La tragedia de Eloísa y Abelardo. José Luis Corral
Pedro Abelardo el Palatino (1079-1142) escribió en 1134 una larga carta dirigida a un amigo anónimo que tituló “Historia Calamitatum” en la que este filósofo narra sus peripecias vitales y sus amores con Eloísa. José Luis Corral, maestro de la novela histórica española, toma el papel imaginario de ese amigo para narrarnos con cercanía y en primera persona, la apasionante vida de Abelardo. Se recrea además en el entorno social y cultural del París de la época, en una historia de amor que ha trascendido en el tiempo y se ha convertido en adalid de amor romántico y terrenal.
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Entrevista de Certo a Susana Moo con motivo del segundo cumpleaños de Erotómana.
Traca de fiesta.
Erotómana cumplirá 2 años el próximo domingo, 25 de julio, día de Santiago Apóstol, -festa rachada en Galicia- .
Para celebrarlo voy a hacer una especie de traca con un maratón de capítulos de Crisol que caerán cada mañana, a uno por día, de lunes a sábado. Durante esos días, prefiero que no dejéis comentarios aquí.
Quiero untaros bien de mantequilla en forma de cuentos para que el 25 de julio me déis vosotros a mí mermelada.
Si es cierto que la contención aumenta el éxtasis, la idea es que reprimáis vuestras lenguas y vuestras manos hasta el domingo que estaréis ya ansiosos, deseosas, ¡ávidos! por expresaros aquí. Entonces, os cederé la palabra.
Delirios orgásmicos
A veces temo un poquito por mi salud psíquica y me asusta que me pueda pasar como a don Quijote y pierda la razón con tanta lectura voluptuosa que me inflama las molleras. Quizá exagere, pero debéis saber que soy de condición romanticoide, lo cual unido a una sensualidad cascabelera y a una cabeza un poco destornillada, hacen que mi imaginación se dispare loca y soy proclive caer víctima de delirios orgásmicos. De vez en cuando he de echar el freno si no quiero despeñarme.
No soy la única, por supuesto, y mi siglo tendría que haber sido el XII aquí en Europa. Si yo hubiera nacido en esa época del medievo, allí donde el amor era cortés, hubiese sido carne de convento porque estos sentimientos que me invaden son una especie de neurosis de amor y deseo que bien se pueden confundir con fervorosa fe religiosa. En el siglo XII, en los conventos, las monjitas se dedicaban exclusivamente a recrearse en esas pasiones -a veces muy morbosamente- y las chicas más románticas y apasionadas eran víctimas fáciles de caer en la tentación de ingresar en clausura para abandonarse de por vida a alimentar ese éxtasis místico.
Debía ser tan común, que mirad una carta modelo de la época, que escribió un anónimo de aquellos tiempos tratando de disuadir a una mujer, para que no tome los hábitos:
El canto de la tórtola, o más bien del cuco, se ha extendido por toda la región. Proclama que, renunciando a los encantos del mundo, os proponéis tomar los hábitos y vivir enclaustrada entre mujeres jorobadas, cojas, bizcas y de corva nariz. ¿qué honor os quedará cuando tengais que encender los cirios, hacer sonar las campanas, consultar los libros y cantar en voz alta el aleluya? En efecto, veréis a numerosas jóvenes que nunca podrán rivalizar con vos en belleza, engalanadas de caros ropajes, cantar al son de tamboriles y haciendo coro con caballeros, eso de “palmero nacido en el Paraíso y ceñido de flores”, y mientras tanto, vos, con vuestros negro hábitos, cantareis un requiem eternam cloqueando entre monjas viejas. Así que renunciad a un destino semejante, porque yo estoy listo para tomaros por esposa en cuanto deseéis.
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El texto lo he copiado del libro “Palabras de Amor” de Jose Antonio Marina, del cual he realizado una referencia para Masquepalabras ( podéis leerla pinchando el enlace).
Donde menos se espera, salta la liebre (El gusto por la nalgada I)
La anécdota que os voy a narrar no es, posiblemente, tan espectacular como pueden llegar a serlo mis cuentos. Pero es que en este caso me ceñiré a los acontecimientos tal y como sucedieron y no le añadiré azúcar a la historia, de por sí un tanto extraña. Os cuento.
Cuando dispongo de unas horitas libres, me chifla ir a una librería grande, de esas con cafetería incorporada, a pasar el tiempo buscando y rebuscando lecturas de mi interés. Como la sección (mini) de libros eróticos ya la tengo más trillada que qué, el día de marras me fuí a la sección de filosofía. Allí, entre montones de tochos infumables, merodeaba un tipo. Tras echarle una rápida visual por el rabillo del ojo, me hice idea de su perfil: típico profe de instituto, estilo progre, que casaría como anillo al dedo dando clases de filosofía o de historia, con sus gafitas y la barba recortada, el bolso cruzado y la figura del que pasa mucho tiempo ejercitando exclusivamente los músculos del cerebro.
El filósofo tenía muchas papeletas para resultar un plasta en toda regla, pero ¿quién sabe? A veces con alguno de estos intelectuales te mondas de la risa. Desde luego, a razón de los manuales que ojeaba con concentración numismática debía ser listísimo, y eso puntúa.
Sin embargo, el profe empollón perdió esa concentración sesuda cuando, como quien no quiere la cosa, buscando libros allí justo donde los buscaba él, me acercaba a su cuerpo un poquito más de la cuenta, un pelín más pegada de lo que marca el protocolo, con la intención de poner en la palestra -una vez más- mi capacidad de seducción y cerciorarme de que permanece activa y de que funciona como un reloj. Funcionaba a buena fe y ya me animé:
-¿Me recomiendas uno?, le dije sin pensarlo demasiado.
Casi se asusta el pobre, y tartamudeó un poco.
- ¿Uno? Pero ¿qué buscas?
Le sonreí y me tomé mi tiempo para contestar.
- No sé …, uno que hable de la vida con sencillez (no era plan explicarle que me gustaría encontrar un texto que trate la cosa sexual desde alguna visión filosófica sorprendente).
Paseó su vista por los estantes y fue derecho a uno:
- ¿Conoces “Las Confesiones” de Rousseau?
- No… ¡con ese título tiene buena pinta! voy a echarle un ojo en la cafetería antes de decidirme a comprarlo. Gracias.
- De nada.
Me di la vuelta con la seguridad de que el filósofo escrutaba mi retaguardia – con concentración numismática- y me aposté a mí misma que antes de diez minutos él estaría acompañándome en el café (¡Cuánta vanidad!).
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Os preguntareis qué diantres tiene que ver esto con la flagelomanía, esperad y vereis. Si hay algún listo (o lista) por ahí que se haya dado cuenta de por donde voy a ir, que me haga un guiño y se esté calladito, no me vaya a destripar el cuento.
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Continua con Las Confesiones de Rousseau
Regalo lecturas eróticas y en serio creo que es el mejor regalo.
Desde que inauguré Erotómana he estado entusiasmada escribiendo, imaginando, estudiando y expresando lo que aprendo. He escrito tanto en estos diecisiete meses que ni yo misma me lo creo, aquí, en Certo, en Sensualitys,… relatos, mails, entrevistas, cuentos, historias y chismes. No ha pasado un dia sin que le arrancara un ratito para escribir, momentos pellizcados porque esta afición, desgraciadamente, no coincide con mi carrera profesional, la cual me ocupa un montón de tiempo.
He intentado varias veces tomarme con más calma mi prosa, pero eso va en contra de mi propia naturaleza pasional. Escribir un cuento cada quince días, con calmita, sería idóneo pero me resulta inviable a consecuencia de mi temperamento creativo impetuoso. Si me meto, me meto de cabeza, si no, abandono.
Y claro, llega un momento en el que me agoto, me invaden sentimientos contradictorios y me pregunto ¿Te compensa, Susana, tener siempre la cabeza en las nubes? ¿merece la pena alimentar esta pasión? ¿no sería más práctico dejarse de tanta fantasía, sueños literarios, y pisar barro?
El que apenas nadie de mi entorno sepa de esta vocación hace que la viva como un
amante secreto muy absorvente y me supone no pocos desvelos y un cierto desgaste afectivo… Me resultaría más sencillo que me diera por escribir en otro orden de cosas, a saber, novela histórica o negra, escritos que pudiera presentar a concursos con mi nombre real, dárselos a leer a mis colegas … pero no hay tutía, me inspiro exclusivamente en lo sensual, en los sentimientos que mueve Eros. No sé explicar porqué, es algo que me viene impuesto, como el color de ojos o la estructura de mis pies. Lo he intentado, me he esforzado en idear una historia “pagana” y tengo varias comenzadas, pero mi pluma acude a lugares tan comunes que bostezo al quinto folio. De modo que vuelvo allí donde mi imaginación crece, allí donde disfruto, me esponjo y fluyen en comunión la miel y las ideas, entonces me apasiono y no paro y de repente me apetece un descanso.
Si os cuento todo esto es porque voy a tomarme ese respiro. Lo cierto es que no tengo que justificarme porque me vaya a coger unas vacaciones, pero sois mis lectores, sois con los que comparto esta pasión loca y quiero traeros en palmitas. Me voy a tirar a la bartola, pero os dejo un regalo. Me abstengo de felicitaros las fiestas, pero cumplo con el rito del regalo liberando el libro que tengo publicado en Bubok y lo cuelgo aquí en formato pdf. La versión original es en gallego y os lo dejo íntegro. Para los que no entendeis gallego, he traducido uno de los cuentos (o capítulos: son relatos hilados, como los de Crisol Púbico) al castellano. Lo escribí hace dos años, antes de empezar con el blog, cuando todavía no me conocíais, lo hice con la ilusión de presentarlo para un concurso, pero fue desclasificado porque no envié nombre, ni apellidos, DNI y toda esa información que exigían y que yo no quise dar. Sigue gustándome, creo que tiene su gracia. Recuerdo que cuando lo escribía se alternaban mis risas y mis calores, no sé si habré conseguido comunicar mi alegría de aquellos días. Ojalá os animeis a leerlo, y a darme vuestra opinión -¿merece la pena que siga traduciendo?- daos cuenta de que yo trabajo por amor a la palmadita, a la palmadita en la espalda, y ésto que os regalo hoy, me lo he currado.
En gallego:
Fantasias_Eróticas_Para_Paspallás
En castellano:
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…………………………¡Disfrutadlos porfa!……………………….
La madrastra, jodienda animal y la ninfómana olímpica.
Como vengo anunciando desde hace unos meses, colaboro para la revista Sensuality.
Este mes me recreo en la diosa Eos, la bella ninfómana olímpica. Además, cocino una receta de
fantasía, en este caso la preparación de una magnífica jodienda animal simulada, un juego de rol en el que me meto de lleno a hacerlo cual animalito salvaje.
Y como colofón, Sensuality regala un libro de relatos eróticos, todos escritos por mujeres, entre las que me encuentro. El mío se titula “La madrastra” y es una traducción de uno de los relatos del libro que tengo editado en gallego “Fantasías eróticas para paspallás” que, como Crisol Púbico, son relatos hilados, más extensos, que se pueden leer individualmente sin que pierda sentido. Yo creo que os va a gustar. De todos los cuentos que he escrito “La Madrastra” considero que es uno de los mejores.
La mujer del viejo
Lo que menos se puede imaginar el viejo es que su mujer le ha sido infiel. No se lo puede imaginar porque la considera inepta sexualmente, como si en su útero hubiese algo estropeado.
Y sin embargo ella ha cometido infidelidad reiteradamente y no pudo ser con otro más que con su cuñado, el carnicero. El viejo intuitivamente no soporta al cuñado seboso –ha engordado muchísimo de unos años para acá- pero no se puede imaginar las causas de su antipatía.
Cuando su mujer ya estaba entrada en los cuarenta, su hermana falleció repentinamente y la mujer del viejo se empeñó en que el carnicero y su hija se fueran a vivir a la casa de al lado y así se hizo. El carnicero aceptó, encantado ante la idea de tener una mujer que le ayudara con la hija, ya adolescente, y con las tareas del hogar.
El carnicero se trasladó y la mujer del viejo parecía contenta a pesar del trabajo extra que le venía encima. El viejo pensaba que esa alegría era debida a que ahora comían carne gratis y ello suponía un importante ahorro familiar, pero no: la alegría de la mujer del viejo venía por otros intríngulis. Cualquier disculpa era buena para ir a casa del cuñado en las horas en que la niña no estaba, hasta que de tanto ir y venir pasó lo que tenía que pasar.
Si el viejo hubiese visto a su esposa jodiendo con el carnicero hubiera montado en cólera y con toda razón; no es que le pudiera ofender que le pusieran los cuernos, es que su mujer nunca había actuado así con él. Su mujer jamás le había ofrecido los pechos a manos llenas, nunca le había abierto la vulva desvergonzada, y jamás le había realizado una mamada como le hacía al otro sin siquiera habérselo éste pedido.
La autostima del viejo, incapaz todos esos años de satisfacer a su esposa, hubiese caido en picado y se hubiese transformado en ira. Él, al que tanto le hubiese gustado hacer esas cosas que hacían los infieles, él que jamás había sospechado en el cuerpo de ella semejantes lubricidades, hubiera echado sapos y serpientes por la boca de saber lo que los amantes hacían, ¡ay lo que ellos hacían! Pero el viejo jamás sospechó porque la consideraba frígida. Nunca la había visto desnuda, jamás ella se dejó observar de cuerpo entero, no se besaban con lengua, ni mucho menos practicaban sexo oral. Las veces que fornicaban, era insípido, casi triste, polvos fecundadores sin gracia ni salsa. La mujer del viejo fue una veinteañera amargada, una treintañera frígida, una cuarentona seca y una cincuentona rebotada, pero sólo con él.
Por eso él está feliz en la cafetería donde la camarera Carmen es tan amable, divirtiéndose como puede, observando a la pobre Laura.
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Este cuento es el número 15 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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El ex de Carmen y la flautista
La última relación estable que mantuvo el ex marido de Carmen fue con una mujer flautista que se ganaba la vida tocando en las calles. La gente se apasionaba escuchando su música aunque lo cierto es que aquellos que se decidían a echar moneda no lo hacían por interés melómano. Lo que de verdad les instaba a rascarse el bolsillo eran los gruesos labios brillantes de la muchacha envolviendo con mimo el émbolo de la flauta travesera y soplando acompasadamente.
El ex de Carmen fue uno de tantos que se prendaron de la visión y tuvo la paciencia de esperar a que la chica terminara su jornada laboral para invitarla a fumar unos porros en la plaza. Entre ji jis y ja jas la convenció para a ir a su casa y ella accedió sin resistencia. A partir de esa noche, se instaló indefinidamente sin pedir permiso. No solicitó quedarse porque era evidente que él estaba encantado con su compañía y con sus habilidades: esa noche, entre canción y canción, le había mamado la polla como nunca jamás se lo habían hecho.
La flautista pareciera que hubiera nacido para tan placentera actividad, con su naturaleza propicia de labios abultados en contraposición con unos dientes chiquitos y la lengua rosada un poco larga de más. Una lengua que con frecuencia le asomaba de la boca apoyada en el labio inferior dándole un aspecto de bobalicona, de bobalicona con mucho morbo.
- Los labios de tu boca parecen labios de vagina, le decía el ex de Carmen acariciándole la cabeza, inflamado de romanticismo.
Sonreía la flautista y se esmeraba chupando lánguidamente, relamiéndose con la verga en la boca. Su expresión al lamer era peculiar, como si estuviera un poquito ausente, como si sus intereses anduvieran muy, muy lejos. Permanecía mucho rato ejercitando esa actividad bucal con una parsimonia que a veces daba la impresión de que se había despistado, la mirada perdida, el falo abandonado en la boca inerte. Hasta que volvía de sabe dios donde y continuaba No se sabía si la flautista disfrutaba con sus largas mamadas pegajosas o si esa acción le servía unicamente para matar el tiempo.
Un pico de unas doscientas mamadas le hizo antes de dejarle por un batería de rock. Y diez años habían pasado desde entonces y el “ex” todavía la recordaba melancólico, todavía soñaba con verla pasar por delante del taller de Víctor donde trabaja gracias a la intervención de la buena de Carmen.
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Este cuento es el número 10 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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Entrevista al alimón con Jorge Rueda
Jorge Rueda -posiblemente el mayor experto en literatura erótica en lengua castellana y realizador de la bitácora Erotolalia- y yo, hemos sido entrevistados para la revista Replicante por el periodista Pablo Santiago, autor, entre otras cosas, del libro Alicia en el Lado Oscuro.
Podeis leerla: Erotómanos sin fronteras





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