Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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15

¿Montas?

Publicado por SusanaMoo
8 enero, 2010

Estad atentos.

Uno de estos días voy a continuar mi alegre viajecito por la novela erótica capitulada Crisol Púbico. Mi ilusión es contar de nuevo con vuestro apoyo en forma de imágenes, música, videos o comentarios que adornen y alegren los textos.

Yo creo que en los capítulos precedentes resultó muy divertido -e interesante- y, aunque me da un montón de trabajo estar pendiente de lo que me enviais, renovando a cada paso, creo que merece la pena.  ¿Qué decís? ¿Arrancamos?

Por si os apetece recuperar el hilo, -o leerlo de nuevas-;  os dejo aquí lo publicado hasta ahora en Pdf. Todo de corrido:

Primera Parte de Crisol Púbico

Para animar los preámbulos como corresponde a los erotómanos que aquí nos reunimos, Lipa Benet ha tenido la amabilidad de realizar un audio-spot promocional del evento. Escuchad:

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

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El vello de los protagonistas de Crisol Púbico

Publicado por SusanaMoo
22 noviembre, 2009

Llegados a este punto de Crisol Púbico, os he presentado a los personajes principales de este novelón pornográfico y me dispongo a entrar de lleno en el meollo del argumento. Hoy hago un repaso para situar a los personajes y lo hago mediante la visualización de sus pubis. Bajaré las bragas a las chicas, liberaré de los calzoncillos a los señores y os mostraré esa zona que rodea sus genitales, los aledaños del sexo, que en la mujer lleva el hermoso nombre “monte de Venus”. Es un lugar ignoto, misterioso, del que poco sabemos del de nuestros parientes, que desconocemos de nuestros amigos y por supuesto de los vecinos o compañeros de trabajo. Es un sospechoso escondrijo que sigue considerándose transgresor mostrar libremente. Es una parte de nuestro cuerpo que pasa la mayor parte del tiempo escondida, un recoveco que protegemos del mundo exterior dada su vital imporancia, una zona altamente censurada en nuestro subconsciente colectivo que destapamos, casi exclusivamente, ante el amante como acto de entrega.

Desnudo pues, para todos ustedes, en absoluta primicia y con sumo placer, los genitales de mis protagonistas y lo hago porque me gusta hacerlo.

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11

El pecado de Laura

Publicado por SusanaMoo
14 octubre, 2009

Como sabemos Laura toma el café de las once en la cafetería Crisol que está situada al lado del taller de Víctor y que regenta Carmen, a la que Víctor todavía le hace el culo de vez en cuando.

Laura acude sola, se sienta en la mesa más apartada y rápidamente Carmen le sirve el descafeinado de máquina con leche desnatada, sacarina  y un cruasán a la plancha con mantequilla y doble de mermelada de fresa.

En cuanto el viejo supo de la costumbre diaria de su maestra, también él visita el café y toma su sol-sombra en la barra con el periódico delante pero mirando de reojo a Laura, deleitándose en el placer que produce en la chica el desayuno. El viejo sospecha que a Laura le molesta que la observe mientras goza, pero no puede resistirse, del gusto que le da verla.

¡Con qué delicadeza unta la niña el cruasán en mantequilla! Manos hábiles, blancas como la luna. ¡Cómo esparce la mermelada! Se le hace la boca agua a Laura concentrada en su pastel, se le hace la boca agua al viejo, concentrado en los labios brillantes de ella. Nada tiene que envidiar la jugosa boca de Laura a las famosas bocas de piñón. Sus labios se dilatan levemente, las comisuras en leve sonrisa. Laura se contiene, ella podría devorar el dulce en dos bocados de lo apetecible que le resulta, pero no lo hace. Con los ojos líquidos, con cuchillo y tenedor, Laura saborea con su boquita dulzona a pequeños bocados. Boquita de rosa que ahora sabe a fresa. Mastica muy refinada la profesora con los labios cerrados. Sólo cuando ya ha tragado los abre para introducir un nuevo bocado. Con cada mordisco pestañea levemente. Se le suben los colores a Laura, virgen todavía, pasados los treinta y con aquellos ardores. La chica sublima los placeres genitales en el paladar.

El viejo fantasea con acariciar esos labios, repasar sus dientes y jugar con la lengua, el viejo fantasea sin escrúpulos con introducir sus dedos hasta la garganta de Laura propórcionándole placer oral de tal modo porque, pobrecillo, ya no está en condiciones de introducir ningún otro apéndice en hueco alguno.

El cuerpo de la golosita va notando los efectos de su gula y cada año que transcurre está un pelín más lleno, con la relativa suerte de que esos quilos se le administran bien, en las partes de su cuerpo más voluminosas y son esas carnes sobrantes las que llaman la atención de Víctor. Víctor no se fija en su elegancia al comer, al fin y al cabo él disfruta viendo a Carmen zampándose el desayuno, cogiendo el bollo con las manos y mojándolo en el café con la frescura de la mujer desacomplejada. A veces a Carmen hasta se manchan los dedos y luego se los mete en la boca y los chupa uno a uno sin mostrar el menor reparo.

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Este cuento es el número 12 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

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Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Tiberio dice que él dieta y lujuria. La gula la deja para otros.

Arturo Espada:

Un hombre, que no quiere que desvele su nombre y que asegura vehementemente que es fetichista de los pies:

Matheo nos da dos imágenes sorprendentemente parecidas:

Fernando Lobato nos regala dos también:

En Facebook, para introducir el relato de “El Pecado le Laura” planteé la siguiente pregunta: “¿Es mayor pecado la lujuria o la gula?”. Junior dice que le gusta la combinación de ambas, y para ilustrar su idea envía la siguiente imagen:

Gustavo Doré

Gustavo Doré

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15

Carmen, apuntes sobre su biografía

Publicado por SusanaMoo
29 septiembre, 2009

Carmen es una profesional como la copa de un pino, camarera desde los quince que sabe su oficio al dedillo. Atiende a la clientela con la eficacia que caracteriza a la hostelería española y con la educación que caracteriza a la hostelería portuguesa. Conoce los nombres de los clientes habituales y cómo servirles el café, si largo de agua, si cortadito corto, etc. Es agradable por naturaleza pero no tuvo demasiada suerte en el amor si entendemos “suerte” como el conseguir una pareja estable para hacer nido. Se casó a los diecinueve y su matrimonio duró ocho años de convivencia irregular y polvos conyugales – al final ya aburridísimos pero al principio follaban muy bien-. Hay que pensar que de aquella no había pornografía masiva y los novios llegaban al matrimonio sin tener mucha idea, pero no contra-informados. Si se dejaban llevar por su instinto, podían hacer bien las cosas. Ese fue el caso del ex marido de Carmen y su espléndida manera de acariciar las zonas más íntimas de su mujer en aquellos primeros tiempos. Consideraba que la vagina era una zona tremendamente delicada y no se atrevía a restregar o a frotar enérgicamente, sino que pincelaba con las yemas deliciosamente, tanto, que pone los pelos de punta sólo de pensarlo. Como además no había visto un coño en su vida, se deleitaba largo y tendido a repasar los recovecos, mirando con mucha atención y sin perder ripio. Después, sin más, dejó de hacerlo así y fué una tremenda lástima. Ya sabía el camino y cogía el atajo. Carmen llegaba al clímax, sí, pero aquel hermoso sendero era ahora una autopista funcional y sosa. Fue un matrimonio tonto, el de ellos, y no me refiero solamente a que él perdió el don de acariciar divinamente, es que además no le hizo el culo, ni manifestó siquiera el menor interés.

El ex de Carmen era una especie de hippy que flipaba con el “haz el amor y no la guerra”, el Che, la marihuana y las chicas de dieciocho con pelos largos despeinados y pulseras de cuero superpuestas. Entendamos que no estaba preparado para la vida matrimonial en la que se embarcó alegremente. La convivencia fué cayendo progresivamente en picado y se dejaron por fín después de una noche en la que él salió de marcha y no apareció por casa en una semana. Pese a los desplantes, Carmen no guarda rencor y mantienen una cierta amistad, o más bien acuden el uno al otro cuando están de bajón. Cada vez son más frecuentes los bajones de su ex, puesto que él, fiel a sí mismo, sigue gustando de las de dieciocho de piercings, pero cada vez casa menos con ellas, que ya es un poco el hazmereir en las fiestas de solsticio de verano, con el mismo cansino rollo guay de siempre. Ahora el ex de Carmen es una caricatura del progre moderno que fué, pero es buen tipo, amigo de sus amigos y fiel en términos generales.
La culpa de la ausencia de sexo anal en el matrimonio la compartieron ambos. Carmen nunca declaró sus fantasías a su esposo, y a él ni se le pasó por la cabeza; ella por escrúpulos, él por falta de intuición, el trasero de Carmen seguía sin tener actividad alguna además de la evidente. Las vergüenzas son telarañas de hierro cuando se tienen veinte pero si la evolución personal es consecuente, a los cuarenta están rotas y Carmen desde luego había espabilado. Ahora ya no se anda con pamplinas cuando duerme acompañada; con educación y estilo Carmen ofrece sus preferencias y la mayoría se sienten afortunados. Claro que algunos son pura torpeza, que creen que allí es igual que acá.
Por eso le tiene tanto cariño a Víctor, que con su magnífica intuición se la metió contra natura sin siquiera ella insinuarlo. Repasando con las manos y la lengua, afinando el cuerpo de viola de su amante, Victor presintió los placeres, evitó los chirridos, sintonizó la melodía y supo ofrecer concierto de barítono en los jardines de Sodoma.

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Este cuento es el número 9 de la colección de relatos hilados Crisol púbico

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Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

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Me envían:

Faune envía una foto que sacó él mismo en su viaje por Florencia y tituló “El plaer sublim de Sodoma”

El placer sublime de Sodoma.

El placer sublime de Sodoma.

Mikel:

Fernando Lobato:

Ana:

Eromusical. Concavoyconsexo

Eromusical. Concavoyconsexo

Arturo Espada

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18

Crisol púbico V. La histeria de Laura.

Publicado por SusanaMoo
13 septiembre, 2009

Pincha para leer los capítulos precedentes.

Laura no es una pieza fácil de cazar -de fornicar- a pesar de la desesperación de su cuerpo por ser poseído. Ella actúa ajena a esas necesidades. Su cerrazón va en aumento, haciéndose lógicamente cada vez más patológica. Se está convirtiendo en una mujer replegada en su insatisfacción.
A los diecisiete tuvo su primera manifestación de histeria por causa de una lavadora mal puesta que le había estropeado su camiseta favorita. Lloró, gritó, blasfemó y rasgó la camiseta, se arañó la cara con las manos. Con la melena alborotada y los labios brillantes Laura semeja una loca hermosa. Con el camisón flojo, las carnes de Laura rebotan con la ira, arden sus mejillas y su aspecto es el de hiena herida. La pobre chica es reprimida sin aparente motivo ni razón.

Podemos filosofar para intentar entender la ancestral castración de la sexualidad del género femenino, materializada en una mujer de clase media, profesora de informática, que se avergüenza de tener el pubis voluminoso con un coño que se humedece y huele, que rechaza su generoso cuerpo sano escondido tras una mente dañada por el perfeccionismo del ideal de un tipo liso y austero.

Tanto se reprime, que su sexualidad se reduce a lo onírico. Sus sueños han sido tan escandalosos que conforman el más oscuro de sus secretos. El primer orgasmo vino de la mano de un león, un león macho que la forzaba a disfrutar de su lengua poderosa de carnívoro hambriento, que la obligaba a abrir sus piernas y lamía su vulva parsimonioso con la lengua caliente. Todavía hoy Laura puede recordar el efecto de ese apéndice gigante que repasa su raja desde el ano al ombligo y la lleva a un placer en cascada.

Una y otra vez la repetición de una secuencia erótica con pequeñas variantes, casi todos los dias, sin darle  tregua, hasta que el sueño remite y cede paso a otro, igual o más indecente. Esta vez, el león se transformó en gorila, un gorila con mala leche –aunque tierno en el fondo- que se excita viéndola orinar y debe hacerlo allí, delante de las narices del kinkón cachondo que observa su vulva en proceso de micción, babeando con los jugos. A Laura esta humillación la lleva de nuevo al éxtasis involuntario, al vergonzoso abandono indeseado frente al simio fauno.

Más tarde semi-personificó a su amante y vino la serie de sueños del médico que le insta a enseñarle los pechos. El doctor, que curiosamente tiene cabeza de toro -y rabo, también rabo de toro- le dice sin mirarla que se saque camisa y sostén, a lo que ella obedece. Él, al principio muy profesional pero cada vez más obsceno, le toca en evidente excitación, parándose insistentemente en los pezones, jugando con ellos entre las yemas de sus dedos, advirtiéndole de que con esos pechos debe calentar a muchos hombres, a más y más hombres. Se embala el médico, que es una vaca, dice el toro, una ternera, … En los sueños de Laura las palabras soeces -que ella jamás emplea despierta- son el pan de cada noche. El orgasmo le llega a la inocente bella durmiente, cuando el médico no puede resistirse y se mete un pezón entre los labios para succionar como si tuviera mucha sed.
… Y así toda su vida, que por temporadas hasta llora al despertar, o reza. Claro que otras veces su naturaleza voluptuosa vence y entonces no puede evitar apretar fuerte las piernas y balancear las caderas ligeramente, abrazada a la almohada, hundida la cabeza. Ni acaricia su clítoris ni mete objeto alguno dentro de su caverna inexplorada, tan sólo a veces, las menos, cae en la tentación de acariciar sus senos, harto sensibles, pensando en el doctor…
El cuerpo de Laura, sabroso de por sí, está encarcelado por un mar de complejos y su inconsciente se cobra esa pequeña cota de placer. Lo más curioso es que la primera vez que Laura soñó con una persona de carne y hueso, fue con el viejo, el viejo baboso que la mira como si estuviera siempre desnuda.

En cambio con Víctor no sueña. Y eso que, muy disimuladamente, le mira en la cafetería Crisol, mira su cuerpo de hombre bien hecho y su simpatía con unos y con otros, tan amable con Carmen la camarera, incluso con el viejo se muestra encantador.  A ella siempre le sonríe. Ultimamente incluso le dice:

-Buenos dias preciosa.

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Si te apetece enviarme alguna imágen para ilustrar este texto, te lo agradezco y la cuelgo:

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15

Crisol Púbico IV. Víctor, experto jodedor anal.

Publicado por SusanaMoo
11 septiembre, 2009

Pincha para leer los capítulos precedentes

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Víctor no sueña con mujeres viejas, ni jóvenes, asegura no recordar sus sueños y si alguna vez se despierta después de haber eyaculado no lo achaca a lo onírico, si no a su excesivo ímpetu fálico y no le da más vueltas al asunto.
No sueña con viejas pero es aficionado a las mujeres de una cierta edad –también-. Varias le acogieron cuando se encontraba sin lugar donde pasar la noche, y algunas le adoptaron durante una semana, un mes, … sobre todo Carmen, la camarera de la cafetería Crisol, la de al lado del taller de Víctor y de enfrente de la academia de Laura.
-    Llévame a dormir contigo, Carmen-, le hacía ojitos Víctor, ojitos de borracho cariñoso.
Ir a dormir con Carmen suponía un placer porque todo lo tenía limpito y ordenado y porque Carmen es una mujer acogedora y complaciente siempre de estupendo buen humor, pero muy especialmente después de haberle follado el culo, dado que ahí radica el placer de Carmen. Como hay tan poquitos hombres que sepan hacerlo bien sin que le duela a una, ella valora esa virtud en Víctor y le agasaja como príncipe: chorizos fritos de desayuno, pan fresco, café del bueno, …
-    Déjame coger tu culito otra vez.
Víctor sabe ser agradecido y se toma su tiempo en lubricar y favorecer el placer de Carmen, ¡tan buena persona Carmen!, de las que la gente abusa, pero no Víctor que le introduce la gruesa verga en el ano moreno con la lujuria justa y la delicadeza exacta. Le sostiene a manos llenas las pistoleras, esas protuberancias a ambos lados de las caderas de Carmen, que ella aborrece pero que a Víctor le hacen chiste porque le dan mucho juego y aprovecha en su beneficio para realizar el coito anal: agarra una con cada mano y se menea en la abundancia con gusto. ¡Qué bien que lo hace! Pura mantequilla es Carmen, mantequilla salada.
Tuvo que girar mucho el mundo, llover y hacer sol hasta que Víctor consiguió joder con Laura de esa aviesa manera, ya que por aquel entonces Laura apenas si se tocaba al masturbarse, con apretar fuertemente las piernas, al parecer tenía bastante.

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Si quieres, puedes enviarme una foto que ilustre este relato.

Mira las que me van enviando:

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25

Crisol Púbico III. La rutina de Laura.

Publicado por SusanaMoo
9 septiembre, 2009

Pincha para leer los capítulos precedentes.

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Laura trabaja en una academia dando clases de informática básica. Es la única empleada y solamente coincide con su jefa por las tardes que es cuando más bulliciosa está la academia, llena de niños.
Laura no soporta su trabajo con los rapaces, tan ruidosos, y sin embargo disfruta de las mañanas porque los alumnos son adultos, mujeres o jubilados. Personas amables con las que ha de tener paciencia pero que no le exigen demasiado… salvo aquel vejete de la clase de las diez,  que va de graciosillo y no sólo le boicotea las explicaciones con chistes tontos, si no que la solicita todo el tiempo para que le explique en su pantalla y se le acerca rozándola, alargando la mano. El impertinente hace sonrojar a Laura, tan torpe siempre en estas situaciones, y pese a que es el que más tiempo lleva matriculado no se da de baja de las clases y eso que la informática le interesa un pepino.
Siempre tuvo un gancho especial para los viejos verdes, pero lo peor es que éste se ha colado en sus sueños. Con el asco que le tiene y justo va a tener pesadillas cochinas con ese señor. Además … ¡menudos sueños!, que a Laura sólo de recordarlos se le hace un nudo en la tripa: ella bajándole el pantalón desaforada y tomando su polla, que no parece de un viejo ahora si no la verga turgente y saludable de un jovencito. Durmiendo Laura, desordenadas las sábanas, sudorosa la frente, toma en sueños el falo y se lo pasa por entre los senos, los roza con sus pezones. Los pezones de la durmiente se ponen como piedras. Restriega el miembro viril por su vientre y luego excita con él su vulva – sin introducirlo-. A pesar de la repulsión que le causan los empujes y las muecas lascivas del anciano, Laura orgasmea enérgicamente y se despierta acalorada. Es un sueño repetitivo que martiriza su consciencia y hace que odie todavía más los lunes, sabiendo que ha de enfrentarse a la mirada del viejo en clase, con esa sonrisilla como de saber, como si él tuviera idénticas fantasías. Casi es odio lo que siente Laura por el corruptor que desata en ella una lujuria sin sentido. Le odia y sin embargo fue gracias al viejo que Víctor se fijó en ella: el viejo descubrió un dia que Laura tomaba el desayuno a las once en la cafetería Crisol, que está enfrente de la academia. Comenzó a ir también y se sentaba en la barra con su solsombra, justo en el taburete contiguo en el que acostumbra a sentarse Víctor – que a las once deja el chollo para tomar la tortilla en Crisol, que está al lado del taller. Como el viejo es un indiscreto y miraba insistentemente a Laura, Víctor siguió la mirada del viejo y se encontró con la de Laura, sentada en la mesa del fondo. Un segundo se cruzaron sus miradas, luego Laura la esquivó.

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10

Crisol Púbico II. Víctor, picha feliz.

Publicado por SusanaMoo
6 septiembre, 2009

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Víctor ahora ya está un poco más asentado pero dio siempre muchos quebraderos de cabeza a su familia en lo que parecía una eterna adolescencia rebelde y por supuesto a sus novias y amantes porque es un tarambana al que le pierden el vino y las mujeres, los amigotes y la parranda.
Terminó secundaria a trancas y barrancas y se buscó la vida porque aunque no es muy constante, es trabajador y cuando algo le apasiona puede ser tremendamente diligente. La velocidad, concretamente las motos, le vuelven loco. Desde que regenta el taller parece que su rumbo profesional está asentado y después de tantos años de tener los bolsillos vacíos, y emborracharse a costa de invitaciones, ahora gana más que suficiente aunque lo funde todo, espléndido y generoso. Con treinta y tres cumplidos Víctor es un soltero de oro más listo que el hambre y con el don de seducir a las mujeres naturalmente, con alegría y desenfado.
Objetivamente no es tan atractivo, con los rasgos de la cara imperfectos, su encanto radica en manifestaciones difusas: la mirada, la sonrisa, el gesto. Ellas, la manada de mujeres que se han rendido a sus pies, siempre nombran además la mata de rizos, la carcajada franca y sobre todo la boca, una sensual boca melocotonosa muy gesticulante que comunica por sí misma sentimientos: alegría en amplia sonrisa de comisuras dilatas, enfado en voluminosa mueca torcida y lo mejor: el rictus obsceno de lujuria en aquellos momentos. Desnudo gana muchísimo. De piel y cabello dorado aceituna, su verga es oscura casi negra, de proporciones absolutamente perfectas. Un cilindro bello cuando reposa fláccido, y tonel sabroso cuando muestra su erección. Es tan llamativo su miembro moreno, tan rabiosamente masculina su polla generosa que una vez que una mujer la ha sostenido con sus manos, la tenido cerca de sus pupilas -no digamos entre sus labios- no la olvida jamás, permanece en la retina hasta el fin de los días como paradigma de tótem fecundador.
Víctor está tan seguro de su polla sabia que se permite actuar con humildad y jamás alardea de sus cabalgadas, jamás farda de su astucia para conducir a las mujeres al placer, al abandono erótico. Nunca fanfarronea de cómo se le abren y se le entregan, pero lo lleva escrito en la cara, por ello Laura le tenía especial miedo y le evitaba más que a ningún otro.

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