mis lecturas eróticas
Contra el Viento del Norte. Daniel Glattauer
A los que os gusta escribir ¿no os sucede que con un libro os sentís identificados y os fastidia que no se os haya ocurrido a vosotros? Así me sentí al leer “Contra el viento del Norte”, ¡qué rabia no ser yo la autora! – máxime sabiendo que es un best seller de aupa-.
Claro que no hubiese sido suficiente con tener la idea, hace falta buena mano para elaborar esta historia narrada de modo sencillo y bien hilado que engancha desde el principio. Glattauer lo borda. Dejadme que perfile el argumento y ya vereis cómo hubiese casado conmigo escribir una historia así, aunque yo le hubiese puesto una pizca más de pimienta picante.
Es una aventura entre un hombre y una mujer, que se gesta a través de una serie de correos electrónicos que comienzan de pura casualidad hasta que, sin comerlo ni beberlo, se encuentran involucrados hasta el tuétano en una relación que no saben cómo definir. No se conocen, pero súbitamente se interesan, no se han visto siquiera el rostro pero, cuánto se desean. No hay contacto sexual entre ellos, pero ello no impide que se enamoren como tontos y que padezcan uno a uno todos los trastornos a los que lleva la pasión amorosa en sus primeros estadíos.
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Internet llegó a nuestras vidas y ¡qué manera de modificar nuestro modo de relacionarnos -y de calentarnos- con los otros! Las relaciones erotico-virtuales se han convertido en el pan de cada día, conformando relaciones que se desenvuelven muy bien a nivel romántico porque se tiende a idealizar al otro y poner en él/ella sentimientos propios que encienden nuestras fantasías y son fósforos para un deseo individual, compartido daquela maneira.
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Pero todo lo sabían ya en la Grecia clásica, a ver si atinais, ¿qué mito griego nos explica la naturaleza de estas aventuras románticas en Red?
Ternura, alegría, imaginación.
Quiero una mamada. Dice. Así debe ser. Cuando una mujer pide una mamada como quien pide un vaso de agua es que se halla en la cumbre de sí misma.
Ahí está, los ojos iluminados, la boca más que boca rebanada, la mano a la altura del músculo piriforme. Quiere. Y estemos haciendo lo que estemos haciendo lo dejamos de inmediato. Por importante que parezca. No hay nada más importante.
Quiere una mamada. Y usted, dispuesto. El secreto del amor
tantas veces buscado y del que tanta tontería se ha dicho y escrito radica en esto: ella necesita una mamada, usted nació para proporcionársela.
Una mamada es un asunto muy serio.…
Juan Abreu. Una Educación Sexual.
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Así habla Juan Abreu, y lo mejor viene después, cuando desarrolla su didáctica sobre cómo actuar en el supuesto planteado.
Merece la pena recibir estas enseñanzas, 100 % en la linea del erotismo literario que lleva a soñar, que regala sonrisas, caricias y humedades en forma de cuentos que buscan la excitación y/ o la reflexión, donde la sexualidad excita nuestra alegría, nuestra ternura: El mundo nunca me dará la razón pero la carne es ternura, y nuestra imaginación: La imaginación nos sacó de la cueva y la oscuridad, nos ha llevado hasta la Luna y a las profundidades oceánicas. La imaginación nos viste y nos calza y en lo que al sexo concierne, lo es casi todo. Sin imaginación el sexo es cosa bastante elemental.
Incluye además dibujos del autor que ilustran un apetitoso catálogo de placeres, y algunos comentarios de lectoras, sí, solamente de lectoras ¿por qué será?
Para mi dicha, su libro es compañero del mío en el corpus editorial Erotomanías ¡casi na! Y para que veais cómo están las cosas, ha sido censurado en Amazon.
Por lo demás ¡feliz semana! una más en la que espero compartir con vosotros alegría, imaginación y ternura.
O que teña tenda, que a atenda.
El Libro del Buen Amor (s. XIV) es un catálogo de cuentos amorosos escritos por el arcipreste de Hita con la doble intención lúdica y didáctica de evitar el “loco amor”, y promover el “buen amor”. Como ejemplo, la fábula de Pitas Payas, que Ananda lee para nosotros, con una moraleja práctica que en gallego resumimos con el refrán “o que teña tenda, que a atenda”.
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La Lisístrata moderna.
Me ha resultado interesantísimo acercarme al Islám desde su sexualidad, he descubierto todo un universo paralelo, una cultura rica que posiblemente no vive su mejor momento. Pero algo se menea allá y tiene mucho que ver con las mujeres. Fijaos por ejemplo en Joumana Haddad, una periodista de Beirut que ha conseguido editar en su país la revista Jasad, sobre el arte del cuerpo femenino y masculino, con presencia de erotismo -publicar una revista de este calibre es un arduo proceso colectivo que precisa de muchos apoyos, incluidos los estamentales-, y ahora ha escrito el libro “ Yo Maté a Sherezade” (editorial Debate), para explicar que hay muchos estilos de mujer árabe, que no todas casan con el modelo de sumisión, que ella es ferviente lectora de Sade y Miller y que no teme provocar a Alá con su poesía erótica de vocabulario explícito. Nos asegura que son manada en Oriente las mujeres que luchan por su libertad e independencia -incluida la libertad e independencia sexuales-.
Y yo me lo creo. Me creo la fuerza y el poder de la mujer árabe y el Nobel de la paz de este año lo corrobora ¿os habéis enterado? ¿sabéis de la liberiana Gbowee y su “huelga de sexo”? Es una historia tan emocionante que no puedo dejar pasar. Realmente Gbowee es cristiana, pero tanto da, no hicieron distinción de religión o de etnia las mujeres liberianas cuando se unieron para exigir el fin de la guerra en el Movimiento de Mujeres por la Paz en Liberia.
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Liberia, tras 13 años de guerra civil estaba destrozada, el tejido social descompuesto, la juventud pervertida por la violencia de las guerrillas, 150.000 muertos… Gbowee soñó que le ponía fin a la barbarie y comenzó movilizando mujeres en el mercado. En su pulso con el gobierno encontraron su forma de presión en el sexo: en la negación del mismo. No mantendrían relaciones sexuales hasta que no se pusiese fin a la guerra. Tras varios meses de presión, lo consiguieron, ¡joder, lo consiguieron!
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Una vez más la realidad supera a la ficción ¿recordáis la comedia Lisístrata (Aristófanes, 450-385 a. de C.)?
El Infinito en La Palma de La Mano. Gioconda Belli.
Gioconda Belli ofrece en “El Infinito en La Palma de la Mano” una versión novelada del enigmático cuento de Adán y Eva, la explicación mítica al origen de la humanidad que compartimos en nuestro legado cultural cristianos, judíos y musulmanes. Gioconda hace un guiño a la ciencia hilando la magia de “los primeros padres” con la teorías evolucionistas.
La Biblia dedica a Adan y Eva unos cuantos versículos, pero Gioconda se explaya en las venturas y desventuras de este par de dos, que por desobedientes -o curiosos- hubieron de enfrentarse a la lucha por la supervivencia, al hambre, al dolor, al miedo y lo que es más duro quizá: a sentimientos que nos envilecen y amargan: la envidia, los celos, la culpa, la arrogancia, …
Como compensación a todas estas maldiciones, está el amor, el amor filial y sobre todo, el amor conyugal. Cuando Adán y Eva penetran el uno en la otra reencuentran el Paraíso perdido. La autora, poeta de la sensualidad, nos deleita con pinceladas de la vida erótica de los protagonistas. Paso a copiar una conversación que mantiene Eva con sus hijas cuando éstas menstrúan por primera vez. La madre les explica con absoluta candidez su intimidad con Adán.
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“Espera, ponte así”.
El argumento de “Espera, ponte así” de Andreu Martín, premio XXIII Sonrisa Vertical, es sencillo: un afamado director de teatro tiene un lío con la actriz principal de la obra que ensayan y se obsesiona con ella. Esa aventura le lleva a modificaciones en la relación con su esposa y a un deterioro de su vida profesional. Es una obra de género erótico porque la historia es contada enlazando un episodio sexual tras otro. La gracia es que, polvazo tras polvete, consigue explicarnos un sentimiento masculino que he encontrado bastante en el erotismo literario, y muchísimo en el porno.
Al protagonista, como a tantos, le encanta la mujer. Ahora es la actriz, pero antes fue su esposa y otras… Le gustan tanto que se ha sentido esclavo de su deseo. El deseo ha gobernado su vida y ha dejado su voluntad en segundo plano. Se ha sentido mangoneado por los pechos de la mujer, gobernado por el absorbente coño. Ello le lleva a odiarlas, las adora y las odia a un tiempo. Ora les lame embelesándose en los sagrados jugos, involucrándose ciegamente en el placer femenino, ora les escupe, mancilla y tortura como si fueran chismes pestilentes.
Se trata de una dialéctica sexual que combina admiración y desprecio en un 5o% y me pregunto a santo de qué esta contradicción ¿es el resultado de la frustración que causa la fuerza ingobernable del deseo? o quizá esa rabia viene de más lejos, ¿de la relación con la madre, que diría Freud?, ¿del sometimiento al que subyuga el patriarcado a los individuos desde chiquitos, que diría Casilda Rodrigañez? Os copio un pequeño párrafo, muy gráfico, que narra una eyaculación:
“ … Y noto una descarga ardiente en mis entrañas, la droga más terrible que jamás probé, descarga que me pasa a la sangre, que me encabrita el corazón y me incendia el rostro, y hace que se me salten las lágrimas al mismo tiempo que mi descarga inunda a la mujer deseada, nunca tan odiada, nunca tan odiosa, juego de placeres y degradación, y ella grita con rabia y mueve las nalgas como si mis zumos fueran combustible para sus motores, abrazado yo a su espalda, llenos los dos de néctar de vida que nos desborda por los poros en forma de sudor, que lubrifica nuestras pieles y las hace resbaladizas, asquerosas y atractivas a la vez.”
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Creo encontrar una percepción parecida del deseo -que no de la mujer- en Henry Miller.
Ovidio, cerdo con piel de oveja.
Ovidio, en su libro “El Arte de Amar” plantea el amor -erotismo- como un divertido juego en el que no se deben escatimar recursos e ingenio para disfrutar de todo el proceso, desde la conquista, al acto en sí. Sus enseñanzas van hacia cómo inflamar a tope la voluptuosidad sensual que lleva al éxtasis. Hermosa idea la de Ovidio ¿verdad? Y sin embargo después la caga. Ya vereis.
Los dos primeros capítulos están dedicados a los hombres, les dice que deben tener confianza en sí mismos “Fortuna es grata con los audaces”, que se presenten aseados, que ojito con el vino, que sean complacientes, amables, que perseveren. Se pasa la ética por el forro y les alecciona para ser falsos “seamos indulgentes con el amor fingido porque termina siendo sincero” o hipócritas, ganándose al esposo de la amada porque ello “resultará útil para los designios de ambos”. Atina diciendo que “las palabras deben expresar el fuego que te devora“, y sigue dando en diana avisando de la importancia de la discreción “los misterios de Venus son favorables a la intimidad y el secreto”.
Hasta ahí, muy congruente. Pero en el apartado que dedica a las mujeres, se pasa tres pueblos. Empieza recordándonos el jodido carpe diem: “apresúrate a tomar la rosa; pues si tú no la tomas, caerá torpemente marchita”. Luego se regodea en la idea “pronto llegará el día en que ya vieja, tú, que hoy rechazas al amante, pases muerta de frío las noches solitarias”. Después de ese jarro de agua fría, asume que en general somos feas: “La turba de mujeres que oyen mis palabras son tanto feas como hermosas, aunque las feas son las que más abundan”.
Dedica un buen puñado de páginas a indicarnos cómo es que debemos cuidar nuestra imagen: el peinado, el vestido, los cosméticos. Y sigue, avisa a la flaca de cómo disimular su delgadez, a las bajas cómo disimular su tamaño y a las mayores cómo esconder arrugas, canas o calvicies, cómo encubrir unos pies bastos y también a defendernos del mal aliento. Se atreve a dictar cómo debe ser la adecuada la expresión del rostro, ni artificioso, ni altanero, ni melancólico. Según él, no nos conviene reir en carcajadas sonoras. Se inmiscuye en cómo debemos llorar para que, ni entonces, dejemos de ser seductoras porque “tal vez en los funerales del marido se puede hallar a otro”.
Es tal su afán por que nos arreglemos que cualquiera diría que nos veía estropeadas. Lo de las fiestas ya es de chiste: que lleguemos cuando ya esté oscuro “así, si eres fea parecerás hermosa a los que están ebrios y la noche velará en las sombras de tus defectos” y además, nada de disfrutar del festín “en la mesa modera el apetito y aun come algo menos de lo que te exija el deseo”. Y así, castrando la libre expresión de la mujer, nos lleva a la cama con la misma cantinela: “ cada cual que se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes, ya que no a todas favorece la misma postura. La que sea linda de rostro que permanezca en posición supina, y la que tenga hermosa la espalda ofrézcala a los ojos del amante… La que tenga el talle largo oprima con las rodillas en el lecho y deje caer un poco la cabeza, si los músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de manchas, que el amante en pie la vea,… si tienes señalado el vientre con arrugas, pelea como ágil partho volviendo las espaldas….
Y entonces: “siéntase la mujer abrasada hasta la médula de los huesos, y el goce se dividirá por igual entre los dos amantes; que no cesen las dulces palabras, los suaves murmullos y los deseos atrevidos que estimulan el vigor en tan alegres combates”.
Joer, macho, como si fuera tan fácil. Ponte tú. Córrete enseñando exclusivamente el perfil bueno.
Algo debía de olerse del marrón al que nos aboca porque dice: “Y tú, a quien la naturaleza negó la sensación de los placeres de Venus, finge sus gratos desmayos con falsas palabras… y cuando finjas, procura que tus movimientos y el brillo de tus ojos ayuden al engaño, y lo acrediten con verdadero frenesí, y que la voz y la respiración fatigosa susciten el apetito.
Pasando de Ovidio. Aquí entendemos que el arte de amar pasa por entregarse sin reservas, por ser espontaneos y sinceros. Por asumir el perfil bueno y también el malo. Y por aceptar al otro ¡sin ser tan tiquis miquis! Pinchad aquí y disfrutad con esta oda visual a la sensualidad del vientre femenino. Hafsia Herzi en la película “Cuscús”
¿Me han tirado los tejos o soy una creída?
Hace cosa de un mes, un individuo me escribió a través de facebook:
- Susana, ¿conoces “La Teja de Medianoche”?
- Pues no
- Es un librito del tipo de material con el que trabajas. Si te interesa, puedo enviártelo.
- Sí, claro que me interesa.
Era un tipo parco y yo andaba apurada, de modo que le di el número de mi apartado de correos y olvidé el asunto. Grata fue mi sorpresa cuando, después de un tiempo, encuentro en mi buzón un sobre sin remite que contenía dicho librillo.
Se trata de un simpático cuadernillo, editado en el 92 por Altaffaylla Kultur Taldea (editorial vasca) donde, en tono jocoso, se exponen los estatutos de la sociedad “La Teja de Medianoche”, que se define como una sociedad recreativa, sensual, concupiscente, higiénica, licenciosa, incontinente, cachonda, promiscua, sugestiva, procaz, lasciva, y, sobre todo muy necesaria. Una sociedad que aspira a mejorar el mundo a través del sexo y el amor.
Pese a que al principio uno pudiera pensar que los estatutos fueron escritos por unos bárbaros navarricos con un nivel etílico elevado en sangre, no es el caso. A medida que se lee, se encuentra un fondo generoso, una visión hermosa de la sensualidad, incluso un cierto romanticismo libertino, o liberal.
Consta de 33 artículos que, sin perder el aire risueño, tienen tintes didácticos en relación a lo sexo-afectivo: (art. 18: En lo sucesivo, quedan incorporados al lenguaje cotidiano todo tipo de arrumacos, siseos, manitas, roces, zirris, pellizcos, guiños y carantoñas, quedando por tanto exentos de cualquier interpretación maliciosa).
Los artículos van acompañados de divertidos dibujos picantes y con citas muy acertadas, como ésta de García Márquez: “…Las personas vienen al mundo con sus polvos contados. Los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre… “
Pero donde voy es al artículo 9, que dice así: “ Para las personas tímidas y parcos en palabras y artes “ La Teja” ofrece un método sencillo, tan sugerente y directo que no puede ofrecer ninguna duda: regalar a la persona deseada o introducir disimuladamente en su bolsillo un ejemplar de estos Estatutos. Cuando esa persona lea éste artículo, debe darse ya por enterada de que le han propuesto acostarse acompañada”.
Y bien, qué lindo ¿no? Bonito modo de tirar los tejos, ¿eh?
Pues resulta que con la fastidiosa clausura de mi antiguo perfil en facebook, no tengo manera de saber quién es este generoso lector, al que quisiera yo agradecer el detalle -¡qué menos!-.
En fin, si me lees, da señales de vida, hombre, no seas tímido.
Gioconda Belli, maestra.
Hace un tiempo me desahogué aquí contando uno de mis miedos. Me lamentaba de no disponer de referentes femeninos en lo que a erotomanía se refiere, de no saber cómo ha de envejecer -estilosamente- una erotómana. Os decía que esa falta de modelos me hace sentir insegura, porque claro, vejestorios erotómanos con genes xy, hailos a punta pala, pero mujeres erotómanas añosas, no tengo el gusto. Leer más »
Bueno, pues estoy feliz porque he encontrado un referente, pero además uno de los grandes. Gioconda Belli es una poeta que ha cantado a la sensualidad exquisitamente y que le sigue cantado -¡ y de qué modo!- en su madurez.
El Sabor de tu Piel.
Ediciones Irreverentes ha tenido la amabilidad de enviarme un libro de relatos eróticos titulado “El Sabor de tu Piel”. En la contracubierta leo que en esta antología quedan reflejadas las diferentes sensibilidades del erotismo hispano, ya que de entre sus autores hay uno argentino, otro peruano, otro boliviano, mexicano … Dejo aquí la lista de sus autores: Andrés Fornells, Pedro Antonio Curto, Fernando Morote, Juan Patricio Lombera, Nelson Verástegui, Miguel Angel de Rus, Fernando Ariel Korsiak, Jose Enrique Canabal, Caro Verbo, Gloria Scharetg, Manuel Vidal, Raul Vallejo, Manuel Villa-Mabela, Victor Montoya y Álvaro Diaz Escobedo.
De 15 sólo 1 una mujer. Esto me predispone negativamente. La presencia de voces femeninas en erotismo es no solo divertida y enriquecedora, sino urgente. Es de una lógica que cae de cajón y que me niego a argumentar.
Con la rabieta no me he leido más que el de Gloria Scharetg, titulado Carnavales, que está bien, sobre un baile sensual que repiten dos desconocidos año tras año en carnaval.
¿qué decís? ¿me leo el resto?





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