Microrrelatos Eróticos
Juás, juás, juás.
Reir es fantástico y tener sentido del humor, una de las características más admirables del ser humano. Hay una carcajada básica que nos une a todos entre géneros, edades, nacionalidades, etc. y es la que provoca un tropezón. Ya veis qué chiste que alguien trastee un pie con otro y ¡patapluf! se espatarre, ¿dónde está la gracia?
Nos ha costado un huevo caminar a dos patas, miles de generaciones de evolución, y aquí estamos cabeza erguida, todos chulos, manteniendo la estabilidad a dos pies, para más inri sin cola -trasera- que nos ayude con el equilibrio ni ná.
Perder la conquistada verticalidad lleva consigo perder racionalidad y eso nos resulta hilarante. Ese risueño deleite es un aliciente más de los muchos que proporciona el sexo: la oportunidad de volver al pasado remoto en el que de repente hemos de desenvolvernos en horizonal, adoptar ancestrales posturas que nos llevan a un estadio irracional y primitivo que nos iguala a las bestias … ¡qué juerga!
Sin cabeza, sin condón.
99 palabras es una cifra ideal para plantear una idea, por eso me interesó el concurso “En 99 palabras”.
Para él escribí un micro, pero me despisté con los plazos y me quedé fuera.
A los que os guste la “microescritura”, pasaos por allí y vereis cuántos chulos. El mío, aquí queda:
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En primavera, sin condón.
El guaje, extasiado con la voluptuosidad primaveral, se empeñó en dedicarse a copular sin ton ni son como un animal salvaje cualquiera. Se sintió potente como el viento y, como el viento, se dispuso a fecundar expandiendo su simiente, aprovechando la natural erección de su pistilo. Pretendía mantenerse ensartado en el nido cual ave, procreando con la silvestre pachorra reptiliana, con la osadía libre de un felino y con la agilidad pélvica de un roedor.
Ese tipejo, olvidando su humana condición, se pensó que en primavera todo era orgasmo, y lo hizo.
Y lo hizo sin condón.
Qué cabrón.
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Las vaginas más listas.
Hoy vengo a hablaros de una vagina espectacular, inteligente y selectiva. Es una vagina dispuesta de tal modo que en su interior adquiere varias rutas a tomar, una singular estructura laberíntica que despista al pene penetrante que, ante tal variedad de opciones, no tiene ni pajolera de cual es el camino apto para fecundar. Me refiero a la vagina de las patas, las de cuá cuá.
Podríamos pensar que este fabuloso órgano sexual es una donación de la naturaleza para otorgar libertad a la hembra, para que pueda montárselo con todos los machos que le plazca sin la embarazosa consecuencia de quedar preñada. Lástima, me temo que la intención evolutiva es otra menos amable: la de protegerse contra las violaciones, acto vil que los machos de esta especie -que tan favorecidos quedan con sabor a naranja- acometen si piedad y para el cual disponen de una superpolla en espiral larguísima, hasta 20 centímetros puede alcanzar alguna, con lo cual podemos afirmar que ocupa más el pene que el pato.
Pero que se fastidien los especímenes agresivos, porque la vagina de las hembras sólo abre la gruta adecuada al pato noble, ese que entra con buenas intenciones y que ella considera adecuado para ejercer de papá para sus patitos.
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He sabido de esta peculiaridad gracias a uno de los cortos de la serie “Green Porno”, pequeños videos interpretados por Isabella Rosellini que muestran diferentes circunstancias de la sexualidad animal y que me han encantado. Os dejo el enlace del de los patos, pero si buscais en You Tube “Green Porno” encontrareis otros sobre delfines, abejas, caracoles, mantis, etc ¡muy recomendables!
Hacer una cubana.
Al acto de abrazar una verga con los senos para masajearla con fines placenteros en España le decimos “hacer una cubana”, en México dicen “hacer una rusa”, en Argentina “una turca” y nuestros vecinos franceses “hacer una española”.
¿tan exótica resulta esta caricia que los lugareños siempre la consideran privilegio exclusivo de lo foraneo?
Criterio biológico para seleccionar amante masculino.
Montémonoslo nomás con machos con los que -dado el momento y situación- seríamos proclives a albergar en nuestro útero sus espermatozoides como simiente para nuestra descendencia.
Pillinas
Algunas mujeres fantasean con tener dos, tres, cuatro hombres a un tiempo. Con eso y con todo, ya se consideran unas pillinas.
Luego hay otras que piensan a lo grande.
….. Próximamente en Erotómana:
Vaginas con cobertura multitudinaria
Regresa la alegría de la fiesta.
Impotentes para predecir el futuro más inmediato, vivimos ignorantes del tris que mudará para siempre jamás la confortable dinámica de nuestra rutina cotidiana, ¿quién se atrevería a poner la mano en el fuego chuleando de que no le sobrevendrá un cataclismo terminal, de esos que se nos llevan en volandas al camposanto?, ¿qué seguro a todo riesgo puede garantizarme que este mismo atardecer no pereceré espichada -por ejemplo- bajo las ruedas del auto de un conductor atolondrado?
Vértigo ¡emoción! en cualquier instante puede suceder que nos sorprenda una parálisis cerebral neurológica, un parón cardíaco, reventársenos el páncreas, degenerársenos la médula espinal, infectársenos la sangre con un enigmático virus indefinido o quizá una irreversible oclusión de arterias… ¡yepa! Misteriosa, excitante la vida esta nuestra, conscientes a cada paso de que La De Negro puede presentarse en cualquier momentico para cobrar la impagada deuda contraida en el día de nuestro alumbramiento.
Pero tú no hagas caso mi amor, tú céntrate y empínate y éntrame acá. Y empuja fuerte por favor, porque ¿quién sabe? Quizá esta sea la última noche que pasé contigo.
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Finge, vale, pero con mesura.
Si decides fingir, tontorrona, sé comedida con tus gemidos. Mira que si se te descubre el falsete quedas en evidencia.
Mira que si cuela … nos dejas en evidencia a las demás.
Tabú ñoño.
Como Dios le trajo al mundo cabalga el caballo. Desnuda trota la liebre. Sin atavío vuela la mosca, el mosquito y el gorrión. En bolas salta la rana, en cueros se desliza la serpiente. Se despereza lironda la tigresa. Pendulan las ubres de la vaca sin sostén, embiste el toro con los cojones al viento. Y sale en la tele.
En pelota picada pasea el elefante sus nada despreciables atributos. Se le consiente al perro -salvo cursilería extrema del amo- y al gato y al ratón, ¡si hasta le es permitido a la hormiga, rediós! con lo canija que es, y al hipopótamo con lo grandullón. Por no hablar del impúdico mono del zoo que enseñándonos su culo feo, nos hace reir.
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La alegría de la huerta.
La cópula humana: inquieta búsqueda de la felicidad mediante besos genitales y roces epidérmicos.








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