Cotilleo -padrísimo- (El gusto por la nalgada II)
(continúa desde “Donde menos se espera, salta la liebre“)
En la cafetería de la librería hay alguna gente, personas desconocidas que por algún motivo me resultan familiares. Me siento, miro la portada, leo la contraportada: “Rousseau es autor de escritos políticos capitales y de tratados filosóficos sobre la bondad natural del hombre … , bla, bla, bla”, abro el libraco -de unas mil páginas- paso del prólogo y voy directa a esas “Confesiones” de Rousseau, que comienza en su infancia. Llevo unas diez páginas del libro y después de avisar de que tratará de ser sincero en sus confesiones, suelta una tremenda campanada que llama poderosamente mi atención:
De igual modo que M. Lambercier sentía por nosotros el cariño de una madre, también tenía su autoridad, y la llevaba a veces hasta el punto de infligirnos el castigo de los niños cuando lo habíamos merecido… , ese castigo me encariñó todavía más con quien me lo había impuesto … porque en el dolor y en la vergüenza misma había encontrado yo una mezcla de sensualidad… ¿quién creería que ese castigo de chiquillo recibido por mano de una mujer fue lo que determinó mis gustos, mis deseos, mis pasiones, para el resto de mi vida?
Pero, ¿qué es esto que nos cuenta Jean-Jaques Rousseau? ¡su placer sensual pasa por ser cacheteado! Dios santo, nunca lo hubiera imaginado, ¿cómo es que no enseñan estas cosas en las clases de filosofía? me revuelvo en la silla, me acuerdo de vosotros: “¡Espera que se lo cuente a los tertulianos de Erotómana!”, levanto la vista del libro para frotarme los ojos por si lo que leo son alucinaciones y allí me encuentro al profe, dudando sobre dónde ha de sentarse, le saludo con una sonrisa pero no le doy pie a acompañarme, en este momento lo que leo me ha enganchado muchísimo y no deseo interrupciones. Sigo mi lectura:
…
En lugar de desvanecerse, mi antiguo gusto de niño se unió de tal modo
al otro que nunca pude apartarlo de los deseos que mis sentidos encendían … Así he pasado mi vida codiciando y callándome junto a las personas que más he querido. Al no atreverme nunca a declarar mi afición, la alimentaba al menos con relaciones que me permitían mantener su idea. Estar a los pies de una amada imperiosa, obedecer sus órdenes y tener que pedirle perdón eran para mí goces dulcísimos … por tanto, he poseído muy poco, aunque no he dejado de gozar mucho a mi manera, es decir, con la imaginación.
Flipo. Recordad que sigo hablando del influyente filósofo suizo, escritor de libros tales como “El Contrato Social” o “El Discurso sobre la Desigualdad de los Hombres”. Qué valiente ¿no? Bravo por él, después de toda su vida silenciando su placer, va y lo canta a los cuatro vientos para la posteridad ¡me conmueve tanto que haya limitado su goce a su imaginación!…
Leyendo tamañas intimidades de Rousseau, me he olvidado de mi entorno, de repente recuerdo al tipo que me ha recomendado el libro, lo busco con la mirada, ¡Oooh! Se ha ido. Lástima, me hubiera encantado agradecerle enfáticamente su recomendación. Rousseau me ha dejado meditabunda: ¿por qué resultan tan excitantes las nalgadas? ¿por qué se une tan alegremente el deseo a esa forma de sumisión en el caso de los azotados, a ese modo de dominación en el caso de los azotadores? Me dirijo a la caja, dispuesta a comprarme el libro, y cuando voy a pagar me dice la cajera:
- El chico que acaba de salir me ha dicho que si usted compraba “Las confesiones”, que le diera esto, la cajera me ofrecía un paquete con papel de su propia casa, es decir, el envoltorio de libro.
Orgasmos de procedencia.
Todos, absolutamente todos, procedemos de una unión genital con orgasmo. Generación tras generación los hombres eyaculan con placer para procrear. Gozó el antepasado relamido cuyo retrato guardamos en el cajón y también el otro que era un borrachín y murió pisoteado por un caballo, todos ellos crearon historia descorchando con burbujas.
Es, sin embargo, una lástima no poder asegurar que devenimos del
éxtasis palpitante de todos los participantes.
De ellas, de las tatarabuelas, no podemos saber.
Espero que sí.
Yo creo que sí.
.
.
Infidelidad moderada II. Un casado en cama ajena
(Si quieres leer la primera parte: Por qué es preferible un casado)
El caballero en cuestión me enamoró por su simpatía, por su amabilidad y buen criterio. Es un hombre atractivo, moreno equilibrado. Me buscó él a mí en el sentido en que me escribía y me enviaba canciones o melodías que terminaron por llamar mi atención y se entabló un diálogo mediante email del que a los que nos gusta leer -y escribir- somos tan aficionados.
Lleva toda la vida con su mujer, a la que quiere y con la que está muy unido según sus palabras. No parecía que le remordiera la conciencia al tirarme los tejos virtualmente cada vez con más alegría, y poco a poco, casi sin querer, fue creciendo la curiosidad y se fue acotando una fantasía y con ella el deseo.
Finalmente me decidí a coger ese tren que me llevaba a un pueblo intermedio a nuestros lugares de residencia y donde hay un motel precioso al que fuimos derechitos en su coche, sonrientes y muy contentos, ¡el contacto visual funcionaba!
Entonces nos pedimos una paella a la habitación -eran las dos de la tarde- y un rioja rico que tomamos en la mesa camilla al lado de la ventana y charlamos amigablemente hasta los postres. Ya entonces yo había colocado mis pies en sus rodillas para que los masajease. Mis piernas, vestidas con medias color vino con encaje en la altura de los muslos llevaban un rato con ganas de abrirse. Me acerqué a su boca y nos besamos con gran gusto y nos palpamos con gran deleite y me desnudó, empeñado en que yo alcanzara mi placer anticipándolo al suyo.
Este hombre, que hacía tanto que no cataba mujer que no fuera su esposa,

"El virtuoso" Sara Sandkova
gozó largo y tendido con mis esencias y rocíos, con la textura de mi piel, con mis formas femeninas, pero no consiguió que su pene aumentase de tamaño, ni cobrase rigidez. Su miembro se negó a estimularse. Supo hacerme gozar – ¡menudo abanico de recursos!-, y de llevarme una y otra vez allí donde les encanta llevarnos y nos chifla que nos lleven. ¡Vive dios que gocé de su cuerpo! varón sabroso, hombre viril. Lo pasamos de vicio, entre risas y caricias. No disponíamos más que de cuatro horitas que se esfumaron volando aunque, por otro lado, ese lápsus, intermedio extraordinario en nuestra rutina, nos cundió de lo lindo.
Pese a la alta dosis de excitación y a nuestra dócil sumisión al carpe diem, su falo persistió en una terquedad blanda. En la próxima entrega os hablaré de lo que considero han sido las causas de esta impotencia circunstancial que no es ni la primera ni la segunda vez que me encuentro, si no al contrario, es hecho habitual en encuentros fortuitos con exceso de excitación y está estudiado y analizado por un montón de licenciados expertos.
(Para leer el desenlace: Desarreglos sexuales de los casados infieles)
La tragicomedia en el sexo.
Otra entrada está siendo víctima de un ataque de spam (cialis, viagra, cialis, viagra, ¡qué pelmas!). La elimino y vuelvo a colgarla. Esta historia fue meneada en su día y me trajo muchísimas visitas. Aquí queda:
……………………………………
La tragicomedia es un género poco común en el entorno de la literatura erótica, y sin embargo… ¡Tan habitual en la vida erótica de cada cual!
¿Acaso no es un drama que un hombre eyacule a borbotones en cuanto su capullo asoma en la vagina de la mujer? Es trágico, pero ¡qué gracioso ese hombre abandonándose todo del gustito que le da el acercamiento a vulva calentita!
¿Acaso no es una tragedia que alguna mujer insista en fingir sus orgasmos? Dramático, pero ¡qué enternecedoramente simpática con sus suspiros ensayados, con sus gestos forzados!
El video que sigue ha conseguido que me ria a carcajadas, pero también me conmueve este tortuguito cachondo, con sus gemiditos.
Textículos.
Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, es un librito que propone un ejercicio de visualización evocadora de estímulos sensoriales, imágenes cargadas de olores, de sonidos y de arquetipos ancestrales. Lo suyo es leer los cuentos y cerrar los ojos para vivir sensualmente eso que el autor nos dicta. La prosa es dulcemente poética y consigue la integración de situaciones corpóreas con la naturaleza bucólica. Como ejemplo, la siguiente descripción donde una erección masculina se percibe casi como una manifestación vegetal a la que acude, juguetona, una mariposa que revolotea alrededor del miembro, como si de una flor se tratase, hasta que se acerca para libar en la minúscula boquita:
“Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven descuidado, tendido al sol. Es bello como las montañas, lozano como los miembros que crecen entre sus miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y definitiva. Adán en el paraíso. Que duerme en la luz como si fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos. Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote nudoso de la higuera”.
En el prólogo, Bozalongo cuenta que concibió estos textos para ser llevados a la
pantalla. Sorprende: no hay diálogos y apenas acción. Sin embargo creo que sería preciosa una película -bien hecha- basada en estas ideas, estaría en la línea del parsimonioso cine oriental, pero en este caso con simbología occidental -la manzana, Blancanieves, Adán, la sangre, la miel …-
El libro es una cucada: papel precioso, letra coqueta, maqueteación impecable y una linda imagen en la portada que continúa sorpresivamente en la contraportada. Os dejo exclusivamente el anverso, para no quitarle el gusto – a quien lo vaya a tener en las manos- de descubrir la parte trasera donde hay una imagen obscenamente explícita. Un primer plano que estoy convencida de que aquel que la vea -y disponga de cierto sentido estético- convendrá en que la posibilidad de arte pornográfico es indiscutible.
Bozalongo además de escritor es editor. Podeis hacer un seguimiento de su actividad en el blog Papeles de Casa Vigo, o en su Perineos, al que se accede bajo invitación -que concede con sólo solicitarla-. Un buen sitio a visitar para los que nos consideramos erotómanos.
Mi carta para Sus Majestades Los Reyes Magos.
Queridos Reyes Magos:
He sido bastante buena, me he portado amablemente con mis semejantes y he dado gusto a un puñadito. No creo que peque de soberbia al decirlo. Os estoy muy agradecida porque me cumplisteis casi todos los deseos que pedí el año pasado en relación a mis sueños literarios, Erotómana funciona muy bien y mi colaboración con Sensuality y con Certo también, siento que mi trabajo es valorado. A mi vez, no he sucumbido a la pereza y he trabajado con tesón, por eso quiero pediros que ahora mi literarura empiece a rentarme. No es que pretenda hacerme ambiciosa económicamente, en absoluto aspiro al oro con que regalasteis a Nuestro Señor, sólo a un saquito de plata que subvencione mi trabajo. Daos cuenta de que este hobby me acarrea unos cuantos desembolsos, necesidades si quereis prescindibles pero, ¿qué le queda al sexo si le quitamos lo supérfluo?
Infraestructura multimedia aparte, he de conseguir libros para ampliar mis lecturas, he de enriquecerme viajando a los museos eróticos del mundo, exposiciones o convenciones, he de vestir braguitas lindas, sandalias de sueño, cuidar mi piel, quiero hacer un máster sobre sexualidad y aprender francés para leer a los grandes en versión original… y luego está Lipa, quiero invitar a Lipa Benet a un balneario para centrarnos a crear a gustito. Daos cuenta, queridos Reyes Magos, que ejercer de erotómana resulta carísimo y yo quisiera ir dando pasitos para llegar a ser de esa gente suertuda que gana su pan haciendo lo que le gusta. Conste que no es envidia lo que siento por los que viven de su arte, y jamás siento ira por no ser yo una de esas afortunadas personas. Pero me encantaría y me lo pido. En cualquier caso lo que suplico con verdadero fervor es un buen lote de fantásticas ideas deliciosamente lujuriosas, animosamente lujuriosas y buen gusto para expresarlas porque, sin eso, todo lo anterior es agua de borrajas.
Ya a nivel íntimo quisiera pedir … Ya que encarnais en número tres, quisiera pediros tres varones para mí sola, pero no uno a uno: a la vez, los quiero a la vez, es decir, tres hombres con sus tres cuerpos -no hablo de magias raras al estilo “tres en uno” como la santísima trinidad-. (Dos ya los disfruté airosamente, ¿recordais?) No es por avaricia que quiera el trío, no tengo intenciones de quedármelos, sólo un ratito, una noche, una tarde… Es que creo que ya estoy preparada para enfrentarme a esa cantidad de virilidad, pero si es muy complicado me conformo con que me traigais aquello que ya llevo unos cuantos años pidiendo y nunca me concedeis: el negrito, Baltazar, acuérdate del negrito. A ti me encomiendo muy especialmente, a ti que tantas veces me tuviste sentada en tus rodillas.
No es que sea racista y vaya a hacer discriminación positiva a razón de la piel: el negro ha de ser cariñoso y simpático como los demás. Y no creais que es gula lo que me mueve, no es necesario que tenga un banquete el negro entre las piernas, con que tenga un modesto festín es suficiente.
(Sé que traerme al negro en el lote de tres puede ser una posibilidad práctica, pero no, con el negro no deseo dispersarme).
Como todos los años, pido paz para el mundo, imaginación y arte. Sexo alegre para los que quiero, si tienen sexo dichoso es que lo demás va viento en popa. Para mis lectores pido inspiración divertida para que me comenten, si tienen inspiración divertida es que las cosas marchan para ellos.
Y ya, me despido con resumen para que os quede clarito:
. Ideas maravillosas para escribirlas (a poder ser que coticen).
. Tres hombres (encantadores) y/o un negro (majo).
. Buen rollito pa to quisque (yo incluída).
A sus pies:
S. M.
De vuelta al ruedo
Hoy doy por finalizada mi vacación y retorno cargadita. Y es que el descanso me ha cundido ¡vaya que sí! He tenido una suerte tremenda con las lecturas que he escogido: Historia de O de Pauline Réage, Textículos de Carlos Bozalongo y El Mal de la Muerte de Marguerite Duras, literatura de la que os hablaré en las próximas semanas y de la que disfruté a tope en mis siestas invernales. Y es que en las melancólicas tardes frías y lluviosas en las que se escucha el silbido del viento y el repicar de la lluvia en los cristales, me encanta dedicarme a la lectura erótica ¡qué gusto estar calentita en casa cuando afuera hiela y ventea!
Sigo un protocolo de acción, me desnudo íntegra, me sirvo un licorcito y me tumbo
sobre mi vientre cerca de la chimenea rodeada de cojines y almohadones para empaparme bien a gusto de la sabiduría que esos libros me proporcionan.
Claro que no han sido solamente las lecturas mi compañía, la chorra es que dispuse de un amigo discreto, casi virtual, uno de esos amantes que se están calladitos y actúan con delicadeza infinita, casi con distancia. Mi amante, el discreto, conoce mi juego y sin decir esta boca es mía se acerca a donde estoy leyendo absorta y se acomoda a horcajadas apoyando sus glúteos en mi mullida posadera. Sin abrir el pico se dedica a masajear mi espalda. Él es un hombre silencioso que se concentra en su tantra interior dejándome mi propio espacio para concentrarme en mis estudios y reflexiones. Sin molestar, coloca su miembro fláccido -todavía-entre mis nalgas inmóviles -todavía-. Por descontado, disfruto sintiendo las manos ásperas en mi piel y también sintiéndole crecer allí atrás. Pero no presto demasiada atención, prefiero adentrarme en las fantasías de esas gentes que tuvieron el gusto de contárnoslas, ideas que estimulan mi imaginación y provocan que me esponje y me dilate, mi mente al alimón con mi cuerpo. Mientras tanto el tallo ya crecido, como quien no quiere la cosa, va penetrando en mí por propia ergonomía, casi sin querer.
Entonces abandono la lectura ya, y mi mente vuela al tiempo que mi pelvis cabalga. Puedo ser cualquiera ahora, y cualquiera puede ser mi amante, quizá el protagonista de la novela, o su autor, puede ser una vieja pasión o cualquiera de vosotros, ninguno estais libres de ser follados y usados, folladas y usadas por mí, dentro de mi cabeza…
En cualquier caso, mi excéntrico interés sigue teniendo su diana en deleitaros sensualmente por medio de palabras, en estimularnos juntos al literario modo y para acceder a algunas de mis fantasías no os queda otra que ir al quiosco y comprar la revista
.
Este mes podreis encontrar la fantasía de una ONG masculina que se dedica a cumplir los anhelos sexuales de mujeres necesitadas, juguetonas o sencillamente viciosas. También encontrareis el relato mítico basado en Príapo, dios lascivo de proporciones fálicas desmedidas. Eso en lo que a mi colaboración se refiere.
Un beso para todos y para todas, a ver si en el 2010 conseguimos adentrarnos un poquito más en las voluptuosidades humanas, en los placeres antropológicos, y gozar con ello.
.
(La imagen es regalo de Tiberio)
Jubileo caliente
Me chiflan las nuevas relaciones que se crean en la red. Lógicamente, como en la vida real, no son tantas las amistades que prosperan. Pero en algunos casos la complicidad, incluso el afecto, va cobrando cotas cada vez mayores y llega un momento en que apetece muchísimo dar el salto y encontrarse frente a frente.
Con estas amistades tan peculiares, sean femeninas o masculinas, hablo de sexo y a veces lo practico virtualmente. Supongo que también lo haceis muchos de vosotros, pero en mi caso está doblemente justificado: ya que he emprendido los estudios de “erotomanía”, he de alimentar mis conocimientos y los que prefiero son aquellos que proporciona la investigación de campo. Soy bastante perfeccionista en este asunto y mimo mis relaciones virtuales tanto como las reales. Dar el salto es todo un reto porque se arriesga la relación, puede pasar que se desvanezca el encanto, por ello sólo doy el paso cuando tengo bastante claro que la atracción va a seguir funcionando con los canales de comunicación sexual tradicionales. He de felicitarme por mi buen ojo porque todavía no he vivido un fiasco.
Pese a que comparta muchas cosas, para salvaguardar mi anonimato me mantengo firme en mi propósito de no enviar imágenes explícitas de mi persona y ello aumenta el que vaya a esos encuentros como un flan, me invade la inseguridad. Es factible que mi físico defraude: la fantasía suele superar a la realidad y yo me he labrado a punta de teclado una fantasía que a mucha gente le resulta interesante y me creen un bombón. Pero hete ahí que detrás de la supersusana, starfoot y reina del erotismo, se esconde una mujer corriente y moliente, sencilla de pies a cabeza. Soy consciente de que en el desvelo de mi imagen va a haber un momento de shock en que ajustarán la ilusión con la realidad. Aunque me incomoda ese momento me mentalizo mucho para disfrutarlo.
El último de estos encuentros a ciegas lo hice con una pareja muy bien avenida y el lugar que decidimos para encontrarnos fue la catedral de Santiago, que es un lugar sumamente mágico y está siempre lleno de vida, con peregrinos de aquí y allá, hombres y mujeres que por distintas motivaciones acuden al templo donde descansan los restos del apóstol matamoros. Los motivos de la divertida pareja y los míos eran, a todas luces, diferentes a los de la mayoría. Nosotros queríamos ponerle un puntito morboso a un encuentro largamente deseado, salpimentar la puesta en escena de una amistad cincelada con palabras e ideas. El juego consistía en reconocernos paseando por los pasillos del sacro mausoleo, lo cual provocaría mucho misterio a la cita. Yo, en vez de acudir arreglada con la indumentaria que se supone para una cita seductora, me disfracé de peregina. Las ganas de jugar vencieron a mi natural coquetería, descarté el vestidito y los taconazos para ponerme unas deportivas desgastadas y vaqueros de media pierna, de esos que no favorecen precisamente. Camiseta de algodón, jersey de lana. Bastón y mochila completaban mi atuendo, el pelo recogido en una coleta y las tetas sin sostén. A diferencia de otros peregrinos yo olía limpita y perfumada, mi melena brillaba y la piel lucía perfectamente hidratada.
En cuanto entré en la catedral por la puerta lateral, les distinguí a lo lejos, supe que eran ellos y entonces me dediqué a camuflarme y a hacerme la despistada. Con la mirada inquieta paseaban cogidos de las manos, ella, morena poderosa, realzaba sus caderas con pantalones ceñidos que prometían unas nalgas de negra en carnes blancas. Para mi redoblado regocijo, también los pantalones de él dejaban adivinar sorpresas mullidas en forma de glúteos masculinos.
Me arrodillé en un reclinatorio como quien ora en silencio espiando a la atractiva pareja que son mis amigos y que tienen inquietudes sexuales muy similares a las mías. Me cosquilleaba el vientre. Ellos, se me antojaba ahora, podrían haber sido los mismísimos Adán y Eva, aquellos que se paseaban por el Edén ajenos a toda culpa, Adán tranquilo antes de morder la manzana, Eva relajada antes de tentar con su manzana.
Me miraron, pero me descartaron. Hasta tres veces me descartaron, entonces me levanté y con mi bastón comencé a seguirles. Disfruté muchísimo del paseo voyeur. Teneis que pensar que yo conozco muy bien las intimidades de esa pareja tan bien parecida, que yo había visto sus cuerpos desnudos en imágenes exhibicionistas, teneis que pensar que les deseaba de antemano, habíamos mantenido excelentes conversaciones excitantes y ahora sus andares, sus traseros concretamente, provocaban mi sonrisa, y ya ellos comenzaron a sospechar de mí. Entonces, como pavitos, se lucían, paraban delante de las imágenes de los santos y las miraban con seriedad artística girando levemente la cabeza para asegurarse de que yo les perseguía, de que yo les miraba, de que yo era yo.
Les observo y recuerdo sus secretos, sé, por ejemplo, que él es un pedazo de pan y que además dispone de tremenda barra doradita. Y sé que le gusta ofrecerla completamente desnudo, acuclillado sobre sus talones en el borde de la cama, apoyadas las manos a los lados de los pies, reclinado el cuerpo hacia atrás, de modo que la baguette se dispara hacia delante, con los sacos colgando. Es dadivoso con sus dones para que ella, bollito de crema, de rodillas en el suelo meriende el bocadillo con toda comodidad. Juegos de pareja que me habían narrado, costumbres adquiridas que entretienen a este par de pimpollos que caminan delante de mí como si nada. Sé que a ella, en cambio, le gusta alimentar a su chico sentada a horcajadas encima de la cabeza del panadero. Que pobre cabeza, pienso, porque en las fotos que yo había recibido estaban muy bien disimuladas las cachas de la jamona ¡Menuda hartura, muchacho!
A Eva, sin duda la más inquieta de los dos, se le escapa una risa nerviosa sintiéndose observada y sus andares son ahora un poco exagerados -tremendamente voluptuosos- hasta que decide repentinamente darse la vuelta para que ser ellos los que me siguen a mí, de forma que yo también me giro y me dejo mirar
Si lo que vieron les gustó o no les gustó, tendrían que decirlo ellos, pero, a razón de los acontecimientos posteriores, creo que no les desagradó mi paseo respetuoso de peregrina devota que, toda ilusionada, está a punto de ganar el jubileo.
……
(Para los no conocedores de la regalía que supone el jubileo, diré que proporciona ni más ni menos que indulgencia plenaria, es decir, es un acto que tiene la gracia de borrar todos los pecados cometidos hasta entonces, dejando el alma dispuesta para entrar inmediatamente en el cielo).
.
.
.
Clases de cunilingus
En general, cuando un hombre se decide a practicar un cunnilingus le pone muchas ganas, se esfuerza y da lo mejor de sí, a veces incluso se desgañita por favorecer el orgasmo en el panal que tan rico le sabe. El varón suele poner especial interés en esta acción y, con su lengua a tientas, se pasea por los intríngulis secretos de la mujer que, confiada, yace a expensas de lo que se le ofrezca. Algunos preguntan, dicen:
-¿Te gusta así?
No es fácil explicar, no es sencillo dar clases de cómo realizar un buen cunnilingus, no tanto. Es mucho más sencillo enseñar a hacer una felación. Daos cuenta de que con toda facilidad tomamos un objeto de forma fálica y ensayamos los gestos cómodamente visibles. Imitar los gestos que ha de hacer un hombre con su lengua en la vagina resulta más difícil por la propia fisonomía ambigua de la vulva.
Mi propuesta es que el hombre investigue con la práctica prueba-error concentrado en sus
movimientos y sobre todo en lo que ellos provocan. Ha de fijarse en dónde conviene girar en círculos y la presión adecuada para realizarlos. Ha de estudiar cómo aletear la lengua, el ritmo correcto en las lamidas longitudinales, la intensidad satisfactoria en las trasversales … Por supuesto, ha de prestar mucha atención a las palpitaciones de los músculos vaginales, a la tensión del clítoris y a la contracción-dilatación del ano…
.
Y bien, ésto que acabo de decir es una tomadura de pelo. Estos consejos no son más que tonterías. Mi invitación real es que saboreeis la almejita relajándoos en el lamer, disfrutando de su sabor a fondo de los mares, embriagándoos con su perfume primitivo y olvidándoos del mundo exterior. Si disfrutais del beso, por regla general, nosotras también… ¿O no?
Alfred C. Kinsey o Dr. Sex
Saber de la sexualidad ajena es siempre un gran misterio porque es una actividad que se realiza mayormente en privado, sólo las confesiones nos permiten saber cómo viven su sexualidad los demás. Kinsey, psicólogo norteamericano, realizó investigaciones sobre el comportamiento sexual humano basado en entrevistas personales. Sus investigaciones parece que adolecen de algunos problemas metodológicos, a pesar de ello, los resultados han coincidido en gran medida con posteriores estudios sobre la conducta sexual y su gran mérito es el haber sido pionero.
La obra de Kinsey quedó recogida en dos libros: El comportamiento sexual en el hombre publicada en 1948 y Comportamiento sexual en la mujer, publicada en 1953. Para llevar a cabo sus investigaciones en tan espinoso asunto entrevistó a más de 10.000 personas personalmente y realizó un estudio de porcentajes muy polémico acerca de la masturbación, la homosexualidad, o el bestialismo, llegando a la conclusión de que cada individuo desarrolla su propia sexualidad, con una amplia gama de diferencias en cuanto a frecuencias, edades de iniciación, modos y fantasías. Confeccionó la Escala de Kinsey sobre la heterosexualidad-homosexualidad, donde el grado 0 manifiesta una heterosexualidad completa sin ambajes y el 6 una homosexualidad exclusiva. Kinsey afirma que la mayoría de las personas nos encontramos dentro del número 1 o 2 en su escala y que el grado varía de un momento a otro de nuestra vida.
La película “Kinsey” lleva a la pantalla la vida del científico -rebautizado como Dr. Sex- . Excelentemente interpretada por Liam Neeson, está muy bien llevada y se recrea en la personalidad de este hombre riguroso y meticuloso nacido en el seno de una familia ultraconservadora que hubo de enfrentarse a los academicistas de la época para dar un poco de luz a los escondrijos sexuales, secretos de alcoba que todavía hoy día siguen siendo, en gran medida, misteriosos.
…………………………..
…………………………..
Ya como guiño para los lectores de Crisol Púbico, analizaré a los personajes de esta historia según la escala Kinsey. Recordatorio: la gradación va del 0 al 6, 0 indica heterosexual puro, 6 homosexual exclusivo. Vamos allá:
Laura en estos momentos podemos decir que está al nivel cero, sólo vergas y falos, pollas y carajos pueblan sus fantasías, la mayor parte de ellas en forma de sueños. Daos cuenta de que está loquita por Víctor y que es su naturaleza más primitiva la que demanda monta, instintivamente con fines reproductivos. En este estadio de su vida, Laura es una gata en celo. Sólo un buen garrote saciará su sed.
Víctor, por su parte, es heterosexual flexible en segundo grado. Son las nalgas femeninas su fetiche supremo, o mejor, ese triángulo mágico que se puede ver en el centro de ellas cuando la postura es de perrita y asoma por detrás el conejito, esa imagen es la que más veces ha llevado a Víctor a derramar su sabia. Pero no hemos de obviar que a veces, cuando se cruza con el hermoso Ismael, la belleza andrógina del marica le inquieta en cierto modo y estimula su deseo, con que le ponemos un uno en la escala.
El ex marido de Carmen mantuvo una relación homosexual en tiempos de los guateques progres. Un melenudo muy colocado se la mamó. El ex recuerda esa experiencia y todavía se empina, pero no ha puesto energía en volver a conseguir una felación procedente de labios masculinos, por lo cual le ponemos un dos, o sea, es un heterosexual flexible en primer grado.
El remero guapo Ismael es un cinco, casi seis, él valora estéticamente el cuerpo de la mujer, pero si alguna le levanta la libido es porque su aspecto es masculino. Sin ir más lejos, la machica prima de Laura podría excitarle si en vez de vigilar obsesivamente a Kinki se fijara en el trasero estrecho y duro de la sáfica. Ella es gay- gay y le gustan las chicas muy femeninas, particularmente con grandes senos y pezones de galleta maría, le atraen las caderas redondas y las vulvas de labios generosos. Su novia, la flautista, en cambio está en el tres, es una mujer muy versátil que se entrega a los goces de la carne con toda frescura y disfruta practicando sexo oral tanto si es cóncavo como si es convexo.
El viejo está en el uno, él ha pasado mucha hambre de coño y desea mujeres, no digo que allá en su adolescencia no haya tenido sus fantasías con otros muchachos, pero quedaron ahí, y ahora es el cuerpo de la hembra su foco de interés.
Para desgracia de Ismael, Kinki está al nivel cuatro, homosexual flexible de segundo grado. Debido a lo bien servido que está de macho, su interés por el sexo opuesto va in crescendo. Ultimamente, cuando inserta el manubrio entre las nalgas de su novio, cierra los ojos e imagina un cuerpo al que le cuelguen protuberancias brincadoras en el torso, mejor que en la entrepierna.
Carmen prefiere percebes a almejas, lo cual no quita que sepa gozar de un cuerpo con concha. Ella ha tenido la suerte de participar en varias combinaciones “dos contra uno” y sin dudarlo se queda con los tríos en los que hay doble ración de morcilla, con que le concedemos un dos.
La mujer del viejo es un cero, ella se ha dedicado invariablemente a desear a su cuñado en exclusividad. Toda una santa vida con un persistente deseo monocromo, un extraño caso de fidelidad de pensamiento, palabra, obra, incluso omisión. En eso coincide con su amante, él también se excita consigo mismo, concretamente con su polla. No ha habido una sóla vez en la larga carrera de orgasmos del carnicero que cuando se corre no haya mirado hacia abajo, disfrutando de la visión de su miembro erecto, fetichista narcisista de su propio rabo, al que le chifla recrearse en su propia eyaculación convirtiéndose ésta en origen y fin de muchas de sus erecciones.
…………………………………….
Este cuento es el número 21 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
……………………………………….
Si te apetece, envíame alguna imagen que adorne este texto a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían.
Los Cornex, envían la puntuación de Audrey y foto ilustrativa hicieron en el parque de la ciudad universitaria de Madrid:
Tirachinas sueña con imágenes como éstas:
Tiberio (con su título):
Ana, dice que espera que estos chicos estén por lo menos en el dos:
Fernando Lobato me envía la imagen del rostro de Kinsey, al Neeson que lo interpreta, y un chiste:











RSS

