Jugando a ser sexóloga
Susana Moo ¿existe?
Ser Susana Moo tiene implicación cero en mi entorno amistoso, familiar o profesional. Aquí soy la que conoceis, esta especie de Scheherezade vocacional – a veces pareciera que el Sultán me decapitará si no voy a cuento por día-, escritora erótica de amplia presencia en la Red, con seguidores a porrillo e incluso algún fan, pero en mi pueblo nada de eso, ahí fuera no me re-conoce ni mi madre.
Llevo el asunto discretísimamente y jamás hablo de Erotómana, incluso sello mi boca con siete candados cuando en las tertulias de café surge el tema sexual (no se me vaya a ver el plumero), pero como comprendereis, albergo la ilusión de que alguna gente que aprecio conozca mi trabajo. Para conseguirlo, como quien no quiere la cosa, últimamente saco el tema del “interesante fenómeno blog en Internet” y entonces meto mi cuña bien metidita nombrando ciertos sitios – no eróticos, of course- que me enlazan. Dependiendo de los intereses de mis interlocutores diserto sobre unos u otros, por ejemplo, si son hombres suelo hablarles del blog de Kurioso “¡reportajes interesantísimos! periodismo amateur con muchísima profesionalidad“. Si son mujeres comento sobre el de Zeltia, el de Pitima o el de Wendy: “unas chicas que hablan de sus inquietudes o sentimientos, desde sus diferentes momentos vitales”. Si son galleguistas invariablemente les aconsejo el de Chousa: “un tipo de Antas del Ulla, con una retranca que no veas”. Si la cosa va de literatura, dejo caer Masquepalabras, y si va de psicología nombro el espacio de Luis Muíño. Ya si voy lanzada, me explayo sobre las bonanzas del Xornal Certo “ un periódico pequeño con un montón de noticias culturales y entrevistas interesantes, que ya le gustaría a La Voz“. Recomendar Certo es posible que sea pasarme un poco porque mi colaboración allí es exhaustiva (hoy, por ejemplo, sale Informático traducción al castellano del cuento homónimo en galego, uno de los primeros de mi colección).
Reconozco que es un método un tanto sinuoso para enfilarles hacia aquí, pero ¡me gustaría tanto que alguien del “real world” me hablara de Erotómana! ¿Qué opinarían? El caso es que por ahora nada de nada, no hay constancia de Susana Moo ahí fuera.
Claro que a veces las dos vidas se interrelacionan y estos días me ha sucedido un caso que me ha mosqueado ¿es posible que lleve yo la erotomanía pintada en la cara?, es una anécdotilla que os iré narrando en los días venideros y que me dará pié a profundizar en esa curiosa filia que es la flagelomanía, de la que soy inquieta expectadora morbosa.
Como el asunto de marras tiene miga y me ha quedado algo extenso lo he dividido en tres episodios (más un epílogo) que iré colgando los próximos días.
Guión:
1. Donde menos se espera, salta la liebre.
2. Cotilleo (padrísimo).
3. El vicio inglés
Epílogo. Inspiración.
Os animo, una vez más, a participar de esta nueva aventura donde nos
adentraremos en el atractivo que suponen unas hermosas nalgas mullidas, y lo apetecibles que resultan esos mofletes del culo para ser cacheteados y puestos bien coloradotes.
¡Venga, venga! ¡subiros al tren, que voy de corrida!
Un microrrelato sobre una paja la mar de original.
Está claro que el modo más sencillo de masturbar a un hombre es sosteniendo el pene erecto a puño lleno y agitarlo con frescura, ritmo y velocidad constante hasta que eyacule.
Tal fórmula es practicamente infalible y está más vista que el tebeo. Nosotras, artistas sexuales, hemos de innovar y experimentar y hoy os propongo un ambicioso y fascinante proyecto de cascársela a un buen mozo empleando únicamente dos dedos.
Pueden ser los dedos de vuestra elección, pero ¡cuidadín las comodonas! seguro que estais pensando en emplear índice y pulgar; éstos dos formarían un aro que rodearía al falo y la paja sería coser y cantar. ¡No, no! Olvidemos los lugares comunes ¡empleemos nuestros meñiques! el de la mano izquierda y el de la mano derecha.
¡Ánimo chicas! Conseguir que un caballero eyacule a borbotones empleando exclusivamente los meñiques nos llenará de orgullo y de contento.
……
Imagen regalo de Juan nadie:

Infidelidad moderada III. Desarreglos sexuales de los casados infieles: causas.
Para entender las causas que operan en el individuo y provocan algún tipo de disfunción sexual en encuentros fortuitos – impotencia o eyaculación precoz, mayormente- me ciño al libro “La Nueva Terapia Sexual” de Helen Singer Kaplan. Me centraré en las causas que inciden directamente en el casado infiel esporádico -poco acostumbrado a situaciones de tan elevada tensión nerviosa-.
Lo que aparece en cursiva lo he tomado literalmente de este estudio que la sexóloga Kaplan realizó allá por los años 70, época de liberación sexual y de intentos serios de desmoronar tabúes que rodeaban al sexo, todavía rodean.
Entre las fuentes específicas de ansiedad que suponen obstáculos para un disfrute sexual pleno figuran las siguientes:
- Evitación inconsciente de una sexualidad satisfactoria. La conducta sexual puede hallarse presidida por culpa inconsciente. La erección es un reflejo autónomo que no se puede producir por encargo. Una situación capaz de provocar sentimientos de culpa puede crear suficiente conflicto como para que se sea incapaz de responder sexualmente a esa situación.
- Exceso de crítica sobre la propia capacidad de agradar al compañero.

La bella danza de los caballitos de mar.
Coincidiréis conmigo en que un hombre acostumbrado a satisfacer a su única mujer durante un período de tiempo largo es posible que se sienta tan culpable como inseguro. Tener una aventura con Susana Moo, además, requiere bastantes dosis de valentía pese a que, por supuesto, detrás de la “Erotómana” marisabidilla arriba firmante se encuentra una mujer con sus -mis- propios miedos e inseguridades.
Recalcar que gocé entre sus brazos – vale, entre las piernas un poco menos- y que resulta sumamente frustrante una impotencia masculina si el tipo ha desarrollado exclusivamente una sexualidad genital, y se queda apampanado si la verga no responde. No fue el caso, puede que a nivel inconsciente mi amante tuviera sus conflictos, pero a nivel consciente se portó como un señor.
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