Mis amigas fetichistas y yo jugamos y nos divertimos.
Mi fetichismo tiene una larga historia y me ha llevado a disfrutar de momentos intensos. 
Ya antes de abrir Erotómana, yo paseaba mis coquetos pies por los foros fetichistas y por ahí ando todavía, disfrazada en mil y un pseudónimos, en esta fantástica multipersonalidad que nos ofrece la Red. El caso es que una de las aventuras más divertidas la viví un día como hoy, un cinco de agosto, organizando un golpe de efecto en una conferencia del escritor y fetichista de los pies Fernando Marías. ¡La que montamos yo y mis amigas!
Uno de estos días (no sé exactamente cual), él lo contará en uno de los “Relatos de Verano Húmedo” que publica el periódico El País.
Mi gusto por el fetichismo de los pies tiene historia
Adjunto un texto de Gregorio Morales acerca de la seducción de los pies femeninos y su fascinación a lo largo de la historia. Las fotos que adornan el texto son de Miguel Pérez Pardo:
Leer más »
Aviso para los futboleros fetichistas de los pies.
¡Shabadabadu!
Son bienvenidas las fotos de vuestros pies, desnudos o vestidos, femeninos o masculinos:
Leer más »
Dos historias para los fetichistas de los pies, para los podófilos.
Fernando Marías me ha contado una historia: resulta que fue el ganador del concurso literario sobre calzado femenino que patrocina Berlanga – al cual yo también presenté un cuento-. En su relato “Huellas desnudas de la mujer invisible”, habla sobre unas sandalias amarillas que tienen tremendo poder afrodisiaco – y destructivo-. Una preciosidad de elevado tacón y tiras cruzadas. A raíz del relato, Paco Gil ha diseñado y confeccionado medio centenar de ellas, unas sandalias nacidas de la literatura que poseen afortunadas damas de las artes y las letras -entre las que, desgraciadamente, no me encuentro- .
Yo nunca gano concursos, de zapatos ni de nada, no sé si es porque la calidad literaria de mis
relatos no es lo suficientemente buena, o porque en el sobre siempre incluyo una nota: “En caso de resultar ganadora, ni asistiré a la entrega de premios ni deseo que mis datos se hagan públicos”, con lo que incumplo las bases. Y es que ¡ay! yo no quiero salir del armario, yo no quiero que mis vecinas me señalen con el dedo sabedoras de mis fantasías locas. Ni que los hombres me miren como a gata salida – a veces me encanta, pero eso es otra historia-.
Me siento feliz escondida en mi bitácora, que crece y crece en visitantes y algunos incluso comentais -¡cómo os lo agradezco!-. Me está dando mucha vidilla, muchas alegrías, me siento mejor desde que comparto mis cuentos.
Estoy en buen momento, llena de energía positiva, de sonrisas mentales que espero os alcancen. Como ya sé lo suficiente de la vida y soy consciente de que ésto son fases y épocas que vienen y van, regresan y vuelven a irse, disfruto sin ansiar demasiado: me lo paso pipa aquí detrás y ni se me pasa por la cabeza abandonar el anonimato. Aunque nunca jamás me den un premio.
A continuación, la obra no galardonada que presenté al concurso. Es más larga de a lo que os tengo acostumbrados. Estaré unos días sin colgar otra historia, para no empacharos.
Leer más »
genitales femeninos y morfo-determinismo
¿Se puede saber cómo tiene la vulva una mujer observando el resto de su cuerpo?
Leer más »
El fetichista de los pies.
Un tipo de fetichista de los pies, o el podófilo con el que me gusta fantasear es un tipo maniático, perfeccionista y tirando a antipático aunque finalmente resulte un amante fantástico. Su deleite está allá, al fondo de su retina y cuando se encuentra con hembra regalosa de pies bellos los acaricia con las yemas o con la punta de la lengua, no para ofrecerle placer a la dama de apéndices de seda, sino por el gusto que le da ver cómo esos pajarillos se estremecen.
Es muy egocéntrico el podófilo, ese fetichista intimamente perverso que es capaz de ver el sexo abierto de una mujer tan solo observando las rayitas minúsculas que separan un dedo de otro.
Es un cochinote que se las da de erudito con gustos refinados, un altivo baboso lamepiés que se siente superior a los demás porque sabe hacer que una mujer se derrita entre sus manos.
Mis pies
En acto de coquetería inauguro hoy una nueva sección en mi bitácora: mostraré mis pies desnudos. No me considero una presumida cansina, siempre pendiente de retocar el carmín, pero me chifla ser la muñequita linda adobada con mermeladas en la intimidad erótica. De modo que enseñar mis apéndices inferiores, desnudarme ante ustedes, lo considero un acercamiento, casi una caricia y no está exento de pudor. Para ayudarme en mi iniciación en el exhibicionismo pedicular me abrazo a la bella poesía de Mario Benedetti, Pies Hermosos, para que me de su buenaventura.
Pies Hermosos
La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo cánon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabrir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer con los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.
Por Mario Benedetti
reverberación del beso
El entusiasmado amante primero se hartó de mirar, luego le hizo cosquillas en los pies, después en los muslos, por fin en las nalgas y finalmente accedió al fruto. Era tan listo que no se afanó solamente en ese punto hipersensible que se encuentra entre los labios y la grieta, donde la reverberación de un beso puede sentirse por todo el cuerpo.
Luego ya pudo entrar con su gordito, con su pesado miembro.




RSS

