¿Mareamos la perdiz o nos lo montamos en plan “aquí te pillo aquí te mato”?
Os recuerdo que en el último Crisol nos quedamos con Laura dispuestísima a abrir brazos y piernas, boca y vulva, para Víctor. Estábamos ante una irreconocible Laura situada en la pista de despegue a puntito de lanzarse al sexo de adultos.
Pero no hemos de pasar por alto que es sorprendente esta situación dada la personalidad acomplejada de Laura ¿qué le ha pasado para que esté ahí, en su piso, a solas con Víctor, estrenando sujetador y bragas? ¿cómo es que esta mujer que no ha conocido varón hasta hoy mismo, que ha sido evasiva- incluso mula- con todos sus pretendientes, se dispone a entregarse con relativa fluidez? ¿cómo es que esa doncella, arisca tímida que jamás se ha dejado querer, se planta en el taller de Víctor -un tipo atractivo donde los haya- y le invita a cenar a su casa?
Es evidente que algo ha pasado. Los intríngulis psicológicos que producen cambios en la personalidad se hilan puntada a puntada y yo, ansiosa por narraros la hermosa jodienda de los amantes me adelanté unos cuantos episodios, capítulos que me salté a la torera y que pueden quedar en el cajón, o desgranarse aquí pasito a paso.
A ver, ¿qué opináis? ¿queréis conocer el complejo proceso mental de Laura, o continúo recreándome en cómo se lo montan a solas ese hombre guapo y experto con esa chica linda y virgen? ¿queréis la calderilla o me centro en el meollo?
Es importante para mí saber vuestra opinión, no hace falta que os esforcéis en vuestro comentario, decid nomás:
Opción 1:
Quiero conocer los orígenes del polvo entre Víctor y Laura.
Opción 2:
Quiero que Laura y Víctor follen ya.
Crisol Púbico
Os presento Crisol Púbico, mi nueva novela.
La he escrito pensando en publicarla aquí, en “Erotómana” y por ello me he autoimpuesto unas reglas a cumplir: es una historia contada en cotas de una página, además he intentado que cada uno de los capítulos sea un pequeño cuento en sí mismo, de modo que no sea imprescindible seguir todos los capítulos, aunque sí recomendable.
No voy a ilustrar los relatos como acostumbro, esta vez me gustaría que fuerais vosotros los que me envieis pinturas o fotografía adecuadas, propias o ajenas, – en tal caso, con referencia del autor- y las colgaré a posteriori. Intentaré poner todas, salvo que me parezcan excesivamente zafias. Ojalá os guste la propuesta y os animeis.
Podeis enviar las imágenes a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com, o dejar el enlace en los comentarios.
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Capítulo I. Laura, la mujer que excita sin querer.
Laura es una mujer de naturaleza sensual que lo disimula con todas sus fuerzas y jamás se sobrepasa con el escote, la minifalda o el maquillaje. No tiñe su pelo ni usa elevados zapatos de tacón. Tiene una feminidad clásica, toda llena de dunas y montañitas, hendiduras y prominencias pero no se siente cómoda en su cuerpo, no le gusta verse en espejos ni que la vean en bañador, mucho menos desnuda. Llamar la atención es un martirio para ella y habla bajito intentado pasar desapercibida, mas lejos está de conseguirlo: destaca poderosamente; su voluptuosidad canta como los gorriones en primavera. Esa mirada huidiza dice mucho de su ser interior, lleno de sombras, y produce el efecto imán, todos sus esfuerzos por ser invisible son vanos, a Laura se la mira de reojo porque es bonita a rabiar. Más bajita que sus amigas, menos graciosa, en absoluto elocuente, Laura ha sido la protagonista de las pajas de sus compañeros desde que cumplió doce años y ella de algún modo lo sabe. Es tanto el deseo que provoca que lo teme. Ella misma se desea sin ser consciente de ello. Después de ducharse, mientras seca sus mullidas carnes y se mira al espejo, su propia desnudez la azora, las caderas incontenibles, los pechos aureolados, el pubis voluminoso.
A Laura le costó dios y ayuda encontrar novio por su carácter evasivo, por su falta de coraje. Se enamoraba, sí, pero en vez de propiciar acercamiento, escapaba.
Sufría ese cuerpo voluptuoso sin el contacto. Su tendencia al llanto y nerviosismo la evidenciaban a poco que se sepa de la vida. Ardía Laura sin conocer varón, episodios depresivos y de histeria manifestaban su necesidad de cópula para desarrollarse como mujer. Sin embargo ella no acepta esa necesidad salvo cuando a solas le entran los vértigos febriles que sólo la frotación apaciguan y que -Laura ya ha aprendido- dan cierto sosiego a su ánimo.
A los treinta y cuatro comienza a ser alarmante su virtud física. Entonces conoce a Víctor.
(Continuará)
Si quieres ver las imágenes que me envian:
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