Erotómana

SusanaMoo

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Jubileo caliente

Publicado por SusanaMoo
16 Diciembre, 2009

Me chiflan las nuevas relaciones que se crean en la red. Lógicamente, como en la vida real, no son tantas las amistades que prosperan. Pero en algunos casos la complicidad, incluso el afecto, va cobrando cotas cada vez mayores y llega un momento en que apetece muchísimo dar el salto y encontrarse frente a frente.

Con estas amistades tan peculiares, sean femeninas o masculinas, hablo de sexo y a veces lo practico virtualmente. Supongo que también lo haceis muchos de vosotros, pero en mi caso está doblemente justificado: ya que he emprendido los estudios de “erotomanía”, he de alimentar mis conocimientos y los que prefiero son aquellos que proporciona la investigación de campo. Soy bastante perfeccionista en este asunto y mimo mis relaciones virtuales tanto como las reales. Dar el salto es todo un reto porque se arriesga la relación, puede pasar que se desvanezca el encanto, por ello sólo doy el paso cuando tengo bastante claro que la atracción va a seguir funcionando con los canales de comunicación sexual tradicionales. He de felicitarme por mi buen ojo porque todavía no he vivido un fiasco.

Pese a que comparta muchas cosas, para salvaguardar mi anonimato me mantengo firme en mi propósito de no enviar imágenes explícitas de mi persona y ello aumenta el que vaya a esos encuentros como un flan, me invade la inseguridad. Es factible que mi físico defraude: la fantasía suele superar a la realidad y yo me he labrado a punta de teclado una fantasía que a mucha gente le resulta interesante y me creen un bombón. Pero hete ahí que detrás de la supersusana, starfoot y reina del erotismo, se esconde una mujer corriente y moliente, sencilla de pies a cabeza. Soy consciente de que en el desvelo de mi imagen va a haber un momento de shock en que ajustarán la ilusión con la realidad. Aunque me incomoda ese momento me mentalizo mucho para disfrutarlo.

El último de estos encuentros a ciegas lo hice con una pareja muy bien avenida y el lugar que decidimos para encontrarnos fue la catedral de Santiago, que es un lugar sumamente mágico y está siempre lleno de vida, con peregrinos de aquí y allá, hombres y mujeres que por distintas motivaciones acuden al templo donde descansan los restos del apóstol matamoros. Los motivos de la divertida pareja y los míos eran, a todas luces, diferentes a los de la mayoría. Nosotros queríamos ponerle un puntito morboso a un encuentro largamente deseado, salpimentar la puesta en escena de una amistad cincelada con palabras e ideas. El juego consistía en reconocernos paseando por los pasillos del sacro mausoleo, lo cual provocaría mucho misterio a la cita. Yo, en vez de acudir arreglada con la indumentaria que se supone para una cita seductora, me disfracé de peregina. Las ganas de jugar vencieron a mi natural coquetería, descarté el vestidito y los taconazos para ponerme unas deportivas desgastadas y vaqueros de media pierna, de esos que no favorecen precisamente. Camiseta de algodón, jersey de lana. Bastón y mochila completaban mi atuendo, el pelo recogido en una coleta y las tetas sin sostén. A diferencia de otros peregrinos yo olía limpita y perfumada, mi melena brillaba y la piel lucía perfectamente hidratada.

En cuanto entré en la catedral por la puerta lateral, les distinguí a lo lejos, supe que eran ellos y entonces me dediqué a camuflarme y a hacerme la despistada. Con la mirada inquieta paseaban cogidos de las manos, ella, morena poderosa, realzaba sus caderas con pantalones ceñidos que prometían unas nalgas de negra en carnes blancas. Para mi redoblado regocijo, también los pantalones de él dejaban adivinar sorpresas mullidas en forma de glúteos masculinos.

Diferentes manifestaciones artísticas del mito de Adan y Eva.

Diferentes manifestaciones artísticas del mito de Adan y Eva.

Me arrodillé en un reclinatorio como quien ora en silencio espiando a la atractiva pareja que son mis amigos y que tienen inquietudes sexuales muy similares a las mías. Me cosquilleaba el vientre. Ellos, se me antojaba ahora, podrían haber sido los mismísimos Adán y Eva, aquellos que se paseaban por el Edén ajenos a toda culpa, Adán tranquilo antes de morder la manzana, Eva relajada antes de tentar con su manzana.

Me miraron, pero me descartaron. Hasta tres veces me descartaron, entonces me levanté y con mi bastón comencé a seguirles. Disfruté muchísimo del paseo voyeur. Teneis que pensar que yo conozco muy bien las intimidades de esa pareja tan bien parecida, que yo había visto sus cuerpos desnudos en imágenes exhibicionistas, teneis que pensar que les deseaba de antemano, habíamos mantenido excelentes conversaciones excitantes y ahora sus andares, sus traseros concretamente, provocaban mi sonrisa, y ya ellos comenzaron a sospechar de mí. Entonces, como pavitos, se lucían, paraban delante de las imágenes de los santos y las miraban con seriedad artística girando levemente la cabeza para asegurarse de que yo les perseguía, de que yo les miraba, de que yo era yo.

Les observo y recuerdo sus secretos, sé, por ejemplo, que él es un pedazo de pan y que además dispone de tremenda barra doradita. Y sé que le gusta ofrecerla completamente desnudo, acuclillado sobre sus talones en el borde de la cama, apoyadas las manos a los lados de los pies, reclinado el cuerpo hacia atrás, de modo que la baguette se dispara hacia delante, con los sacos colgando. Es dadivoso con sus dones para que ella, bollito de crema, de rodillas en el suelo meriende el bocadillo con toda comodidad. Juegos de pareja que me habían narrado, costumbres adquiridas que entretienen a este par de pimpollos que caminan delante de mí como si nada. Sé que a ella, en cambio, le gusta alimentar a su chico sentada a horcajadas encima de la cabeza del panadero. Que pobre cabeza, pienso, porque en las fotos que yo había recibido estaban muy bien disimuladas las cachas de la jamona ¡Menuda hartura, muchacho!

A Eva, sin duda la más inquieta de los dos, se le escapa una risa nerviosa sintiéndose observada y sus andares son ahora un poco exagerados -tremendamente voluptuosos- hasta que decide repentinamente darse la vuelta para que ser ellos los que me siguen a mí, de forma que yo también me giro y me dejo mirar

Si lo que vieron les gustó o no les gustó, tendrían que decirlo ellos, pero, a razón de los acontecimientos posteriores, creo que no les desagradó mi paseo respetuoso de peregrina devota que, toda ilusionada, está a punto de ganar el jubileo.

……

(Para los no conocedores de la regalía que supone el jubileo, diré que proporciona ni más ni menos que indulgencia plenaria, es decir, es un acto que tiene la gracia de borrar todos los pecados cometidos hasta entonces, dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo).

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Otra cita a ciegas

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¿Cómo se le chupa a un negro?

Publicado por SusanaMoo
28 Agosto, 2009

Imaginad un negrazo de dos metros y pico, todo rapado de pies a cabeza, todo azabache con el brillo de la dentadura blanca y el brillo de los ojos húmedos. Ved al negro desnudo y empalmado, erectamente sentado en un sillón, pelín recostado con las piernas abiertas, la mano negra sujetando la negra verga. Un negrazo con belleza temeraria que intimidaría si no fuera por su mirada entrañablemente calentita: ojos sonrientes de macho sano para con hembra asertiva.

Me arrodillo, no como símbolo de humillación – mucho menos de oración-, sólo pretendo tener al miembro de frente para tratarle de tú. Me arrodillo pues, me acerco y mantengo los ojos bien abiertos. Le gustará que  pase mi húmeda lengua rosa desde las brevas negras hasta la sabrosa bola de chocolate siguiendo la ruta de la robusta unitaria. Y le encantará que separe los labios de mi boca e introduzca el jabugo entre moflete y moflete, paladeando la carne caliente. Y le chiflará que ejercite elasticamente mi lengua al tiempo que balanceo ritmicamente el cuello y succiono con fluidez, incrementando progresivamente en velocidad y humedad.

Realmente yo no sé si a ese garañón afro le gustará todo esto. No son más que especulaciones: yo no puedo certificar que a ese tipazo opaco sentado en su sillón, pelado de arriba a abajo, erecto como un sático y con agradecida sonrisa de angelote le gustaría mi ofrenda porque yo nunca se la he mamado. Nunca se la he mamado a un negro.

Ralph Gibson

Ralph Gibson


14

Cita a ciegas, esta vez sí

Publicado por SusanaMoo
15 Junio, 2009

Dicen las buenas costumbres que el hombre ha de cederle el paso a la mujer en todas las situaciones salvo en una: al subir escaleras, porque si ella lleva un par de peldaños de adelanto, las posaderas femeninas quedan a la altura de la mirada indiscreta  de él y esto puede abochornar a la señora. Pues bien, él me cedió el paso escaleras arriba y yo no me sentí abochornada ni siquiera cuando las yemas de sus dedos rozaron mi pierna falda arriba. El cosquilleo nervioso que erizó mi piel me aseguró que la química funcionaba y ya mi cuerpo respondía ¡Ay qué dicha! Mi cuerpo se encendía con vivas llamaradas. Y el de él.
No me voy a enrollar explicándoos como se sucedieron las entradas y salidas

Feast of delights, Fendi, 1835

Feast of delights, Fendi, 1835

que acometimos, las humedades y las posturas; la anatomía humana es la que es y todos conocemos ya la mecánica de la cópula, pero sí diré que su pene resultó ser muy inquieto y ergonómico, que el señor se soltó con soltura, con desparpajo en mi piel y que el encuentro fue chupado: una naturalidad pasmosa, teniendo en cuenta que nos habíamos visto las caras por vez primera hacía no más de diez minutos y que esto era una extravagante fantasía cosida con letras e ideas.

Me regaló fuegos artificiales y yo se los regalé a él. No me resultó difícil abrir mis piernas, frotar mi pubis con el suyo, entregarle mis senos, ofrecer mi lengua, pero … mi mirada permaneció tímida, el contacto ojo con ojo es el más íntimo de los contactos: mi alma me la reservo.

Disfruté de la compañía, me lo pasé bomba y aunque la cita fue a ciegas, casi me quedo bizca.

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(Aquí os conté un intento fallido)


11

Berlusconi versus Zeus

Publicado por SusanaMoo
9 Junio, 2009

He dudado largamente si manifestar esta tontería que me embarga. Me da mucha vergüenza, incluso un cierto repelús, confesar lo que finalmente contaré. Sea por dar luz a los entresijos de la lujuria. Allá voy:

Desde lo de las dichosas fotos de Berlusconi, éste se ha convertido ni más ni menos que en mi fantasía sexual. No creo que Il Caballieri me excite por rico y mucho menos por guapo. Creo que es el poder. Desde luego no me apetece besarle -por mucho perfume, el álito ha de ser rancio- y menos todavía su semen… pero sentar mis nalguitas en en sus rodillas, en el regazo de ese papi omnipotente y dejarme hacer, sí. Sí.

El presidente italiano es una representación fiel del arquetipo del dios Zeus: padre todopoderoso, casquivano cruel, generoso y soberbio. La idea cochina de ser poseída por un dios prepotente ejerce en mí una falsa sensación de seguridad y confort que desemboca en una excitación sexual.  Extraña excitación, ya que ese rey de Roma personaliza muchas de las características del sistema patriarcal consumista que aborrezco. Pero he de reconocer: me calienta, el cabrón.

Zeus. Dominique Ingres, 1780-1867.

Zeus. Dominique Ingres, 1780-1867.

¡Qué complicados los mecanismos de la lívido! No siempre es lo bello y hermoso aquello que invita al sexo, a veces es lo que da grima. Qué cosas.


12

La erección de los hombres buenos

Publicado por SusanaMoo
19 Mayo, 2009

Me atraen especiamente los empalmes de los hombres buenos, las erecciones de los caballeros de alma generosa en cuyo pecho puedes apoyar la cabeza confiada.

Me interesan las durezas firmes -como roca- de esos tipos íntegros que si te ven en apuros te echan una mano, pero no sólo son amables y serviciales con la mujer bonita, eso lo hace cualquiera, sino también con la vieja borracha y sucia…

No me interesan las pililas infladas de los presumidos de galantería pomposa que todo su mérito radica en que te dejan pasar delante, si no aquellas pollas turgentes de los que regalan, desinteresadamente, su tiempo y su energía.

La verga tiesa y brava de los hombres de buen corazón. No sabeis hasta que punto son estupendas esas mandungas generosas, espléndidas.

El "antimodelo" Toni Ward fotografiado por Patrick Hoelck

El "antimodelo" Toni Ward fotografiado por Patrick Hoelck. No sé si es un buen tipo, pero aquí lo parece (desgraciadamente, no conozco su pene).


12

Soy voyeur, y a nadie molesto.

Publicado por SusanaMoo
8 Mayo, 2009

Hace un tiempo, el planazo de mis sábados y domingos era ir a practicar el amor en el coche, a falta de un lugar más confortable. Mi chico y yo le teníamos las medidas tomadas y nos acoplábamos muy bien, logrando variedad en las posturas, inovación, etc.

Solíamos ir a un lugar de monte tácitamente dispuesto para tal fin, y los vehículos, respetuosos unos con otros, dejaban unos espacios entre sí de tres metros mínimo, para asegurar la privacidad.

Corría la leyenda de que había mirones en la zona y eso indignaba mucho a mi pareja y a otros habituales … ¡pobre si pillaban a alguno!

- Como vea a alguno espiando, ¡lo fostio!, campaneaban los machotes.

Yo me callaba, nada decía porque ya de aquella era una voyeur en ciernes. Con la disculpa de salir a hacer pis, me acercaba a los otros coches e intentaba echar el ojo, pero qué va, nada se veía salvo alguna sombra o movimiento, todos tomaban, muy castamente, sus precauciones: dejar que se empañaran los cristales, parasoles en los parabrisas,…

Si era cierta la leyenda y había tipos que a escondidas espiaban, muy imaginativos debían de ser, y fantasiosos, unos poetas al fin, porque si su objetivo era ver  una fornicación sin más lo tenían mucho más fácil bajando porno o yendo a un club. Pero ellos arriesgaban para encontrar el placer de calidad.

En Francia hay bosques y playas donde son bienvenidos estos amantes de la cópula en directo, donde a los enamorados no les molesta mostrar su pasión, donde se respeta ese gusto por observar la coyuntura desde la pura verdad, no la pantomima de unos actores y actrices.

Yo, si hubiera tenido del valor de hacerlo, hubiera pegado mi nariz al cristal de alguna ventanilla, pero nunca lo hice, sin embargo facilitaba la labor a esos fantasmagóricos mirones por los que sentía franca simpatía y no me andaba con tanto melindre para esconder mi fiesta. Sinceramente: ojalá alguno la haya disfrutado.

Leopold Boilly

Leopold Boilly

Ser mujer y voyeur me tiene algo confusa: no conozco a otras, ignoro si hay precedentes femeninos, aficionadas como yo a disfrutar del goce ajeno, no hay escuela ni dispongo de ídolo a la que emular.

¿Soy tan rarita?


7

Despertar en domingo

Publicado por SusanaMoo
27 Abril, 2009

Cada día me despierta a lo loco el imbécil del despertador y me cuesta un mundo levantarme.

Los domingos, que podría descansar a pierna suelta, mi biología programada ejerce de “tocahuevos” y a las siete de la mañana me encuentro despejadísima. Antes maldecía esta situación y me enfuerecía conmigo misma. Ya no. Ahora lo disfruto, ahora disfruto de mi ser amodorrado y me deleito en mi voluptuosidad casi con misticismo.

Me huelo ¡Qué suerte disponer de olfato para gozar de este perfume a guarida de hembra entre las sábanas de hilo!

Qué delicia tener la piel delicada, suavita, sentir el roce de mi pelo despeinado en la espalda, en el cuello, por delante de mi cara.

Qué agradable acariciar mis senos mullidos, o aplastarlos abrazada a la almohada,… qué risa tener estos pezones que se empalman en micro erecciones y qué absoluta dicha tener mi raja tan jugosita, con la vulva dilatada y con su agradecida almendra.

Qué placer revolcarme en la soledad de mi lecho, perezosa, lujuriosa y disfrutarme entre sueño y sueño, sin prisas ni expectativas.

Qué rico desparramarme escuchando mi propia respiración.

Y allí fuera, lejanos, los movimientos del día que avanza y yo aquí tapadita, tan calentita.

The virgin. Gustav Klimt

The virgin. Gustav Klimt


10

San José y La Inmaculada Concepción

Publicado por SusanaMoo
19 Marzo, 2009

Alzo mi copa por todos esos hombres buenos que, como san José, han tenido las agallas de hacer la vista gorda ante el desliz de su mujer.

"Un ángel no hace el amor, un ángel es amor" De la película "Barbarella".

"Un ángel no hace el amor, un ángel es amor" de la película Barbarella

Aunque en el caso del santo pareciera más sencillo al tratarse, al parecer, de una concepción inmaculada.

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¡ Feliz dia del padre a mis lectores que han tenido el gusto de hacerlo sin funda, fecundar, y lo que eso conlleva!

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He escrito un relato especialmente para el día de hoy, en gallego: O mariñeiro


4

Sueño

Publicado por SusanaMoo
3 Noviembre, 2008

Es una pena, pero no se puede poseer a todo hombre que se desea. Es una fatalidad, pero incluso no se puede yacer con todos los hombres que deseas y te desean a ti. Es así, quizás en un mundo más primitivo ésto fuese impensable, pero en nuestra civilización, más vale agachar las orejas y aceptar esta sinrazón.

La naturaleza, siempre sabia, a medida que nos fue quitando espontaneidad en la monta, nos fue dando imaginación y fantasía. E incluso para los que se cierran a esa posibilidad, está el inconsciente para vivir deseos reprimidos.

Hoy el mio me dio un regalazo: esta noche soñé con ese hombre que se me niega, con todos esos varones que jamás tendré, materializados en una inmensa verga caliente e inflamada a la que yo accedía de un modo peculiar. Intentaré explicar mi voluptuosa sensación.

Fue, como suelen ser mis sueños, breve y abstracto. De hecho, recuerdo poco más que una imagen; una imagen tan real como si la hubiera vivido ¡No, no! Mucho más real que si hubiese sucedido porque cuando las cosas pasan los sentidos hacen que las sensaciones se dispersen. En lo onírico el sentimiento es puro, destilado por el alambique de Morfeo.

Ese hombre que deseo y no tengo, no me atendía, miraba hacia allá, hacia lo lejos, hacia otra mujer quizás, hacia otro asunto. Había gente alrededor y yo ansiaba llamar su atención, estaba triste porque no la tenía, pero le daba la espalda, me le acercaba hacia atrás.

Entonces ese hombre que jamás tendré entre mis muslos, todavía sin mirarme, se inclina sobre mi dorso. Apoya, como quien no quiere la cosa, su bajo vientre vestido en mis nalgas también vestidas. Era un gesto disimulado, que solo él y yo podíamos percibir. Nuestra pasión está prohibida, nuestros ojos no se cruzan, no nos podemos besar.

En la vida real es impensable que un hombre se te acople de tal modo y  el entorno no se de cuenta, pero aquí era así. No había exhibicionismo en  nuestro gesto. El se me apretaba disimuladamente y me hacía saber su deseo por mí

¡Estábamos tan unidos! Su miembro acomodado en la raja que separa ambas nalgas, bien metido entre ellas y crecía, crecía y se endurecía oprimiéndome el culo, que yo curvaba para favorecer el contacto, ofreciéndome.

Es otro imposible: pese a que ambos llevábamos la ropa puesta, su creciente polla se inflamaba como el maíz se hace palomita y yo lo gozaba secretamente allí, entre la muchedumbre ajetreada, ajena a nuestra unión.

Apretando su miembro a mi raja, cada uno mirando hacia algún indefinido lugar y casi, casi hacíamos el amor.

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Este relato ha sido interpretado por Lipa Benet

bondage, Charls Red

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