Microrrelatos Eróticos
Erecciones exprés.
Qué gentiles esos señores que, llegado el momento, te les acercas y ya notas la empinadura pujando.
No se me entristezcan los de empalme a ralentí pero ciertamente las erecciones exprés son la octava maravilla.
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Compartiendo ideas.
Vale más un compañero de lengua audaz, que no aquel otro lenguaraz.
(greguería encontrada en la puerta de un “aseo de señoras”)
Mueve el culo.
-Mueve el culo-, dijo agarrándole sus cachas duras y peludas.
-Mueve el culo-, insistió palmoteándoselas a manos llenas.
Sus cojones de ustedes.
Hasta los 4 meses de gestación todos semejamos hembras. Entonces ellos comienzan a desarrollar unas bolas chiquitas llamadas testículos.

Imagen aportada por un comentarista habitual que ha tenido el gusto de mostrar sus cojones para la platea.
Inofensivas pelotillas que van creciendo y creciendo hasta que llega un momento en el que adquieren una presencia imponente y pueden llegar a abrumar. Toparse con un individuo con tó eso ahí bien plantado, acojona. Sin embargo no hay ni pizca que temer; esos kiwis brillantes y obscenos, representan la puritica masculinidad: ruda y brutota por fuera, tierna como jabón por dentro y … ¡tan vulnerable!
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Pienso tocar durante los próximos días diferentes aspectos de la masculinidad, analizando biografías eróticamente interesantes, algún microrrelato -o nanorrelato-, curiosidades y perversidades varias, con imágenes y … ¿caerá algún audio?
Va chicas, ¿hablamos de ellos?, caballeros: ¿charlamos sobre vosotros?, ¿hurgamos juntos en lo morboso, en lo bonito?
Nanorrelato erótico I. Pene donjuanesco.
Aquel fulano, con su halo de gallego depresivo, escondía un pene donjuanesco ¡eficiente Director General de Grandes Acontecimientos!
Mamada de consolación.
Anda pesado, más que pesado, trae pacá. Te hago una rápidamente y nos dormimos, que ya te he dicho que no tengo yo el cuerpo hoy. Y no pasmes, concéntrate, no nos vayan a dar las uvas. Y separa las manazas, que estoy hormonando y tengo los pechos sensibles. Y no empujes que me dan arcadas. Y avísame antes de soltar. Pelma, más que pelma. Anda trae pacá.
Tortolitos de andén.
Estos dos tortolitos en el andén, a diez minutos de salir el Talgo, como sigan merendándose con semejante desafuero, van a dejar charquito ¡qué manera de comerse las muelas! de succionarse las lenguas, de palparse el velo del paladar. Magníficos – fructuosos- esfuerzos por tantearse sendas campanillas, por aspirar el oxígeno directamente de los pulmones del otro. Y esas miradas acuosas entre morreo y morreo. Y las manitas que no se están quietas.
Pedazo de espectáculo nos regalan a los viajeros que por aquí pululamos y sin embargo casi nadie disfruta con el show ¡Qué sociedad amargada somos, carajo! Si esto fuera un accidente con atropello y la pareja estuviera espachurrada, ensangrentada, descuartizada y con las tripas por fuera, habría un atento corrillo metiendo el hocico. Por contra, este despliegue de feliz sensualidad, molesta o incomoda.
¿qué nos pasa? ¿porqué los transeúntes no se relajan y disfrutan mirando tranquilamente? …
Adán y la manzana .
Cuando Eva extendió su brazo y abrió su mano y ofreció la manzana a Adán, este la tomó, dio un gran bocado y masticó. Luego mordió de nuevo y no cesó, el goloso, hasta que dejó el carozo pelado.
A medida que el hombre masticaba, su verga se empinaba y empinaba hasta enfocar al mismísimo cielo.
Se excitó Adán con lo prohibido porque, allí donde está el tabú y el pecado, encuentra el hombre un gusto misterioso.
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La preciosa risa cachonda de la mujer.
Muchas mujeres -entre las que me incluyo- creemos que una de las causas por las que un hombre nos encandila es que nos haga reir.
Pues me he enterado de que no es causa, sino efecto: parece ser que la risa es una de las expresiones más características de la excitación sexual femenina …
¡ah! ¡qué gran descubrimiento! eso explica alguna carcajada a mandíbula batiente que, visto a posteriori, no era para tanto el chiste.
(recuerden, chicas, de vez en cuando a las diosas de la risa, y practiquen, practiquen)
Los caballeros han de hilar fino.
Es muy difícil aconsejar a un caballero sobre la actitud que debe adoptar cuando se encuentra frente a un escote. Sea discreto o despampanante, pizpireto o voluptuoso, el hombre ha de reflexionar antes de lanzar el ojo canalillo abajo.
Si evita mirar y retiene firmemente la pupila, la mujer pensará que, o es marica, o reprimido o un cobarde que no se atreve a disfrutar de lo rico de la vida. Si por contra abandona la mirada golosamente más de la cuenta, la mujer le puede tachar de baboso maleducado y grosero.
Pobrecitos, ¡cuán fino han de hilar!





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