Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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11

Mis amigas fetichistas y yo jugamos y nos divertimos.

Publicado por Susana Moo
5 agosto, 2010

Mi fetichismo tiene una larga historia y me ha llevado a disfrutar de momentos intensos. pies.o.riñones

Ya antes de abrir Erotómana, yo paseaba mis coquetos pies por los foros fetichistas y por ahí ando todavía, disfrazada en mil y un pseudónimos, en esta fantástica multipersonalidad que nos ofrece la Red. El caso es que una de las aventuras más divertidas la viví un día como hoy, un cinco de agosto, organizando un golpe de efecto en una conferencia del escritor y fetichista de los pies Fernando Marías. ¡La que montamos yo y mis amigas!

Uno de estos días (no sé exactamente cual), él lo contará en uno de los “Relatos de Verano Húmedo” que publica el periódico El País.

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15

Mi gusto por el fetichismo de los pies tiene historia

Publicado por Susana Moo
12 julio, 2010

Adjunto un texto de Gregorio Morales acerca de la seducción de los pies femeninos y su fascinación a lo largo de la historia. Las fotos que adornan el texto son de Miguel Pérez Pardo:

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37

Aviso para los futboleros fetichistas de los pies.

Publicado por Susana Moo
11 julio, 2010

¡Shabadabadu!

mundial2010

Lipa Benet y Susana Moo celebrando el mundial de fútbol 2010

Son bienvenidas las fotos de vuestros pies, desnudos o vestidos, femeninos o masculinos:

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38

Una historia para los fetichistas de los pies, para los podófilos.

Publicado por SusanaMoo
22 junio, 2009
Qué a gustito estoy aquí escondida.

Qué a gustito estoy aquí.

Tenía veintipoquitos y todavía no era consciente del poder seductor de unos bonitos pies femeninos. Los brutos con los que había estado hasta entonces admiraban otras voluptuosidades más evidentes de mi fisonomía. Como la damita aventurera que era, me calcé aquel verano mis deportivas y me fui a un campo de trabajo del Perú andino. Allí hombres y mujeres caminan descalzos y un buen día decidí hacer lo propio. Desanudé primero un tenis, luego otro, me deshice de ambos con brío, como en una liberación profunda tiré, ni corta ni perezosa, de ambos calcetines a la par, sin tener la menor idea del alboroto que ello iba a causar.
-¡Miren, miren!, dijo uno, ¡tiene pies de bebita!
El estupor de aquellas gentes marcó un antes y un después en mi trayectoria sexual. De repente, todos aquellos incas criollos se me acercaban con reverencia, en los ojos de las mujeres había un cierto deje a envidia, en los de los hombres vaga lujuria. Me rodearon conservando una respetuosa distancia, como si el poder de la belleza les mantuviese en posición de adoración Todos miraban mis desnudos tobillos, todos babeaban ante mis ahora cohibidos pinreles, el uno al ladito del otro, asombrados ante tanta expectación. La verdad es que ellos, mis pies, se sentían como si respiraran por vez primera, como si fuesen bebés que aspiran hondo recién salidos del útero, como si les hubiese tenido empaquetados toda la vida. Me sentía de forma similar a la que puede sentirse una chinita cuando la despojan de sus vendas miniaturizantes, mis pies se desperezaban después del largo, larguísimo invierno de botas de montañera, calzado habitual de mi primera juventud.
Ante tan gran expectación, dirigí mi mirada hacia esos pequeños apéndices de piel blanca transparente, esos piececitos talla 36 de dedos perfectamente alineados como cinco hermanitos de madre fértil, los miré como si los viese por primera vez. Me sonreí ante su fragilidad.
-Pobrecitos, pensé.
Toda esa gente de piel curtida y pies trabajados admiraban el desuso de los míos. Entonces me fijé en mis uñas de brillo natural, limpias, transparentes al rosa de la carne, observé el empeine delicado de epidermis tan leve que pareciera que una pluma podría rasgarla y sentí algo así como una soberbia interior, como un ligero sentimiento de superioridad y poder.
Entonces una morena se me acercó, con su mirada azabache pidió permiso a mis ojos para tocar mis pies. Accedí sumisa sin saber muy bien qué. Los tomó con ambas manos por el talón, primero uno, luego el otro:
-¡Qué lindos!, dijo, no los muestre usted, señorita, son un tesoro que solo un amante debe poder desnudar.
Y la morocha sacó de debajo de su pollera colorá unas delicadas babuchas de fina lana trenzada, con pequeños dibujos bordados en miniatura. Tenían suela de cuero pulido con unas palabras talladas en idioma desconocido, quizá quechua. Se anudaban desde atrás con unas cintas estrechas de mil colorines alzándose tobillos arriba, subiendo hasta la pantorrilla. Eran muy escotadas y dejaban ver las diminutas rayitas que forman la unión de un dedo con otro Las sandalias que la sáfica me vestía provocaron un grito de júbilo entre la gente que se arremolinaba, siempre a distancia prudencial. La mujer me calzaba con sumo cuidado, teniendo mucha precaución en que la tela se ajustase perfectamente a mi piel. Daban un aire divino a la parte más inferior de mi cuerpo. Con esas babuchitas de princesa podía verme como una novia india el día de su desfloración, podía imaginarme danzando desnuda a la luz de la luna del Machu Pichu, podía verme en una desenfrenada danza tribal a punto de ser poseída por cada uno de los machos jóvenes de poblado, o quizás por el más fuerte de todos ellos. Con ese exquisito calzado mi fantasía volaba y podía ver mis pies siendo paseados en parihuela de juncos llevada por quince mozos fornidos en taparrabos. Dentro de esos zapatitos de reina faraónica podía ser cualquier cosa que me propusiese.
Entonces la mujer me sonrió mostrando todos sus dientes blancos y despacito, muy calmadamente, fue desenlazando lo que antes había entrelazado y me desprendió de lo que ya se había convertido en el objeto de deseo más preciado. Me los quitó y se los volvió a guardar bajo la voluminosa falda y tuve que ser testigo de mi propia humillación al calzarme delante de toda esa gente mis calcetines blancos y mis deportivas de marimacho.
Desde ese día he aprendido a valorarme, cualquiera puede ver mis pies bellamente vestidos, soy una sibarita del buen calzar sin caer en la estupidez de caminar incómoda por ello, es decir, los altos tacones empinados, tan solo los uso para lucir en horizontal, pero no se crean, solo unos pocos elegidos son los que pueden desnudarlos, y pocos, muy poquitos, los que admito que les acaricien con sus manos, que les besen con sus labios, que les laman con sus lenguas o que les rieguen con sus fuentes.

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7

genitales femeninos y morfo-determinismo

Publicado por SusanaMoo
28 octubre, 2008

¿Se puede saber cómo tiene la vulva una mujer observando el resto de su cuerpo?

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16

El fetichista de los pies.

Publicado por SusanaMoo
12 octubre, 2008
Erotómana con plumas

Erotómana con plumas

Un tipo de fetichista de los pies, o el podófilo con el que me gusta fantasear es un tipo maniático, perfeccionista y tirando a antipático aunque finalmente resulte un amante fantástico. Su deleite está allá, al fondo de su retina y cuando se encuentra con hembra regalosa de pies bellos los acaricia con las yemas o con la punta de la lengua, no para ofrecerle placer a la dama de apéndices de seda, sino por el gusto que le da ver cómo esos pajarillos se estremecen.

Es muy egocéntrico el podófilo, ese fetichista intimamente perverso que es capaz de ver el sexo abierto de una mujer tan solo observando las rayitas minúsculas que separan un dedo de otro.

Es un cochinote que se las da de erudito con gustos refinados, un altivo baboso lamepiés que se siente superior a los demás porque sabe hacer que una mujer se derrita entre sus manos.

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16

Mis pies

Publicado por SusanaMoo
5 octubre, 2008

En acto de coquetería inauguro hoy una nueva sección en mi bitácora: mostraré mis pies desnudos. No me considero una presumida cansina, siempre pendiente de retocar el carmín, pero me chifla ser la muñequita linda adobada con mermeladas en la intimidad erótica. De modo que enseñar mis apéndices inferiores, desnudarme ante ustedes, lo considero un acercamiento, casi una caricia y no está exento de pudor. Para ayudarme en mi iniciación en el exhibicionismo pedicular me abrazo a la bella poesía de Mario Benedetti, Pies Hermosos, para que me de su buenaventura.

Pies Hermosos

La mujer que tiene los pies hermosos

nunca podrá ser fea

mansa suele subirle la belleza

por tobillos  pantorrillas y muslos

demorarse en el pubis

que siempre ha estado más allá de todo cánon

rodear el ombligo como a uno de esos timbres

que si se les presiona tocan para elisa

reivindicar los lúbricos pezones a la espera

entreabrir los labios sin pronunciar saliva

y dejarse querer con los ojos espejo

la mujer que tiene los pies hermosos

sabe vagabundear por la tristeza.

Por Mario Benedetti

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3

reverberación del beso

Publicado por SusanaMoo
17 septiembre, 2008
Ninfa y sátiro. Pablo Picasso.

Ninfa y sátiro. Pablo Picasso.

El entusiasmado amante primero se hartó de mirar, luego le hizo cosquillas en los pies, después en los muslos, por fin en las nalgas y finalmente accedió al fruto. Era tan listo que no se afanó solamente en ese punto hipersensible que se encuentra entre los labios y la grieta, donde la reverberación de un beso puede sentirse por todo el cuerpo.

Luego ya pudo entrar con su gordito, con su pesado miembro.

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