
El perfume de la intimidad me ha defendido de la pestilencia exterior.
Los efluvios de su cuello tibio, de sus axilas limpias o de su sexo me han protegido contra la fealdad y el miedo.
Pero la estrella de las fragancias, el olor cumbre todopoderoso, es el que desprende su falo después de haber estado chapoteando en mis humedales. Cuando sale de mí, se han mezclado, unido, combinado y agitado nuestros fluidos y el batido resultante es una amalgama excelsa capaz de noquear de éxtasis a todo un campo de fútbol de gentes de mínima sensibilidad olfativa.
sexo oral en la Luna
El hombre tiene el sexo presente incluso en aquellos momentos más insospechados, si no recuerden a Amstrong, el primer humano que pisó la Luna.
Cuando daba sus primeros pasitos saltarines por nuestro satélite, después de su memorable: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad” el introvertido y estudioso astronauta pronunció otra misteriosa frase que guardaba toda una obsesión:
- “Buena suerte Mr. Gorsky”, dijo.
Esas palabras fueron causa de innumerables elucubraciones y muchas fueron las veces que le preguntaron a Amstrong por su significado, pero él nunca quiso desvelarlo, hasta veintiséis años más tarde que confesó pues el señor Gorsky ya muriera y se sentía libre para hablar.
Cuando era un chaval y estaba jugando a la pelota en la calle, ésta saltó al jardín de los vecinos: los señores Gorsky. Al agacharse a recogerla escuchó que la mujer decía al esposo:
- ¿Sexo oral?, ¿Quieres sexo oral? ¡Tendrás sexo oral cuando el hijo de los vecinos camine en la Luna!”.
Se ve que al adolescente Amstrong le dio tanta pena su vecino que se esforzó lo indecible para que la señora Gorsky cumpliera el capricho de su esposo y lamiera por fin.
negro, negrazo
Lo primero que le vi fue la nuca. Una robusta nuca pelada, negra como el azabache, en línea recta con la cabeza y ensanchándose hacia los hombros. Leer más »
- ¡Qué hombros!, pensé.
Jamás los había visto tan fornidos en mi vida. Podría ser un jugador de la NBA, su altura era providencial, todo su tronco sobresalía entre la gente. Atraída como por un imán, me senté cerca de él en la barra. Tenía una jarra de cerveza rubia en la mano.
- ¡Qué manos!, pensé.
Magma
No me pasa siempre, pero cuando sucede es una sensación excelsa.
Es una exaltación tan absoluta del ser, que recordarlo inquieta.
Es ser un trozo de carne abierta, expuesta y gozosa, es ser hembra, todas las hembras en mí.
No solo las humanas, también la vaca y la oveja habitan en este cuerpo que se abre. Mi boca se entrega, mi vulva se expande, mi ano se distiende y los límites corporales pierden los habituales límites, desconcertados por las aguas que fluyen.
Es un abandono a las sensaciones voluptuosas: todo el alma se carga de una energía celeste y solo puedo evocar la luna llena o las mareas vivas para tratar de explicarlo.
Todo es aroma, todo es pálpito. Mi masa fermenta. Quiero ser sementada, ungida. El deseo se hace magma y solo ansío unirme al macho, al fauno, al toro.
Quiero fundirme en él.








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