El Ex se lo huele
Al Ex de Carmen algo le huele a chamusquina nada más entrar en el piso. Lo primero, le sorprende el lujo, ¡todo tan elegante!, no se lo esperaba así. Recordemos que cuando conoció a Rebeca era una bohemia que tocaba la flauta por las calles y ahora ¡esta mansión! Y luego ella tan solícita, tan tocona, tan dispuesta a follar ya, sin mediar palabra, allí mismo, en ese salón tan pretencioso. Le pide una cerveza, y no hay cerveza, sólo champán, y su instinto no se relaja. No olvidemos que este tipo es gallego y tiene como norma desconfiar, por si acaso, y ahora desconfía muchísimo y la observa y ve que la mirada de ella se dirige con frecuencia al espejo enorme de la pared y que titubea, parece que no quiere hablar, sólo joder y ¡joder!, él no es tan rápido, él hubiese preferido ir calentando motores poco a poco, dar un paseo, picar algo, … y ella erre que erre que no, que si tiene hambre le saca unas patatas fritas de bolsa.
El Ex cada vez está más mosca y estando mosca no hay polla que se empine, vamos que ni pa dios, por mucho que ella succione ya con tanto empeño, que parece un alma llevada por el diablo comiéndoselo todo, babándolo todo.
¡Esto no es lo que él esperaba! que no la recordaba así, tan ansiosa, ¡con la de veces que ha evocado aquellas chupadas lentas que Rebeca acostumbraba hacer! y ahora le sale con esta chapuza.
- Espera un poco, Rebeca, por favor.
Y ella en vez de mirarle a él, vuelve a girar sus ojos al espejo con cara de fastidio sin soltar la picha de entre los labios y él ya reacciona y se levanta de un salto y sale a grandes zancadas del salón. En un visto y no visto se planta en el porche, descubre la puerta que da a la sala del mirón y sin pensarlo la abre de un porrazo y se encuentra al pijo cabrón con cara de pánico mirándole acojonado.
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Sado fino para el que pague bien.
El Ex marido de Carmen viaja nervioso en el metro madrileño, sin perder de vista ni su plano ni su maleta. El pardillo enfila de tren en tren hacia la dirección que le ha señalado su adorada Rebeca. Todo confiado -pero sin detenerse a hablar con desconocidos- vuela ligero hacia el apartamento que él supone será su lecho de amor este fin de semana. El incauto ignora que va derecho a un nido de víboras.
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El pijo contrata en exclusiva a Marisol y Judith.
“Os quiero para mí solo”. Así rezaba la nota que recibieron las bailarinas en un inmenso ramo de gardenias. No hicieron caso porque estaban acostumbradas a propuestas de lo más variopintas, pero cuando al día siguiente volvieron a recibir otro ramo idéntico con la misma nota y esta vez incluía una cifra, ya les llamó la atención. No voy a concretar la cantidad porque aquí entra gente que se gana la vida en la cantera y no quisiera ofender, sólo apuntar que se trata de una cifra indecente a los ojos de los que trabajamos por cuenta ajena y que despertó el interés de las chicas ipso facto. “Habrá que ver qué quiere”.
Le hicieron llamar al camerino y ambas se desilusionaron íntimamente al verle, tan poca cosa. Este millonario lo que tiene de guapo buena falta le hace, pero su cartera puede compensar y lo que deseaba de ellas no era despreciable. El muy egoísta quería que bailaran en su apartamento para él solito y deseaba poder intervenir en la coreografía. Es decir, quería tener potestad para meter baza: “ahora saca la lengua”, “ahora quiero que os frotéis ahí”. No tenía interés en tocarlas, pero se acercaría a ellas y podría eyacular en sus cuerpos, si le placía. Y le plació, ¡vaya si le plació! hasta siete corridas se largó el canijo, porque los planes se llevaron felizmente a cabo y el tipo hizo sudar a las chicas.
Haz esto, haz lo otro, quiero veros así, quiero veros asá… Y él merodeando
por el medio, con la polla en ristre y eyaculando por doquier en las preciosas pieles de las bailarinas que terminaron extenuadas y salieron de allí a todo correr después de unas cinco horas de duro trabajo.
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“Noche negra y luna clara”, la danza de Judith y Marisol.
Nadie permanecía impasible al presenciar la danza de Marisol y Judith en el Estrella. La combinación de esas dos hembras suponía un explosivo cóctel de belleza, la una, negra voluptuosa rebosante de carnes, la otra toda huesitos con pequeñas cumbres sexys aquí y allá.
Los hombres que presenciaban la danza se transportaban a terrenales nirvanas
cuando las huríes hacían su aparición en el escenario ataviadas al estilo arabesco, con turbantes y velos translúcidos de colores que todo lo enseñaban, al tiempo que todo lo escondían.
A golpe de ritmos tribales comenzaban a bambolearse sensualmente, luciendo sus piernas elásticas y sus brazos ondulantes que se entrelazaban, cruzaban y giraban. Sus curvas tenían la facultad de hipnotizar cuando se meneaban al son de la música primitiva en brincos obscenos, rasgando los tules con la punta de los pezones erectos. Por momentos parecía que las dos se fundían en un solo cuerpo bicolor, se frotaban y se acariciaban entre las telas y las caderas se distendían liberando a las nalgas de su habitual oclusión.
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Tetas tutifruti.
El dueño del “Estrella” es un empresario digno de mención. No es tan fácil encontrar en el sector del ocio masculino una empresa tan limpia de trapicheos. Don Eduardo es un rara avis que trata a sus empleadas con justicia laboral y con ello consigue no sólo que las sonrisas de las señoritas sean francas, sino también que los clientes de buena fe no sientan un cierto remordimiento al acudir allí pensando en posibles tratas de blancas, vudús u otras aberraciones similares. Leer más »
El exclusivo club “Estrella” se caracteriza por ser un Templo al Seno femenino y el primer requisito que han de cumplir los senos es ser naturales. Don Eduardo le tiene tirria al bisturí y quieres tetas de verdad, eso dice, naturales y dispares. Esta ideología es un factor diferenciador de este club, él lo explica muy claro: “ los hombres estamos cansados de ver tetas clones, en el “Estrella” se pueden encontrar preciosos senos desde la talla 80 a la 120, con forma de pera y con forma de manzana, incluso alguno con forma de plátano” afirma don Eduardo en tono jocoso.
¿Qué llevó a Marisol a desear que David sea un gigoló?
Sin la ayuda de Rhett la zapatería de Marisol se fue al garete y ella se vio en la obligación de buscarse la vida estando todavía embarazada. Hizo de todo un poco, trabajó en un restaurante de comida mexicana, en una cafetería, de cajera en un supermercado y quién sabe si no se buscaría la vida en otros asuntos menos decentes. Así unos cinco años hasta que la contrataron a tiempo completo -con Seguridad Social – en el distinguido disco-pub “Estrella” donde las chicas atendían prácticamente en top-less, con tan sólo una estrella dorada – símbolo del club- cubriendo los pezones y allí Marisol se hizo muy popular con sus preciosas tetas firmes y sensuales, a las que les quedaban de perlas los detalles dorados.
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El hijo mulato de Marisol
Rhett, el padre de Laura, nunca llegó a saber que en su última y mortal eyaculación dejó encinta a Marisol la venezolana, a la que no le hizo ni pizca de gracia llevar un bombo nueve meses. Pero tiró palante y el alumbramiento despertó en ella un fuerte instinto maternal. Crió a su hijo lo mejor que pudo, haciendo grandes esfuerzos para ganarse el sustento y darle alimentación, ropa y calzado, viéndose obligada a dejarlo en casas de las vecinas durante días enteros. El pequeño David, mulatito precioso, resultó ser un bebé tan tranquilo y sonriente que las mujeres del barrio lo adoraban como a un niño Jesús y se lo rifaban, se comían a besos sus piernecillas rechonchas y sus mofletes regordetes. Marisol tuvo una suerte tremenda con David, que se fue desarrollando en un niño despierto, alegre y con iniciativa, al que los hombres le metían una moneda en la mano con gusto porque el chaval sabía ganarse a la gente. Luego llegó a la adolescencia cargado de talentos tales como intuición, gracia y sensibilidad, lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta que se crió, como aquel que dice, en la calle, pero él nunca se iba con malas compañías, él siempre con su balón en el pie y la sonrisa en la boca.
David iba adquiriendo con el paso de los años una belleza impresionante, moreno de tez canela, risa seductora de labios carnosos. No había mácula en su rostro armonioso de rasgos mestizos, ni fealdad alguna en su cuerpo de cintura fina y espalda atlética, con el cabello ensortijado y la mirada sana de los que miran de frente. Bello hasta decir basta, su madre le observaba orgullosa y comenzó a hacer planes de futuro. Le hubiera gustado mucho que estudiara enfermería, pero eso desgraciadamente no estaba a su alcance, de modo que cuando David cumplió los dieciséis lo matriculó en un gimnasio porque tuvo una idea. Decidió que la mejor vida que podría tener David era ser un “acompañante de señoras”. Para ella esa era una profesión buenísima donde los hombres atractivos -y buenos en la materia -pueden hacerse de oro y vivir como reyes. Marisol, que había pasado tantas penalidades económicas, consideraba que no había mejor actividad en el mundo para su hijo, qué mejor que gigoló, un oficio elegante, fino, limpio, en el que los señores no se manchan las manos y trabajan un par de días a la semana. Sólo de pensarlo se le llenaba el alma de júbilo. Esperó pacientemente, observándolo y comprobando que su hijo se hacía más guapo por momentos, y creyendo con verdadera fe que ese encanto era un regalo del santísimo Cristo del Sagrado Corazón, al que ella rezaba devotamente. Una vez David hubo celebrado su mayoría de edad, Marisol decidió que ya era hora de mover ficha y fue a hablar con Judith, su buena amiga:
- ¿Tú me harías el favor de enseñarle a mi hijo a hacer bien el sexo?
Este cuento es el relato número 49 del folletín Crisol Púbico.
Rhett y la negra del conejo cachas (parte segunda)
Rhett y la negra del conejo cachas (primera parte)
En cuanto Rhett entra por la puerta, Marisol la negra venezolana, ya se le acerca zalamera y antes de que medien palabra, ya tiene una teta de ella en la boca, y ya le ha colocado el condón con una sola mano y ya se ha insertado el chisme y ¡joder!, Rhett no logra seguirle el ritmo a la zumbona. Esa chica es un portento, dispone de una musculatura tan potente allí abajo, que es como si ordeñara. La leche, incontinente, se le escapa; le sucede la primera, la segunda, la tercera vez y todas y cada una de las veces que mete su pene en la abigarrada vagina de Marisol. Rhett comienza a idealizar a esa hembra que le sorbe los sesos y el semen al unísono. Comienza a obsesionarse y a subir en un pedestal a Marisol hasta el punto de que si la Luna le hubiera pedido, la Luna le hubiera dado. Pero ella no solicita astro alguno, ella es mujer práctica y quiere que le instale una zapatería en Madrid, y él, atolondrado, lo deja todo y se va a la capital a montar negocio y a montar negra.
Conviviendo con Marisol, las cosas no resultaron nada sencillas y el desastre se precipitó, aquel permanente descontrol eyaculatorio, conllevó un deterioro en la estabilidad mental de Rhett. Y el resultado fueron unos celos corrosivos. Hubo de enfrentarse a ese demonio porque en su fuero interno sabía que el conejo musculado de Marisol no se conformaría con esas dos o tres embestidas que él atinaba a zambombar, y su desesperación le llevó a comprar un producto-milagro de dudoso origen que vendía un mafioso tailandés en un cuchitril de los arrabales ¡Cómo funcionaba el ungüento! Rhett debía ponerse un poco de ese potingue en el capullo y el efecto era inmediato, de ser la polla un ratoncito abatido pasaba ipso facto a ser Jerónimo el indio en su yegua salvaje y sus cabalgadas se hicieron obsesivo-compulsivas. A cada rato ya estaban dale que dale, una y otra vez, zaca, zaca, zaca, y repetimos, y espera que me pongo un poco más de ungüento, y toma puta, y dame cabrón, y zaca, zaca, zaca y me voy, y me vengo, y ahora me corro, una lujuria descontrolada y absolutamente desbocada, hasta que uno de esos tiros resultó fatal para Rhett. Después de tres meses de frenético joder, el tío la espichó orgasmando como un campeón, con el falo bien clavado en el agujero forzudo de la negra y cuando llegó la ambulancia ya había estirado la pata, y la polla.
Este cuento es el relato número 45 de Crisol Púbico.
Aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela erótico-costumbrista.
Rhett y la negra del conejo cachas (parte primera)
A pesar de que Rhett se las daba de ser un fetichista podófilo de gustos sofisticados, y a pesar de que Marisol, la negra venezolana, lucía unos pies de espanto -palmípedos de ave antediluviana- cuando la conoció, su pene hizo tilín y lo hizo merced a las bonanzas de las tetazas chocolate noire. Hay que reconocer que los pechos de Marisol eran magníficos, algo fuera de serie. Gordas, tiesas, jamonas y todo sin haber mediado bisturí, pura naturaleza exuberante la de Marisol, que además las lucía generosamente sabedora de su black power pectoral.
Trabajaba en una zapatería de caballeros donde era explotada laboralmente tanto en horario como en sueldo y ella, joven emprendedora, tenía aspiraciones y conocía sus posibilidades. Por lo demás, era una muchacha de costumbres dudosas tirando a licenciosas. . Daba mucho que hablar a las vecinas del barrio, ¡es una desvergonzada!, cuchicheaban unas, ¡exhibicionista! apuntaban otras, y los compadres del bar ya ni os cuento el cachondeo que se traían con la negra, que la miraban pasar dándose codazos como adolescentes, “¡esa vaca pide ordeñe!”, decía uno que se las daba de simpático, “¡nodriza de marineros!” decía otro compitiendo en elocuencia con el primero. Y Marisol estaba hasta las mismísimas de lo pueblerinos que eran los gallegos y estaba deseando que la suerte llamara a su puerta y un hombre rico se la llevara a Madrid o a Barcelona. Las tácticas que seguía para conseguirlo eran un tanto invasoras, ella creía conocer sus armas y las que consideraba más potentes eran sus afrodíticos pechos, que meneaba estratégicamente cuando buscaba conquista y se los acercaba a los señores hasta la intimidación. No perdía oportunidad de rozar con ellas la cara de los clientes mientras se probaban el calzado y con Rhett ya se pasó, con Rhett intuyó triunfos y se jugó el todo por el nada poniéndoselas de florero en la bragueta, ¡en la mismísima bragueta se las enchufó bien enchufadas!
Marisol, con veinte años de vida era toda una mujer y sabía la mitra, ya se había merendado lo menos tres docenas de pollas y su especialidad eran las “cubanas”, también llamadas “perritos calientes”, y lo cierto es que a Rhett lo dejó cao con su método infalible cuando lo arrastró con jijís y jajás a la trastienda de la zapatería ¡Pobre Rhett! No dio pie con bola, se puso nerviosísimo con una chavala tan despampanante ¡y tan activa!
Ella solita se quitó la blusa – no usaba sostén ¿para qué lo habría de
necesitar?-, y ya con mucha disposición le desabrochó la bragueta y le sacó la polla fuera – que estaba pirulí-, y se calzó el cuerno entre teta y teta y las rocanroleó tan certeramente que a él se le escapó la leche – ¡qué hermosa la lefa blanca en la piel negra!- al primer bamboleo, cuestión de segundos. Y él, que llevaba unos años de sexo soporífero con la escrupulosa Carolina, se quedó prendado, se entusiasmó como un niño de teta y comenzó a visitar a la nodriza día sí, día también.
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Este cuento es el relato número 43 de Crisol Púbico.
Aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela erótico-costumbrista.
¿Mareamos la perdiz o nos lo montamos en plan “aquí te pillo aquí te mato”?
Os recuerdo que en el último Crisol nos quedamos con Laura dispuestísima a abrir brazos y piernas, boca y vulva, para Víctor. Estábamos ante una irreconocible Laura situada en la pista de despegue a puntito de lanzarse al sexo de adultos.
Pero no hemos de pasar por alto que es sorprendente esta situación dada la personalidad acomplejada de Laura ¿qué le ha pasado para que esté ahí, en su piso, a solas con Víctor, estrenando sujetador y bragas? ¿cómo es que esta mujer que no ha conocido varón hasta hoy mismo, que ha sido evasiva- incluso mula- con todos sus pretendientes, se dispone a entregarse con relativa fluidez? ¿cómo es que esa doncella, arisca tímida que jamás se ha dejado querer, se planta en el taller de Víctor -un tipo atractivo donde los haya- y le invita a cenar a su casa?
Es evidente que algo ha pasado. Los intríngulis psicológicos que producen cambios en la personalidad se hilan puntada a puntada y yo, ansiosa por narraros la hermosa jodienda de los amantes me adelanté unos cuantos episodios, capítulos que me salté a la torera y que pueden quedar en el cajón, o desgranarse aquí pasito a paso.
A ver, ¿qué opináis? ¿queréis conocer el complejo proceso mental de Laura, o continúo recreándome en cómo se lo montan a solas ese hombre guapo y experto con esa chica linda y virgen? ¿queréis la calderilla o me centro en el meollo?
Es importante para mí saber vuestra opinión, no hace falta que os esforcéis en vuestro comentario, decid nomás:
Opción 1:
Quiero conocer los orígenes del polvo entre Víctor y Laura.
Opción 2:
Quiero que Laura y Víctor follen ya.






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