Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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Alice, mujer de cristal.

Publicado por Susana Moo
4 Marzo, 2010

Víctor ha limpiado meticulosamente las uñas de sus manos con un mondadientes, Laura ha alisado la larga melena de su cuero cabelludo y ha retocado con primor el vello rizado de su monte de Venus.

Alice, la enfermera de las bragas chiquitas, les recibe:

Landrú. Arturo Pizá.

Landrú. Arturo Pizá

- Lo siento, sólo puede pasar uno a ver al señor Gonzalo, advierte.
- ¿No podemos entrar juntos?, protesta Víctor.
- ¡Uy, no! las reglas son estrictísimas- responde Alice con dicción melosa y sonrisa radiante –, que pase la chica primero.
- Vale voy, se apresura a responder Laura, acostumbrada a no cuestionarse las reglas.
En cuanto Alice se queda a solas con Víctor, comienza su ritual de seducción. La enfermera es una de esas mujeres para las que su identidad ha de pasar por la aprobación genital masculina. Es una de esas muchachas, o damas, siervas del beneplácito del hombre, mujeres incapaces de desear salvo actuando como espejos. Frágiles maniquís de cristal, vulnerables al paso del tiempo y los estragos que él hace con la belleza superficial, muñecas preciosas que aman por ser amadas, que gustan por ser gustadas y se rompen en mil pedacitos el día que ellos, los hombres, les niegan la mirada. De ahí el esfuerzo inconsciente, infinito, de Alice por ser linda y caliente, simpática y deliciosa, permanentemente adobada por si él, uno de ellos, cualquiera de ellos, quiere tomar el aperitivo. Siempre está a punto de caramelo y ahora exhibe todo un repertorio de gestos -innatos o adquiridos- para llamar la atención de Víctor.

Si un antropólogo pudiese verla, tomaría nota de cuanto movimiento y rito efectúa la hembra humana para dirigir al macho hacia la monta: caminares de punta tacón, contoneo sensual de cadera, mohín mimoso combinado con sonrisa cariñosa, inclinación de cintura, elevación de glúteos, lucimiento de volumen pectoral, giro de ojos, elevación de cejas, pestañeo de abanico. Prueba todas y cada una de esas carantoñas, mas ninguna provoca -aparentemente- el mínimo efecto en Víctor, que la mira contenido.

Hace unos días hubiese tenido mucha más suerte con su exhibición, pero hoy no. Hoy Víctor tiene enfocada su atención en un objetivo concreto y no se dispersa. No sigue el juego de la enfermera a pesar de que no le resulta fácil, su naturaleza está diseñada para esparcir su esperma y con él sus genes, y es complicado luchar contra esa ley biológica. Sin embargo el mecánico se mantiene firme y se siente aliviado cuando por fin llega Laura y le mira sin hacer filigranas. No, ella no hace cabriolas espectaculares con sus párpados pero, si se sabe leer en su mirada, esas pupilas gritan sin hablar, es la mirada ansiosa de una mujer que enviaría su alma a los infiernos a cambio de un abrazo de amor.

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Este es el cuento 32 del conjunto de relatos hilados de Crisol Púbico.

Pinchad aquí, si os apetece recordar el día que os presenté a Alice, la enfermera, y las fotos que me enviasteis de ella.


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El carnicero, play-girl.

Publicado por Susana Moo
1 Marzo, 2010

La esposa del viejo ni se inmuta cuando se entera del pataflús que le ha dado a su marido; es cierto que durante muchos años ha fantaseado con la idea de quedarse viuda y rehacer su vida con su cuñado, el carnicero, el amor de sus amores, pero ahora ya está muy desengañada. Esta señora que ha sido tan japuta con su legítimo ha sufrido en sus carnes todo el rigor del refrán aquel que dicta “allí donde las das: ¡tómalas!”.
¡Cuánto no habrá padecido de celos esta venerable mujer! Porque el carnicero tripón, desde que quedó viudo ha sido un picha alegre de amplio fuelle gracias, sobre todo, a la calidad de sus carnes. Su establecimiento fue un enjambre de fulanas decentes libertinas, amas de casa que no se limitaban a reírle las gracias al tendero, si no que le bailaban el chorizo con una alegría que pa qué.
No digo que todas las clientas pasaran por la piedra, pero os aseguro que no eran ni una ni dos las  mosquitas muertas que se hacían con las mejores piezas a base de darle a la lengua. ¡Vivir para ver!  Se daban allí situaciones extraordinarias, tales como las típicas discusiones de quién es la última, pero aquello era el mundo al revés.
- Pase usted delante.
- No, no, usted llegó primero.
- Oh, no, yo llegué después.
Todo por quedarse al festín, sabedoras de que al final queda la guinda, la última chupa premio ¡menuda lotería! ¡el gordo de navidad in persona!
- Venga señora, pase a la trastienda, que le enseño el cordero fresco.
Y ahí van, como cabritillas mansas meneando la cola detrás del castrón, que, después de unas breves carantoñas protocolarias,  ni corto ni perezoso, desabrocha la bata blanca -machada de sangre por la pechera-, saca el filetón -morado como morcilla toledana- y lo ofrece sin remilgos. Y aquello que parece inaudito sucede: sin remilgo se lo toman a manos llenas, que ¿quien lo diría? … ¡unas señoras tan hacendosas!
Claro que de entre todas las pelanduscas, guapas pocas, adefesios la mayoría,

Autorretrato de Odd Nerdrum. Odd Nerdrum podría haber sido primo del carnicero.

Autorretrato de Odd Nerdrum. Odd Nerdrum puede que haya sido antepasado del carnicero.

pero él no hace ascos a ninguna, al fin y al cabo la tremenda panza es una gran ventaja, esa inmensa protuberancia abdominal le ahorra verles la cara a las señoras ya atareadas en faena, que las pobres han de hacer la felación con la cabeza torcida -si la ponen derecha, la frente choca con el barrigón y no abarcan el cacho al completo-.
¡Esto es la leche! hay que ver de lo que son capaces algunas para conseguir rebaja en las chuletas. Y la mujer del viejo, pues trepando con las garras por las paredes, jodiendo a su marido, qué va a hacer.

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Este es el cuento 31 del conjunto de relatos hilados de Crisol Púbico.

No he podido -ni querido- reprimirme de colgar el autorretrato, pero si os apetece, podeis enviarme algún enlace, imágen o música que enriquezca esta historia. Ya sabeis, a erotomanita(arroba)gmail.com

Y si quereis ver las imágenes que me enviasteis anteriormente para ilustrar otros relatos en los que aparece el carnicero y/o su amante estable (la mujer del viejo), pinchad en los siguientes enlaces:

La historia de ¿amor? del Sr. Gonzalo y su esposa

La infidelidad de la mujer del viejo con el carnicero

El carnicero seducido por su cuñada

Me enviaron imágenes:

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La flautista se doblega

Publicado por Susana Moo
23 Febrero, 2010

- Ringggg
- ¿Diga?
- Soy Rebeca.
- ¿Rebeca? ¿la flautista?
- Sí.
- ¡Rebeca! ¿qué tal? Precisamente estos días me he acordado muchísimo de ti, después de encontrarnos el otro día en el bar, que apenas tuvimos tiempo de charlar… ¿dónde estás?
- En Madrid, te llamo para darte mi dirección por si algún día te pasas, podrías quedarte en casa …
- ¿En tu casa? ¡Anda! Pues muchas gracias … precisamente tenía pensado ir dentro de un par de fines de semana por ahí– inventa el Ex sobre la marcha.
La prima, que escucha la conversación agazapada en el otro terminal, se sonríe triunfante.
- ¡Qué bien!- finge la flautista.
- Sí, sí, fantástico, me enseñarás la ciudad.
- Claro.
- Te llamo dentro de un par de días, en cuanto gestione los trámites.
- Vale.
- Oye, muchas gracias, todo un detalle.
- Sí, bueno, hablamos.
La flautista cuelga el teléfono enfurruñada; al Ex, por contra, le salta el corazón en el pecho de la dicha, y la prima se autofelicita vanagloriándose por su capacidad de cálculo y se excita sólo de pensar en lo inteligente que es y en lo bien que se lo monta:
- ¡Buena chica! ¡así me gusta! – le dice a Rebeca, y acto seguido desabrocha sus pantalones de botones y se los saca lentamente por los pies, se quita los calcetines y después las bragas de nilon. Luego se acomoda en la silla con las piernas bien abiertas. No tiene que decir nada, la otra ya sabe lo que ha de hacer.

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Este cuento es el número 30 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Karlotti envía tres mapitas del deseo realizados por él mismo, que clasifica como chafalladas. A mí no me parecen chafalladas, mirad:

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ranaparanegrocubicaokok

mirandomemooOK

Celia: “¿la prima?“:

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(La foto que envía Celia la había utilizado yo hace un año aproximadamente, cuando me dió por contaros mis experiencias carnalescas).

Wendy: “Vete tú a saber por qué, pero me imagino a la prima ansiosa por no sólo presenciar sino grabar el evento, y tal es su ansiedad por revivirlo que no puede esperar a visionar el film, observa los negativos y se recrea en el recuerdo vívido. Qué rara es la psique. Y la imagen, puede que sea sólo erotizante para mí…”

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Tiberio: “me debo haber empecinado en que la prima es rubia y flautista morena“:

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Fernando Lobato opta por algo explícito:

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La prima es exigente con la flautista

Publicado por Susana Moo
22 Febrero, 2010

- Llama a tu Ex e invítale a venir a Madrid a verte.
- ¡No!
- ¿Cómo que no? ¡Sí! Deseo verte con él.
- No quiero … ¡me da asco!
La flautista le tiene tirria a todos sus ex amantes, una repugnancia visceral que no representa otra cosa más que el menosprecio que siente por sí misma y por su pasado.
- ¡No!
- ¡Sí! He visto cómo te mira, y sé de un cliente al que le gustará mucho presenciar vuestro encuentro.
La dueña toma por el mentón a la discípula, la mira a los ojos y asevera pronunciando lentamente sus palabras:
- Y a mí también.
La flautista baja la mirada, en el fondo goza recibiendo órdenes y también le gusta la sensación de ser vista por su novia mientras lo hace con un tío cualquiera, pero ¡con el hippie!, con lo baboso que es, con lo absurdo y ridículo y horrible que es.
-No quiero, con él no, por favor…
- Sí, será con él. No hay más que hablar.

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Este cuento es el número 29 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, pongo una foto de una mujer expuesta que me ha enviado Erik Marvaz:

DSC03145

Si deseais recordar un poco de la historia de la prima y la flautista, aquí algunos capítulos:

Episodio de Laura con su prima lesbiana
.

El Ex de Carmen y la flautista
.

Cómo se lo montan las lesbianas


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Cómo se lo monta la prima

Publicado por Susana Moo
27 Enero, 2010

La flautista fue una niña mal criada que abandonó el hogar familiar en cuanto cumplió la mayoría, decidida a no heredar la carnicería de papá, destino que le venía impuesto tras siete generaciones de maestros en cortar la carne. Ahora es ovo-lacteo-vegetariana, lesbiana y un poco masoquista, pero eso no lo sospechó nadie en Crisol salvo Carmen, que se percató de la relación dominatrix que tiene la prima para con su novia, pero le importa un bledo, lo único que le fastidia de todo este asunto es la cara de tonto que se le ha puesto a su ex desde el encuentro ¡ahora que había comenzado a estar tan centrado! El muy anormal babea de nuevo por la de labios de muñeca hinchable.
A la prima de Laura le gustó la flautista en cuanto la vio, y ya decidió no perderla cuando comprobó hasta que punto se abandona dócilmente a los placeres sensuales, hasta que punto su sexo es una balsa de aceite, permanentemente lúbrico, lúdico para el amor.

Cuando la relación estaba mínimamente consolidada, la prima decidió que ambas debían sacar partido de esos quehaceres íntimos que les salen tan bien. Diligente, se buscó un piso luminoso y espacioso en pleno centro de Madrid que amuebló de tal modo como para que la distribución diera juego a un negocio que tenía en mente y que ahora resulta ser boyante. Desde el porche de entrada- todo en variedad de verdes- se accede al salón – en diferentes naranjas ocres- por una puerta central.  En esa estancia ha enfrentado divanes a un lado, junto al piano de pared, y al otro, delante de la galería, un ambiente más informal con cojines enormes en el suelo. Es un salón femenino con diseño barato en general, pero con alguna pieza exclusiva, como el tapiz oriental con motivo erótico que preside la estancia.

Desde el mismo porche se accede por una puerta corredera -muy bien disimulada al estar pintada del mismo verde lima que la pared- a un habitáculo que podría ser un cuarto de las escobas pero que la artista ha convertido en una salita coqueta que, pese a ser diminuta no lo parece, al disponer de un cristal transparente que ocupa toda una pared y que da al salón. Esa transparencia amplía la perspectiva. Supongo que no es necesario que os explique cuáles eran los planes de la emprendedora cuando decoró su casa, ya que ese cristal es como los de comisaría: en el salón lo que se ve es un espejo opaco, con dos hermosas plantas a cada lado.
La empresaria se lo monta cojonudamente: tiene colgado un anuncio en una página exclusiva dedicada al placer de mirar en la que se explaya en las gracias del placer voyeur individualizado y sibarita, contrastándolo con la vulgaridad de las cabinas donde se ha de compartir el momento con más ojos. No le faltan clientes, tiene una cartera magnífica, no tan amplia como fiel y lo que es todavía mejor: generosamente solvente. Con alguno de esos clientes ha conseguido crear una relación muy satisfactoria para ambas partes, chatea con ellos para delimitar fantasías, prácticas más o menos originales que luego las amantes tratan de llevar a cabo con la mayor fidelidad posible: “me gustaría veros haciendo la liana”, “quisiera ver en acción al dildo polifálico monitorizado“…
La flautista y la prima hacen un buen trabajo para los señores  y los caballeros miran desde la elegante habitación de las escobas. La verdad es que son buenas: lo hacen exactamente igual que cuando están a solas, tienen sus orgasmos reales y se ganan un pico con cada actuación.
A veces, sólo a veces, invitan a un inocente- desconocedor de que va a ser observado por una cuarta persona- y entonces el precio sube porque la puesta en escena es más costosa en tiempo y organización. Incluso algún asiduo se toma el lujo de buscar personalmente al chico al que quiere ver interactuar con ellas: “ligáos a éste”. Como para las dos mujeres está bastante chupado llevarse a un pollo al huerto, lo llevan, se lo benefician y el paganini del cuarto oscuro la goza a su visual manera y queda encantado de la vida, al igual que el maromo invitado, que suele pasarlo rebomba.
El caso es que la maliciosa prima, cuando vió la cara de amor eterno del ex de Carmen para con su novia se dijo que era una víctima fantástica, que a algún cliente retorcido y morboso le encantaría presenciar cómo las dos chicas se burlan del enamorado galán.

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Este cuento es el número 24 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Mira las que me envían:

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8

Mis dos lenguas eróticas

Publicado por Susana Moo
22 Enero, 2010

El periódico digital Certo traduce al castellano cada viernes uno de los relatos míos que tiene allí publicados en gallego.

Esta semana han traducido “A tía Casiana” y me he reido con él aunque la verdad es que me gusta el cuento mucho más en gallego. Me sucede con todos, que, si los he pensado en gallego, al traducirlos me parece que pierden guiños y expresiones muy de aquí. La lengua gallega es una lengua muy cachonda en ambos sentidos. En este caso me hizo gracia la traducción, os los enlazo en ambas lenguas, pero los que entendais gallego mejor que lo leais en versión original.

Aquí los dos enlaces:

En galego: A tía Casiana

En castellano: La tía Casiana


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Víctor encoñado.

Publicado por SusanaMoo
17 Enero, 2010

Cuando Víctor sale del café Crisol, después del espectáculo de las lesbianas, está que arde de cintura para abajo y que hierve de cintura para arriba. Pero a él la que se la ha puesto como la de un buey galaico es la profesora. Lleva todo el día intentando controlar unas erecciones tremendísimas y en cuanto se entera de que al viejo le dio el jamacuco, no se lo piensa: ya tiene disculpa para ir a hablar con Laura. Así como termine la jornada laboral, irá a buscarla. El mecánico tiene trabajo hoy, está tumbado en el suelo del taller, intentando averiguar qué cojones le pasa al motor de una Harley de los cincuenta, una preciosidad a la que no consigue arrancar ni su puta madre. Acostado sobre su espalda, con los pantalones manchados y la camiseta vieja, su cuerpo se ve perfecto bajo las ropas sucias, proporciones áureas en las esbeltas piernas, en los brazos torneados, en su cuello de nuez, en el vientre liso. Su mente va disparada. Es impresionante con qué realismo planea. Es alucinante la seguridad que tiene este hombre en sí mismo para con las mujeres, ni por asomo se plantea la posibilidad de que Laura le pueda rechazar, ni le amenazan temores de no dar la talla o no mantener la altura. Se recrea imaginándose a sí mismo acercándosele a ella. Se ve estrechándole la cintura, atrayéndola hacia sí, consiguiendo que incline la cabeza hacia atrás para tomarle el cuello. Apretará las caderas femeninas contra su pelvis y la sorprenderá con la pistola cargada, Víctor sabe que cualquier mujer sensata recibe este gesto como una adulación. Tiene especial ilusión por descubrir sus pezones. Las cumbres de los senos de las chicas son siempre una sorpresa. Te los puedes encontrar sonrosados en morenazas y negritos en blanquitas, nunca puedes aventurarte de antemano, se puede hallar un botón diminuto en pechos enormes y se pueden descubrir tetas que todas ellas son pezón nomás… Y luego varía la respuesta, hay tías que sólo con rozárselos se vuelven caramelo cuajado y otras que se derriten con lametazos de chupete. Y las mejores: las que se los acarician a sí mismas, agocéntricas golosas…¡Oh sí! El mecánico se relame ¡él sabrá cómo encender el cuerpo de Laura con palabras y gestos! La inflamará y la gozará gozándose. No duda que esta noche Laura se agitará abierta para él. ¡Cómo flambea el chico con esos prolegómenos! Ese nodo entusiasta promete film oscarizado y es que Víctor está pillado, no lo sabe, pero está pillado. No piensa más que en ella, Laura desnudándose, Laura ya desnuda, la grupa de Laura. Víctor, ahí tirado, compone una preciosa estampa digna de póster del cuarto de adolescente enamoradiza. Su pantalón vaquero está un poco más desgastado por entre los muslos y en la bragueta, no hace falta ser adivinos para intuir el falo inmenso que esconde ese bulto potente. Por supuesto, su miembro ha respondido como se le supone ante tan estimulantes pensamientos y él, a cada paso, separa una de sus manos del tozudo motor para colocarla allí, en el paquete. Entonces aprieta con la palma abierta, frota allí como si le picase, rasca por encima del pantalón, recoloca la sierpe, ajusta la dureza, y vuelve al chollo. Supongo que lo hará, el tocarse, para incentivar la firmeza. Ha de sentirse muy a gusto con ese estado físico que provoca el estado mental del deseo. Hasta en dos ocasiones se plantea ir al baño y hacerse un mano a mano rapidito, más que nada para ver si se concentra y arranca la jodida Harley. Podría hacerlo, podría aliviar la tensión en cinco minutos y a otra cosa mariposa, pero no lo hace, ¡qué va! No se conforma hoy. Hoy su leche aspira a ser endulzada, enriquecida y especiada con miel de mujer.

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Este cuento es el número 23 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico ……………………………………….

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22

El viejo va al cielo.

Publicado por SusanaMoo
10 Enero, 2010

No deja de sorprender el modo en que la vida teje sus circunstancias. Durante meses, durante años, la rutina llena nuestros días, uno tras otro, todos parecidos, casi iguales. Pero el tiempo pasa lento e inexorable hasta que, de repente, todo cambia y lo que ayer era, ya no es y unas alas de mariposa que aletean provocan un huracán en los sentimientos y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Nada volvió a ser lo mismo para Laura, ni para Víctor, ni para Carmen, tampoco para los remeros Kinki e Ismael y mucho menos para el viejo desde la visita de la prima de Laura y la flautista, cuando, presumiendo de sexualidad liberal, removieron la conciencia erótica de los asiduos al café-bar Crisol.
Cuando todos se despidieron para acudir a sus respectivas actividades, el viejo permaneció, ahora taciturno, acodado en la barra, sentado pesadamente en su taburete. Carmen se le acerca y como si pudiera leerle el pensamiento, le susurra:
-A ti ya no se te pone ¿verdad abuelo?, la pregunta, dicha desde los labios femeninos de Carmen es como una lanza para Gonzalo, el viejo. La mira, mira a la camarera como si estuviera muy lejos. Poco a poco sus ojos toman forma de gorriones heridos. En su rostro está la pena del león vencido, la tristeza del oso herido de muerte. El viejo traga saliva.
-No, Carmen, ya no se me pone, dice y acto seguido cae en redondo estrepitosamente al suelo.

Gonzalo, el viejo, despierta en una habitación blanca de hospital y no recuerda qué es lo que le ha sucedido para estar ahí. Se gira y ve una mujer de espaldas con formas de reloj de arena, parece una enfermera vestida con bata blanca, la cintura de avispa que contrasta con las poderosas caderas. Parece atareada ordenando algo en una mesa camilla delante de la ventana por la que entra el sol limpio de invierno. El viejo escucha que canturrea aquel bolero antiguo. Él la mira y la imagen le parece onírica, por un momento se le pasa por la cabeza que quizá esté ya en el cielo. Pero entonces ella se voltea, le mira y sonríe:
-¡Ay que ya se despertó mi viejito! – dice la rubia oxigenada con el dulce acento de las sudamericanas- ha dormido mucho, ¿eh? Soy Alice, su enfermera-  la chica vocaliza chillando un poco, como se les habla a los duros de oído, y le planta un par de besos en la cara.
A Gonzalo se le antoja que es una preciosidad aunque realmente no es para tanto, va exageradamente pintada con su sonrisa perfilada de carmín rosa, los grandes ojos oscuros sombreados de azul mar y pestañas tan negras y largas que parecen abanicos azabache centrando un rostro multicolor. Su batita ajustada deja ver el comienzo del escote. Alice parece una parodia viva de la enfermera típica de la ficción porno y no cede en su charla:
- Le trajeron aquí porque se desmayó usted, el médico dice que no tiene nada, pero que ha de reposar y yo soy la encargada de cuidarle. Un susto que le dio su corazón. Pero no se preocupe, volverá a estar fuerte como un toro, le voy a dar unas sopas de pollo que levantan a los muertos -la chica se persigna-. Después, si quiere, podemos jugar, ¿le gusta el dominó? yo soy loca del dominó, mi papá me enseñó cuando era niña chica. Ha sido usted muy previsor al haber cotizado un buen seguro de enfermedad, ahora me tiene sólo para usted y eso ayuda porque a veces, fíjese, que me tengo que encargar hasta de cinco enfermos y no es lo mismo. Es que la gente no piensa en cuando sea vieja, pero ¡ay! no me ponga esa cara, ya sé que usted no es tan viejo, que luce muy atractivo, que debe ser usted un señor muy interesante. Ya verá en cuanto le de un baño y le afeite. No es porque yo lo diga, pero los viejitos reviven con mis cuidados, lo mío es que es vocacional, desde que me vine a España llevo atendiendo, doce años ya y le puedo decir que tengo las mejores cartas de recomendación, las familias se quedan encantadas y es que hay que tener mano. Yo para otra cosa no, que limpiar casas siempre me ha parecido muy trabajoso, pero atender a señores como usted es como si fuera mi hobby. En esta clínica llevo poco, pero estoy feliz, es fantástica, fíjese, todo tan limpio, mire las cortinas, cada semana se lavan. El doctor es muy serio, muy profesional, muy suyo. Entre usted y yo: un poco sosainas, pero hay que reconocerle que hace bien su trabajo y paga puntualito, que eso es de agradecer. Claro que de mí no puede tener quejas, que me paso aquí todo el día y las noches si hace falta, conmigo sabe que puede contar y que trato a los pacientes como trataría a mi papá. Los enfermos necesitan dulzura y cariño, si es que el que está pachucho quiere amor, no hay más que animarle un poco y resucita, se lo digo yo.
Alice, mientras habla, acaricia maternalmente las sienes de Gonzalo, gesticula y sonríe con hoyitos. Su escote moreno juega al escondite entre los botones de la bata y Gonzalo piensa que a lo mejor tiene unos de esos senos pequeños que aumenta con sujetador de relleno, consiguiendo juntar los dos pechos formando corazón de carne entre ellos. El viejo se encuentra tan a gustito con los mimos de la amable enfermera que, casi inconscientemente, alarga su mano y la introduce entre los botones de la bata con toda naturalidad, con la sana intención de acariciar uno de esos tentadores volúmenes. La reacción de la chica es de gran carcajada:
- Jajaja ¡Mira el viejito! ¡Qué pillín! Nos vamos a llevar muy bien usted y yo, sí sí, muy bien, que a mí no me gustan esos señores ñoños, que había uno que hasta me reñía por enseñar las piernas, y digo yo, lo que se van a comer los gusanos, ¡que lo disfruten los cristianos!, digo, pero no se pase, ¿eh? Que si viene el médico y nos ve así se enfada, que es un señor muy serio, muy de su casa, que tendría que ver a su mujer, que parece una monja y él un obispo como mínimo, que no sé yo como habrán hecho los dos hijos que hicieron. ¡Eh! ¡No se pase! Qué gamberro…

Ahora el viejo ¡bingo! ha podido comprobar que no erró en su pronóstico. Efectivamente, la enfermera las tiene pequeñas, comprimidas en el escote por el sostén de aros y espuma. Satisfecho se autofelicita por su buen ojo, mientras el deshinibido pezón se dispara impetuoso con el contacto de sus dedos.
- ¡Qué tocón es usted! Mire que yo tengo la sangre caliente de las sureñas. Escúcheme con las manitas quietas, que ya sé yo lo que piensan ustedes aquí  de nosotras, las sudaméricanas, pero es que, sin ofender, las españolas son muy desaborías, que parece que hay que hacer una instancia para que abran las piernas, ¡ni que tuvieran la joya de la corona ahí en medio! Y luego piensan mal de una porque disfruta de lo que Dios le dio, porque, digo yo que a Nuestro Señor no debe molestarle que gocemos a ratitos. Y no vaya usted a pensar, que yo soy muy religiosa, voy a misa los domingos y todo, pero no estoy a favor de lo que dice el papa, ¡que es pecado usar preservativos! y luego todos esos africanos muriendo de sida.
El viejo inspecciona ahora los muslos rechonchos de la enfermera, incrédulo de que esté hecha de huesos y carne, se alegra mucho al comprobar que no lleva medias, y se apena un poco al cerciorarse de que sí lleva bragas. Puede cerciorarse a conciencia sin que ella ponga excesiva resistencia, la justa para hacer del juego algo realmente divertido, pero ya cuando llega al fruto pulposo ella se levanta recolocándose la ropa:
- ¡Stop caballero!, que es usted un sinvergüenzón, que debió ser usted terrible con las mujeres, ¿eh? ¿Ha roto muchos corazones? Mire que a mí ya me lo han partido unas cuantas veces, y ya me conozco el percal de los hombres, que vais todos a lo que vais y luego si te he visto no me acuerdo. Ahora va a ser usted buenecito, le voy a preparar un baño con mucha espuma y le voy a enjabonar bien esa espalda para que cuando venga el doctor le encuentre bien limpito, y usted chitón ¿eh? No le vaya a contar que me ha tocado las piernas que es muy remilgado para estas cosas.
- No se preocupe, Alice, soy una tumba.

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Este cuento es el número 22 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido.

Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

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Alfred C. Kinsey o Dr. Sex

Publicado por SusanaMoo
3 Diciembre, 2009

Saber de la sexualidad ajena es siempre un gran misterio porque es una actividad que se realiza mayormente en privado, sólo las confesiones nos permiten saber cómo viven su sexualidad los demás. Kinsey, psicólogo norteamericano, realizó investigaciones sobre el comportamiento sexual humano basado en entrevistas personales. Sus investigaciones parece que adolecen de algunos problemas metodológicos, a pesar de ello, los resultados han coincidido en gran medida con posteriores estudios sobre la conducta sexual y su gran mérito es el haber sido pionero.

La obra de Kinsey quedó recogida en dos libros: El comportamiento sexual en el hombre publicada en 1948 y Comportamiento sexual en la mujer, publicada en 1953. Para llevar a cabo sus investigaciones en tan espinoso asunto entrevistó a más de 10.000 personas personalmente y realizó un estudio de porcentajes muy polémico acerca de la masturbación, la homosexualidad, o el bestialismo, llegando a la conclusión de que cada individuo desarrolla su propia sexualidad, con una amplia gama de diferencias en cuanto a frecuencias, edades de iniciación, modos y fantasías. Confeccionó la Escala de Kinsey sobre la heterosexualidad-homosexualidad, donde el grado 0 manifiesta una heterosexualidad completa sin ambajes y el 6 una homosexualidad exclusiva. Kinsey afirma que la mayoría de las personas nos encontramos dentro del número 1 o 2 en su escala y que el grado varía de un momento a otro de nuestra vida.

La película “Kinsey” lleva a la pantalla la vida del científico -rebautizado como Dr. Sex- . Excelentemente interpretada por Liam Neeson, está muy bien llevada y se recrea en la personalidad de este hombre riguroso y meticuloso nacido en el seno de una familia ultraconservadora que hubo de enfrentarse a los academicistas de la época para dar un poco de luz a los escondrijos sexuales, secretos de alcoba que todavía hoy día siguen siendo, en gran medida, misteriosos.

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Ya como guiño para los lectores de Crisol Púbico, analizaré a los personajes de esta historia según la escala Kinsey. Recordatorio: la gradación va del 0 al 6, 0 indica heterosexual puro, 6 homosexual exclusivo. Vamos allá:

Laura en estos momentos podemos decir que está al nivel cero, sólo vergas y falos, pollas y carajos pueblan sus fantasías, la mayor parte de ellas en forma de sueños. Daos cuenta de que está loquita por Víctor y que es su naturaleza más primitiva la que demanda monta, instintivamente con fines reproductivos. En este estadio de su vida, Laura es una gata en celo. Sólo un buen garrote saciará su sed.

Víctor, por su parte, es heterosexual flexible en segundo grado. Son las nalgas femeninas su fetiche supremo, o mejor, ese triángulo mágico que se puede ver en el centro de ellas cuando la postura es de perrita y asoma por detrás el conejito, esa imagen es la que más veces ha llevado a Víctor a derramar su sabia. Pero no hemos de obviar que a veces, cuando se cruza con el hermoso Ismael, la belleza andrógina del marica le inquieta en cierto modo y estimula su deseo, con que le ponemos un uno en la escala.

El ex marido de Carmen mantuvo una relación homosexual en tiempos de los guateques progres. Un melenudo muy colocado se la mamó. El ex recuerda esa experiencia y todavía se empina, pero no ha puesto energía en volver a conseguir una felación procedente de labios masculinos, por lo cual le ponemos un dos, o sea, es un heterosexual flexible en primer grado.

El remero guapo Ismael es un cinco, casi seis, él valora estéticamente el cuerpo de la mujer, pero si alguna le levanta la libido es porque su aspecto es masculino. Sin ir más lejos, la machica prima de Laura podría excitarle si en vez de vigilar obsesivamente a Kinki se fijara en el trasero estrecho y duro de la sáfica. Ella es gay- gay y le gustan las chicas muy femeninas, particularmente con grandes senos y pezones de galleta maría, le atraen las caderas redondas y las vulvas de labios generosos. Su novia, la flautista, en cambio está en el tres, es una mujer muy versátil que se entrega a los goces de la carne con toda frescura y disfruta practicando sexo oral tanto si es cóncavo como si es convexo.

El viejo está en el uno, él ha pasado mucha hambre de coño y desea mujeres, no digo que allá en su adolescencia no haya tenido sus fantasías con otros muchachos, pero quedaron ahí, y ahora es el cuerpo de la hembra su foco de interés.

Para desgracia de Ismael, Kinki está al nivel cuatro, homosexual flexible de segundo grado. Debido a lo bien servido que está de macho, su interés por el sexo opuesto va in crescendo. Ultimamente, cuando inserta el manubrio entre las nalgas de su novio, cierra los ojos e imagina un cuerpo al que le cuelguen protuberancias brincadoras en el torso, mejor que en la entrepierna.

Carmen prefiere percebes a almejas, lo cual no quita que sepa gozar de un cuerpo con concha. Ella ha tenido la suerte de participar en varias combinaciones “dos contra uno” y sin dudarlo se queda con los tríos en los que hay doble ración de morcilla, con que le concedemos un dos.

La mujer del viejo es un cero, ella se ha dedicado invariablemente a desear a su cuñado en exclusividad. Toda una santa vida con un persistente deseo monocromo, un extraño caso de fidelidad de pensamiento, palabra, obra, incluso omisión. En eso coincide con su amante, él también se excita consigo mismo, concretamente con su polla. No ha habido una sóla vez en la larga carrera de orgasmos del carnicero que cuando se corre no haya mirado hacia abajo, disfrutando de la visión de su miembro erecto, fetichista narcisista de su propio rabo, al que le chifla recrearse en su propia eyaculación convirtiéndose ésta en origen y fin de muchas de sus erecciones.

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Este cuento es el número 21 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

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Mira las que me envían.

Los Cornex, envían la puntuación de Audrey y foto ilustrativa hicieron en el parque de la ciudad universitaria de Madrid:

Tirachinas sueña con imágenes como éstas:

Becat, 1915

Becat, 1915

Tiberio (con su título):

Tiberio en Ven p´aca que te vamos a hacer hombre.

Ana, dice que espera que estos chicos estén por lo menos en el dos:

Fernando Lobato me envía la imagen del rostro de Kinsey, al Neeson que lo interpreta, y un chiste:

Kinsey

Neeson


27

Los dos remeros

Publicado por SusanaMoo
16 Noviembre, 2009

Hay un tipo de macho galaico, bastante desconocido fuera de nuestras fronteras, que resulta absolutamente espectacular a la vista y no menos al tacto; me refiero los piragüistas, o a los traineros. Son deportistas que, trabajando su cuerpo a golpe de remo, convierten sus figuras en esculturas de pecho, espalda y brazos graníticos, sin llegar a la grosería de los culturistas. No sólo están musculados de cintura para arriba, también sus piernas ostentan muslos garridos. Son tipos por lo general serios y voluntariosos porque es un ejercicio que requiere concentración y perseverancia.

Carmen tiene la gran suerte de tener a dos monumentos de éstos todos los dias a la hora del desayuno en su cafetería. La pareja de forzudos, ambos rapados y vestidos con ropas de algodón, toman cada mañana zumo de naranja natural, leche con colacao, pan untado con aceite de oliva y miel en mesa, cada uno con su periódico. Uno se llama Samuel y el otro Ismael. Aunque a grosso modo se parecen, Samuel es más moreno, más alto, más cachas y de belleza menos fina. Ismael, por contra, es un encanto de facciones proporcionadas y personalidad afable. Se lleva de maravillas con la camarera.

Samuel, al que de chaval llamaban Kinki (no porque fuera un golfo, si no como diminutivo de king-kon) es, a todas luces, menos inteligente que Ismael pero muchísimo más fuerte, sólo con sus remazos hace como cinco forzudos, siendo un espectáculo verle remar, concentrando toda su energía en el horizonte marítimo, con su traje de neopreno, los músculos voluptuosamente tensos. Samuel, alias Kinki, era una bestia a los dieciseis años, de esos que se masturban nueve veces al día sin que sus erecciones pierdan importancia, un chaval sin aspiraciones que vivía de botellón en botellón buscando dónde meter. Hasta que Ismael se cruzó en su camino y con él la vida de remero. Ahí se centró. Ahora su ímpetu vital está muy bien encaminado. Desde que conoció al que es su compañero de competición ya no tiene interés por andar perreando por ahí. Sus energías están canalizadas en la vida deportista y conyugal que Ismael ha organizado para ambos.

Ismael, dos años mayor, le mima en exceso, le cumple todos los caprichos y “kinki” es un tipo agradecido, fiel como un niño. Carmen se da perfecta cuenta de que Ismael es gay-gay, pero que “kinki” es bi, eso una mujer lo sabe, no hay más que ver cómo la mira a ella, o a Laura o a cualquier otra chica que entra en la cafetería, las mira de reojo con culpa, con la culpa de un bisexual enamorado de un homosexual.

Además de clientes son sus vecinos del piso de arriba y algunas noches le dan la serenata porque cuando hacen el amor deben ser muy apasionados a razón del follón que montan. Carmen disfruta horrores con los gemidos de pasión de esos dos cachimanes. Que qué harán, madre mía, que a veces parece dolor lo que sienten, con esos aullidos, con esos suspiros gritados, cómo se lo montarán esos dos, a veces pareciera que arrastran muebles, y cuando siguen un ritmo constante de zambombazos hacen retumbar el techo, las paredes y, exagerando un poco, los mismísimos cimientos de la casa. Cuando Carmen comienza a escuchar la cantinela de placer de los remeros, deja al instante lo que está haciendo, se sirve un chupito de licor de melocotón y se sienta a escuchar. A veces se acaricia imaginando a los dos hombretones en sus juegos de amor. El capítulo sonoro de los hercúleos homosexuales dura diez, quince, con suerte veinte minutos. Carmen supone que antes de los gemidos han tenido su dosis de caricias y de palabras de amor, pero desgraciadamente a esa introducción no tiene la suerte de asistir ni siquiera en modo audio, pero es fácil de imaginar conociendo lo tierno que es Ismael, lo cariñoso que es Samuel. A carmen no le da tiempo de sincronizarse con el placer de ellos, pues le llevan ventaja y disfrutan del climax cuando ella todavía comienza con los prolegómenos – Carmen jamás comete la torpeza de masturbarse a todo correr-. Cuando ya sólo puede escuchar el grifo de la ducha en el piso de arriba (invariablemente los chicos se duchan después del escándalo) es cuando ella va alcanzando su propio placer, mucho más silencioso, mucho menos aparatoso, pero no por ello menos gratificante.

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Este cuento es el número 18 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

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