Jugando a ser sexóloga
Moros y cristianos.
Las diferencias que separan la ética sexual musulmana de la cristiana son fundamentales e irreconciliables. Ambas filosofías tienen clarísimo que lujuria es pecado, pero luchan contra ella desde planteamientos muy diferentes: el cristianismo propone contención para vencerla, los mahometanos la sublimación de la sexualidad matrimonial para encauzarla. Estas dos visiones han tenido muchísima repercusión en los ciudadanos de a pie de aquí y allá, por ej. los líderes católicos han de permanecer célibes, los islámicos han de ser casados. Los unos cedieron sus enseñanzas a los pornógrafos, los otros a los erotólogos.
El sexo matrimonial en el Islám supone un símbolo y anticipo de la unión con Dios porque así lo dejó dicho Mahoma, pero era una idea vieja de religiones orientales donde el amor venéreo convive con una elevada vida espiritual, asunto que aquí nos suena a chino ¡rezar y follar a un tiempo!
Jesús tuvo un despiste gordo al olvidar en sus parábolas el tema sexual y en occidente sufrimos un vacío histórico de filósofos que hayan dedicado su esfuerzo a cómo hacerlo, a cómo hacerlo bien. El cristiano tradicional llegaba al sexo -matrimonial o no- a tientas, con bastante vergüenza y culpa. Sin embargo los musulmanes … ¿cómo tener culpa escuchando a Mohamed al-Nafzawi en El Jardín Perfumado*?: ”¡Loado sea Dios – Alá-, que ha situado la fuente de mayor placer del hombre en las partes naturales de la mujer, y la fuente del mayor placer de la mujer en las partes naturales del hombre! La vulva sólo conoce la calma, el alibio y la satisfacción por medio de la penetración del miembro masculino, y el miembro del hombre, sólo en la vulva”.
Pero nada deja más estupefacto al occidental como la costumbre poligámica. Es un privilegio al alcance de muy pocos – a más mujeres, más bocas que alimentar- y además tienen que echarle un par. Al menos tal y como lo plantea Mohamed al-Nafzawi, no parece que sea ninguna panacea. El esposo con múltiples esposas ha de elaborar un concienzudo plan de convivencia si quiere que en su casa reine la paz y la cordura. No puede mostrar predilección por ninguna esposa, entre ellas debe repartir sus afectos y sus noches con equidad. Recordemos que es su deber, quiera o no, satisfacerlas, y corre el riesgo de llevar una vida muy miserable si incumple las complicadas reglas de etiqueta doméstica, como entrar en el cuarto de una cuando por la noche le toca a otra. Y luego ha de saber lidiar con el demonio de los celos, con las rencillas, que sin duda emergerán si ellas le aman.
Y para los que se frotaban las manos pensando en sex parties, que se olviden. El sexo grupal, aun con las propias esposas, está totalmente prohibido.
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* El Jardín Perfumado, de Abu Abdullah Muhammad ben Umar Nafzawi es un manual sexual árabe escrito entre 1410 and 1434.
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En la próxima entrega: moras y cristianas: una misma cruz.
¿Por qué será que el aburrimiento se presenta devastador en la sexualidad de las parejas estables?
Se supone que el sexo es divertido, que el orgasmo satisface y que las caricias consuelan. Sin embargo a multitud de parejas estables les sobreviene una pereza irresistible con el paso de los años, una modorra cósmica que convierte el coito en un coñazo, una cuasi-obligación o una obligación rotunda. Ríos de tinta corren en libros de autoayuda y en revistas especializadas.
¿cómo vencer la pereza sexual?
Tenemos 4 motores que nos mueven: el de los sentimientos (corazón), y el del intelecto (cabeza), el de las necesidades (lo material) y el de las emociones/deseos (vientre). Una pareja estable ayuda a saciar las necesidades materiales y el intelecto está conforme si la relación aporta compañerismo -partimos de este supuesto- y se suponen un montón de sentimientos de amor y cariño.
Queda coja la emoción. Polvo tras polvo, van perdiendo fuelle. Para recuperar emoción no se me ocurre otro recurso que el arte. La función del arte es conmover/emocionar, de modo que embebernos de lo que crean los otros -pelis, libros, música, pintura, comida, etc.- parece un camino. Introducir arte erótico de cualquier índole resulta adecuado para evitar la claustrofobia sexual de las parejas estables.
Ya “de premio” sería conseguir ser artistas nosotros mismos, artistas sexuales creativos. Los artistas tienen la capacidad de cuestionarse la realidad y modificarla desde la imaginación, pero con frecuencia la actividad creativa es individual -de ahí que la pereza no infecte a la masturbación- . El ego del artista no sirve para salvar a la pareja de la tediosa sexualidad matrimonial. El artista de pareja tendría que dar un paso más allá. Los deseos personales habrían de sufrir una conversión y mudar en transpersonales. Se trataría de una superación de la esfera del egoísmo que se ensancharía del yo al nosotros. La pareja sería un yo sexual completo. Aplicando este concepto se amplía el campo de acción y no resultaría tan difícil aceptar la mirada de él en las cachas de otra, o esas cachas en nuestra cama, o al cachas-man como refuerzo, como puntillo emocionante en los juegos nupciales de pareja bien avenida.
Envidia cochina.
Me preguntaba en el post anterior de dónde procede el tabú social que supone ver escenas de sexo público en directo. Pa mí que de la envidia, de una envidia cochina agazapada en nuestra piel a través de generaciones de ancestros envidiosos.
La envidia es esquiva. Se camufla muy cómodamente en otros sentimientos. Descubrirnos envidiosos a nosotros mismos nos resulta tan vergonzante, que inconscientemente lo disfrazamos de otros sentimientos supuestamente más dignos: “qué asco”, “qué vergüenza”, “qué impudicia”, “qué estupidez” …
Sentir envidia ante las manifestaciones apasionadas de amor sexual de los otros es una baja pasión enternecedoramente humana. Las parejas calientes provocan envidias porque uno de nuestros objetivos top en la vida es conseguir una unión afectiva ideal. Un hermoso beso, un apasionado beso francés simboliza a la perfección tal plenitud y provoca carcomas de envidia. Vale, es muy natural sentirla, pero no interesa que acampe en nuestra psique, porque no aporta nada rico. De todos los pecados capitales, es el menos gracioso: no goza el envidioso, el envidiado tampoco; hay que superarla. ¿Y cómo hacerlo? Lo primero, siendo conscientes. Detectando por qué una determinada situación-persona, nos provoca esa bilis. Y luego autoconsolarnos, abrazarnos compasivamente. Querríamos ser así … y no somos. Vaya, pobrecit@s. Quisiéramos tener eso que no tenemos, bueno. Ya pasa, ea, ea, ea. Y ya.
Conformarnos es inteligente, de matrícula conseguir alegrarnos. Siempre es bueno tener motivos de alegría y hacerlo gracias a la buena estrella de los demás es bien lindo.
Pero como no todo el mundo tiene el aquel de analizar, entender y redirigir sus emociones, las parejas felices han de protegerse de la envidia mal intencionada o de la más común, esa inconsciente. Pero por favor, no desistan de festejar las calles comiendo sus perdices a bocado pelado porque algun@s vamos consiguiendo pasarnos la envidia por el forro.
Regulación emocional en una situación de adulterio.
Querida amiga, el conflicto emocional no es negativo, supone toda una oportunidad para crecer. Las situaciones no son negativas o positivas en sí, sino que dependen de cómo te enfrentes a ellas. Te encuentras en una disyuntiva, quieres a dos hombres, pero poseerlos a ambos se plantea como un proyecto difícil. Tranquilízate y medita. Tu sexo es tuyo. Cuando te echas novio es como si firmaras la exclusividad de tu coño, pero no, tu coño es tuyo y has de ser consciente de dónde y cómo quieres usarlo.
Sé generosa y paciente contigo, ten flexibilidad mental y usa tu imaginación. Vencer en la vida significa ser audaz y manejarse con decisión pero no sin pararse a entender el sentido de nuestros pasos. Parte del hecho de que no somos responsables de nuestros sentimientos, con los sentimientos no podemos ser hipócritas. Medita, entiéndete. Ir en contra de una misma lleva a la frustración y la frustración produce monstruos.
Aquí es importante no sufrir más de la cuenta. Nuestra biografía tiene el final escrito y está en el camposanto, de modo que relájate, mírate en el espejo e identifica tus emociones. Torturarse es el peor de los caminos, es comportarse como una borderline emocional, has de dar un paso y ese paso sólo está dentro de ti.
Tu tranquilidad, tu seguridad son críticas. Que seas una mujer plena ha de hacer feliz a los que te rodean. Si das confianza a los que están a tu alrededor y se sienten acogidos con tu cariño y compromiso, castilla se anchea. No sería Víctor el primer cornudo que hiciese la vista gorda porque tus sonrisas y caricias, tus abrazos de pasión, tu cariño y tus humores vaginales le compensan.
Saca tu pensamiento de su ruta habitual, sé artista, es posible ser una artista del poliamor.
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Escucha en audio este texto interpretado por Maruxxela:
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Ejemplo de una artista del poliamor.
Ejemplo de una pareja con amplios límites.
Ejemplo de la frustración a la que puede llevar una infidelidad no consentida.
Contradicciones.
Hablábamos en el post anterior de la complejidad emocional humana, ¿cómo no vamos a ser “rarit@s” si las sociedades se empeñan en que demos la espalda a la naturaleza? Escuchad a Wendy, que explica una de esas sinrazones a las que se enfrenta el sapiens urbanita ( es un chiste, pero un chiste muy significativo).
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La hembra es más fea y escoge.
La naturaleza nos ha dotado a hombres y mujeres de distintos roles en la sexualidad. La gran diferencia radica en que somos las hembras las que cargamos con el embarazo y luego con la cría mediante la lactancia.
En el mundo animal, el sexo que se encarga de la crianza -casi siempre el femenino- es el que tiene más potestad para decidir con quien aparearse. El que se lo tiene que currar para ser elegido y poder acceder a la cópula es el otro -generalmente el masculino-. De ahí que sea el pavo real macho el de plumaje esplendoroso, el jilguero macho el de los trinos más bellos, el león macho el de las preciosas melenas y el ciervo macho el forzudo de cuernos impresionantes. Ellas no tienen que trabajarse la conquista, ya les vendrá después sacando a las crías adelante. En la fase “ligue” se limitan a observar y decidir si él, con sus atributos, resulta genéticamente convincente.
Opino que algo así sucede en los humanos, aunque pareciera que lo hemos tergiversado todo socialmente y ahora somos las mujeres las que nos pintarrajeamos, entaconamos y potenciamos nuestros encantos al límite.
Pero ni con esas. Todavía somos nosotras las que escogemos mayormente… ¿no?
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El libro “También los jabalies se besan en la boca” fue el que me abrió los ojos a esta situación.
Y mirad éste, cómo se lo curra.
Perversión fetichista.
El señor García Berlanga afirmó que era infinitamente más apetecible vestir a una mujer que desnudarla. Cuando se presta mayor atención amante a las cosas que a las personas, cuando el objeto reemplaza las reciprocidades de satisfacción erótica estamos hablando de una perversión fetichista.
Carl Marx, a mediados del siglo XIX cuando el capitalismo consumista asomaba sus patitas, señalaba los peligros que supone el “fetichismo de mercancía”. Hoy está instalado en nuestras vidas, y casi todos tenemos un ramalazo, mayor o menor y no exclusivamente en el terreno sexual.
“Ciega y frenéticamente rendimos culto a nuestros falsos iconos, a las mercancías-fetiche que reemplazan la creencia y el sentido de comunidad- vírgenes de yeso, escuelas que parecen burdeles, antenas de televisión de aluminio anodizado en oro, miniseries, minifaldas y madifaldas, muslos liposuccionados, elegancia de Doña Juana posfeminista, píldoras afrodisíacas LY 163502, pregáfonos que permiten a las madres embarazadas hablar con las criaturas que llevan en el vientre, biberones con correas que permiten a los padres amamantar como si fueran madres, introducción de óvulos fertilizados en las trompas, madres de alquiler, chicas con ligueros negros, alivio sexual con una llamada a un teléfono porno-. Los iconos fetichizados reemplazan cualquier proceso de manejar o enfrentar con éxito las realidades dolorosas y duras de la existencia. La depresión y la angustia serán derrotadas. El placer está en la megagalería y cualquiera puede comprarlo o robarlo en todas sus variedades o formas.
Texto tomado de “Perversiones Femeninas“ Louise J. Kaplan. Paidós. Psicología Profunda.
Y vosotros, ¿sois fetichistas en alguno de estos sentidos? ¿os da seguridad apoyaros en algún objeto o prenda a la hora de seducir?, ¿os excita algún fetiche que vista/ luzca la persona deseada? o ¿hay algún objeto que os resulte excitante en sí mismo, independientemenete de la persona?
La jaqueca, el orgasmo simbólico.
Cada vez hay más teorías que se cuestionan la medicina convencional, que analiza las enfermedades como síntomas aislados en lugar de entender al enfermo como un todo. El libro “ La Enfermedad como Camino” de Thorwald Deihlefsen y Rüdiger Dahlkees es un ensayo sobre el conocimiento profundo de la enfermedad, entendiendo ésta como un bloque único psicosomático.
Este ensayo defiende que las dolencias físicas se manifestarían como una llamada de atención a dolencias psicológicas profundas. Para no extenderme, resumo burdamente esta teoría con el ejemplo del llanto. Una tristeza del alma provoca una reacción física: el derramamiento de lágrimas. Según los autores, esta misma interrelación se da en las diferentes dolencias que pueda padecer un individuo a lo largo de su vida.
El sexo y la convivencia generan los mayores motivos de conflicto para el ser humano y concretamente los dolores de cabeza estarían muy relacionados con la sexualidad.
Copio el párrafo en el que explica que las jaquecas son una especie de orgasmos cerebrales, síntomas de una sexualidad bloqueada en la mente que clama por ser situada en su sitio, desplazada hacia abajo.
La jaqueca es un orgasmo en la cabeza. El proceso es idéntico, sólo que tiene lugar más arriba. Durante la fase de excitación sexual, la sangre acude a la zona genital y en el momento culminante, la tensión cede y se produce la relajación; así discurre la jaqueca: la sangre acude a la cabeza, se produce una sensación de presión, la tensión se agudiza hasta alcanzar su punto máximo y se produce la distensión ( dilatación de los vasos sanguíneos)….. Una característica de la jaqueca es que el enfermo, después del acceso, experimenta una transitoria sensación de bienestar.
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Si vas a hacerlo, hazlo bien.
El bueno de Freud decía que la masturbación causa neurastenia. Neurastenia (Wikipedia dixit) es un cansancio inexplicable que aparece después de un esfuerzo intelectual y que consta de los siguientes síntomas:
- sensación de dolor y molestias musculares
- mareos
- cefaleas de tensión
- trastornos del sueño
- incapacidad para relajarse
- irritabilidad
- dispepsia
Mi experiencia personal me dice que tras una masturbación no siento dolor ni mareo, no me duele la cabeza y me ayuda dormir en la Gloria. Desde luego no me cabreo ni sufro dispepsia. Pero, claro, yo soy mujer y Freud no tenía nada claro si las mujeres ejercíamos.
Las filosofías sexuales orientales (tao, tantra) previenen a los hombres. No de la masturbación, pero sí de la eyaculación. Son conceptos que parecen iguales pero son diferentes. Por eso nosotras, que no eyaculamos, podemos abusar cuanto queramos y más, bendecidas por la medicina actual y por la medicina tradicional. Ya en los hombres … ni entro ni salgo, cada cual a su libre albedrío.
Eso sí, si vas a hacerlo -o hacérselo- hazlo con imaginación.
Una paja ejemplarizante narrada por Wendy:
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Si estás en la dicotomía entre “pajas sí, pajas no”, aquí un párrafo de una teoría que dice no. Las teorías que dicen sí, corren de vuestra cuenta. Como siempre, vuestras experiencias -en este caso masturbatorias- resultarán valiosas.
El puto himen.
Vengo a hablar del himen y así, a boca jarro, se me ocurre que qué caca el himen. Menuda lacra, maldita maldición para nosotras. Parece puesto ahí aposta por un machista de mente retorcida, ¿que no? aun me parece estar escuchando al curilla, blandiendo el virgo como argumento para defender la preponderancia que el Creador le ha otorgado a la castidad femenina.
El himen está situado en la parte exterior del sexo femenino. Parece ser que es un extracto procedente de nuestro pasado como mamíferas acuáticas. No somos las únicas hembras que poseemos esa fastidiosa membrana. Según vengo entendiendo, focas, ballenas, topas, ratas, elefantas, cerdas de Guinea y chimpancesas tienen su himen donde corresponde. Los hay de muchos tipos: anular, labial, semicircular, franjeado o de herradura. También de herradura obturado, imperforado, trifoliado, multifoliado, o coroliforme. Todos ellos han sido objeto de veneración durante siglos, y en bastantes civilizaciones. Que haya sido adorado por el sexo masculino, lejos de brindarnos fortuna a las dueñas de tan codiciado producto, nos ha traído muchas desgracias, igualito que a los elefantes poseer marfil en la dentadura.
No todas nacemos con él, algunas lo perdemos de forma espontánea en la infancia, con algún movimiento brusco. Otros sin embargo son tan macizos, que no se rompen de buenas a primeras. Hay acuñada alguna ocasión excepcional en la que la partera hubo de rasgarlo antes de que saliera el bebé. Situación extraña que recuerda a la inmaculada concepción, pero no, no fue inmaculada esta concepción, solo un espermatozoide abispado que penetró vigorosamente por entre los férreos visillos.
Romperlo duele un poco, pero se consigue en un tris que se pasa rápido y se olvida pronto. Mucho más angustioso ha debido ser su conservación forzosa. Habría que verse. Habría que verse lozana, febril, enamorada y reprimiendo porque ¡caramba! se arriesgaban a ser escupidas, vilipendiadas, lapidadas, etc, etc. Etc.
Por otra parte, ha sido de siempre una membranita tentadora de romper, de mancillar, de destruir a las bravas por una buena cantidad de brutos. Y ha sido también símbolo de estatus. En él ha reposado la honra de multitud de clanes familiares ¡ni más ni menos! Casarse con una mujer entera es condición prioritaria para muchos todavía hoy en según qué mentalidades.
El espíritu puede estar temeroso, pero cuando la sangre se alza en todo su poder, su fuerza es indomable. Muchas lo pierden y luego se arrepienten. Gracias a Dios es fácil de falsear. Mira tú, algo bueno de que los hombres sean mayormente iletrados en lo que a vaginas se refiere. Quieren sangre: ingéniatelas. Finge con tus ciclos, engatúsalo para hacerlo el último día de la mestruación, por ejemplo. O introdúcete la tripilla asquerosa de un pollo ahí, que sí, es una porquería, pero a veces más vale mirar para otro lado y concederles la razón como a los niños, como a los locos. Ya darles el pego a un conjunto de comadres expertas en meter el dedo en vaginas desusadas, puede resultar harto complicado. Menudo trance, todas alrededor -incluida la futura suegra- vigilando el proceso de rasgado, para comprobar que el pañuelo blanco se tiñe del vermello fluido virginal ¡Ah, esas culturas siempre pendiente de la virtud de las muchachas, y también de las señoras!
Los científicos no se aclaran de cual es su función biológica, algunas voces defienden que está ahí para potenciar el retraso de la cópula. Haría las veces de una señal de stop para que la mujer se lo piense dos veces antes de dejarse montar por un macho cualquiera. Un freno para asegurarse de que es un tipo de buena leche, genéticamente hablando. Daos cuenta de que antes de existir todo el surtido de anticonceptivos que tenemos hoy en el mercado, la cópula significaba para la mujer alta posibilidad de embarazo, parto, hijos y responsabilidades.
Quedémonos pues, con esa óptica positiva, ofrece un tiempo a las jovencitas para convencerse de que el que se va a llevar su virginidad por delante es un buen tipo, adecuado para entrar a fondo.
La espina protectora de la rosa.
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¿Y vosotras? ¿qué ha supuesto el virgo en vuestras vidas? ¿dónde y en qué circunstancias os librasteis de él?
¿Y vosotros? ¿os hace chiste intuirlo ahí? ¿os ha parecido facilito o dificilísimo de rasgar? ¿da morbillo romperlo?





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