Sumisión en rosa. Parte II
(viene de aquí)
Voy a detenerme contando detalladamente cómo iba vestida, porque la parafernalia es muy importante en este tipo de juegos, y voy a describir mi indumentaria de modo inversamente proporcional a como fue descubierta por Él. La primera capa de la cebolla engalanada en la que me había convertido era un corsé de raso color rosa fucsia, de esos que elevan los pechos hasta lugares imposibles y que llevan ligueros incorporados, los corchetes de las tiras sostenían unas medias transparentes vintage con corazoncitos en negro opaco. Por encima de las ligas, bragas de blonda a juego con el corsé, y después un pichi lila de seda con detalles en terciopelo rosa, el cuello mao, cremallera a la espalda. Por último un abrigo de entretiempo rosa palo de solapas con cinturón cruzado, botines violeta de tacón medio y pashmina rosa chicle. Como peinado, una simple cola de caballo bien alta, pendientes de bolita rosa pastel, anillo a juego, manicura y pedicura -esmalte rosa salmón-, el rostro levemente retocado: máscara de pestañas, carmín brillante, colorete rosa piel.
Bien cumplida la hora fijada para nuestra cita, allí me tuvo esperando un ratazo, sentada en un banco de fría piedra hasta que aterrizó con su super cochazo y, sin apagarlo, bajó demorándose, abrió la puerta trasera y me hizo un gesto con la cabeza para que me acercara. ¡Caramba! Venía de punta en blanco, entrajetado, engominado y serio como una patata.
Resultaba más atractivo en persona que en fotos, se había dejado bigote lo cual le daba un aire fascistoide muy propicio y llevaba el pelo repeinado con brillantina al más puro estilo capo mafioso.
No me besó de bienvenida, apenas permitió un leve roce de mis labios en su mejilla- olía genial-. Abrió la puerta trasera del coche y dijo:
- Quítate el abrigo y pasa.
Obedecí, me desprendí del abrigo y también del pañuelo. Me miraba insolentemente de arriba abajo con gesto hostil, casi enfurruñado. Semejante impertinencia en otras circunstancias me hubiera molestado mucho, pero esta vez entendí que así debían ser las cosas y entré en el coche alegremente. Me senté en el centro. Él se quitó la chaqueta del traje, se aflojó la corbata antes de arrancar. Después cogió el volante con ambas manos y pude fijarme bien en sus fuertes puños. Arrancó y todo parecía ir sobre ruedas … si no fuera por mi risa boba. La risa puede aguar una situación así. Por fantástico que sea reírse, por muy divertido que resulte carcajearse, no casa ni con cola con el juego planteado, de modo que hice esfuerzos por controlarla.
Observé cómo colocaba el espejo retrovisor para poder verme -la cara- y yo le miraba a sus ojos enmarcados en el espejo de frente y venga a escapárseme la risa tonta, la carcajadita nerviosa. Él sí lograba identificarse con el rol de amo cabrón; y su cara de reproche no tenía desperdicio, mi cachondeo le molestaba y me miraba censurando mi ligereza con ojos severos. Entonces dijo algo que dio en el clavo, frase fundamental que encaminó la fantasía por el sendero deseado.
-¡Baja la mirada!, ¡no me mires!, ¡Baja la mirada!
Mano de santo. Parece increíble lo muchísimo que una postura visual puede llevarnos a una determinada actitud.
Mirar al suelo, cabeza gacha, mientras ejecutaba los caprichos de Mi Señor, logró encaminarme adecuadamente a ser esa dichosa mujercilla a la que obligan a orgasmar una y otra vez para dar gusto a un sinvergüenza voyeur que disfruta mirando agazapado tras el espejo retrovisor, porque durante el trayecto en coche, mi Amo modificó en varias ocasiones la orientación del espejo para devorar con sus ojos, lascivamente fríos y penetrantes, los movimientos de mis manos, que él -con voz firme- iba dirigiendo.
yiff-yiff
Los zorros al copular hacen yiff-yiff-yiff. Lo sé porque me he convertido en una yiffer, esto significa que me ponen los hombres disfrazados de bestias salvajes, de lobos hambrientos, de zorros salidos o de osos cachondos.
El preliminar estrella de mis fantasías es escapar campo a través, culo al aire, de un ser tremendamente salido. Es una fantasía difícil de cumplir: encontrar un lugar lo suficientemente grande y aislado es bastante complicado. Necesito mucha privacidad para mi juego, para meterme a gusto en el rol.
Sólo una vez en mi vida conseguí realizarlo. Él no iba disfrazado de nada, ni falta que le hacía. Mi macho lucía suficientemente animal con semejante miembro gordo, tieso, hinchado y feroz al viento. Me perseguía furibundo. Yo, convertida en ninfa, corría por patas como alma que lleva el diablo, metida en el papel a tope, llena de energía para la huida escapando del inevitable pollón… me cazó, ¡Vaya!
…Si no queda más remedio que realizar el rol en casa, los disfraces ayudan. Me parece divertido el fetichismo yiff. Ya sé qué le voy a pedir a los Reyes.
polis
Últimamente me ponen los polis. No es que esté especialmente orgullosa de ello pero es lo que hay. Me ponen básicamente cuando van dos juntos y exclusivamente cuando llevan el uniforme.
Yo creo que el llevar la porra dura colgando al lado de la pierna
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genitales femeninos y morfo-determinismo
¿Se puede saber cómo tiene la vulva una mujer observando el resto de su cuerpo?
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El fetichista de los pies.
Un tipo de fetichista de los pies, o el podófilo con el que me gusta fantasear es un tipo maniático, perfeccionista y tirando a antipático aunque finalmente resulte un amante fantástico. Su deleite está allá, al fondo de su retina y cuando se encuentra con hembra regalosa de pies bellos los acaricia con las yemas o con la punta de la lengua, no para ofrecerle placer a la dama de apéndices de seda, sino por el gusto que le da ver cómo esos pajarillos se estremecen.
Es muy egocéntrico el podófilo, ese fetichista intimamente perverso que es capaz de ver el sexo abierto de una mujer tan solo observando las rayitas minúsculas que separan un dedo de otro.
Es un cochinote que se las da de erudito con gustos refinados, un altivo baboso lamepiés que se siente superior a los demás porque sabe hacer que una mujer se derrita entre sus manos.
Memorias de voyeur III
(…continuación de voyeur II)
Tanto su mujer como yo coincidíamos en que el empalme que teníamos frente a las narices resultaba una erección muy agradable, muy invitadora, toda llena de sangre, a rebosar, una hartura. Una buena caña de pesca con un cebo apetecible para nuestras almejitas.
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memorias de voyeur II
( Continuación de voyeur I)
…
A veces se detiene, el matón (el matón marrano), seguramente porque la escena en la tele le distrae de sus funciones, pero pronto retoma su masaje, despacito, sin perder comba. Su miembro es más bien de dimensiones robustas, podríamos decir que es un buen semental, con una porra digna de lucir un torero en la plaza, durita como un mástil. Un tótem de bandera ostenta el maridito…¡Y qué cariñoso con su triunfo! Le propina unas caricias tan amorosas, que parece que tuviese un musimú en su regazo, un gatito bien cebado. Y eso que acariciar dulcemente con esas manazas no es baladí, porque el tipo tiene unos dedos que quién le diera a muchos poseer entre las piernas el meñique del bruto.
Pies desnudos
Hoy El Paissemanal ha vuelto a publicarme un microrrelato…¡Y ya van nueve!
La pregunta que ofrecían era: ¿Cuál es la prenda más erótica del verano? Mi respuesta:
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