13º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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DEMONIO DE MUJER
El súcubo descubrió al chico dormido, le gustaban los adolescentes, son impetuosos y estúpidos. Entró en su sueño y se presentó en la más femenina de sus formas.
“¿Quieres conocer mujer?, tómame y conóceme”
El joven la vio de espaldas y se vio a sí mismo desnudo y excitado, le dio una terrible nalgada y brincó espantado: lo había sentido él en su propia carne. Acarició el trasero y sintió su propia mano. Ella giró su cabeza, lo tomó de la nuca y lo besó en los labios. Él sintió la incipiente barba y el sabor de dientes sin lavar. Era su propia boca lo que besaba.
“Adelante, es tu oportunidad, para saber qué siento yo”
Lo tomó del pene y comenzó a masajearlo atrás y adelante. Él no sintió nada, pero vió asombrado cómo crecía y se levantaba absurdamente grande. En los sueños los penes son grandes, las nalgas redondas y los pechos pesados.
“El camino al paraíso es una brecha estrecha, híncate y adora tu dios”
Elige el camino trasero, ella empuja y entra un poco, sólo para sentir una desagradable intromisión en su propia persona. Grita de sorpresa, excitado pero no satisfecho.
Intenta un poco más abajo, jugando en la entrada, lubricando, llenándose de gozo y ansias. Penetra fuertemente y se topa con una dolorosa virginidad “demonios ésto es una pesadilla”.
Siente la urgencia, trata de empujar pero no puede seguir. Sale de ella frustrado mientras escucha una risa apagada.
Ofendido, intenta por la boca, ella lo chupa lentamente mientras él siente el ácido sabor del coño, el rancio sabor del ano y el fuerte olor a adolescente que se acostó sin bañar. No lo puede soportar y sale bruscamente. Cuando la jala del cabello, él grita de dolor.
Entonces entiende el juego, se hinca tras ella y comienza a lamer lentamente, como un helado, de arriba a abajo y alrededor. Eso sí es gozar…sigue y se acelera, está por hacerla acabar mientras ella manipula su pene con fruición… pausa … viene …
Se despierta manchando las sábanas en el más vulgar de los orgasmos masculinos “¡demonio de mujer!”
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12º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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EL CONTESTADOR
Agosto 5, 2010.
Mensaje número uno en el contestador:
“-Tienes una pésima suerte de no estar. Sin imaginar como estoy.
Lo sabrás cuando vuelvas de… ¿dónde andarás? Importa poco y mucho a la vez, importa desde que te colaste entre la tela del encaje y la piel, de ella he de hablarte; tan acostumbrada a los desplantes de… no hay caso de hablar de él. Mi piel despierta después de haber dormido por años, lo he notado, por las noches con mayor magnitud. Las que siguieron a tu asalto ¿O qué fue eso? Sigo. El olor es lo más notorio, después de todo el día de andar de aquí a allá huelo a selva tropical, a bosque y a sudor, a mí naturaleza. Podría quedar todo ahí, pero no… es como si de pronto hubiera canela en el campo, canela sembrada. Después he descubierto que mi pasión huele a canela florecida cuando pienso en ti: el Ávido. Mi piel es cálida y azarosa. Cálida porque la he tocado varias veces desde esa ocasión, me estrecho entre mis brazos y sí: soy cálida, piedra de río al sol, así; azarosa porque no sabes dónde te puede llevar, del destino para ti. Adorarás tocarla aún por encima de la ropa.
¿Tú sabes cómo es la soledad acompañada? Yo sí. A veces es tan intensa que tienes que pararte ante el espejo para cortejarte a ti misma por lo menos. Estos días ha sido diferente. Soy distinta: la mujer más bella de la tierra, ese poder me conferiste y tengo la necesidad de explorar.
Te contaré.
Me desnudo a trazos de pincel, una parte ahí, otra allá y me observo, lo hago a veces con un poco de ciencia mientras pienso en la vitalidad de éstas caderas para dar a luz y esas cosas. La necesidad de explorar me sobrepasa y el olor a canela asciende cual infusión puesta a fuego lento. El volcán… tú sabes de cual hablo, se…
No esta vez. Ahora no es momento de que lo sepas… ni mi número siquiera. Quizá después ¿Habrá un después?
Por ahora eres el alimento de mis sueños-“
Me duele la cabeza y todo apunta a un engaño.
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10º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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El caballero follante y la princesa que no quería salir de la Torre
Se habían esperado, por turnos, casi toda una vida. La fantasía hecha realidad… Tumbada y abierta delante de él, que de rodillas se hacía cómodamente un hueco entre sus cariñosas piernas.
Y no era su sexo ofrecido, no era su desnudez… Lo mejor era su cara, su mirada ardiente, su sonrisa entreabierta ¡Al fin era suya!
Los sueños que se cumplen, son extraños… Tenían todos los ingredientes para que aquel encuentro fuese alucinante, pero algo no iba bien…
Había esperado aquel momento con ansia, pero no parado… Hubo muchas mujeres en su vida. Algunas habían sido especiales, aunque para él, ella era la única. La única que podría hacerle subir a otro plano… superior….
Y allí la tenía, tan complaciente. Decidió empezar con una caricia suave y tierna. Tenía que ser largo, especial, la noche entera. No quería estropearlo todo, ya no eran dos críos presos de hormonas implacables, aunque por momentos lo parecían. El deseo acumulado de años puede tener esos efectos. Ella aparentaba haber despertado de una larga pesadilla de hambre sexual. Se preguntó si de verdad tendría hambre o sería sólo vicio ¿Quizá sólo actuaba para hacerlo feliz?. La vió en el papel de la princesa encerrada en la Torre esperando por su caballero follante….
Se sonrió con la ocurrencia y decidió empezar por su pelo (de alguna manera había que subir a aquella Torre sin perder la compostura…) así que se lo apartó ligeramente de aquella para él inédita cara de deseo expreso, incontenido. Ella se removió como un animal en celo, como una gata buscando una caricia más intensa. Entrecerró los ojos y exigió una caricia más completa, más transgresora, más sexual. Más… Quería que aquella mano la sujetase con fuerza y le hiciese saber que sí, que era suya al fin…
Era difícil mantenerse ajeno a aquel deseo incontrolable. Cuando sus dedos bajaron en suave roce y llegaron a su boca ella dejó que se colasen y se encaramó en su brazo, rozando sus pechos contra su piel y chupándolos con lascivia. Entonces fue él quien entrecerró los ojos y dejó caer un poco la cabeza emitiendo un sucio gemido delator. Ella sonrió sabiéndose poderosa… y de un salto salvaje lo tumbó para que se rindiese y entregase su lanza de una vez.
Pero él no quería que aquello fuese así. No lo estaba subiendo a un plano superior, al contrario, lo estaba rebajando a sentir los más bajos instintos, lo estaba tratando como a un hombre cualquiera, no como a uno especial… ¡no!Sin embargo poco pudo hacer. Ella lo tenía en su boca y estaba a su merced. Exprimía su sexo en una felación sublime que licuó su alma en pocos minutos… Tan pocos minutos…
Quedó rendido, tumbado en la cama tan largo era con una expresión ida en su cara. Ella se levantó enérgica diciendo que iba a por algo para beber, que se relajase, que aun quedaba mucha noche por delante. Aquello era sólo el primer asalto…
El primer asalto…
Aprovechó el momento para recoger aprisa todas sus cosas y escapar por la ventana
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9º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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La secretaria
La pobre secretaria anónima, en la que nadie se fija, pide permiso para ausentarse e ir al baño. Ya está harta de que su jefe la vea como una simple secretaria y no como una mujer. Sólo trabajo y papeles. Ella se mira al espejo y no ve nada nuevo. Observa las heroinas de las historias de los demás. Siempre tienen algo ingenioso que decir o hacer. La pobre abre sus piernas en el baño de la casa de su jefe. Se vuelve a mirar y piensa que nadie sabrá nunca los anhelos que esconde. Roza su pubis ligeramente con dos dedos. Nadie vendrá a hacerlo por ella, así que alarga los dedos acariciando apenas sus labios. Mojada y sola, siente esa desesperación que apenas comprende pero que ha aprendido, a la fuerza, a mitigar sola. A tientas busca entre sus cosas y encuentra un armatoste de color llamativo.
Lo toca , lo mira y lo huele; no es lo mismo, pero la urgencia es infernal. Emite un leve gemido cuando la silicona atraviesa sus entrañas. Pero ya no haz vuelta atrás. Apoyada en la pared, al menos pulcra, hace un movimiento giratorio con ese engendro que le provoca un espasmo eléctrico por la columna. Saca despacio el húmedo juguete y lo pasea por los labios hinchados de su vagina, moviéndolo en círculos hasta su clítoris hinchado y abandonado. Umm… Nadie vendrá, nadie vendrá. Su cuerpo empieza a retorcerse involuntariamente. Necesita más. Y, sin ninguna compasión por ella misma, viola de manera brusca y certera su propia intimidad. Una y otra vez, acaricia, fuerza y masturba su solitaria entrepierna. Sonríe, y espasmos de placer recorren su pequeño cuerpo… Hasta que, de repente, todo tiene sentido al notar su flujo caliente bajando por ella.
-Dígame jefe, por dónde íbamos? Lamento la tardanza… -se disculpa tras regresar al despacho.
d.
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Breve valoración del juego “¿qué tengo entre las piernas?”
Hemos llegado al ecuador del juego y me gustaría hacer un balance de cómo va la cosa.
Si nos alejamos de los individualismos y analizamos nuestra intuición como un bien colectivo, me congratula decir que el grupo formado por los votantes del juego “¿Qué tengo entre las piernas?” vamos ganando.
Mirad:
En el 1º relato, escrito por la susceptible Adela, se obtuvieron un total de 23 votos, 12 de los cuales dieron en la diana, sólo por un voto, pero acertamos.
En el 2º relato, escrito por Nasi, hubo 18 votos, de los cuales 11 fueron aciertos al considerar que era un hombre. Le pillamos.
En el 3º, el de Aldabra: 19 votos, 10 acertaron al votar MUJER. Ganamos, por poco, pero ganamos.
4º: El de Wendy, perdimos 7 contra 10.
5º: El mío, 15 votos, 10 de los cuales acertaron de lleno. Goleada
6º: El de DR. Mikel. De 21 votos acertamos 13.
7º: En el de Gregorio Morales, que coló como mujer. Perdimos 8 contra 10.
8º: El de Chousa, 13 votos, 9 aciertos.
De 8 partidas adivinamos en 6 de ellas. Sólo Wendy coló como hombre siendo mujer y Gregorio Morales coló como mujer siendo hombre.
Ojalá se unieran más votantes, desde luego este juego, sin votos, sería una tontería sin sentido. Reitero mi más acalorado agradecimiento a los que os animáis a pulsar el botoncito de comentarios y dejáis vuestro voto.
Y pregunto, ¿cómo os sentís? ¿va bien el ritmo? ¿hacemos un descanso? ¿seguimos?
7º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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Bes
¡Después de tantos años y ayer ocurrió, buey mío, Serapis mío! Me miro al espejo y mis senos, mi cintura, mis caderas cobran sentido. ¡Mi cuerpo tiene sentido!
Han transcurrido ya muchos años encerrada, recibiendo a los fieles, mientras mi juventud se ha ido marchitando. Aún queda algo… Pero cuando ya había perdido toda esperanza de tanto ofrecerme a los peregrinos sin que nunca me ofrecieras nada, ¡ha llegado!
¡Serapis, amor mío! He visto a un hombre tras otro deshacerse en mis brazos, gemir, entrar en rapto, estallar como las ánforas en el desierto, ¡pero jamás pude imaginarme lo que es realmente! Es un deshacerse, una dulzura, un dolor, una soberbia, una obscenidad, un llanto… y nada.
¡Serapis mío, qué plenitud esta nada! Quiero volver una y otra vez a ella. ¿Quién me iba a decir que sería este hombre? Un hombre nada especial. Calvo, ligeramente obeso, velludo, hosco, duro, a veces provocador… pero cuando me abrazó, algo muy hondo delató su presencia.
Cientos de peregrinos vienen diariamente al Templo para recibir los dictados del Dios. Antes de conciliar el sueño, reciben a Serapis a través de mi cuerpo. Yo soy los ojos, las manos, la piel, el vientre, el sexo de Serapis. Serapis los ama a través mío. Yo les doy el amor del Dios, los unjo con el deseo del Dios, les prodigo el éxtasis del Dios. Miles de peregrinos han entrado a mi templo y me han regalado su semen.
Hablo con los peregrinos. Les pregunto dónde viven, qué familia tienen, por qué han viajado al Templo, cuáles son sus problemas, que desean obtener del Dios. Y cuando su vida se abre para mí, los amo. Los amo intensamente. Como si nunca antes hubiera amado a nadie de esta forma.
Tiemblan, se convulsionan al contacto conmigo. Saben que tengo la fuerza de los hombres que me han poseído. Gimen, aúllan. “¡Te amo!”, gritan mientras su semilla estalla en mis entrañas. Quieren verme, convertirse en mis esclavos, hacerse sacerdotes del Templo, pero yo asisto indiferente a sus deliquios. Siento envidia. ¡He visto deshacerse a tantos hombres mientras yo no sentía nada! He visto hasta la saciedad ulular a otras sacerdotisas, y sé que pueden sentir algo muy semejante. Hace un año, Sejmet se jugó la vida escapándose con un fiel. A los pocos meses fue descubierta e inmolada al Dios. ¡Las sacerdotisas no podemos abandonar el Templo!
Sé que hay un éxtasis inmarcesible, pero que yo jamás he sentido. Miles de hombres besando mis senos, agitándose entre mis ingles, enloquecidos, lunáticos, y yo gélida, fría, imitando los sonidos que escucho a otras. Cuando ellos acaban, sólo tengo ganas de que se alejen. Frente a sus arrobadas declaraciones, ostento mi autoridad. Seca, tajante, sobria, los envío a los dormitorios sagrados. Esa noche el Dios hará descender sobre ellos un sueño que a la mañana deberán interpretar los oniromantes.
“¡Es a Serapis a quien tienes que amar!”, les digo mientras me imploran. “¡Y Serapis es de todos! No puedes poseerme en exclusiva”. En cuanto el último peregrino desaparece, las lágrimas inundan mi lecho. ¡El Dios los favorece a todos y a mí no quiere favorecerme!
¡Pero hoy ha cambiado todo! ¡Por fin me has bendecido, Serapis mío! Ayer llegó este fiel como uno más, tal vez algo más altivo, más desdeñoso… Cuando lamía su sexo, hizo un suave gesto para apartarme. La mayoría de los hombres no son capaces de hacerlo. Derramarse entre mis labios es tan sagrado como hacerlo en mi templo, pero, además, es más rápido y alivia el contacto cerrado. Pero Bes no. Sí, se llama Bes. ¿Cómo podré olvidar su nombre? Bes me apartó. No quería que bebiera sus óleos. Con sus manos toscas, acarició mi cuerpo. Lo han hecho miles, pero esta vez me estremecí. ¿Qué ocurría? Era como si el Dios no estuviera en mí, sino en él. Era como si Bes fuera ahora los ojos de Serapis, las manos de Serapis, el musculado torso de Serapis…
Su sexo, sin embargo, no era grande, aunque tenía un grosor inusual. Cuando entró en mí, algo desapareció. Mi mente, mis pensamientos, mi memoria se marcharon. Era como si me liberara de un fardo. Desaparecía un sucio, triste, pegajoso lastre, y emergía la niña que fui, y quería darme entera, y recibirlo entera, y de súbito, para mi espanto, mis gemidos no eran fingidos, sino que salían de una profunda herida, y los movimientos de mis caderas tampoco eran fingidos, y mi abrazo tampoco era fingido, y las uñas que clavaba en su espalda las clavaba por una perentoria, inexcusable necesidad. Y quería que aquello siguiera y que no se acabara nunca, y, al mismo tiempo, no podía seguir, me consumía, me partía, me convertía en los trozos fragmentados de Osiris. Y toda la miel del Nilo estaba en mi templo.
¡Serapis mío, nunca había sentido dentro de mí tu río sagrado! No, no eran las blancas naves del hombre, sino mi río, mi propio Nilo, con densas y agradecidas aguas.
Bes dejó de moverse y permaneció en mí, y fue entonces cuando vino. ¡Vino la lucidez del Dios, y su gloria, y sus acmés, y su obscenidad, y la música de las Hathores! “¡Bes, Bes, Bes!”, repetía mientras él reiniciaba sus movimientos y se convulsionaba y me llenaba de blancos copos de algodón.
“¡Bes, no te vayas!”, me sorprendí rogándole. “¡Bes, quiero verte, ansío verte!”. Comprendía ahora a aquellos que me habían rogado hasta la desesperación. ¿Serapis me bendecía y al mismo tiempo me castigaba? “Bes, quédate en el Templo. ¡Te daré todas las riquezas que quieras!”. Y entonces fue él quien me dijo lo que yo le repetía a los fieles: “Tú no puedes ser de nadie porque eres de todos”. “¡Una vez más entonces! ¡Te lo ruego!”, imploré. Me miró fijamente, en silencio, escrutándome. Al fin dijo: “Mañana, después de la sesión del oniromante, estaré aquí”.
Vida mía, Serapis mío, ahora lo espero. Oh Dios de mi destino, aunque media humanidad ha pasado por mí, me has mantenido virgen para este hombre. ¡No lo puedes dejar escapar! ¡Haz que estemos juntos para siempre!
Ahora lo espero y tiemblo. Nunca había conocido a un hombre.
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4ª Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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Todos como hormigas a la playa, todos como hormigas a las grandes superficies. Enormes regueros de humanos estresados unos, relajados los otros.
Ríos de gente escudriñando cada rincón de los decorados que en Ikea se ufanan en preparar para pisos microscópicos con cocinas enormes, y tres o cuatro televisores, que lo que importa es lo que importa.
Cuerpos sudorosos e ignotos arrastrándose entre muebles, desmadejados sobre sillas, sofás y camas que supuestamente prueban. Miles de espejos, cientos de velas,…¿qué pasa en esa enorme nave cuando cae el sol y las puertas se cierran, escupiendo a los cuerpos tristes que la alojaban?, ¿habrá alguien que aproveche debidamente todas esas camas, todos los sofás, las sillas, las alfombras, los diminutos baños,…?.
Quiero creer que si, tanto esfuerzo no puede ser desaprovechado.
Um,…quizá solicite un puesto de trabajo en el gigante sueco, un dia de estos.
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3º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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…
Y dejó que la mirara
- Quiero que hagas una cosa para mí, cariño.
- ¿Qué cosa?
- Quiero que te masturbes como si yo no estuviera.
- ¿Y eso?
- Me has descrito muchas veces como lo haces y como disfrutas pero nunca te he visto. Y me gustaría.
- Verás, no sé si voy a poder porque aunque no te lo creas me da cierto pudor. Sí, ya sé que es una tontería porque conoces mi coñito mejor que yo misma pero…
- Venga, ¿lo vas a hacer o no?
- Vale, lo intentaré, aunque no sé si conseguiré terminar la faena con el orgasmo de costumbre.
- Si al final ves que no te sale siempre puedo echarte una mano, es decir, siempre puedo ponerte mi polla encima.
- Con esa proposición presiento que no voy a correrme porque nada me gusta más que tener tu po-lla-dentro-de-mí.
- Déjate de hablar y ponte al tajo, venga…
- ¡Eres un demonio! Está bien.
Me senté en el sillón que estaba en la esquina izquierda de la habitación. Y ella comenzó a desnudarse lasciva frente a mí. Al suelo fueron cayendo todas las prendas que llevaba encima, excepto una, el tanga de hilo dental.
Se tendió en la cama, apagó la luz y encendió las velas que estaban en la mesilla de noche de su lado. Estaba preciosa y terriblemente deseable. Mi polla ya estaba dura como una piedra y todavía no había empezado.
Cerró los ojos, dobló las piernas, las abrió un poco y bajó el tanga hasta la altura de las rodillas. Se llevó el dedo índice de la mano derecha a la boca y se lo chupó lentamente. A continuación comenzó a acariciarse el clítoris. Movía el dedo circularmente, arriba, abajo y cuando notaba que se iba secando volvía a chupárselo . Y empezaba de nuevo.
Su respiración comenzaba a agitarse, sin duda su placer estaba in crescendo. Así que se llevó el pulgar de la mano izquierda a la boca, se lo chupó y se lo llevo a su vagina. Lo introdujo todo dentro, mientras con el dedo índice de la mano derecha seguía tocándose.
Aquel espectáculo estaba poniéndome cardíaco, me estaba costando mucho trabajo mantenerme sentado sin hacer nada porque deseaba sumergirme entre sus piernas y oler, sorber, chupar, tocar, lamer… su sexo.
Pero ella seguía ajena a mis pensamientos. Al final había conseguido abstraerse y continuaba imparable. Con rapidez se bajó el tanga hasta los tobillos y abrió las piernas todo lo que pudo.
Abrió los ojos y me dijo:
- Voy a correrme para ti, cariño. Te regalo mi orgasmo, tu orgasmo… porque en todo momento eras tú el que estabas entre mis piernas, con tu lengua… Tómalo, mi amor.
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2º Relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
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La Princesa de Arena
En una isla de las Afortunadas,a principios del siglo XV, habitaba la princesa Teguise; la del linaje femenino, joven y hermosa. Hija de Aniagua la dulce y de Guadarfìa, el que fuè el ùltimo rey de la isla.
Teguise era esposa del malvado Maciot, que se pasaba el tiempo luchando contra sus vecinos,obstinado en mantener un reinado decadente. Estaba enamorada del capitán de fragata Jean Baptiste de Bethencourt,un holandès errado al fin y al cabo, con quién mantenía un secreto romance.
Resultó que el marinero desapareció entre las aguas del océano una noche de tormenta que se llevó al velero con toda su tripulación hacia los oscuros secretos del fondo marino.
La joven princesa quedó desolada, y se fué a llorar a la playa. Paseando por un cielo sin estrellas.
Salió la Luna, subiò la marea y la pilló el amanecer con las lágrimas en aquellos preciosos ojos verdes, fijos en la inmensidad del mar. Pasaron soles y lunas, y el viento cubrió de arena el cuerpo de Teguise hasta que éste desapareció desgastado por el océano. ______________________________
Francesco salió del puerto de Nápoles el 22 de junio de 2003, con rumbo incierto, quizàs daría la vuelta al mundo. No le importaba, no tenía prisa, nadie le esperaba.
Huía del recuerdo de su esposa fallecida hacìa dos años. Un terrible accidente de tráfico en la austostrada de Roma segó su vida de repente.
Incapaz de superar el dolor en tierra, empedernido marinero, el viudo Francesco lo dejó todo para lanzarse al vacío de las noches estrelladas, buscando un destino.
Después de varias noches en alta mar, estaba llegando a las coordenadas 29° 15′ 6″ N, 13° 30′ 29″ W,unos amigos le habìan garantizado tranquilidad.
Las furiosas corrientes de aquella època y la marea baja, hicieron embarrancar el velero de Francesco por la zona que le llaman el Rìo, y éste naufragò.
De madrugada llegó el cuerpo exhausto, moribundo de Francesco a una playa bajo un altìsimo risco, y se dejó reposar ahì, sintiéndose a salvo.
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Se despertó a mediodìa, mimada su piel por el calorcito del Sol y por algo más. Sentìa una áspera pero agradable carìcia subiendo por las piernas, alegrando sus nalgas y recorriéndole la espalda. Un tacto arenoso aunque suave a la vez.
Francesco tocò la arena delante suyo, y al pasar de su mano surgìa una pierna, sobresalìa una cadera, asomaba un precioso ombligo y aparecìan unos perfectos senos apuntando al cielo. Se detuvo antes de descubrir el hermoso rostro de la princesa cuyo cuerpo moldeaba acariciando la playa.
Cerró los ojos y sintió un cálido beso en sus labios, a fuego lento, y en un plácido abrazo se revolcaron las dos almas enamoradas con el océano lamiéndoles los pies.
La fuerte espalda de Francesco brillaba tostada al Sol, y acariciaba con su vientre el suave ombligo de Teguise. Sus manos enredadas en la negra melena ondulada de la princesa, masajeándole amorosamente la delicada cabecita; comiéndose a besos, se entregaron al placer del sexo,sin hablar palabra, entre besos, carìcias, arrumacos y lunas rotas, pasaron todo el dìa amàndose con la pasiòn sosegada de los amantes que beben de sus labios.
La noche terminó con la cópula. Extasiados, cansados, satisfechos y sonrientes, allí quedaron tumbados en la arena, el uno al lado de la otra, reposando de tanto goce y felicidad.
Los dos cuerpos se fueron convirtiendo en estatuas de arena,moldeadas por la brisa marina. Al subir la marea se los llevò a los dos en cada ola.
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OBVIEDAD
Era tan lasciva su mirada como obvio su deseo. Tenía la completa seguridad de que todos en aquella fiesta se percataban de que me estaba desnudando de forma reiterada con sus ojos negros.
Confieso que mis esfuerzos por mantener los vaporosos lienzos que cubrían mi cuerpo en aquella tarde de verano, tampoco eran demasiado fuertes. No sabría explicar con acierto pleno mis motivos.
En líneas generales no me gustaba nada. Era tosco en los andares y las pocas palabras que le escuché a lo lejos, tampoco podían clasificarlo como buen conversador. Su voz sonaba hueca y poco profunda y su léxico resultaba completamente inadecuado para la habitualidad en la que yo me muevo. Pero ello no impedía que sintiese un profundo deseo de tenerlo, de percibir como aquellos brazos me rodeaban la cintura y dominaban mi cuerpo. Percibir aquellas manos, que intuía diamantes completamente brutos, escondidas entre mi piel, sentir como sus labios callados, carnosos y casi agrietados, rozaban los míos…
En una de sus miradas obtusas le ofrecí uno de mis ángulos más provocadores (si todos mis amantes hablaron bien de mi culo, así que le ofrecí la mejor de las perspectivas). Con el pretexto de no pisar el vestido de gasa, lo elevé con mi mano derecha hasta bien pasada la rodilla para que viese parte de mis pantorrillas y adivinase mi muslo entero.
¿Sería capaz aquel mastodóntico ejemplar de macho de imaginar lo bien que conjuntaría mi cuerpo suave y depilado con su vello negruzco y manos callosas?. Yo sí que lo era. Y cada vez con más obscenidad y alevosía.
Ahora ya no había recato en mi mirada tampoco. El Martini ayuda y ya llevaba cuatro.
No recuerdo con exactitud en qué momento se me acercó por detrás para decirme, con aquella voz que acuchillaba el lenguaje, si me apetecía salir de aquel lugar para tomar una cerveza.
Me volví, con altivez y distancia, tratando de mantener el dominio y la compostura, para espetarle un imperativo “¡No!”.
(Seguramente este cromagnon se creía que podría lucirme en algún antro de la zona para presumir de hembra ante sus amigos cavernícolas. No era ese mi plan)
Le tomé de la mano y , sin mediar palabra, me lo llevé tras el inmenso alcornoque del fondo de la finca. Aquel que estaba escoltando por una mata de pequeños rododendros. Yo caminaba con tanta excitación, que vió potenciada cuando mi mano rozó sin querer su entrepierna ¡Dios mío!.
Que desesperación la mía. Por más esfuerzos que hice por volverme a dormir y recuperar el momento de aquel magnífico sueño fueron vanos. Pero de alguna forma, el fornido cavernícola entró en mis recovecos…
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