Un entorno exquisito… ¿ayuda?
Para sexo clandestino nada mejor que los moteles, lugares que, como su nombre indica -motor+hotel-, son un conjunto de habitaciones a las que se accede directamente desde un garaje individual. No hay que sufrir el engorro de dar la cara en recepción: una barrera y una señorita en el interfono hacen la función. La puerta del garaje, por el que se accede a la habitación, se cierra nada más meter el coche y ya: ¡solitos! a salvo en este micro mundo.
Los hay cutres pero, desde luego, son preferibles aquellos otros que derrochan lujo. ¿Qué amantes furtivos se encuentran en tales lugares? A razón del ajetreado abrir y cerrar de barrera deben pasar por ahí muchos camaradas de parejas imposibles: la secretaria bollicao con el socio guapetón del jefe, el mandamás barrigudo con el botones del hotelazo, la abogada seriota con el agente de prensa parlanchín, la del segundo con el del quinto, el paparazzi con la famosa, la feminista de con el jovencito corpulento y la jovencita corpulenta con el señor obispo. También la respetable parejita que acude para celebrar románticamente sus bodas de oro, con su cava y su viagra. Y los novios casaderos sin casa -pero con coche-, y el gigoló sacacuartos y la prostituta que se autodenomina “scort”. La imaginación surfea por esas alfombras, colchas y espejos: la decoración del lugar en función de las prioridades de los inquilinos. La cama ¡enorme! -perfectamente vestida- domina la estancia y es centro de todo interés, protagonista será de las actividades que allí se desarrollan.
Hay una característica crucial: es sumamente importante precibir que en este lugar ha habido muchas personas desnudas, sudorosas, exhumando líquidos y aromas, pero que no exista el mínimo vestigio de esos fluídos. La moqueta del suelo ha de lucir pulcra y mullida, las sábanas almidonadas, las colchas con olor a suavizante y los baños a prueba del maniático del algodón.
Y después ya las mariconadas que por muy supérfluas que parezcan, gustan: posibilidad de graduar la temperatura, bombones en la mesilla, que te ofrezcan champán con uvas al llegar, y que vengan con su hielo y sus copas de cristal fino, los preservativos -en abundancia- en la badejita del baño, acompañando a los mini-jabones de aroma rico y el cepillito limpia calzado, que aunque no es probable que a alguien se le ocurra ponerse a sacar brillo a los zapatos, nunca se sabe, a veces los fetichistas son muy excéntricos en este sentido. Por supuesto, hilo musical, luz gradual -en diferentes puntos, para poder elegir- y una bañera enorme que usaremos recostados frente a frente con las piernas entrelazadas, con la copa de champán en los bordes y… ¡a vivir que son tres días!

Honoré V Daumier (A falta de pan, buenas son tortas)
Una hembrita pa mí.
No es que esté harta de macho, para nada. Pero bien saciada sí, y considero que ya va siendo hora de que este blog me aporte una amiga. No busco colega ni para ir de tiendas, ni para charlar de cocina -aunque estaría muy bien que tuviera experiencia en hacer tortillas-. Pero sí me gustaría que le interesase la literatura erótica, la psicología y la sexología, el cotilleo sexual y las vergas tiesas porque de algo tendremos que charlar entre orgasmo y orgasmo.
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Te prefiero gamberra a buenecita, y me divierte más la inteligencia emocional que la intelectual.
No muestro preferencias por un color determinado de piel o cabello, ni el peinado de tu pubis es prioritario -si nos hace chiste podemos después acordar y jugar a las gemelitas-, me da igual tu edad mientras tengas la suficiente madurez, y es lo mismo si estás casada o soltera, los pactos o infidelidades que estés dispuesta a acometer. Pero sí me gustaría que tuvieses exageración de curvas femeninas, rollitos firmes y voluptousidades varias, claro que si eres divertida y nos reimos a carcajadas, ya no me importaría que tuvieras tetitas de muchacho.
Carnaval
Con el disfraz de ninfa, de largas trenzas rubias y toda cubierta de flores, ligué tantísimo a diestro y siniestro, que finalmente dormí sola. No así el año que iba de espantapájaros, que me pasé con el licor café y terminé durmiendo entre un Hugo Chávez ebrio y un Berlusconi borracho.
Aquella otra vez que fui en comparsa de Minnie Mouse, otra Minnie con su Mickey me propusieron un trío que rechacé, pero las dos ratoncitas nos frotamos bien a gusto bailando, que era lo que nos apetecía hacer y lo que a Mickey le apetecía mirar. Luego estuvo el año aquel en que una amiga y yo fuimos de viejas con verrugas y pañoleta y nos la pasamos metiendo mano a toda máscara con pinta de varón, elaborando una particular estadística de durezas y blanduras, ¡cuántas risas! Y el de monja, que iba súper realista por fuera, con toca y rosario. En cambio por dentro ligas, encajes y puntillas, en este caso la juerga no fue tanto callejera como casera, de regreso con mi chico.
Me gusta el carnaval, el entroido gallego, con sus excesos dionisíacos. Una puede ser cualquier cosa estos días, despendolarse y liberarse. De modo que me voy de fiesta, me piro de parranda carnavalesca y no regresaré hasta el miércoles de ceniza…
Para los que me lean en gallego, dejo un párrafo de mi libro “Fantasías Eróticas para Paspallás” en el que juego con fetiches y estereotipos estupendos para juegos de rol íntimos y elaborados. En este caso es el musculado Tarzán mi pareja y yo soy la femenina Jane:
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