“Espera, ponte así”.
El argumento de “Espera, ponte así” de Andreu Martín, premio XXIII Sonrisa Vertical, es sencillo: un afamado director de teatro tiene un lío con la actriz principal de la obra que ensayan y se obsesiona con ella. Esa aventura le lleva a modificaciones en la relación con su esposa y a un deterioro de su vida profesional. Es una obra de género erótico porque la historia es contada enlazando un episodio sexual tras otro. La gracia es que, polvazo tras polvete, consigue explicarnos un sentimiento masculino que he encontrado bastante en el erotismo literario, y muchísimo en el porno.
Al protagonista, como a tantos, le encanta la mujer. Ahora es la actriz, pero antes fue su esposa y otras… Le gustan tanto que se ha sentido esclavo de su deseo. El deseo ha gobernado su vida y ha dejado su voluntad en segundo plano. Se ha sentido mangoneado por los pechos de la mujer, gobernado por el absorbente coño. Ello le lleva a odiarlas, las adora y las odia a un tiempo. Ora les lame embelesándose en los sagrados jugos, involucrándose ciegamente en el placer femenino, ora les escupe, mancilla y tortura como si fueran chismes pestilentes.
Se trata de una dialéctica sexual que combina admiración y desprecio en un 5o% y me pregunto a santo de qué esta contradicción ¿es el resultado de la frustración que causa la fuerza ingobernable del deseo? o quizá esa rabia viene de más lejos, ¿de la relación con la madre, que diría Freud?, ¿del sometimiento al que subyuga el patriarcado a los individuos desde chiquitos, que diría Casilda Rodrigañez? Os copio un pequeño párrafo, muy gráfico, que narra una eyaculación:
“ … Y noto una descarga ardiente en mis entrañas, la droga más terrible que jamás probé, descarga que me pasa a la sangre, que me encabrita el corazón y me incendia el rostro, y hace que se me salten las lágrimas al mismo tiempo que mi descarga inunda a la mujer deseada, nunca tan odiada, nunca tan odiosa, juego de placeres y degradación, y ella grita con rabia y mueve las nalgas como si mis zumos fueran combustible para sus motores, abrazado yo a su espalda, llenos los dos de néctar de vida que nos desborda por los poros en forma de sudor, que lubrifica nuestras pieles y las hace resbaladizas, asquerosas y atractivas a la vez.”
…
Creo encontrar una percepción parecida del deseo -que no de la mujer- en Henry Miller.
Cosas Buenas Que Parecen Malas
Anhelo Escalante, buena amiga de este sitio, me ha regalado -¡gracias!- un libro escrito por ella: Cosas Buenas Que Parecen Malas. Leer más »
A la autora, como a mí, le gusta reflexionar sobre lo sexual y ella, como yo, lo hace desde la fantasía y desde la vivencia de la mujer. En este libro de relatos narra la sexualidad de diferentes chicas en diferentes momentos de su vida y lo hace con un delicioso sabor mexicano, desde el buen humor y la cachondez, escuchad esto: “ Para todo se requiere de educación, hasta para subirse la falda y orinarse en un caballero”
Copio una reflexión que hace Anhelo en boca de Viviana, una adolescente a la que la mata la impaciencia por saber y entender. Esa sanísima curiosidad que todos sentimos un día y que, si somos sensatos, nos interesa siempre, ¿cómo no va a interesarnos aprender a ordeñarnos con gracia y donaire para que la salsita rica siga manando durante lo largo y ancho de nuestra vida?
El Sabor de tu Piel.
Ediciones Irreverentes ha tenido la amabilidad de enviarme un libro de relatos eróticos titulado “El Sabor de tu Piel”. En la contracubierta leo que en esta antología quedan reflejadas las diferentes sensibilidades del erotismo hispano, ya que de entre sus autores hay uno argentino, otro peruano, otro boliviano, mexicano … Dejo aquí la lista de sus autores: Andrés Fornells, Pedro Antonio Curto, Fernando Morote, Juan Patricio Lombera, Nelson Verástegui, Miguel Angel de Rus, Fernando Ariel Korsiak, Jose Enrique Canabal, Caro Verbo, Gloria Scharetg, Manuel Vidal, Raul Vallejo, Manuel Villa-Mabela, Victor Montoya y Álvaro Diaz Escobedo.
De 15 sólo 1 una mujer. Esto me predispone negativamente. La presencia de voces femeninas en erotismo es no solo divertida y enriquecedora, sino urgente. Es de una lógica que cae de cajón y que me niego a argumentar.
Con la rabieta no me he leido más que el de Gloria Scharetg, titulado Carnavales, que está bien, sobre un baile sensual que repiten dos desconocidos año tras año en carnaval.
¿qué decís? ¿me leo el resto?
La voz del narrador en el erotismo literario.
Creo que en la literatura erótica funciona muy bien el narrador en primera persona. Es un lujo que un escritor, o escritora, tenga el gusto de cuchichearnos en un libro cómo es o ha sido su vida sexual. Es un flipe siempre, incluso cuando esas confidencias no son más que pura ficción.
Personalmente, cuantos más datos dispongo para cerciorarme de que las historias son reales, más me gustan. A continuación va una lista de los libros erótico-confidenciales con los que más he gozado, de todos ellos he seleccionado un párrafo:
Memorias de una cantante alemana. Shroeder-Deurient
Elogio de la azotaina Jacques Serguine
El sabor de la miel. Salwa Al Neimi
Los diarios. Anais Nin
Miedo a volar. Erika Jong
En Brazos de la mujer madura. Vizinczey
Manual de Sensualidad para Jóvenes casaderos. Jorge Rueda
La Vida Sexual de Catherin M. Catherin Millet
El postporno era eso. María Llopis
Confesiones. Rousseau
Conste que los falsos diarios también me hacen gracia aunque sepa de antemano que no son más que un montaje, una paja mental de un autor que se hace pasar por una mujer facilona -caso de Fanny Hill o de Theresa, filósofa-, de un hombre que se inventa a sí mismo follando a troche y moche -por ej. el victoriano de Mi vida secreta-. O cuando es una mujer la que tira de fantasía, como la periodista mosquita muerta autora de La historia de O
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Y aquí en Erotómana creo que sucede igual, que os gusta más cuando narro en en primera persona que cuando disfrazo mis fantasías en otros protagonistas, ¿acierto?
La cópula de Laura y Víctor toma carrerilla.
Víctor no quiere desnudar a Laura todavía. Saberse con un himen de estreno le lleva a recapacitar y decide que ha de comportarse delicadísimamente. Se le ocurre que desvirgar a una mujer es un acto trascendental y de repente es consciente de que quizá ella guarde de por vida el recuerdo de estos momentos. Metido en semejante compromiso, pone el freno para ir dando los pasitos como dios manda, de escalón en escalón. Se esfuerza pues, por ralentizar el calentón, y la invita a tumbarse en el sofá, a lo que ella accede un poco confusa por el cambio de ritmo, pero entregada a más no poder. Una vez recostada entre los almohadones, Victor improvisa la extravagancia de cobijarla bajo una manta dejando solamente sus pies fuera. La ha descalzado y ahora masajea sus pies, calentándolos, consiguiendo que se estremezcan, un poco por las cosquillas, otro poco de gustirrinín.
- ¡ Qué pies más bonitos!, dice, y Laura se sonríe, se muerde el labio inferior, le chifla la voz de Víctor, con su acentazo gallego, un hablar que resulta muy seductor en la voz masculina, un poco carrasposa.
La idea de cubrir a Laura con la manta ha sido magnífica porque ella está
ahora muy plácida ahí debajo y se le nota más suelta, se ríe y él sigue las risas pero sin perder de vista el objetivo final de esta velada, objetivo que está cantado y la única que parece haberlo olvidado es Laura, con tanto jijí y jajá, pero ya va enmudeciendo cuando las manos de Víctor ascienden abandonando los pies, pierna arriba. Se controla Víctor, su instinto masculino le impulsa a apresurarse para alcanzar el fruto, pero él es hombre que ha aprendido a masticar despacio el manjar y sabe que de ese modo se digiere mejor.
Debajo de la manta y en la penumbra de la habitación, no se escucha ahora más que el roce de las manos viriles del mecánico en la piel de seda de la profesora y el contacto de esas palmas -un poquito ásperas- con la epidermis resulta a un tiempo relajante y estimulante, dos antónimos en una sola caricia. Como en viacrucis ha pasado de los tobillos a las pantorrillas y se va envalentonando porque ya siente el relajo en los miembros, que van perdiendo su pudor, distendidos en la generosidad de los muslos. Ya esas piernas ansían y todavía las manos de él se hacen de rogar, acariciando la sensible piel del reverso de la rodilla. La respiración de Laura se hace profunda, sus manos están calentitas, ¡mmm! ya su boca salivea regularmente y ya sus pezones ¡oh dicha! despuntan erectos. Las piernas surgen completas de debajo de la manta, cada vez más carne a la vista. Están bastante abiertas, considerablemente separadas la una de la otra. ¡Qué momento! la parte superior de una mujer escondida y la inferior expuesta a la vista del protagonista astuto que está posicionado en lugar privilegiado y que goza terriblemente con el espectáculo de unas patolas cada vez más olvidadas del pudor, rezumando feminidad. Víctor acerca su boca para que su lengua acompañe a sus dedos en el festín, besa la piel blanca del interior de los muslos y saborea, masca las apetitosas carnes. Con las palmas de sus manos, con su boca, con su lengua, sube y sube y baja baja, para volver a subir y no alcanza, -¡por favor! ¿no va a llegar nunca?- el coño escondido tras las bragas blancas que se adhieren a las curvas, marcando los perfiles de unos labios vaginales bien desarrollados, replegados el uno contra el otro. La vulva de Laura supone un imán tremendo, que solamente la paciente voluntad del mecánico contiene de acercar su boca, sus manos y su polla allí… por ahora.
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Este cuento es el relato número 46 de Crisol Púbico.
Pinchando aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela dedicada al placer.
Crisol de relatos eróticos con imágenes.
He ordenado los cuentos de Crisol Púbico desde su principio en el siguiente directorio, todos aparecen con las aportaciones de imágenes y comentarios que me habéis ido enviando. No hay más que pinchar en cada enlace:
1. Laura, la mujer que excita sin querer.
4. Víctor, experto jodedor anal
7. Razones por las que Víctor es maravilloso en la cama.
8. Episodio de Laura con su prima lesbiana
9. Carmen, apuntes sobre su biografía
10. El Ex de Carmen y la flautista
13. Desvirgar a una mujer no siempre es sencillo.
16. Gasolina
17. El carnicero
18. Los dos remeros
19. El vello púbico de los protagonistas.
21. Grados de homosexualidad- heterosexualidad.
23. Víctor encoñado
28. Travestirse o buscar apoyo
29. La prima es exigente con la flautista
32. Alice
33. Culo de hombre
34. Chocho apático
35. La enfermera de las bragas chiquitas
39. Laura abierta
40. Los orígenes: la fecundación de Laura
41. La sexualidad de Rhett y Carolina
43. La negra del conejo cachas (parte primera)
44. El complejo devenir de un polvo
45. La negra del conejo cachas (segunda parte)
46. La cópula de Laura y Victor toma carrerilla
47. El elaborado camino hacia el placer sexual
48. Viagra para el señor Gonzalo
50. ¿Qué lleva a Marisol a desear que David sea un gigoló?
51. Tetas tutifruti
52. La danza de Judith y Marisol
53. El pijo contrata a Marisol y a Judith
54. Sado fino para el que pague bien
56. La enfermera se corre por activa y por pasiva
57. Alice y Gonzalo son pillados in fraganti
58. El médico eyacula en el cojín.
59. Las urgencias sexuales son malas consejeras
60. A quien no le tiemble el pulso en un trío, que levante el dedo.
64. El glande majestuoso de David.
66. Desvirguemos a Laura. Todos con Víctor.
67. Santa verga bendita, llena de gracia tú eres.
68. Cántaros de miel
70. La concha
72. Sábado sabadete
73. David conquista como folla: muy bien
75. Onírico
76. Nacido pa gozar
77. Culo inquieto
78. Cuchi cuchi
79. Tararí que te vi
Fanny Hill. Memorias de una mujer de placer. John Cleland
Fanny Hill es una obra epistolar erótica publicada en 1748 en Inglaterra por
John Cleland, autor que escribe tomando el papel de una mujer de vida alegre que se ve abocada a la prostitución de jovencita, y hoy es una dama acomodada que cuenta sus experiencias más íntimas sin escatimar detalles, con pelos y señales, y lo hace de un modo tan rimbombante y eufemístico, que me resulta graciosísimo.
La historia es sorprendente porque al final resulta ser un tratado moral que se reafirma en los valores morales de la época pero también es un recetario de los gustos sexuales del momento e incluso apunta maneras para considerarse un tratado filosófico sobre el placer humano.
Llama mucho mi atención las disertaciones que plantea sobre lo complicado que es escribir erotismo sin caer en lo soez y en la repetición de los manidos vocablos que inundan los textos eróticos, inquietud que comparto con Cleland, casi tres cientos años después.
Como escritor, Cleland asume interesantes retos literarios muy innovadores en su momento. Fingir la asunción de una voz femenina hace
que se instale en una confesión sexual al tiempo que explícita, llena también de recato y timidez -como supone que corresponde al género femenino-, y tal abuso de metáforas remilgadas da como resultado un texto falso y un poco ridículo visto desde nuestros ojos del siglo XXI. Sin embargo en su momento significó un tremendo escándalo y fue uno de los libros más perseguidos y censurados de la historia.
Os dejo una muestra:
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Los papas y el sexo. Eric Frattini
La historia de la iglesia católica es una triste historia para el sexo en general. Desde aquella frase de san Pedro, -el primer papa- a Jesús: “Hemos dejado todo, nuestros hogares incluso, para seguirte” los creyentes consideraron que un hombre de fe debía abandonar las relaciones familiares, pero sobre todo las sexuales.
Desde Pedro se sucedieron papas en cascada, que en un principio no eran más que cabecillas de una secta peligrosa de fanáticos, pero que fueron tomando poder y con él, muchos de ellos pervirtiéndose más y más y se acomodaron en una doble moral que consiste en predicar el pecado a los cuatro vientos y sin embargo, gozar con soltura bajo las sotanas. Todo esto según nos cuenta Eric Frattini, que nos deja los ojos como platos contándonos historias de los 261 papas que se sentaron en la silla de Pedro. Papas enamorados, algunos incluso felizmente casados, otros fetichistas, otros homosexuales, pederastas a porrillo, masoquistas una panda y sádicos un pico. Leer más »
Cuenta episodios tan corruptos que realmente parecen invenciones calenturientas de un pueblo reprimido -o de otros eclesiásticos envidiosos-. Escuchad un ejemplo de Juan XII. Lo tomo del libro así, a boleo, no creáis que fue el más golfo de todos ellos:
Sagradas palabras obscenas. Gregorio Morales
¿Sabíais que algunos correctores informáticos señalan como faltas ortográficas palabras tales como follar, puta, coño, polla, joder, …? El escritor y erotómano Gregorio Morales en “Sagradas Palabras Obscenas” reivindica la dignidad de estas palabrotas y lo hace en forma de poesía, recreándose bellamente en vocablos tan fuertes, palabras malditas de nuestra lengua que le van de perlas a estos versos, no tan obscenos.
“Sagradas Palabras Obscenas” es un libro de poemas elegantes y divertidos, calentitos también, cuyos títulos son nombres de diferentes mitos que simbolizan la palabra sucia en la que se recreará.
He escogido la que dedica al dios Pan, un ser mitad hombre, mitad macho cabrío con unos órganos sexuales impresionantes y un deseo desmesurado. Pan es una especie de personificación de la inestimable polla, miembro que acompaña a los hombres de por vida, y a nosotras unos momentitos, por cierto, la mar de gratos.
Acompaño la poesía de Morales con imágenes de Pan, un monstruo que, como hembra, me sobrecoge muchísimo.
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Mater Amantissima. José Jara.
Hay alguna literatura erótica que me angustia y me produce un nudo desagradable en el estómago, aunque sea capaz de reconocer su calidad literaria, incluso su fuerte capacidad para excitar sexualmente desde partes del cerebro muy básicas. Es el caso de Mater mantissima, de José Jara.
Narra lo que no puedo calificar como otra cosa que la desgracia de un muchacho al que se surje su sexualidad justo el día en que fallece su
madre, y es con ella, precisamente con su madre muerta con la que el rapaz despierta a los instintos y hace todo tipo de porquerías con el cadáver, que incluye cortar el cuerpo con tijeras. El relato, siempre con una prosa exquisita, está contado en primera persona de un modo muy realista. Macabrada tras macabrada dichas desde la boca infame de ese chico virginal. La congruente historia está adobada con abusos del padre espiritual para con su pupilo, humillaciones terribles a adolescentes encantadoras, y muchos, muchos excrementos. Y todo contado con una elegancia que corta la respiración.
Soy muy sensible a lo que leo, para bien y para mal y hoy no puedo más. Me inquieta tanto, me invaden unos sentimientos tan desagradables que no sé si me terminaré el libro. Conste que me interesa mucho su final ¿cómo rematará el autor la azarosa adolescencia de ese chaval trastornado, perverso y puro?
Ya me pasó con otra obra maestra, ni más ni menos que “Las once mil vergas” del magnífico poeta Apollinaire, que me sentí incapaz de tragarla pese a la insistencia de mis respetables amigos erotómanos, que me animan a que lea estas cosas entendiendo que es surrealismo y que tratan de romper tabúes, de rebuscar en los extremos más oscuros de nuestra inflamación voluptuosa*. Paso.
Dadme, please, sexo literario con alegría, calentito, brutito con mesura, con tintes de dominación amorosa o con lucecitas de sumisión juguetona, dadme a Miller, ¡que de santo nada!, dadme a Serguine con sus ¿tiernas? azotainas, ¡dadme el humor fino y perverso de Vargas Llosa!, dadme al victoriano obseso de “Mi vida secreta“, dadme -incluso- el gusto ingenuo de Louÿs por lo lésbico, o la fijación anal de Birmajer, dadme la promicuisdad de Hsi Men, o la hambruna genital de Catherin Millet, pero a Apollinaire, a José Jara, e incluso (¡oh blasfema!), determinados episodios del marqués de Sade, que los lea su puta madre.
(Con todo mi respeto, ¿eh? que, como literatos: me saco el sombrero)
* En relación a textos de esta índole, denominados por Jorge Rueda como literatura erótica fantástica dice: Son una invención químicamente pura que se apartan del impulso onanista inmediato, y se adentran en el frenesí y la incontinencia del momento del paroxismo: nada impide el deseo de satisfacción y posesión del depredador… No son una caricatura de nuestros deseos, sino su materialización siniestra, primaria y verdadera. Tolerable sólo en la fantasía, en los mundos exacerbados que se permiten los que imaginan. Jorge Rueda



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