Adivina qué tengo entre las piernas. Juego erótico-literario.
El juego que propongo consiste en que dados doce relatos eróticos de una fantasía sexual -todos escritos por anónimos participantes de Erotómana- adivinemos el sexo de sus autores.
Para que el juego se pueda llevar a cabo, 12 de vosotros debéis enviar un relato de entre 1000 y 2000 caracteres a mooerotico@gmail.com, especificando vuestra condición sexual. Ese correo electrónico no es mío, lo atiende el secretario voluntario Chousa de Alcandra que nos irá informando puntualmente del estado de cuentas. Recibido el último me los enviará eliminando el dato a adivinar – de este modo yo también podré jugar-.
Serán válidos todos los relatos desde el primero al duodécimo por orden de llegada, pero ya no admitiremos más a concurso para que no se haga pesada la cosa.
Se recomienda adjuntar una imagen por cuento.
Una vez realizadas las votaciones pertinentes, cada autor puede reconocer su texto, o no, como prefiráis. Ya cuando llegue su día hablamos del sistema de votación. Ahora, a otra cosa mariposa. A ver qué se os ocurre por ahí.
Es mi cumple: dos años compartiendo.
Hoy cumplo dos años aquí, al pie del teclado. Cuento va, post viene, me lo he pasado bomba y me siento contenta con el conjunto general de Erotómana ¡no os imagináis hasta qué punto está siendo beneficioso para mí!
Hubo momentos especiales en estos dos años, muy especiales, como la presentación de “Eva, su manzana y el pecado” y vuestra generosa respuesta a modo de orgasmos. O como cada uno de los capítulos de Crisol, en el que me regalásteis imágenes, opiniones y consejos. También me han aportado muchas satisfacciones las colaboraciones de Lipa, poniendo voz a mis textos, y las de Ananda, narrando los mitos.
Pero como en cualquier empresa, lo mejor son las relaciones personales. Me encanta escribir, pero me chifla también leeros a vosotros, y reirme con vosotros. Espero que coincidáis conmigo en que es fantástico el buen humor que se respira aquí ¡cuántas sonrisas! ¿eh? a veces carcajadas delante de la pantalla.
Seguiré. Siento como si hubiese encontrado en el erotismo un maná y no pienso soltarlo. Pero para cuando leáis esto, si todo va según mis planes, si todo sale según lo previsto, estaré por ahí a la sombra de algún cocotero, o quizá tumbada en una hamaca, dejándome ir.
Cuando regrese me gustaría encontrarme aquí vuestras felicitaciones por estos dos años compartiendo mis cosas, y me gustaría también que opinarais sobre en qué podría mejorar Erotómana, ideas o consejos que me hagan crecer como escritora y enriquecerme como persona.
¡¡GRACIAS POR VISITARME!!
El Ex se lo huele
Al Ex de Carmen algo le huele a chamusquina nada más entrar en el piso. Lo primero, le sorprende el lujo, ¡todo tan elegante!, no se lo esperaba así. Recordemos que cuando conoció a Rebeca era una bohemia que tocaba la flauta por las calles y ahora ¡esta mansión! Y luego ella tan solícita, tan tocona, tan dispuesta a follar ya, sin mediar palabra, allí mismo, en ese salón tan pretencioso. Le pide una cerveza, y no hay cerveza, sólo champán, y su instinto no se relaja. No olvidemos que este tipo es gallego y tiene como norma desconfiar, por si acaso, y ahora desconfía muchísimo y la observa y ve que la mirada de ella se dirige con frecuencia al espejo enorme de la pared y que titubea, parece que no quiere hablar, sólo joder y ¡joder!, él no es tan rápido, él hubiese preferido ir calentando motores poco a poco, dar un paseo, picar algo, … y ella erre que erre que no, que si tiene hambre le saca unas patatas fritas de bolsa.
El Ex cada vez está más mosca y estando mosca no hay polla que se empine, vamos que ni pa dios, por mucho que ella succione ya con tanto empeño, que parece un alma llevada por el diablo comiéndoselo todo, babándolo todo.
¡Esto no es lo que él esperaba! que no la recordaba así, tan ansiosa, ¡con la de veces que ha evocado aquellas chupadas lentas que Rebeca acostumbraba hacer! y ahora le sale con esta chapuza.
- Espera un poco, Rebeca, por favor.
Y ella en vez de mirarle a él, vuelve a girar sus ojos al espejo con cara de fastidio sin soltar la picha de entre los labios y él ya reacciona y se levanta de un salto y sale a grandes zancadas del salón. En un visto y no visto se planta en el porche, descubre la puerta que da a la sala del mirón y sin pensarlo la abre de un porrazo y se encuentra al pijo cabrón con cara de pánico mirándole acojonado.
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Tetas tutifruti.
El dueño del “Estrella” es un empresario digno de mención. No es tan fácil encontrar en el sector del ocio masculino una empresa tan limpia de trapicheos. Don Eduardo es un rara avis que trata a sus empleadas con justicia laboral y con ello consigue no sólo que las sonrisas de las señoritas sean francas, sino también que los clientes de buena fe no sientan un cierto remordimiento al acudir allí pensando en posibles tratas de blancas, vudús u otras aberraciones similares. Leer más »
El exclusivo club “Estrella” se caracteriza por ser un Templo al Seno femenino y el primer requisito que han de cumplir los senos es ser naturales. Don Eduardo le tiene tirria al bisturí y quieres tetas de verdad, eso dice, naturales y dispares. Esta ideología es un factor diferenciador de este club, él lo explica muy claro: “ los hombres estamos cansados de ver tetas clones, en el “Estrella” se pueden encontrar preciosos senos desde la talla 80 a la 120, con forma de pera y con forma de manzana, incluso alguno con forma de plátano” afirma don Eduardo en tono jocoso.
Traca de fiesta.
Erotómana cumplirá 2 años el próximo domingo, 25 de julio, día de Santiago Apóstol, -festa rachada en Galicia- .
Para celebrarlo voy a hacer una especie de traca con un maratón de capítulos de Crisol que caerán cada mañana, a uno por día, de lunes a sábado. Durante esos días, prefiero que no dejéis comentarios aquí.
Quiero untaros bien de mantequilla en forma de cuentos para que el 25 de julio me déis vosotros a mí mermelada.
Si es cierto que la contención aumenta el éxtasis, la idea es que reprimáis vuestras lenguas y vuestras manos hasta el domingo que estaréis ya ansiosos, deseosas, ¡ávidos! por expresaros aquí. Entonces, os cederé la palabra.
Tiresías, experto hermafrodita.
Escucha este cuento interpretado por Ananda:
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o léelo:
Zeus, dios de dioses, y su esposa Hera charlan después de su coito divino sobre cual de los dos ha gozado más, disertan sobre el grado de disfrute de los hombres y de las mujeres. Ella, que es la diosa guardiana de las buenas costumbres matrimoniales y adalid de la respetable esposa, opina que son ellos los que se lo pasan mejor jugando al sexo y en cambio Zeus cree que son ellas.
Deciden llamar a Tiresías que era un tipo sumamente peculiar: nacido varón, la fortuna le llevó a presenciar la cópula de dos serpientes, contra las que cargó a golpes y como consecuencia se transformó en mujer durante siete años en los que disfrutó de ser hembra sin privarse de los placeres propios de la vulva. Cuando presenció de nuevo a las serpientes apareándose recuperó sus formas de varón.
Él, por propia experiencia dará una respuesta veraz y, una vez ante los dioses no vacila en contestar:
-Es la mujer la que se beneficia mayormente en la coyunda, asegura, si dividimos el placer en diez partes a repartir entre los amantes, nueve de esas partes las goza la hembra mientras que al varón le resta sólo una.
La respuesta enfurece a Hera cuyo rostro enrojece de rabia, le resulta tremendamente indecente, ¡asqueroso!, que las mujeres se lo pasen tan bien fornicando ¡Y con semejante diferencia de grado! ni más ni menos que nueve contra uno. Sin embargo Zeus se sonríe, le encanta la idea de que la mujer poseída esté tan llena de gracia. Esa expresión de complacencia de su esposo saca de quicio a Hera que carga, como es su costumbre, contra el que tiene delante, en este caso Tiresías y se venga volviéndole ciego.
Zeus, todavía encantado con la respuesta, fantaseando con la imagen de alguna de sus amantes corriéndose una y nueve veces, se apiada de Tiresías y le compensa del daño que su mujer le ha causado otorgándole poderes proféticos y una larga vida. Hasta siete generaciones vivió Tiresías convirtiéndose en el mediador por excelencia: gracias a sus dotes proféticas, media entre los dioses y los hombres; por su condición andrógina, lo hace entre hombres y mujeres; y por la excepcional duración de su vida, entre los vivos y los muertos.
Y a lo largo de esas siete generaciones que vivió, se divirtió de lo lindo cambiando de sexo a antojo, haciendo realidad el sueño de muchos de nosotros.
La cultura del erotismo.
He apuntado Erotómana al concurso de blogs de 20 minutos, ya la había presentado en la edición anterior y me gustó la experiencia porque supone un escaparate de muchas de las bitácoras en activo.
Me ha sorprendido que han eliminado la categoría de blogs eróticos -se extiende la línea puritana en la web- , con lo cual la he plantado sin dudar en la categoría de cultura. Veremos si me la aceptan …
Podéis pasaros y dar vuestra opinión:
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Y otra invitación. En la entrada que hice para presentar “Eva, su manzana y el pecado”, en la que solicitaba vuestros orgasmos literarios a cambio del libro, siguen lloviendo éxtasis, ahora a cuenta gotas. Os invito a acudir allí y ver las últimas aportaciones, entre ellas, un audio de Ananda, en el que interpreta un fantástico texto de Julio Cortázar. Pinchad si os apetece olisquear lo que allí se cocina:
Y Dios creó a la mujer
Dios la creó y el director, Roger Vadin, se recrea de lo lindo en ella. La Bardot, ya de por sí un bombón, está que se sale con toda esa exposición erótica a la que es sometida, un verdadero empacho de voluptuosidades destacando uno a uno todos sus atributos. A saber, sus pies
-se calza, se descalza, camina sin zapatos, pisa la cara de un hombre con ellos manchados de arena -, las piernas -lleva faldas que se suben, que se abren, que se desabrochan-, el trasero -monta en bici con el culito respingón, lo menea danzando, se mueve de aquí allá con él empinadol- , los pechos -con escotes, con botones traviesos y el típico estriptís botón a botón en que no se le ve nada pero se le intuye todo-. Se la ve bailando con otra chica, se la ve tirada en la orilla del mar con el vestido empapado, …
En fin, que si eres hombre te puede suceder como les pasó a una generación y pico de franceses que resultaron incapacitados para masturbarse pensando en otra que no fuera ella, que no fuera Briggitte Bardot -a la que yo encuentro pelín sobre actuada- y si eres mujer mejor tragar saliva, obviar la envidia que produce tanta perfección ajena y tratar de identificarte con la prota para ser durante ese rato una bomba sexual sin precedentes.
(si seguís leyendo habéis de saber que voy a contar el desenlace de “Y Dios creó a la mujer”)
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Unas cuantas noticias, todas buenas.
La primera, que el señor Gregorio Morales ha escrito una crítica sobre “Eva, su manzana y el pecado”, y me ha hecho una ilusión que no os hacéis idea porque este granadino es erotómano consagrado, un experto de los de con mayúsculas. Por cierto, qué gracia me ha hecho la visión que tiene de mi sexualidad literaria.
Y ello me recuerda que os diga que ya he enviado los libritos a los que orgasmasteis en Erotómana, y que deberían llegaros en estos días (algunos ya me habéis dado el acuse de recibo).
Y más. Esta semana en Certo podéis leer los cuentos:
Y en la revista Sensuality -de venta en quioscos- de este mes saldrá un relato mitológico, y otro narrado en primera persona sobre un trío con dos gemelos relativamente apetecibles.
Y que me comentéis, joé. Que me hace ilusión, coño, que aquí cada vez entra más gente mudita, que se abstiene de hacerme cosquillas.
La sexualidad de la mujer embarazada
Ella siempre había creído que al estar con la barriga tan gorda perdería los impulsos sexuales, pero eso no ha sucedido ¡qué va! y la verdad, no sabe muy bien cómo tomárselo. Siempre había pensado que a las embarazadas les puede el instinto maternal y que sus deseos van más hacia comprar patuquitos y ordenar la ropa del futuro bebé. Quizás sea que ella no tiene tanto de matriusca, o quizás es normal, lo que es seguro es que sigue sintiéndose tan mujer como siempre y que sus apetitos de antaño se mantienen vigentes. Sin embargo ahora rechaza a su marido con más frecuencia. Conste que él no le hace ascos y todo indica que se lo pasa bomba cuando ella se anima a acomodar su inmenso cuerpo encima de él o cuando se le ofrece desde atrás, pero la verdad es que ella no se siente tan a gusto como antes y ahora le da bastante vergüenza mostrar su excitación. Ultimamente esconde sus deseos y se complace a hurtadillas, cuando no hay nadie en casa y puede relajarse a gusto.
Tiene las tetas preciosas ahora, redondas y bien gordas, con los pezones más oscurecidos. Además nunca antes estuvieron tan sensibles: no necesita más que soplarles para que se pongan en punta y estupendos. Se saca el sostén y las acaricia con suma delicadeza, recreándose en esa abundancia e intentando eliminar de su cabeza que la función de sus mamas será ahora hacer de biberones. Cuando por fin consigue centrarse en sus fantasías, coloca un cojín entre los muslos y se frota hasta alcanzar el clímax en apenas unos minutos de fugaces frotamientos, sin darle muchas vueltas al tema, casi disimulando ante sí misma.
Cuando termina respira hondo y se siente más relajada, pero le inundan las dudas y también surge algún arrepentimiento. “¿Qué clase de madre seré?” Esta embarazada, pobrecilla, vive su embarazo y su sexualidad en contradicción, cargadita de culpabilidad, pero bueno, por lo menos la vive.
Este cuento es una traducción de este otro en gallego, a ver si esta vez os convence más la traducción.






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