Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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El complejo devenir de un polvo.

Publicado por Susana Moo
10 Junio, 2010

Rhett fue relativamente buen padre el tiempo que vivió con su legítima esposa Carolina y su legítima hija Laura. Ejercía su paternidad siguiendo el modelo “poli bueno” y lo que más le gustaba era llevar a su pequeña al bar y presumir de hija bonita con sus idénticos ojos negros brillantes. Para Laura él era un héroe gigante todopoderoso que un buen día desapareció. El abandono, en ese momento de la infancia de Laura en el que la idealización paterna estaba en su cénit, fue devastador. Nadie, ni la misma Laura, sabe la tremenda herida que le causó su padre cuando perdió el norte por la negra venezolana de tetas invulnerables a la gravedad.
Los primeros años, madre e hija lloraban y fantaseaban con el regreso del marido y padre ausente, pero año tras año se fueron resignando. Y ya la cosa se estancó cuando la abuela de Laura se trasladó a vivir con ellas. Ocuparse de los cuidados de la anciana fue la disculpa perfecta para que Carolina se enclaustrase y tratase de encerrar a su hija con ella y sus terrores. Laura se fue así haciendo la mujer que conocemos, cargada de inseguridades y temores, y tanto su sexualidad como la de su madre se limitaron todos esos años a taciturnas masturbaciones silenciosas, cada una en su cuarto, y con bastante vergüenza.
Pero sucedió que la abuela de Laura se incapacitó completamente y a Carolina no le quedó más remedio que ingresarla en una clínica, donde iba todas las tardes a acompañarla. Y lo que son las cosas, allí, en una residencia con olor a enfermedad, vejez y muerte renació la ilusión. En la cama de al lado de la abuela, la enferma era una mujer de mediana edad que había sufrido un accidente de tráfico y llevaba diez años en coma; la pobre señora estaba ida pero el marido, Juan Ramón, era un hombre cumplidor y no dejaba pasar un día sin ir a visitar a su esposa. Carolina y Juan Ramón entablaron una amistad cordial alimentada por la solidaridad de los que sufren circunstancias similares.

Como ni la abuela ni la esposa se enteraban ya de nada, ellos escogían libremente los programas de televisión que les gustaban – ¡ qué gracia! coincidían siempre en sus preferencias- hasta que un día a Juan Ramón se le ocurrió que podían matar el tiempo jugando al parchís, apagaron la tele y se disputaron unos magníficos campeonatos llenos de tensión y risas. Así pasaron un invierno, una primavera, un verano y el siguiente invierno. A Carolina esta nueva amistad la vivificó, se le volvieron a sonrojar las mejillas, ahora vestía de verde a veces, de azul cielo otras, e iba a la peluquería más que nunca.
Estos cambios de Carolina le pasaban desapercibidos a Laura, pero sin embargo aquella tristeza opresiva que se llevaba respirando en su casa se fue liberando y ahora ya podían charlar madre e hija de alguna otra cosa que no fueran desgracias.

En éstas andaban cuando Laura conoció a Víctor, y en éstas seguían cuando se enamoró de él. Pero la situación que hizo que se tambalease todo el entramado fue la muerte -repentina, aunque largamente esperada- de la mujer de Juan Ramón … ¡cuánto lloró la madre de Laura por esa buena mujer!, claro que Carolina no sospechaba que Juan Ramón, dos semanas exactas después de fallecer su esposa, se presentase en la residencia -impecablemente vestido con traje de chaqueta-, se plantase frente a Carolina -que estaba lánguidamente sentada en la silla de siempre – hincase la rodilla en el suelo y le pidiese en matrimonio.

RAPUNZEL

Este cuento es el relato número 44 de Crisol Púbico.

Aquí podéis leer todos los relatos eróticos que componen esta novela erótico-costumbrista.


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¿Travestirse o buscar apoyo?

Publicado por Susana Moo
18 Febrero, 2010

Está resultando muy desalentadora la conversación que mantienen Carmen e Ismael. El gay está pasando una tremenda crisis de identidad y se plantea un cambio rotundo en su existencia: piensa en abandonar el remo, deporte que además de ser su afición, es su sustento y le ha labrado el cuerpo con proporciones tan masculinas. Se plantea hormonarse con la idea de suavizar esas formas, habla de mutilar su sexo de varón- bellísimo, todo sea dicho-, con la ilusión de disponer de una vulva femenina con la que acoger a su amante. Eso se cuestiona y no bromea.
Carmen le escucha y es consciente de que a su vecino lo que le mueve no es la inconformidad con su género, es el terror a perder al hombre que ama. Se le hace durísimo ver la mirada de su pareja deseando por ahí a unos y a otras, su mirada escondida de la suya. Carmen lo sabe, ella antaño también sufrió esa angustia perfeccionista para los ojos del amante.  Siente mucha empatía con Ismael, el hermoso Ismael, dispuesto a todo por amor.
- ¿Has hablado con Kinki de esto?
- Sí, Carmen, él no quiere, dice que le gusto así.
- ¿Entonces?
- Ay niña, yo veo cómo mira a las mujeres, cada vez con más obsesión, veo cómo te mira a ti en el bar. ¿Pero tú viste cómo se comía con los ojos ayer a Laura y a su prima?
- Sí me fijé. Pero no vas a evitarlo convirtiéndote en un travesti…
- ¿Y qué puedo hacer? Kinki cada día es menos gay, cada día es más hetero,…
- Eso es porque su faceta homosexual está satisfecha … ¡Ay Ismael!, se me está ocurriendo una idea…
- Dime.
- Es que… lo mismo te parece mal y te enfadas conmigo…
- ¡Suéltalo!
- Se me ocurre que me dejes entrar en vuestros juegos, en vuestra cama.
- ¡¿qué?!
- No te alteres, piénsalo, es una solución. Puede ser la solución. Tú sabes que entre Kinki y yo no va a haber enamoramientos ni nada parecido, además es evidente que te adora. Él, en caso de que estés en lo cierto, no desea más que el cuerpo de una mujer.  Deja que sacie su hambre de hembra conmigo, sé tú el que le prepara el menú y el que recoja la mesa…
Ismael la mira pasmado, Carmen es su amiga íntima, es cierto, puede confiar en ella, ¡pero tanto como para ponérsela en bandeja a Kinki! … Sabe que Carmen es liberal, que el sexo para ella no implica necesariamente compromiso…  Que sea además veinte años mayor que Kinki le tranquiliza … A Ismael la idea le va tomando forma, poco a poco su rostro se ilumina ¡Desde luego! La idea no es mala. ¿cómo no se le había ocurrido antes?
La abraza cariñosamente, Ismael es la ternura personificada:
- Niña: te voy a condimentar como si fueras un pastel, pero ni sueñes con estar a solas con él ¡los tres juntitos en amor y compañía!
- Mmm, calla, ¡los tres!
Los amigos se ríen cómplices, parecen dos adolescentes loquitas dispuestas a colarse en el cuarto de su ídolo de rock. Carmen se siente feliz, quiere mucho a Ismael y Kinki siempre le ha parecido una bomba sexual.

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Este cuento es el número 28 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, os envío a aquel capítulo en el que os presenté a los gays deseados por Carmen, y en el que me enviásteis imágenes muy muy chulas, mirad:

Los dos remeros gay


19

Hombre de una sola mujer.

Publicado por Susana Moo
7 Febrero, 2010

La enfermera que cuida al viejo es de temperamento naturalmente cariñoso, de biología apasionada, desprejuiciada por educación y liberal por costumbre. Su modo de relacionarse es seduciendo a diestro y siniestro pero no tiene demasiada suerte en sus intentos porque, en esta sociedad nuestra, una mujer que expone su sexualidad libremente con frecuencia asusta, a veces incluso espanta.

Espantado se quedó el médico aquel primer día en la entrevista, cuando se le sentó en las rodillas jurándole que no se arrepentiría de contratarla. ¡Menuda fresca! ¡Porque es dificilísimo encontrar una enfermera especializada, que si no, la habría puesto de patitas en la calle! No lo hizo, pero desde luego cortó de raíz aquellas confianzas que se tomaba la chica.

-Señorita, por favor, ¡yo soy hombre de una sola mujer!- le dijo al tiempo que se levantaba y, lleno de dignidad,  la alejaba de sí con firmeza. Efectivamente, el médico es hombre de una sola mujer, su mujer, a la que tiene en un altar, y a la que considera igualita a la famosa actriz Penélope Cruz.

Hasta cierto punto es cierto. Lidia es morena como Penélope y de una estatura similar, misma edad año arriba año abajo. Vale, tienen la estructura facial parecida, la diferencia la marcan unos milímetros en las distancias y profundidades, alteraciones mínimas que los humanos somos hábiles para captar en los rostros de nuestros semejantes y que delimitan los cánones de belleza, variables a lo largo de la historia.  No sé si la señora de Doc podría haber sido un bellezón en alguna época antigüísima, pero hoy en día, ni por delante ni por detrás. Pero él, erre que erre que son clavaditas, sí hombre sí, gemelas ¡por favor! De acuerdo, llevan peinados parecidos pero a su esposa los mechones se le desmayan a ambos lados de la cara, sin vida ni alegría, igual que sus tetas, que  aun usando la misma talla de sujetador, éstas son montículos desaboríos, no tanto decaídos por la flaccidez de la carne como por el desinterés abúlico de unos pechos pasotas, senos desmotivados, tetas que ni estudian ni trabajan. Y lo mismo con la ratio cadera- cintura, dos, tres, cinco centímetros distinguen las medidas de la actriz con las de la señora de, realmente poco, pero ¡por Dios! no hay más que verla follar, que pone el gesto del que come pipas ¡y esas posturas! ¿dónde se ha visto colocarse  a lo perrito con tan poca gracia? ¿es que no ha visto una porno en su vida o qué?, se posiciona ahí como si no fuera con ella el cuento y Doc tan ilusionado, como si se la estuviera ensartando a la mismísima Dulcinea soñada por Quijote, a la Beatriz cantada por Dante. Él tan apasionado y su legítima que se le entrega ahorrando talentos ¡con lo que les gusta a ellos vernos bien abombadas!, ¡con lo hermoso que es ese, nuestro ángulo más salvaje! Mucho lucir ropa de Dior y no tiene la delicadeza de exhibir los encantos íntimos que por selección natural poseemos las hembras. Una mujer de su posición debería tomar conciencia de la inmensidad del salto genético que ha supuesto la transformación del zafio trasero de las monas a  la maravilla de nuestro pompis. Que el gorrión asome por la retaguardia, tan coqueto, en forma de triangulito entre las inmaculadas nalgas es evento suficientemente glorioso como para festejarlo, digo, y añado que si estás casada con un hombre, y además te trata como a una reina, ¿qué menos que enseñarle la alhaja en todo su explendor? bien inclinada la pelvis, el culo elevado, respingón, que para saber eso no hace falta ser licenciada, todas lo sabemos, que a los tíos les vuelve locos. Cualquier hombre puede decirte que es la pose más bella para observar a una mujer. Alguno puede ponerse pesado y filosofar sobre si le resulta más estimulante el rostro y bla bla bla. Bobadas, entrar, entran en éxtasis al enfocar la mirada en esa masa de carne abierta, sujetando sus bordes a riñón por mano. Y ella va y se ofrece como una mesa de cuatro patas, la columna recta, los hombros rígidos. Mal gusto se mire por donde se mire. Pero él con su cantinela: “Igualita a Penélope” y se relame emocionado mientras hace malabarismos para mantener el pene dentro sin que se le salga, porque con esa postura lo que es favorecer el acto: cero.

Y digamos que es una mujer que descuida su estética porque tiene la cabeza llena de ideas fascinantes y se la trae al pairo lucir bonita o fea. No es el caso; va a la peluquería cada semana -mínimo-, salón de belleza cada mes, cadenita de oro en el cuello, pendientes en las orejas, anillos varios. Todo proporcionado por su esposo, el paganini, que no encuentra oro en el mundo con que regalar a su mujer, la top model, idéntica a la Cruz, ¡ja! Seamos francos, si un día Pe se despierta y se mira en el espejo y la imagen reflejada es la cara de la mujer del médico ¡menudo disgusto para la estrella!
Pero a él no hay quien le quite que su Lidia es un bellezón digno de pasarela y, bueno, si el tipo es ciego, a ver quién le destapa los ojos, y además, ¿pa qué?

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Este cuento es el número 25 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Fernando Lobato; trío de corazones, la explicación en comentarios:

mujer acostada

big_ass_doggy_style6

De lado

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Tiberio: Dogging:genio y figura

berrante.

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Primitivo Morales me envía la siguiente imagen, que no sé muy bien qué relación encuentra con el texto, pero sus motivos tendrá. Yo la cuelgo. La ha tomado de aquí

shala

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Pitima ilustra el texto con un trébol de culos bien formados en pompa, de su propia autoría:

tr_bol_de_culos

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Missexitos: “П que no P“. La encontró aquí:

bicisexi


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