La voz del narrador en el erotismo literario.
Creo que en la literatura erótica funciona muy bien el narrador en primera persona. Es un lujo que un escritor, o escritora, tenga el gusto de cuchichearnos en un libro cómo es o ha sido su vida sexual. Es un flipe siempre, incluso cuando esas confidencias no son más que pura ficción.
Personalmente, cuantos más datos dispongo para cerciorarme de que las historias son reales, más me gustan. A continuación va una lista de los libros erótico-confidenciales con los que más he gozado, de todos ellos he seleccionado un párrafo:
Memorias de una cantante alemana. Shroeder-Deurient
Elogio de la azotaina Jacques Serguine
El sabor de la miel. Salwa Al Neimi
Los diarios. Anais Nin
Miedo a volar. Erika Jong
En Brazos de la mujer madura. Vizinczey
Manual de Sensualidad para Jóvenes casaderos. Jorge Rueda
La Vida Sexual de Catherin M. Catherin Millet
El postporno era eso. María Llopis
Confesiones. Rousseau
Conste que los falsos diarios también me hacen gracia aunque sepa de antemano que no son más que un montaje, una paja mental de un autor que se hace pasar por una mujer facilona -caso de Fanny Hill o de Theresa, filósofa-, de un hombre que se inventa a sí mismo follando a troche y moche -por ej. el victoriano de Mi vida secreta-. O cuando es una mujer la que tira de fantasía, como la periodista mosquita muerta autora de La historia de O
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Y aquí en Erotómana creo que sucede igual, que os gusta más cuando narro en en primera persona que cuando disfrazo mis fantasías en otros protagonistas, ¿acierto?
La cópula de Laura y Víctor toma carrerilla.
Víctor no quiere desnudar a Laura todavía. Saberse con un himen de estreno le lleva a recapacitar y decide que ha de comportarse delicadísimamente. Se le ocurre que desvirgar a una mujer es un acto trascendental y de repente es consciente de que quizá ella guarde de por vida el recuerdo de estos momentos. Metido en semejante compromiso, pone el freno para ir dando los pasitos como dios manda, de escalón en escalón. Se esfuerza pues, por ralentizar el calentón, y la invita a tumbarse en el sofá, a lo que ella accede un poco confusa por el cambio de ritmo, pero entregada a más no poder. Una vez recostada entre los almohadones, Victor improvisa la extravagancia de cobijarla bajo una manta dejando solamente sus pies fuera. La ha descalzado y ahora masajea sus pies, calentándolos, consiguiendo que se estremezcan, un poco por las cosquillas, otro poco de gustirrinín.
- ¡ Qué pies más bonitos!, dice, y Laura se sonríe, se muerde el labio inferior, le chifla la voz de Víctor, con su acentazo gallego, un hablar que resulta muy seductor en la voz masculina, un poco carrasposa.
La idea de cubrir a Laura con la manta ha sido magnífica porque ella está
ahora muy plácida ahí debajo y se le nota más suelta, se ríe y él sigue las risas pero sin perder de vista el objetivo final de esta velada, objetivo que está cantado y la única que parece haberlo olvidado es Laura, con tanto jijí y jajá, pero ya va enmudeciendo cuando las manos de Víctor ascienden abandonando los pies, pierna arriba. Se controla Víctor, su instinto masculino le impulsa a apresurarse para alcanzar el fruto, pero él es hombre que ha aprendido a masticar despacio el manjar y sabe que de ese modo se digiere mejor.
Debajo de la manta y en la penumbra de la habitación, no se escucha ahora más que el roce de las manos viriles del mecánico en la piel de seda de la profesora y el contacto de esas palmas -un poquito ásperas- con la epidermis resulta a un tiempo relajante y estimulante, dos antónimos en una sola caricia. Como en viacrucis ha pasado de los tobillos a las pantorrillas y se va envalentonando porque ya siente el relajo en los miembros, que van perdiendo su pudor, distendidos en la generosidad de los muslos. Ya esas piernas ansían y todavía las manos de él se hacen de rogar, acariciando la sensible piel del reverso de la rodilla. La respiración de Laura se hace profunda, sus manos están calentitas, ¡mmm! ya su boca salivea regularmente y ya sus pezones ¡oh dicha! despuntan erectos. Las piernas surgen completas de debajo de la manta, cada vez más carne a la vista. Están bastante abiertas, considerablemente separadas la una de la otra. ¡Qué momento! la parte superior de una mujer escondida y la inferior expuesta a la vista del protagonista astuto que está posicionado en lugar privilegiado y que goza terriblemente con el espectáculo de unas patolas cada vez más olvidadas del pudor, rezumando feminidad. Víctor acerca su boca para que su lengua acompañe a sus dedos en el festín, besa la piel blanca del interior de los muslos y saborea, masca las apetitosas carnes. Con las palmas de sus manos, con su boca, con su lengua, sube y sube y baja baja, para volver a subir y no alcanza, -¡por favor! ¿no va a llegar nunca?- el coño escondido tras las bragas blancas que se adhieren a las curvas, marcando los perfiles de unos labios vaginales bien desarrollados, replegados el uno contra el otro. La vulva de Laura supone un imán tremendo, que solamente la paciente voluntad del mecánico contiene de acercar su boca, sus manos y su polla allí… por ahora.
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Este cuento es el relato número 46 de Crisol Púbico.
Pinchando aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela dedicada al placer.
Crisol de relatos eróticos con imágenes.
He ordenado los cuentos de Crisol Púbico desde su principio en el siguiente directorio, todos aparecen con las aportaciones de imágenes y comentarios que me habéis ido enviando. No hay más que pinchar en cada enlace:
1. Laura, la mujer que excita sin querer.
4. Víctor, experto jodedor anal
7. Razones por las que Víctor es maravilloso en la cama.
8. Episodio de Laura con su prima lesbiana
9. Carmen, apuntes sobre su biografía
10. El Ex de Carmen y la flautista
13. Desvirgar a una mujer no siempre es sencillo.
16. Gasolina
17. El carnicero
18. Los dos remeros
19. El vello púbico de los protagonistas.
21. Grados de homosexualidad- heterosexualidad.
23. Víctor encoñado
28. Travestirse o buscar apoyo
29. La prima es exigente con la flautista
32. Alice
33. Culo de hombre
34. Chocho apático
35. La enfermera de las bragas chiquitas
39. Laura abierta
40. Los orígenes: la fecundación de Laura
41. La sexualidad de Rhett y Carolina
43. La negra del conejo cachas (parte primera)
44. El complejo devenir de un polvo
45. La negra del conejo cachas (segunda parte)
46. La cópula de Laura y Victor toma carrerilla
47. El elaborado camino hacia el placer sexual
48. Viagra para el señor Gonzalo
50. ¿Qué lleva a Marisol a desear que David sea un gigoló?
51. Tetas tutifruti
52. La danza de Judith y Marisol
53. El pijo contrata a Marisol y a Judith
54. Sado fino para el que pague bien
56. La enfermera se corre por activa y por pasiva
57. Alice y Gonzalo son pillados in fraganti
58. El médico eyacula en el cojín.
Fanny Hill. Memorias de una mujer de placer. John Cleland
Fanny Hill es una obra epistolar erótica publicada en 1748 en Inglaterra por
John Cleland, autor que escribe tomando el papel de una mujer de vida alegre que se ve abocada a la prostitución de jovencita, y hoy es una dama acomodada que cuenta sus experiencias más íntimas sin escatimar detalles, con pelos y señales, y lo hace de un modo tan rimbombante y eufemístico, que me resulta graciosísimo.
La historia es sorprendente porque al final resulta ser un tratado moral que se reafirma en los valores morales de la época pero también es un recetario de los gustos sexuales del momento e incluso apunta maneras para considerarse un tratado filosófico sobre el placer humano.
Llama mucho mi atención las disertaciones que plantea sobre lo complicado que es escribir erotismo sin caer en lo soez y en la repetición de los manidos vocablos que inundan los textos eróticos, inquietud que comparto con Cleland, casi tres cientos años después.
Como escritor, Cleland asume interesantes retos literarios muy innovadores en su momento. Fingir la asunción de una voz femenina hace
que se instale en una confesión sexual al tiempo que explícita, llena también de recato y timidez -como supone que corresponde al género femenino-, y tal abuso de metáforas remilgadas da como resultado un texto falso y un poco ridículo visto desde nuestros ojos del siglo XXI. Sin embargo en su momento significó un tremendo escándalo y fue uno de los libros más perseguidos y censurados de la historia.
Os dejo una muestra:
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Los papas y el sexo. Eric Frattini
La historia de la iglesia católica es una triste historia para el sexo en general. Desde aquella frase de san Pedro, -el primer papa- a Jesús: “Hemos dejado todo, nuestros hogares incluso, para seguirte” los creyentes consideraron que un hombre de fe debía abandonar las relaciones familiares, pero sobre todo las sexuales.
Desde Pedro se sucedieron papas en cascada, que en un principio no eran más que cabecillas de una secta peligrosa de fanáticos, pero que fueron tomando poder y con él, muchos de ellos pervirtiéndose más y más y se acomodaron en una doble moral que consiste en predicar el pecado a los cuatro vientos y sin embargo, gozar con soltura bajo las sotanas. Todo esto según nos cuenta Eric Frattini, que nos deja los ojos como platos contándonos historias de los 261 papas que se sentaron en la silla de Pedro. Papas enamorados, algunos incluso felizmente casados, otros fetichistas, otros homosexuales, pederastas a porrillo, masoquistas una panda y sádicos un pico. Leer más »
Cuenta episodios tan corruptos que realmente parecen invenciones calenturientas de un pueblo reprimido -o de otros eclesiásticos envidiosos-. Escuchad un ejemplo de Juan XII. Lo tomo del libro así, a boleo, no creáis que fue el más golfo de todos ellos:
Sagradas palabras obscenas. Gregorio Morales
¿Sabíais que algunos correctores informáticos señalan como faltas ortográficas palabras tales como follar, puta, coño, polla, joder, …? El escritor y erotómano Gregorio Morales en “Sagradas Palabras Obscenas” reivindica la dignidad de estas palabrotas y lo hace en forma de poesía, recreándose bellamente en vocablos tan fuertes, palabras malditas de nuestra lengua que le van de perlas a estos versos, no tan obscenos.
“Sagradas Palabras Obscenas” es un libro de poemas elegantes y divertidos, calentitos también, cuyos títulos son nombres de diferentes mitos que simbolizan la palabra sucia en la que se recreará.
He escogido la que dedica al dios Pan, un ser mitad hombre, mitad macho cabrío con unos órganos sexuales impresionantes y un deseo desmesurado. Pan es una especie de personificación de la inestimable polla, miembro que acompaña a los hombres de por vida, y a nosotras unos momentitos, por cierto, la mar de gratos.
Acompaño la poesía de Morales con imágenes de Pan, un monstruo que, como hembra, me sobrecoge muchísimo.
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Mater Amantissima. José Jara.
Hay alguna literatura erótica que me angustia y me produce un nudo desagradable en el estómago, aunque sea capaz de reconocer su calidad literaria, incluso su fuerte capacidad para excitar sexualmente desde partes del cerebro muy básicas. Es el caso de Mater mantissima, de José Jara.
Narra lo que no puedo calificar como otra cosa que la desgracia de un muchacho al que se surje su sexualidad justo el día en que fallece su
madre, y es con ella, precisamente con su madre muerta con la que el rapaz despierta a los instintos y hace todo tipo de porquerías con el cadáver, que incluye cortar el cuerpo con tijeras. El relato, siempre con una prosa exquisita, está contado en primera persona de un modo muy realista. Macabrada tras macabrada dichas desde la boca infame de ese chico virginal. La congruente historia está adobada con abusos del padre espiritual para con su pupilo, humillaciones terribles a adolescentes encantadoras, y muchos, muchos excrementos. Y todo contado con una elegancia que corta la respiración.
Soy muy sensible a lo que leo, para bien y para mal y hoy no puedo más. Me inquieta tanto, me invaden unos sentimientos tan desagradables que no sé si me terminaré el libro. Conste que me interesa mucho su final ¿cómo rematará el autor la azarosa adolescencia de ese chaval trastornado, perverso y puro?
Ya me pasó con otra obra maestra, ni más ni menos que “Las once mil vergas” del magnífico poeta Apollinaire, que me sentí incapaz de tragarla pese a la insistencia de mis respetables amigos erotómanos, que me animan a que lea estas cosas entendiendo que es surrealismo y que tratan de romper tabúes, de rebuscar en los extremos más oscuros de nuestra inflamación voluptuosa*. Paso.
Dadme, please, sexo literario con alegría, calentito, brutito con mesura, con tintes de dominación amorosa o con lucecitas de sumisión juguetona, dadme a Miller, ¡que de santo nada!, dadme a Serguine con sus ¿tiernas? azotainas, ¡dadme el humor fino y perverso de Vargas Llosa!, dadme al victoriano obseso de “Mi vida secreta“, dadme -incluso- el gusto ingenuo de Louÿs por lo lésbico, o la fijación anal de Birmajer, dadme la promicuisdad de Hsi Men, o la hambruna genital de Catherin Millet, pero a Apollinaire, a José Jara, e incluso (¡oh blasfema!), determinados episodios del marqués de Sade, que los lea su puta madre.
(Con todo mi respeto, ¿eh? que, como literatos: me saco el sombrero)
* En relación a textos de esta índole, denominados por Jorge Rueda como literatura erótica fantástica dice: Son una invención químicamente pura que se apartan del impulso onanista inmediato, y se adentran en el frenesí y la incontinencia del momento del paroxismo: nada impide el deseo de satisfacción y posesión del depredador… No son una caricatura de nuestros deseos, sino su materialización siniestra, primaria y verdadera. Tolerable sólo en la fantasía, en los mundos exacerbados que se permiten los que imaginan. Jorge Rueda
La Historia de O. Pauline Reage
La Historia de O es una novela sobre las andanzas de una mujer que libremente se esclaviza al hombre que ama, dejándose azotar, prestar, marcar con fuego o perforar el cuerpo además de otras degradaciones a las que se expone con gran alegría espiritual. La autora elabora una profundización muy interesante en la mente de la protagonista, mujer que goza siendo maltratada como expresión de deseo y la novela es de lectura obligatoria para los amantes de las relaciones de sumisión-dominación.
La narración consigue aunar excitación erótica con alta calidad literaria y las degradaciones físicas van acompañadas de minuciosas descripciones estéticas, tanto de los lugares donde se somete a O, los decorados donde se ejecutan las torturas, los vestidos, corsés, látigos, etc., y tuvo gran influencia en los fetiches de la estética BDSM.
Desde el mismo momento en que se publicó, en los años cincuenta,
tuvo muchisimo éxito. Se editó firmada bajo el pseudónimo de una misteriosa Pauline Réage y el secretismo entorno a la verdadera identidad de la escritora fue absoluto durante décadas y dio para chismorrear largo y tendido en los corrillos literarios , dudándose sobre si sería realmente una mujer la artífice, sobre si estaba basada en hechos reales …
El enigma se desentrañó cuarenta años más tarde. Su autora, ya anciana, decide desvelarse y lo hace concediendo una entrevista. Se trata de Anne Desclos, periodista y mujer de letras, tímida y reservada. El libro lo concibió como reto para recuperar a su amante, que no es otro que su editor y el que prologa su libro: Jean Paulhan.
Desclos y Paulhan llevaban veinte años como amantes (él estaba casado) y la relación comenzaba a decaer. Ella, de cuarenta y siete en aquel momento, a pesar de ser una generación más joven que él, se encontraba poco atractiva y el modo que ideó para recuperar el interés de su amante fue calentando su cerebro mediante La historia de O, emulando en sus escritos el estilo de erotismo que le gustaba a Paulhan, que era ferviente admirador de la literatura de Sade. Parece que él solía argumentar que el erotismo literario no es pensamiento de mujer, y que jamás una fémina podría hacer algo semejante a la tensión sexual que consigue el divino marqués en sus textos.
Según las palabras de la autora, ella escribía los capítulos en una libreta escolar, a lápiz, tumbada en la cama, y lo hacía exclusivamente para su amante, sin pasársele por la cabeza que algún día podría ser publicado. Se los enviaba al buzón que tenían para comunicarse y después se citaban para que ella se los leyera en voz alta. Parece que Paulhan estaba absolutamente fascinado por la historia y como consecuencia, renació la pasión entre ambos. Me resulta apasionante que la historia de O sea una especie de carta de amor y me parece crucial para entender el libro el conocimento de que sea fantasía erótica concebida por una mujer para excitar a su hombre.
Otros datos de interés:
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Jorge Amado. Doña Flor y sus dos maridos
(Esta entrada fue colgada en mayo del año pasado. Debido a un ataque de spam que me trae loca, la he eliminado y la vuelvo a colgar, el libro es excelente, sigue siendo excelente. Sólo me apena prescindir de los comentarios que tenía. )
Doña Flor y sus dos maridos es una novela que, sin pertenecer estrictamente al género de literatura erótica, me resulta tremendamente excitante.
Jorge Amado, insigne escritor brasileño, presenta la sociedad bahiana mestiza en una sensualidad de curvas y sabores de la mano de doña Flor, mujer ardiente aunque llena de contradicciones y prejuicios, que crece en las relaciones íntimas como tantas de nosotras, desde un pudor ardiente a una entrega febril. Me impresiona el conocimiento y la empatía del autor sobre la
mente femenina y sus voluptuosidades, con las que se recrea maravillosamente bien. Las escenas íntimas están contadas con tanta gracia y buen hacer, que durante la lectura de esta magnífica historia pude meterme en la piel de Flor, vivir sus emociones y pasiones y disfruté muchísimo. Tuve la sensación de haber hecho nuevos amigos, haberme enamorado, haber sufrido de celos y haber estado presa de esa pasión lúbrica que producen los encuentros sexuales con nuevas pieles.
Copio un párrafo de un encuentro sexual de doña Flor con su primer marido, Vadinho, un calavera encantador, amante de primera.
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Textículos.
Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, es un librito que propone un ejercicio de visualización evocadora de estímulos sensoriales, imágenes cargadas de olores, de sonidos y de arquetipos ancestrales. Lo suyo es leer los cuentos y cerrar los ojos para vivir sensualmente eso que el autor nos dicta. La prosa es dulcemente poética y consigue la integración de situaciones corpóreas con la naturaleza bucólica. Como ejemplo, la siguiente descripción donde una erección masculina se percibe casi como una manifestación vegetal a la que acude, juguetona, una mariposa que revolotea alrededor del miembro, como si de una flor se tratase, hasta que se acerca para libar en la minúscula boquita:
“Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven descuidado, tendido al sol. Es bello como las montañas, lozano como los miembros que crecen entre sus miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y definitiva. Adán en el paraíso. Que duerme en la luz como si fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos. Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote nudoso de la higuera”.
En el prólogo, Bozalongo cuenta que concibió estos textos para ser llevados a la
pantalla. Sorprende: no hay diálogos y apenas acción. Sin embargo creo que sería preciosa una película -bien hecha- basada en estas ideas, estaría en la línea del parsimonioso cine oriental, pero en este caso con simbología occidental -la manzana, Blancanieves, Adán, la sangre, la miel …-
El libro es una cucada: papel precioso, letra coqueta, maqueteación impecable y una linda imagen en la portada que continúa sorpresivamente en la contraportada. Os dejo exclusivamente el anverso, para no quitarle el gusto – a quien lo vaya a tener en las manos- de descubrir la parte trasera donde hay una imagen obscenamente explícita. Un primer plano que estoy convencida de que aquel que la vea -y disponga de cierto sentido estético- convendrá en que la posibilidad de arte pornográfico es indiscutible.
Bozalongo además de escritor es editor. Podeis hacer un seguimiento de su actividad en el blog Papeles de Casa Vigo, o en su Perineos, al que se accede bajo invitación -que concede con sólo solicitarla-. Un buen sitio a visitar para los que nos consideramos erotómanos.





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