el placer de las mujeres
Nunca he sido de las que he gritado públicamente mi feminismo a mano alzada, blandiendo el ángulo vaginal con los dedos pulgar e índice. No he formado club de mujeres más que con mis amigas libertinas, y allí no nos dedicamos a reivindicar.
Pero soy de las que siente orgullo de género e íntimamente creo en nuestra superioridad, principalmente en lo que a disfrute se refiere.
Por eso uno de mis mejores placeres voyeuristas es verlas gozar a ellas, gozar de verdad. Me excitan más los hombres, ya lo he dicho, pero a la hora de presenciar un orgasmo, me quedo con el de ella, con éste, con el siguiente, y el otro…
¿No es fantástica la capacidad multiorgásmica?
El estado de la vulva en excitación
Me gustaría describirle a los hombres qué experimenta una mujer en sus partes íntimas cuando se excita, las sensaciones de nuestro cuerpo, o al menos del mío.
Ante un determinado estímulo erótico concreto, por ejemplo una pareja que se besuquea impudorosamente delante de tus narices en el autobús, lo primero es un rubor allí abajo, una ligerísima subida de temperatura.
La boca se saliva y la garganta se contrae, de modo que tragar se hace algo más costoso. Entonces los labios vaginales cosquillean sutilmente y sientes un leve rocío, como si sudaras por ahí abajo.
Esto sucede a lo largo de unos minutos, no es instantáneo. Dan ganas de frotarse allí, de apretar las piernas o de menearse. Si estás a solas todo se acelera porque puedes bajarte la ropa y acariciarte, pero si seguimos en el autobús, hay que mantener las formas y no es demasiado difícil.
Es momento de relajar la mente y dejar al cuerpo fluir, abandonarse y volverse más irresponsable, más facilona y frívola. Los ojos se entornan, los pezones se endurecen. Si alguien nos preguntase la hora, nuestra voz saldría más aguda que habitualmente, más melosa.
Sientes ya los labios pulposos y jugo entre ellos. Si el proceso se prolonga deleitándose en las sensaciones y la parejita impúdica de este cuento sigue dando espectáculo -el trayecto ha de ser largo- comienzan a caer gotitas espesas y dulzonas que empapan las bragas, pero difícilmente traspasan el pantalón. Es chulísimo notar ese líquido caliente resbalar despacito por la abertura inferior y perderse entre la carne.
Este sería el momento perfecto para ofrecer la fruta a un buen cipote armado, pero si no lo hay, no pasa nada: me conformo con mirar.
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Escucha este relato interpretado por la femenina voz de Lipa Benet.


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