Mater Amantissima. José Jara.
Hay alguna literatura erótica que me angustia y me produce un nudo desagradable en el estómago, aunque sea capaz de reconocer su calidad literaria, incluso su fuerte capacidad para excitar sexualmente desde partes del cerebro muy básicas. Es el caso de Mater mantissima, de José Jara.
Narra lo que no puedo calificar como otra cosa que la desgracia de un muchacho al que se surje su sexualidad justo el día en que fallece su
madre, y es con ella, precisamente con su madre muerta con la que el rapaz despierta a los instintos y hace todo tipo de porquerías con el cadáver, que incluye cortar el cuerpo con tijeras. El relato, siempre con una prosa exquisita, está contado en primera persona de un modo muy realista. Macabrada tras macabrada dichas desde la boca infame de ese chico virginal. La congruente historia está adobada con abusos del padre espiritual para con su pupilo, humillaciones terribles a adolescentes encantadoras, y muchos, muchos excrementos. Y todo contado con una elegancia que corta la respiración.
Soy muy sensible a lo que leo, para bien y para mal y hoy no puedo más. Me inquieta tanto, me invaden unos sentimientos tan desagradables que no sé si me terminaré el libro. Conste que me interesa mucho su final ¿cómo rematará el autor la azarosa adolescencia de ese chaval trastornado, perverso y puro?
Ya me pasó con otra obra maestra, ni más ni menos que “Las once mil vergas” del magnífico poeta Apollinaire, que me sentí incapaz de tragarla pese a la insistencia de mis respetables amigos erotómanos, que me animan a que lea estas cosas entendiendo que es surrealismo y que tratan de romper tabúes, de rebuscar en los extremos más oscuros de nuestra inflamación voluptuosa*. Paso.
Dadme, please, sexo literario con alegría, calentito, brutito con mesura, con tintes de dominación amorosa o con lucecitas de sumisión juguetona, dadme a Miller, ¡que de santo nada!, dadme a Serguine con sus ¿tiernas? azotainas, ¡dadme el humor fino y perverso de Vargas Llosa!, dadme al victoriano obseso de “Mi vida secreta“, dadme -incluso- el gusto ingenuo de Louÿs por lo lésbico, o la fijación anal de Birmajer, dadme la promicuisdad de Hsi Men, o la hambruna genital de Catherin Millet, pero a Apollinaire, a José Jara, e incluso (¡oh blasfema!), determinados episodios del marqués de Sade, que los lea su puta madre.
(Con todo mi respeto, ¿eh? que, como literatos: me saco el sombrero)
* En relación a textos de esta índole, denominados por Jorge Rueda como literatura erótica fantástica dice: Son una invención químicamente pura que se apartan del impulso onanista inmediato, y se adentran en el frenesí y la incontinencia del momento del paroxismo: nada impide el deseo de satisfacción y posesión del depredador… No son una caricatura de nuestros deseos, sino su materialización siniestra, primaria y verdadera. Tolerable sólo en la fantasía, en los mundos exacerbados que se permiten los que imaginan. Jorge Rueda
La Historia de O. Pauline Reage
La Historia de O es una novela sobre las andanzas de una mujer que libremente se esclaviza al hombre que ama, dejándose azotar, prestar, marcar con fuego o perforar el cuerpo además de otras degradaciones a las que se expone con gran alegría espiritual. La autora elabora una profundización muy interesante en la mente de la protagonista, mujer que goza siendo maltratada como expresión de deseo y la novela es de lectura obligatoria para los amantes de las relaciones de sumisión-dominación.
La narración consigue aunar excitación erótica con alta calidad literaria y las degradaciones físicas van acompañadas de minuciosas descripciones estéticas, tanto de los lugares donde se somete a O, los decorados donde se ejecutan las torturas, los vestidos, corsés, látigos, etc., y tuvo gran influencia en los fetiches de la estética BDSM.
Desde el mismo momento en que se publicó, en los años cincuenta,
tuvo muchisimo éxito. Se editó firmada bajo el pseudónimo de una misteriosa Pauline Réage y el secretismo entorno a la verdadera identidad de la escritora fue absoluto durante décadas y dio para chismorrear largo y tendido en los corrillos literarios , dudándose sobre si sería realmente una mujer la artífice, sobre si estaba basada en hechos reales …
El enigma se desentrañó cuarenta años más tarde. Su autora, ya anciana, decide desvelarse y lo hace concediendo una entrevista. Se trata de Anne Desclos, periodista y mujer de letras, tímida y reservada. El libro lo concibió como reto para recuperar a su amante, que no es otro que su editor y el que prologa su libro: Jean Paulhan.
Desclos y Paulhan llevaban veinte años como amantes (él estaba casado) y la relación comenzaba a decaer. Ella, de cuarenta y siete en aquel momento, a pesar de ser una generación más joven que él, se encontraba poco atractiva y el modo que ideó para recuperar el interés de su amante fue calentando su cerebro mediante La historia de O, emulando en sus escritos el estilo de erotismo que le gustaba a Paulhan, que era ferviente admirador de la literatura de Sade. Parece que él solía argumentar que el erotismo literario no es pensamiento de mujer, y que jamás una fémina podría hacer algo semejante a la tensión sexual que consigue el divino marqués en sus textos.
Según las palabras de la autora, ella escribía los capítulos en una libreta escolar, a lápiz, tumbada en la cama, y lo hacía exclusivamente para su amante, sin pasársele por la cabeza que algún día podría ser publicado. Se los enviaba al buzón que tenían para comunicarse y después se citaban para que ella se los leyera en voz alta. Parece que Paulhan estaba absolutamente fascinado por la historia y como consecuencia, renació la pasión entre ambos. Me resulta apasionante que la historia de O sea una especie de carta de amor y me parece crucial para entender el libro el conocimento de que sea fantasía erótica concebida por una mujer para excitar a su hombre.
Otros datos de interés:
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Jorge Amado. Doña Flor y sus dos maridos
(Esta entrada fue colgada en mayo del año pasado. Debido a un ataque de spam que me trae loca, la he eliminado y la vuelvo a colgar, el libro es excelente, sigue siendo excelente. Sólo me apena prescindir de los comentarios que tenía. )
Doña Flor y sus dos maridos es una novela que, sin pertenecer estrictamente al género de literatura erótica, me resulta tremendamente excitante.
Jorge Amado, insigne escritor brasileño, presenta la sociedad bahiana mestiza en una sensualidad de curvas y sabores de la mano de doña Flor, mujer ardiente aunque llena de contradicciones y prejuicios, que crece en las relaciones íntimas como tantas de nosotras, desde un pudor ardiente a una entrega febril. Me impresiona el conocimiento y la empatía del autor sobre la
mente femenina y sus voluptuosidades, con las que se recrea maravillosamente bien. Las escenas íntimas están contadas con tanta gracia y buen hacer, que durante la lectura de esta magnífica historia pude meterme en la piel de Flor, vivir sus emociones y pasiones y disfruté muchísimo. Tuve la sensación de haber hecho nuevos amigos, haberme enamorado, haber sufrido de celos y haber estado presa de esa pasión lúbrica que producen los encuentros sexuales con nuevas pieles.
Copio un párrafo de un encuentro sexual de doña Flor con su primer marido, Vadinho, un calavera encantador, amante de primera.
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Textículos.
Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, es un librito que propone un ejercicio de visualización evocadora de estímulos sensoriales, imágenes cargadas de olores, de sonidos y de arquetipos ancestrales. Lo suyo es leer los cuentos y cerrar los ojos para vivir sensualmente eso que el autor nos dicta. La prosa es dulcemente poética y consigue la integración de situaciones corpóreas con la naturaleza bucólica. Como ejemplo, la siguiente descripción donde una erección masculina se percibe casi como una manifestación vegetal a la que acude, juguetona, una mariposa que revolotea alrededor del miembro, como si de una flor se tratase, hasta que se acerca para libar en la minúscula boquita:
“Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven descuidado, tendido al sol. Es bello como las montañas, lozano como los miembros que crecen entre sus miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y definitiva. Adán en el paraíso. Que duerme en la luz como si fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos. Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote nudoso de la higuera”.
En el prólogo, Bozalongo cuenta que concibió estos textos para ser llevados a la
pantalla. Sorprende: no hay diálogos y apenas acción. Sin embargo creo que sería preciosa una película -bien hecha- basada en estas ideas, estaría en la línea del parsimonioso cine oriental, pero en este caso con simbología occidental -la manzana, Blancanieves, Adán, la sangre, la miel …-
El libro es una cucada: papel precioso, letra coqueta, maqueteación impecable y una linda imagen en la portada que continúa sorpresivamente en la contraportada. Os dejo exclusivamente el anverso, para no quitarle el gusto – a quien lo vaya a tener en las manos- de descubrir la parte trasera donde hay una imagen obscenamente explícita. Un primer plano que estoy convencida de que aquel que la vea -y disponga de cierto sentido estético- convendrá en que la posibilidad de arte pornográfico es indiscutible.
Bozalongo además de escritor es editor. Podeis hacer un seguimiento de su actividad en el blog Papeles de Casa Vigo, o en su Perineos, al que se accede bajo invitación -que concede con sólo solicitarla-. Un buen sitio a visitar para los que nos consideramos erotómanos.
El viejo va al cielo.
No deja de sorprender el modo en que la vida teje sus circunstancias. Durante meses, durante años, la rutina llena nuestros días, uno tras otro, todos parecidos, casi iguales. Pero el tiempo pasa lento e inexorable hasta que, de repente, todo cambia y lo que ayer era, ya no es y unas alas de mariposa que aletean provocan un huracán en los sentimientos y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Nada volvió a ser lo mismo para Laura, ni para Víctor, ni para Carmen, tampoco para los remeros Kinki e Ismael y mucho menos para el viejo desde la visita de la prima de Laura y la flautista, cuando, presumiendo de sexualidad liberal, removieron la conciencia erótica de los asiduos al café-bar Crisol.
Cuando todos se despidieron para acudir a sus respectivas actividades, el viejo permaneció, ahora taciturno, acodado en la barra, sentado pesadamente en su taburete. Carmen se le acerca y como si pudiera leerle el pensamiento, le susurra:
-A ti ya no se te pone ¿verdad abuelo?, la pregunta, dicha desde los labios femeninos de Carmen es como una lanza para Gonzalo, el viejo. La mira, mira a la camarera como si estuviera muy lejos. Poco a poco sus ojos toman forma de gorriones heridos. En su rostro está la pena del león vencido, la tristeza del oso herido de muerte. El viejo traga saliva.
-No, Carmen, ya no se me pone, dice y acto seguido cae en redondo estrepitosamente al suelo.
Gonzalo, el viejo, despierta en una habitación blanca de hospital y no recuerda qué es lo que le ha sucedido para estar ahí. Se gira y ve una mujer de espaldas con formas de reloj de arena, parece una enfermera vestida con bata blanca, la cintura de avispa que contrasta con las poderosas caderas. Parece atareada ordenando algo en una mesa camilla delante de la ventana por la que entra el sol limpio de invierno. El viejo escucha que canturrea aquel bolero antiguo. Él la mira y la imagen le parece onírica, por un momento se le pasa por la cabeza que quizá esté ya en el cielo. Pero entonces ella se voltea, le mira y sonríe:
-¡Ay que ya se despertó mi viejito! – dice la rubia oxigenada con el dulce acento de las sudamericanas- ha dormido mucho, ¿eh? Soy Alice, su enfermera- la chica vocaliza chillando un poco, como se les habla a los duros de oído, y le planta un par de besos en la cara.
A Gonzalo se le antoja que es una preciosidad aunque realmente no es para tanto, va exageradamente pintada con su sonrisa perfilada de carmín rosa, los grandes ojos oscuros sombreados de azul mar y pestañas tan negras y largas que parecen abanicos azabache centrando un rostro multicolor. Su batita ajustada deja ver el comienzo del escote. Alice parece una parodia viva de la enfermera típica de la ficción porno y no cede en su charla:
- Le trajeron aquí porque se desmayó usted, el médico dice que no tiene nada, pero que ha de reposar y yo soy la encargada de cuidarle. Un susto que le dio su corazón. Pero no se preocupe, volverá a estar fuerte como un toro, le voy a dar unas sopas de pollo que levantan a los muertos -la chica se persigna-. Después, si quiere, podemos jugar, ¿le gusta el dominó? yo soy loca del dominó, mi papá me enseñó cuando era niña chica. Ha sido usted muy previsor al haber cotizado un buen seguro de enfermedad, ahora me tiene sólo para usted y eso ayuda porque a veces, fíjese, que me tengo que encargar hasta de cinco enfermos y no es lo mismo. Es que la gente no piensa en cuando sea vieja, pero ¡ay! no me ponga esa cara, ya sé que usted no es tan viejo, que luce muy atractivo, que debe ser usted un señor muy interesante. Ya verá en cuanto le de un baño y le afeite. No es porque yo lo diga, pero los viejitos reviven con mis cuidados, lo mío es que es vocacional, desde que me vine a España llevo atendiendo, doce años ya y le puedo decir que tengo las mejores cartas de recomendación, las familias se quedan encantadas y es que hay que tener mano. Yo para otra cosa no, que limpiar casas siempre me ha parecido muy trabajoso, pero atender a señores como usted es como si fuera mi hobby. En esta clínica llevo poco, pero estoy feliz, es fantástica, fíjese, todo tan limpio, mire las cortinas, cada semana se lavan. El doctor es muy serio, muy profesional, muy suyo. Entre usted y yo: un poco sosainas, pero hay que reconocerle que hace bien su trabajo y paga puntualito, que eso es de agradecer. Claro que de mí no puede tener quejas, que me paso aquí todo el día y las noches si hace falta, conmigo sabe que puede contar y que trato a los pacientes como trataría a mi papá. Los enfermos necesitan dulzura y cariño, si es que el que está pachucho quiere amor, no hay más que animarle un poco y resucita, se lo digo yo.
Alice, mientras habla, acaricia maternalmente las sienes de Gonzalo, gesticula y sonríe con hoyitos. Su escote moreno juega al escondite entre los botones de la bata y Gonzalo piensa que a lo mejor tiene unos de esos senos pequeños que aumenta con sujetador de relleno, consiguiendo juntar los dos pechos formando corazón de carne entre ellos. El viejo se encuentra tan a gustito con los mimos de la amable enfermera que, casi inconscientemente, alarga su mano y la introduce entre los botones de la bata con toda naturalidad, con la sana intención de acariciar uno de esos tentadores volúmenes. La reacción de la chica es de gran carcajada:
- Jajaja ¡Mira el viejito! ¡Qué pillín! Nos vamos a llevar muy bien usted y yo, sí sí, muy bien, que a mí no me gustan esos señores ñoños, que había uno que hasta me reñía por enseñar las piernas, y digo yo, lo que se van a comer los gusanos, ¡que lo disfruten los cristianos!, digo, pero no se pase, ¿eh? Que si viene el médico y nos ve así se enfada, que es un señor muy serio, muy de su casa, que tendría que ver a su mujer, que parece una monja y él un obispo como mínimo, que no sé yo como habrán hecho los dos hijos que hicieron. ¡Eh! ¡No se pase! Qué gamberro…
Ahora el viejo ¡bingo! ha podido comprobar que no erró en su pronóstico. Efectivamente, la enfermera las tiene pequeñas, comprimidas en el escote por el sostén de aros y espuma. Satisfecho se autofelicita por su buen ojo, mientras el deshinibido pezón se dispara impetuoso con el contacto de sus dedos.
- ¡Qué tocón es usted! Mire que yo tengo la sangre caliente de las sureñas. Escúcheme con las manitas quietas, que ya sé yo lo que piensan ustedes aquí de nosotras, las sudaméricanas, pero es que, sin ofender, las españolas son muy desaborías, que parece que hay que hacer una instancia para que abran las piernas, ¡ni que tuvieran la joya de la corona ahí en medio! Y luego piensan mal de una porque disfruta de lo que Dios le dio, porque, digo yo que a Nuestro Señor no debe molestarle que gocemos a ratitos. Y no vaya usted a pensar, que yo soy muy religiosa, voy a misa los domingos y todo, pero no estoy a favor de lo que dice el papa, ¡que es pecado usar preservativos! y luego todos esos africanos muriendo de sida.
El viejo inspecciona ahora los muslos rechonchos de la enfermera, incrédulo de que esté hecha de huesos y carne, se alegra mucho al comprobar que no lleva medias, y se apena un poco al cerciorarse de que sí lleva bragas. Puede cerciorarse a conciencia sin que ella ponga excesiva resistencia, la justa para hacer del juego algo realmente divertido, pero ya cuando llega al fruto pulposo ella se levanta recolocándose la ropa:
- ¡Stop caballero!, que es usted un sinvergüenzón, que debió ser usted terrible con las mujeres, ¿eh? ¿Ha roto muchos corazones? Mire que a mí ya me lo han partido unas cuantas veces, y ya me conozco el percal de los hombres, que vais todos a lo que vais y luego si te he visto no me acuerdo. Ahora va a ser usted buenecito, le voy a preparar un baño con mucha espuma y le voy a enjabonar bien esa espalda para que cuando venga el doctor le encuentre bien limpito, y usted chitón ¿eh? No le vaya a contar que me ha tocado las piernas que es muy remilgado para estas cosas.
- No se preocupe, Alice, soy una tumba.
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Este cuento es el número 22 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido.
Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
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Mi carta para Sus Majestades Los Reyes Magos.
Queridos Reyes Magos:
He sido bastante buena, me he portado amablemente con mis semejantes y he dado gusto a un puñadito. No creo que peque de soberbia al decirlo. Os estoy muy agradecida porque me cumplisteis casi todos los deseos que pedí el año pasado en relación a mis sueños literarios, Erotómana funciona muy bien y mi colaboración con Sensuality y con Certo también, siento que mi trabajo es valorado. A mi vez, no he sucumbido a la pereza y he trabajado con tesón, por eso quiero pediros que ahora mi literarura empiece a rentarme. No es que pretenda hacerme ambiciosa económicamente, en absoluto aspiro al oro con que regalasteis a Nuestro Señor, sólo a un saquito de plata que subvencione mi trabajo. Daos cuenta de que este hobby me acarrea unos cuantos desembolsos, necesidades si quereis prescindibles pero, ¿qué le queda al sexo si le quitamos lo supérfluo?
Infraestructura multimedia aparte, he de conseguir libros para ampliar mis lecturas, he de enriquecerme viajando a los museos eróticos del mundo, exposiciones o convenciones, he de vestir braguitas lindas, sandalias de sueño, cuidar mi piel, quiero hacer un máster sobre sexualidad y aprender francés para leer a los grandes en versión original… y luego está Lipa, quiero invitar a Lipa Benet a un balneario para centrarnos a crear a gustito. Daos cuenta, queridos Reyes Magos, que ejercer de erotómana resulta carísimo y yo quisiera ir dando pasitos para llegar a ser de esa gente suertuda que gana su pan haciendo lo que le gusta. Conste que no es envidia lo que siento por los que viven de su arte, y jamás siento ira por no ser yo una de esas afortunadas personas. Pero me encantaría y me lo pido. En cualquier caso lo que suplico con verdadero fervor es un buen lote de fantásticas ideas deliciosamente lujuriosas, animosamente lujuriosas y buen gusto para expresarlas porque, sin eso, todo lo anterior es agua de borrajas.
Ya a nivel íntimo quisiera pedir … Ya que encarnais en número tres, quisiera pediros tres varones para mí sola, pero no uno a uno: a la vez, los quiero a la vez, es decir, tres hombres con sus tres cuerpos -no hablo de magias raras al estilo “tres en uno” como la santísima trinidad-. (Dos ya los disfruté airosamente, ¿recordais?) No es por avaricia que quiera el trío, no tengo intenciones de quedármelos, sólo un ratito, una noche, una tarde… Es que creo que ya estoy preparada para enfrentarme a esa cantidad de virilidad, pero si es muy complicado me conformo con que me traigais aquello que ya llevo unos cuantos años pidiendo y nunca me concedeis: el negrito, Baltazar, acuérdate del negrito. A ti me encomiendo muy especialmente, a ti que tantas veces me tuviste sentada en tus rodillas.
No es que sea racista y vaya a hacer discriminación positiva a razón de la piel: el negro ha de ser cariñoso y simpático como los demás. Y no creais que es gula lo que me mueve, no es necesario que tenga un banquete el negro entre las piernas, con que tenga un modesto festín es suficiente.
(Sé que traerme al negro en el lote de tres puede ser una posibilidad práctica, pero no, con el negro no deseo dispersarme).
Como todos los años, pido paz para el mundo, imaginación y arte. Sexo alegre para los que quiero, si tienen sexo dichoso es que lo demás va viento en popa. Para mis lectores pido inspiración divertida para que me comenten, si tienen inspiración divertida es que las cosas marchan para ellos.
Y ya, me despido con resumen para que os quede clarito:
. Ideas maravillosas para escribirlas (a poder ser que coticen).
. Tres hombres (encantadores) y/o un negro (majo).
. Buen rollito pa to quisque (yo incluída).
A sus pies:
S. M.
De vuelta al ruedo
Hoy doy por finalizada mi vacación y retorno cargadita. Y es que el descanso me ha cundido ¡vaya que sí! He tenido una suerte tremenda con las lecturas que he escogido: Historia de O de Pauline Réage, Textículos de Carlos Bozalongo y El Mal de la Muerte de Marguerite Duras, literatura de la que os hablaré en las próximas semanas y de la que disfruté a tope en mis siestas invernales. Y es que en las melancólicas tardes frías y lluviosas en las que se escucha el silbido del viento y el repicar de la lluvia en los cristales, me encanta dedicarme a la lectura erótica ¡qué gusto estar calentita en casa cuando afuera hiela y ventea!
Sigo un protocolo de acción, me desnudo íntegra, me sirvo un licorcito y me tumbo
sobre mi vientre cerca de la chimenea rodeada de cojines y almohadones para empaparme bien a gusto de la sabiduría que esos libros me proporcionan.
Claro que no han sido solamente las lecturas mi compañía, la chorra es que dispuse de un amigo discreto, casi virtual, uno de esos amantes que se están calladitos y actúan con delicadeza infinita, casi con distancia. Mi amante, el discreto, conoce mi juego y sin decir esta boca es mía se acerca a donde estoy leyendo absorta y se acomoda a horcajadas apoyando sus glúteos en mi mullida posadera. Sin abrir el pico se dedica a masajear mi espalda. Él es un hombre silencioso que se concentra en su tantra interior dejándome mi propio espacio para concentrarme en mis estudios y reflexiones. Sin molestar, coloca su miembro fláccido -todavía-entre mis nalgas inmóviles -todavía-. Por descontado, disfruto sintiendo las manos ásperas en mi piel y también sintiéndole crecer allí atrás. Pero no presto demasiada atención, prefiero adentrarme en las fantasías de esas gentes que tuvieron el gusto de contárnoslas, ideas que estimulan mi imaginación y provocan que me esponje y me dilate, mi mente al alimón con mi cuerpo. Mientras tanto el tallo ya crecido, como quien no quiere la cosa, va penetrando en mí por propia ergonomía, casi sin querer.
Entonces abandono la lectura ya, y mi mente vuela al tiempo que mi pelvis cabalga. Puedo ser cualquiera ahora, y cualquiera puede ser mi amante, quizá el protagonista de la novela, o su autor, puede ser una vieja pasión o cualquiera de vosotros, ninguno estais libres de ser follados y usados, folladas y usadas por mí, dentro de mi cabeza…
En cualquier caso, mi excéntrico interés sigue teniendo su diana en deleitaros sensualmente por medio de palabras, en estimularnos juntos al literario modo y para acceder a algunas de mis fantasías no os queda otra que ir al quiosco y comprar la revista
.
Este mes podreis encontrar la fantasía de una ONG masculina que se dedica a cumplir los anhelos sexuales de mujeres necesitadas, juguetonas o sencillamente viciosas. También encontrareis el relato mítico basado en Príapo, dios lascivo de proporciones fálicas desmedidas. Eso en lo que a mi colaboración se refiere.
Un beso para todos y para todas, a ver si en el 2010 conseguimos adentrarnos un poquito más en las voluptuosidades humanas, en los placeres antropológicos, y gozar con ello.
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(La imagen es regalo de Tiberio)
Regalo lecturas eróticas y en serio creo que es el mejor regalo.
Desde que inauguré Erotómana he estado entusiasmada escribiendo, imaginando, estudiando y expresando lo que aprendo. He escrito tanto en estos diecisiete meses que ni yo misma me lo creo, aquí, en Certo, en Sensualitys,… relatos, mails, entrevistas, cuentos, historias y chismes. No ha pasado un dia sin que le arrancara un ratito para escribir, momentos pellizcados porque esta afición, desgraciadamente, no coincide con mi carrera profesional, la cual me ocupa un montón de tiempo.
He intentado varias veces tomarme con más calma mi prosa, pero eso va en contra de mi propia naturaleza pasional. Escribir un cuento cada quince días, con calmita, sería idóneo pero me resulta inviable a consecuencia de mi temperamento creativo impetuoso. Si me meto, me meto de cabeza, si no, abandono.
Y claro, llega un momento en el que me agoto, me invaden sentimientos contradictorios y me pregunto ¿Te compensa, Susana, tener siempre la cabeza en las nubes? ¿merece la pena alimentar esta pasión? ¿no sería más práctico dejarse de tanta fantasía, sueños literarios, y pisar barro?
El que apenas nadie de mi entorno sepa de esta vocación hace que la viva como un
amante secreto muy absorvente y me supone no pocos desvelos y un cierto desgaste afectivo… Me resultaría más sencillo que me diera por escribir en otro orden de cosas, a saber, novela histórica o negra, escritos que pudiera presentar a concursos con mi nombre real, dárselos a leer a mis colegas … pero no hay tutía, me inspiro exclusivamente en lo sensual, en los sentimientos que mueve Eros. No sé explicar porqué, es algo que me viene impuesto, como el color de ojos o la estructura de mis pies. Lo he intentado, me he esforzado en idear una historia “pagana” y tengo varias comenzadas, pero mi pluma acude a lugares tan comunes que bostezo al quinto folio. De modo que vuelvo allí donde mi imaginación crece, allí donde disfruto, me esponjo y fluyen en comunión la miel y las ideas, entonces me apasiono y no paro y de repente me apetece un descanso.
Si os cuento todo esto es porque voy a tomarme ese respiro. Lo cierto es que no tengo que justificarme porque me vaya a coger unas vacaciones, pero sois mis lectores, sois con los que comparto esta pasión loca y quiero traeros en palmitas. Me voy a tirar a la bartola, pero os dejo un regalo. Me abstengo de felicitaros las fiestas, pero cumplo con el rito del regalo liberando el libro que tengo publicado en Bubok y lo cuelgo aquí en formato pdf. La versión original es en gallego y os lo dejo íntegro. Para los que no entendeis gallego, he traducido uno de los cuentos (o capítulos: son relatos hilados, como los de Crisol Púbico) al castellano. Lo escribí hace dos años, antes de empezar con el blog, cuando todavía no me conocíais, lo hice con la ilusión de presentarlo para un concurso, pero fue desclasificado porque no envié nombre, ni apellidos, DNI y toda esa información que exigían y que yo no quise dar. Sigue gustándome, creo que tiene su gracia. Recuerdo que cuando lo escribía se alternaban mis risas y mis calores, no sé si habré conseguido comunicar mi alegría de aquellos días. Ojalá os animeis a leerlo, y a darme vuestra opinión -¿merece la pena que siga traduciendo?- daos cuenta de que yo trabajo por amor a la palmadita, a la palmadita en la espalda, y ésto que os regalo hoy, me lo he currado.
En gallego:
Fantasias_Eróticas_Para_Paspallás
En castellano:
.
…………………………¡Disfrutadlos porfa!……………………….
Chéri. Colette
Chéri es una novela de Gabrielle-Sidonie Colette (1873-1954) que introduce lo erótico desde un ángulo tremendamente femenino, con gran sutileza y elegancia. Aborda una sensualidad fina enfocada desde la mirada de Léa, una mujer experta en las emociones de la carne.
El argumento de la trama es la pasión de una Léa madura con un joven de diecinueve años, Chéri. Ella es una dama rica, que ha hecho fortuna gracias a su admirada belleza como cortesana en París, en esas épocas en que las cortesanas eran respetadas socialmente. Con cincuenta años se permite mantener y mimar a un hombre joven y hermoso que la ama, olvidándose de las convenciones. El argumento implícito es el deterioro estético del físico de una mujer para la que su aspecto ha sido su modus vivendi. Ella, que es treinta años mayor que Chéri, tendrá que aceptar las duras reglas del tiempo que no perdona ni a las más bellas cortesanas. El dolor que supone envejecer para alguien que ha tenido gran poder gracias a su atractivo se multiplica al enfrentarse con el esplendor de la belleza de Chéri, del cual se enamora. Con una crudeza psicológica impresionante, Colette nos introduce en la mente de la mujer, inteligente y consciente del devenir, y en la de Chéri, madurando como hombre en una sociedad frivola e hipócrita, en decadencia moral.
Colette me encanta como escritora, sus palabras tienen voluptuosidad y sensualidad libremente expresadas, pero también casi escondidas. Fue una mujer que escandalizó en su momento, considerada por muchos indecente al tener una vida sexual bastante libre, la novela Chéri es, al parecer, autobiográfica. Ella reivindica en su escritura los derechos de la carne sobre el espíritu y los de la mujer sobre el hombre. Si pinchais en “El Obstáculo” podeis leer el texto que seleccioné en su momento para esa otra novela de la autora que habló de erotismo femenino cuando era realmente innovador hacerlo. En los años veinte, especialmente en Francia, el erotismo escrito vivió una época dorada, se escribieron obras de gran calidad erótica y literaria, algunas de ellas, de algunos de mis autores eróticos favoritos: Henry miller D.H.Lawrence, Anais Nin, …
La madrastra, jodienda animal y la ninfómana olímpica.
Como vengo anunciando desde hace unos meses, colaboro para la revista Sensuality.
Este mes me recreo en la diosa Eos, la bella ninfómana olímpica. Además, cocino una receta de
fantasía, en este caso la preparación de una magnífica jodienda animal simulada, un juego de rol en el que me meto de lleno a hacerlo cual animalito salvaje.
Y como colofón, Sensuality regala un libro de relatos eróticos, todos escritos por mujeres, entre las que me encuentro. El mío se titula “La madrastra” y es una traducción de uno de los relatos del libro que tengo editado en gallego “Fantasías eróticas para paspallás” que, como Crisol Púbico, son relatos hilados, más extensos, que se pueden leer individualmente sin que pierda sentido. Yo creo que os va a gustar. De todos los cuentos que he escrito “La Madrastra” considero que es uno de los mejores.







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