cuento erotico
Os propongo un juego.
La idea que ha surgido en la entrevista de Certo, que consiste en adivinar, dado el relato de una fantasía sexual, si la autoría es femenina o masculina, ¿os resulta interesante? ¿alguien se apunta a participar?
Si es así, al menos diez de vosotros debéis escribir un relato sexual de unos ¿2000 caracteres máximo? Y necesitáríamos también un director o directora de nuestra confianza que recibiera los textos y me los enviase todos juntos para que yo no sepa su procedencia. Así yo también podría ser concursante.
Después votaríamos cuáles se gestaron en mente femenina y cuáles son de pluma masculina. Ya por último su autor deberá desenmascararse y decir su condición sexual.
¡La idea me gusta! pero antes de dedicarle tiempo a la organización necesito saber si hay quien se compromete a enviar su cuento antes de septiembre-octubre.
¿Jugáis? ¡Venga! ¡Lo que os propongo es un planazo! Dedicar el mes de agosto a pensar bajo el sol vuestra fantasía más caliente para contárnosla aquí, en Erotómana y así darnos calorcito unos a otros después, llegado el otoño.
La sexualidad de la mujer embarazada
Ella siempre había creído que al estar con la barriga tan gorda perdería los impulsos sexuales, pero eso no ha sucedido ¡qué va! y la verdad, no sabe muy bien cómo tomárselo. Siempre había pensado que a las embarazadas les puede el instinto maternal y que sus deseos van más hacia comprar patuquitos y ordenar la ropa del futuro bebé. Quizás sea que ella no tiene tanto de matriusca, o quizás es normal, lo que es seguro es que sigue sintiéndose tan mujer como siempre y que sus apetitos de antaño se mantienen vigentes. Sin embargo ahora rechaza a su marido con más frecuencia. Conste que él no le hace ascos y todo indica que se lo pasa bomba cuando ella se anima a acomodar su inmenso cuerpo encima de él o cuando se le ofrece desde atrás, pero la verdad es que ella no se siente tan a gusto como antes y ahora le da bastante vergüenza mostrar su excitación. Ultimamente esconde sus deseos y se complace a hurtadillas, cuando no hay nadie en casa y puede relajarse a gusto.
Tiene las tetas preciosas ahora, redondas y bien gordas, con los pezones más oscurecidos. Además nunca antes estuvieron tan sensibles: no necesita más que soplarles para que se pongan en punta y estupendos. Se saca el sostén y las acaricia con suma delicadeza, recreándose en esa abundancia e intentando eliminar de su cabeza que la función de sus mamas será ahora hacer de biberones. Cuando por fin consigue centrarse en sus fantasías, coloca un cojín entre los muslos y se frota hasta alcanzar el clímax en apenas unos minutos de fugaces frotamientos, sin darle muchas vueltas al tema, casi disimulando ante sí misma.
Cuando termina respira hondo y se siente más relajada, pero le inundan las dudas y también surge algún arrepentimiento. “¿Qué clase de madre seré?” Esta embarazada, pobrecilla, vive su embarazo y su sexualidad en contradicción, cargadita de culpabilidad, pero bueno, por lo menos la vive.
Este cuento es una traducción de este otro en gallego, a ver si esta vez os convence más la traducción.
La sexualidad en las personas deficientes
En el xornal Certo hoy sale la traducción de un cuento erótico un poquito triste, si os apetece, pinchad en el enlace:
El cuento de la científica, retocado y ampliado
Os invito a visitar el xornal Certo, donde podeis leer un cuento sobre los negocios fálicos de una científica. El original lo escribí hace un año en gallego, pero esta vez creo que me ha quedado más bonito en castellano.
La científica espabilada (castellano)
Con frecuencia, cuando leo un texto que escribí hace tiempo no le encuentro más que defectos. Yo creo que voy mejorando en la técnica, en la capacidad de comunicar la idea con palabras (aunque las historias son más divertidas, más completas, más redondas, cuando están todavía dentro de mi cabeza).
Lo mismo me pasa con las recetas de cocina, con las felaciones o con las miniaturas de mi pedicura. La cosa es practicar, si pretendo llegar a ser habilidosa, no me queda otra que darle al teclado, al rodillo y al pincel.
Y hacerlo con gusto.
Excelente noticia para mí, y para los que me quereis bien.
Papeles Casa Vigo ha puesto en marcha el engranaje para editar un libro con una selección de relatos míos. Llevará el título “Eva, su manzana y el pecado” y será el tercer número de esta colección de libritos de temática sexual, ediciones limitadas con un diseño cuidadísimo (echadle un ojo a los otros títulos de la colección Perineos).
Ya sabeis que significa muchísimo para mí, que supone un premio a mi trabajo durante todos estos meses. Estoy muy contenta, emocionada incluso, y quiero compartir mi alegría con vosotros. Mi ilusión es que, cuando lo tenga en mis manos, pueda regalaros un ejemplar a los y las que aquí participais con vuestros comentarios y opiniones -si es que os interesa, claro-.
La presentación es chula ¿eh? ¡Espero que también lo sea el contenido!
Para los padres buenos.
Hoy, en el Xornal Certo, sale una traducción de un cuento que me encantó cuando lo escribí en gallego, y me gusta también su traducción al castellano. Está dedicado a los padres.
O pai mariñeiro (para os pais galegos),
El padre marinero (para los otros).
Apetito sexual de Andrés, el cirujano
(Para ler este conto en galego pincha aquí)
Andrés es un buen tipo, médico cirujano de profesión. Serio en su consulta, cerebral y firme. Un doctor en cuyas manos dejas tu vientre enfermo con una cierta sensación de alivio, con la percepción de que detrás de esa mirada reconcentrada hay aplomo, sabiduría y buen hacer.
Agnóstico convicto, se enfrenta cada día a la muerte. Cada día disecciona tripas y vísceras y se maneja entre los sangrantes órganos tumorados y malformados intentando alejar de sí cualquier sentimiento de piedad o compasión: un profesional escéptico con una secreta válvula de escape: el sexo, gratuito o de pago, es lo mismo.
Es en la pasión erótica donde Andrés se resarce de todo ese dolor de hospital, es en el cuerpo sano de una mujer donde hace su canto a la vida. Disfruta de la cópula más que nadie, con la fruición del que sabe de la fatuidad. Andrés venera el cuerpo femenino y allí donde se crea la vida, en ese lugar de la hembra que la distingue del macho, allí donde está el origen del ser, Andrés se extasía, se deleita, se pierde y desfoga sus ansias de vividor de fondo. Abre su objeto de adoración, bien abierto, y observa el coño con todo su ser.
Como si de un ritual chamánico se tratase, el doctor aspira ese olor a principio de los tiempos, ese olor al fondo de los mares que Andrés se sumerge en la ambrosía, se emborracha todo loco. Ebrio de placer, lame, chupa, absorbe y se siente renacer.
Es impresionante la entrega en la monta de Andrés, con seriedad mística y fiereza incontenida, gimiendo, rechinando los dientes y retorciéndose, emitiendo alaridos guturales más propios de un primate que de un cirujano portentoso y estudiado…
Cana al aire, pelillos a la mar.
La madre de Fito. (A nai de Fito aquí)
Hace unos tres años que mi hijo Fito vive en Londres y siempre insistiendo en que fuéramos allí, pero a mi marido no hay quien lo saque de casa. El no quiso ir, pero yo sí.
Los dos primeros días Fito pidió vacaciones y me enseñó Buckingham Palace y el Big Ben. Incluso fuimos a un pub a tomar cerveza. Pero el resto de los días él trabajaba y yo me las apañé. La suerte llegó porque encontré un supermercado de un hindú que chapurreaba portugués y aún pudimos tener conversación.
¡Qué buen mozo el hindú Shuri! Atento en demasía, tan educado… y tan buenas migas hicimos que cuando yo entraba en la tienda sólo le faltaba ponerme la alfombra a los pies. Masculino a rabiar, al principio hasta me daba apuro mirarle a los ojos, de tan grandes y oscuros, con las cejas erguidas y ese pelazo negro; un hombretón con la sonrisa de niño. ¡Y ese modo de mirar! Un indiscreto, que se fijaba de aquella manera en mi cuerpo, tan ostentosamente que me ponía nerviosa. A Shuri le entré por los ojos, vete tú a saber por qué. Dicen que hay hombres a los que les gustan maduras y él debe ser de ésos. Y eso que podría tener la mujer que quisiera, oliendo siempre limpito, con la camisa recién planchada, que no tenía necesidad ninguna de fijarse en mí, que vete tú a saber si no le doblaré en edad.
Yo de coquetear no soy. No digo que después ya me pintaba y compré los aros dorados con piedrecitas y las sansalias amarillas… Me arreglaba porque me hacían chiste las carantoñas del hindú y las risas que nos echábamos, pero mi intención no iba más allá. Pero el demonio de Shuri iba entablando confianzas y yo no le paraba los pies porque allí en Londres todo me parecía distinto.
Yo imaginaba que jugaba porque era cliente nueva, pero fui cayendo de la burra cuando me sostenía la mano al darme el cambio y me palpaba bien la cintura cuando me enseñaba sus productos. Y ya todo se desencadenó cuando hizo como quien se le cae el paquete de tabaco y quedó allí en el suelo mirándome a las rodillas.
Lo que no me explico es mi reacción, que me lancé al hombre como si tuviera hambre atrasada, que me entró una calentura loca, loca. Fuera de control: a sacarle la ropa y a lamerle el cuerpo allí en el pasillo y él arrastrándome a la trastienda.
-¡Pasa, pasa que aquí nos pueden ver!
No me pregunteis cómo, pero allí me encontré desnuda, acostada en una cama del cuarto al fondo de la tienda, con
Shuri tan apasionado con su sonrisa y sus palabras:
-Española bonita.
Yo no sé cómo fue pero con el follón ni condón pusimos. A pelo. Lo hicimos a pelo. ¡Jesús!
Guay
El relato que sigue lo escribí en gallego, si quieres leerlo en versión original, pincha aquí
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GUAY
Antía estudió Empresariales pero tal y como está la cosa aún no encontró trabajo. A veces se desespera aunque ella es de natural optimista y, siempre que le preguntas, ella responde: “guay”.
-¿Qué tal la entrevista?
-¡Guay!
-¿Cómo te fue el viaje?
-¡Guay!
-¿Qué tal la última de Almodóvar?
-¡Bastante guay!
La ropa que le gusta le queda “guay”; sus amigos son “guays” y, si hace sol, ese día es un día “guay”.
Pero cuando Antía repite, triplica y multiplica su muletilla verbal es cuando su novio le obsequia con placer oral.
Resulta impresionante escucharla con esa expresividad lingüística sucinta, combinando la palabrita de marras con diferentes gestos y diversos niveles de volumen. Antía con las piernas abiertas y los ojos cerrados, reconcentrada en las sensaciones de su coñito vocaliza:
-¡Guay!… ¡GUAYYYYYYY!!! -Ggggg UUU AAA YYY -gggg uaaa yyyy
Cuando por fin Antía calla, el novio levanta la cabeza entre sus rodillas -los labios goteando- y pregunta:
-¿Qué tal, cómo fue?
Ella, invariablamente, responde:
-¡Guay!
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La imágen que adorna el relato la he puesto porque no encontré una donde fuera el hombre el que proporciona este tipo de placer a la mujer y a ella se le viera tan expresiva exclamando algo que bien puede ser la traducción de la palabra guay.
Esta escultura está en éste interesante parque temático.
Uno de mis relatos eróticos encuentra novia
¡Ay! Qué contenta me pone encontrar una imágen adecuada para alguno de mis cuentos.
Ayer encontré una que casa como anillo al dedo con mi “Bolita”. Desgraciadamente desconozco la autoría del pintor, pero es fantástico que alguien pincelara mis palabras sin haberlas leido, quizá antes de haber yo nacido. He cambiado la imagen que tenía por esta nueva, mirad: Bolita
Si alguien sabe de quien se trata, por favor, compartidlo.





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