Erotómana

SusanaMoo

¡Atención!. No recomendado para menores. ¿Porqué?

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cuento erotico

27

La suerte de la fea, la guapa la desea.

Publicado por Susana Moo
21 septiembre, 2011

Mi prima Anabel es feucha -tirando a feísima-. De cintura para arriba pareciera esculpida por un chapuzas.  Huesuda, cargada de espalda, hombros enjutos. De las tetillas mejor no decir nada: mera anécdota en un tórax breve y huidizo. Una piltrafilla que no hay blusa que le siente, ni camiseta, ni jersey, porque se da la paradoja de que a pesar de estar tan flaca, las pocas carnes que tiene justo abomban en el abdomen, donde menos interesa.
Como compensación, de cintura para abajo está muy bien, culete majo, piernas torneadas, rodillas armoniosas, delicados tobillos y pies perfectos -marca de la casa-. Pero ni con esas pillaba cacho. Las pasó canutas -fatal fatal- en la adolescencia, con todos aquellos apasionados amores jamás correspondidos. No le salía novio ni a la de tres y su virginidad ya empezaba a tufar hasta que de repente ¡alucina vecina! sale con uno. Un tal Manuel, dentón y patizambo, pero bueno, sin ser un Adonis, es amable y cariñoso y eso vale un mundo en los tiempos que corren. Y se le ve encandilado. Detallista, romántico y zalamero, un tesoro que ella aprecia y disfruta y nunca antes le conocimos a Anabel un carácter tan caramelo ¡ni tan descocada! con unas minifaldas de escándalo y los tobillos cargados de pulseras.
El novio de mi prima flipa con mi prima, y yo me hice mentalmente la composición de sus cópulas presuponiendo que a Manuel lo que más le templaba la sangre era la parte inferior de Anabel: “apuesto que, en cuanto tiene ocasión, la voltea y le da bambú desde la popa”.

Estaba equivocada de raíz. La postura que más  inspira y entretiene a Manuel es la del yunque, esa que tumbada la mujer panza arriba, alza las piernas y las coloca en los hombros del hombre, quedándole las rodillas a ambos lados de la cara, como favorecedores, vistosos pendientes que Manuel disfruta sonriendo con su dentadura conejuna, mientras se agita de cintura para abajo con emocionada cachondez. Y así, folleteando enamorados, la pasan cañón Anabel y Manuel, la pareja del año.

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14

Jimmy, o Sir James

Publicado por SusanaMoo
10 mayo, 2011

Hace un tiempo asistí en Gales a una fiesta de alto nivel, entendiendo por alto nivel como un lugar empalagoso de glamour donde los hijos de los altos ejecutivos de la City se emborrachan con cócteles de a treinta libras la copa.

Me llamó la atención el señorito Jimmy -Sir James para los camareros- un rubiales clavado al primogénito del príncipe heredero, alto y bien formado, del tipo de los que practican tenis y equitación.

Jimmy se sabe el rey de la fiesta, charla con unos y otros, sonrie estirando mucho los labios, da palmas en el hombro a sus colegas y toma por la cintura a las ladies, esas muchachas de pelos lacios en distintas tonalidades, todas entaconadas en sus sandalias, con sus vestiditos de florcillas color pastel que dejan imaginar lo suficiente como para hacer enfebrecer a cualquier marine. A cualquier marine, pero no a Jimmy. Jimmy sopesa la carnaza. Él sabe que cualquiera de esas orquídeas criadas entre algodones abrirán sus piernas ante una escueta palabra suya. Calibra las pantorrillas de la barbie en rosa, el escote, en verde, de la barby animadora. Sin comerse mucho el tarro, se decide por la del chochito más abierto, y digo abierto porque sus muslos son incapaces de cerrarse del todo dado el amplio espacio entre sus piernas, debido a la ausencia de carne en ellas. Toda ella huesitos salvo esas tetolas encabritadas y puntiagudas. El pijo James no tarda dos martinis en seducirla al modo cuchicheos en la oreja, tomada la manicurada manita.

Pronto, ni medio martini más tarde, la invita a salir porque dentro no se fuma y sir James padece de ciertos vicios. Ella le acompaña y sus amigas les miran coloradas de envidia, los bellos rostros descompuestos ¡brujas de mil años parecen! lindas brujas malvadas encorsetadas en cuerpos adolescentes.

Jacquelin, que así se llama la princesa electa, camina altiva aunque temblorosa, meneando la sedosa melena. Jimmy la lleva cogida de la enjoyada mano y todo el mundo les mira. Ella se sonríe  y se muestra indolente. Pero una vez fuera, los dos solos, le ataca el pánico a fallarle al dandy. Sobre todo porque él no se anda con chiquitas y nada más traspasar el portalón de salida le toquetea aquí y allá con sus dedos de pianista. Ella ríe con gorgoritos que se le escapan nerviosos de los labios de fresa, evidenciando su estupor. Espupor que a Jimmy se la trae al pairo. No duda en apoyarse cómodamente en la pared y ceñir a la chica fuertemente, pubis contra pubis, de modo que ella dobla su torso hacia atrás porque acercar su cara a la de él le debe resultar temerario. Jacquelin, para ganar tiempo, habla. Se pone a parlotear a toda velocidad haciendo ojitos y pucheros y Jimmy la mira, de los ojos al escote, del escote a los labios, saboreando de antemano el pastelito que va a zamparse.

Sus sexos están separados tan solo por las sucintas bragas de ella, la gasa del vestido, la tela del pantalón de hilo de él y el calzoncillo. El futuro lord disfruta con ese contacto. Está contento con el chochito hight quality que ha escogido para esta noche y en el que tiene toda intención de inyectar su verga rosa decorada con pelusa rizada color amarillenta.

Jimmy no termina su cigarro. Sin darle más vueltas al asunto entrega las llaves al portero para que le traiga el

Litografía hecha para "Libro prohibido de juegos para adultos", s.XIX

Litografía hecha para "Libro prohibido de juegos para adultos", s.XIX

Lamborghini y, una vez delante, deja que sea el otro el que abra la puerta a la mariposa de la boca de rosa. Ella entra en el buga y él aprovecha para ojear el culo raspado con todo descaro. Incluso tiene la indecencia de guiñarle un ojo cómplice al portero cuando ella, ya acomodada en el deportivo de sillones de cuero color violeta, no puede verle.

Arranca presumiendo de motor, y se van.

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El orgasmo no es el fin.

Publicado por Susana Moo
25 abril, 2011

- De modo que nunca te has corrido con ningún hombre.
- Nunca.

Sonia me dejó de piedra al hacerme semejante confidencia. Sin embargo me atrevo a afirmar que es muy divertida en la cama. Se le nota por su personalidad casquivana y ¿por qué no decirlo? por su nerviosismo pélvico.
- Soy un desastre, no me viene aunque se dejen los riñones empujando.
- ¿y haciéndotelo tú a ti misma?
- Sólo lo consigo de una manera.

¡Qué interesante! Sonia sólo consigue alcanzar el clímax de un modo, de un modo muy concreto. Pero vayamos por partes. Mi amiga Sonia es egocéntrica, sin duda tiene mucha necesidad de hablar sobre sí misma y muestra una permanente incontinencia verbal, virtud que me ofrece la oportunidad de escrutar en su alma con toda comodidad. Trigueña de pelo ondulado y graciosa nariz de cerdita, tiene unos ojos verdes jaspeados muy expresivos, con los que gesticula sin parar. Su cuerpo es un auténtico parque de atracciones con unas montañas rusas de vértigo que decora como un árbol de navidad, pendientes, collares de mil vueltas, pulseras tilintileantes, anillos superpuestos, cinturones de cadenas, medias de fantasía, tacones de aguja, afeites exóticos o perfumes. A chiflada no hay quien le gane. La verdad es que aparenta bastante frívola porque se carcajea de todo con una risa que, francamente, la afea bastante. Inquieta tanto de ingles como de monedero, le gustan los hombres de billetera potente y se la ganan fácilmente con regalos caros. Siempre termina sufriendo como una loca, porque tiene debilidad por los sinvergüenzas mujeriegos. Pero antes de pasarlo fatal, lo pasa bomba. Ahora se hace acompañar por un tal Federico, el último de una larga lista de “amores eternos” y del que, como de todos, habla maravillas.
- Es un fiera, Susana.
- Un fiera ¿en qué sentido?
, me pirra tirarle de la lengua.
- Todo pasión. Ayer mismo fuimos a Las Palmeras y ya en el ascensor me iba metiendo mano por debajo de la falda y ¡no veas cómo estaba lo que tenía él debajo del pantalón!
Sonia, para enfatizar su descripción, acompaña sus palabras apretando el puño, dejándome claro lo durísimo que estaba aquello de debajo del pantalón. Me sonríe con su peculiar sonrisa, haciéndome entender, y continúa.
- ¿ya te he hablado de su polla?
- No.
- ¿No? Pues agárrate nena: la tiene así
– Sonia alza sus dos dedos índices manicurados en rojo separándolos a una distancia imposible y, todavía no satisfecha, continúa-, y de gorda, así, -ahora hace un círculo para el que necesita emplear ambas manos, cuajadas de sortijas.

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27

Mi marido y yo

Publicado por Susana Moo
26 marzo, 2011

Hace tiempo que duermo sola, Ramiro, mi marido, se ha mudado al ala este, donde hemos habilitado un apartamento y allí está, ocupado día y noche con sus cacharros. Ahora es como si yo fuera soltera y no negaré que estoy encantada. Después de tantos años con la casa llena de críos, sin un minuto para mí, de repente esta paz, todo el tiempo para mis paseos, mis flores, mis libros.
Ramiro viene a comer a las dos en punto, charlamos sobre ésto y aquello, es un hombre culto al que le gusta estar bien informado. Jamás me he aburrido con él, nuestro matrimonio ha sido normal y corriente, muy centrados en la educación de nuestros hijos, en la administración de la hacienda …, una pareja como cualquier otra. Como cualquier otra hasta la locura esta de espiarme.
Todo empezó cuando enviamos a Chiqui a estudiar bachillerato a Estados Unidos y se nos quedó la casa vacía. Nos metimos de lleno en la restauración del pazo, que tantos rompederos de cabeza nos trajo. Ahí fue cuando decidimos instalarnos en habitaciones separadas.
- Como los Reyes, le dije.
Reconozco que me quedé con la parte más bonita, mi cuarto es una verdadera casa de muñecas. Está en la zona elevada y tiene vistas a las viñas, a la finca y a la montaña. Ya las puertas, de doble hoja de madera de roble, impresionan, con la cerradura enorme, de hierro forjado. La cama con doseles de pan de oro es espectacular, herencia de la condesa, -bisabuela de Ramiro-.  Pero lo más espectacular es la chaise longue, que el anticuario nos aseguró que había pertenecido a María Antonieta. Recuerdo perfectamente la mirada premonitoria que nos dirigimos Ramiro y yo cuando nos la trajeron y la colocamos justo enfrente al enorme ojo de cerradura.
Mi cuarto es mi palacio y la chaise longue se ha convertido en mi trono, desde el primer día que la estrené me vino la afición por acariciarme. Yo antes nunca había tenido esa costumbre, el placer me había venido -en contadas ocasiones- con Ramiro, pero nunca a solas. Fue tumbarme en la chaise longue de María Antonieta y descubrir el placer de acariciarme. Se convirtió en un hábito diario. A las siete, cuando se va el servicio, subo las escaleras, cierro con llave y jamás olvido retirarla,  dejarla encima del aparador. Desde el principio supe que Ramiro vendría a espiarme y ¿os podéis creer que me encanta que lo haga? Recuerdo lo excitada que me sentía los primeros días, como una niña haciendo una travesura.
No deja de sorprenderme esta ilusión en el ocaso de nuestras vidas, porque lo nuestro en la cama fue muy normalito, con más ansia los primeros años, que pronto se truncó. Normal: cinco hijos todos seguidos. Se fue apagando la llama. Antes de la decisión de separar los dormitorios, hacía ya mucho que nada de nada. Y ahora, ¡quién me lo iba a decir a mí!, esta fantasía, cada día más estrambótica, que me paso el día pensando cómo sorprenderle, que nunca había vestido yo lencería tan descarada. Voy al Corte y hasta vergüenza me daría si me encontrase con alguien. Monerías hacen de transparencias, encajes, ¡esos leopardos!
Si me empeñé en aprender a comprar por internet no fue por otro motivo que el de hacerme con juguetes sexuales, hay que ver lo que inventan ¡tenía que reprimir la risa imaginándome la cara de Ramiro viendo cómo esos artilugios entran en mi cuerpo!
Pero el atrevimiento gordo fue lo de Antoine, que aun lo pienso y no sé cómo fui capaz de dar el paso. Debe ser cierto eso que dicen, que pasados los sesenta se pierde mucha bobería. El caso es que fue leer el anuncio y pensar “¿por qué no?”. La primera vez que me visitó, yo estaba como un flan, pero él es un caballero, un verdadero profesional y supo hacerme todo su repertorio -¡Jesús!- logrando que me sintiese bastante cómoda. No alcancé el placer, pero ahora, cada vez que viene, lo alcanzo sin problemas. Antoine me cobra 500 euros, pero Ramiro no sabe que le pago – le hago el ingreso anticipadamente, para no pasar el bochornoso momento de dárselo en mano-. Ramiro se debe de creer que es mi amante. Hay qué ver, esto es una perversión de las mayúsculas, un pecado mortal … pero yo ya hace muchos años que dejé de ir a misa.
Y cómo disfruto imaginando a Ramiro sufriendo detrás de la cerradura, padeciendo las pasiones de un adolescente celoso y enamorado. Mi amor, tan loco. Cuánto le quiero.

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27

El alemán (Tercera parte)

Publicado por Susana Moo
21 marzo, 2011

Esta historia comenzó aquí, continuó acá y sigue:
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Soy de esa clase de personas que cuando me encuentro ante una taza de delicioso chocolate caliente me la bebo toda-toda. Rebaño los restos con los dedos, me los chupo y me relamo las comisuras de los labios. Procuro no desperdiciar ni una gota de los placeres que la vida me regala. Intento gozar del sol cuando hace sol y de la lluvia cuando llueve, y escapo de la gente que hacen de su vida un miércoles de ceniza perpetuo. Asumo también que no todo el año es carnaval y que las emociones no son ni blancas ni negras y que a veces una se queda presa en los matices.
Aquella noche con el alemán yo parecía estar experimentando una regresión y mi comportamiento, a nivel sexual, no distó mucho del de una adolescente, llena de ilusión pero también de dudas.
Mi acompañante, ya lo he dicho, era atractivo, agradable y me atrevo a afirmar que buena gente. Otro día cualquiera hubiera pedaleado a piñón fijo para conseguir una hermosa lucha de amantes, de esas que dejan los riñones doloridos y el alma brincando, pero yo estaba de “no sé” y “ no supe” hasta el final. Le mareé de lo lindo, ¡con qué elegancia se dejó él marear!
Le besé con francas ganas, pero cuando noté que su lengua se agitaba encabritada en mi boca, frené.
- Para, para …
Pero volví a los arrumacos porque este tipo de hombre tan bien educado da mucho pie para el despendole de achuchones. Acarició mis pechos, me desabrochó el sostén, bajaba ya con su boca:
-Para, espera.
Le invité a subir a casa, nos rebozamos en el sofá. Llegué incluso a desabrocharle el pantalón y a acariciar su verga  -firme, rosa ¡qué limpita!-
- ¿Te quedas a dormir?, le invité.
Asintió con la cabeza sin demasiado convencimiento, es más que posible que él también tuviese sus dudas, pero comenzó a sacarse las botas. Y luego nos besamos con tanta dulzura que ya estaba yo convenciéndome, pero entonces levantó mi falda y coló su mano dentro de mis bragas. Justo cuando comenzó a agitar sus dedos allí, frené.
- Mejor no liar las cosas, ¿verdad?
Y se calzó de nuevo las botas.
Así estuvimos jugando, polla arriba, polla abajo, hasta que, dándome un pellizco en la mejilla, permitiéndome que le mordisquease el mentón, se marchó. Y me quedé sola, la casa vacía, un poco melancólica. Pero dormí muy bien, a pierna suelta. Cuando me desperté el sol estaba en lo alto del cielo y mi vientre anegado de deseo. Me duché, me vestí y fui a sentarme en las escaleras de la Plaza, a escribir estas letras con la ilusión de que él las lea y se sonría.

Sara sandcova

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18

Ni chicha ni limoná.

Publicado por Susana Moo
1 marzo, 2011

Trabajo en una empresa grande con muchos empleados y a veces nos mandan a cursos o congresos, lo cual suele ser un engorro para mí, que trato de hacer mi labor responsablemente para ganarme dignamente  el pan, pero cuento los minutos para que llegue la hora de salir y venirme p`acá.
El caso es que me tocó ir a un congreso 5 días a un sitio bastante feo y con un compañero de otro departamento al que no conocía de nada.
- Vais Jaime de Andrés y tú, me informó la jefa.
A Jaime de Andrés le conocía prácticamente solo de vista. Físicamente no es como para lanzar bombas, 1.65 de altura, gordecho con amplio flotador alrededor del vientre, unos 35 años, soltero con fama de buen chaval, de esos que están my bien relacionados y que tiene un montón de amigas, sobre todo entre las maduras casadas, que le adoran y vinieron en procesión a felicitarme, que qué suerte que me tocara él de compañero, y no otros -subrayando ese “otros”, con el típico cotilleo encubierto que tanto se da en plantilla-.
Quedamos en el aeropuerto y efectivamente, muy amable, dejándome pasar delante, afanándose por pagarme el café. Parlanchín, me mantuvo todo el viaje entretenida. Es un hombre de los que a mí ni fu ni fa, majete sí, pero el estilo de los que, para ellos el trabajo es lo 1º, lo 2º y lo 3º.
No había entre nosotros la mínima tensión sexual. Mejor -por aquello de no acercar el coño a nadie relacionado con el chollo-. Pero lo cortés no quita lo valiente y una cosa es que Jaime de Andrés no me interesase sexualmente, y otra que no pudiéramos  coquetear un poco. Somos seres sexuales y siempre anima. Pero mi acompañante no parecía por la labor y comencé a preguntarme a ver por qué no le interesaba yo a él ¿acaso no le gusto? Era evidente que mi presencia se la traía eróticamente floja. Ni una mirada de soslayo al escote, ni una bromita de tonteo. Nada. Entonces me dije: “Será gay”.
Con lo que me intriga la sexualidad ajena, ya tuve plan alternativo al congreso: descifrar los apetitos de Jaime de Andrés. Me dispuse, como una verdadera sabueso, a escrutar sus reacciones. Dispuse de tiempo para hacerlo, no me quedó más remedio que desayunar con él, comer, cenar con él, tomarme los cafés y sentarme codo con codo a su lado haciendo como que escuchaba los tostones que exponían los ponentes, pero realmente espiando cada movimiento de Jaime.
Pues no. No atisbé tendencias homosexuales. Si las hubiera tenido, se lo hubiera notado porque el camarero del shelf service era un morenazo monísimo y con una plumita en el trasero irresistible. Jaime de Andrés nada, siempre correcto, pero ni una mirada delatora, ni un timbre de voz que me diera pie a sospechar.
¿Y las otras chicas? ¿se fijaba Jaime de Andrés en otras mujeres? Quizá yo no fuera su tipo.

Pues tampoco. No le vi mirar a alguna de ese modo, y ya lo tuve clarísimo cuando nos adelantó caminando una jamona con culazo brasileño y él continuó, sin inmutarse, la conversación que llevaba que, por otra parte, ya comenzaba a resultarme soporífera. Él sí estaba atentísimo a los asuntos de las ponencias  e insistía en comentar a posteriori las mejores jugadas, aportando ingeniosos argumentos de cosecha propia.
Llegó la clausura y con ella esa cena que gustan de llamar de gala. Nos sentamos en una mesa redonda con otros asistentes con los que habíamos confraternizado y, entre plato y plato, Jaime de Andrés, vaciaba copas de Rioja con una alegría que no os hacéis idea.
- Esta es la mía, pensé, a ver si se emborracha y se deshinibe y me entero de una vez de qué va este.
Pues nanai. Os juro que se puso pesadísimo, pero no me dio ni una jodida pista que me pudiera indicar en qué piensa este señor al hacerse las pajillas. Si es que se las hace, porque visto lo visto, ya no sé a que atenerme.

…

¿Sólo la tiene para esto? El título es mío, la foto de Surabaya.

¿es eso posible?

¿conocéis a gente así de inolora, incolora e insípida?

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16

Estoy enamorada; practico la felación con vivacidad.

Publicado por Susana Moo
17 febrero, 2011

Él ha estado practicando deporte, montando en bici por las onduladas carreteras gallegas, corriendo por la orilla de la playa, cambiándole las ruedas al coche o ejecutando a saber qué actividad física que le ha llevado a transpirar la de cristo es rey. Su sudor corre copiosamente por su frente, empapa sus cejas, se desparrama por sus encarnadas mejillas y resbala a chorros por su cuello rotundo. Los fluidos corporales anegan su camiseta, que luce obscenas manchas de humedad.

Entra, me encuentra repantingada en la tumbona leyendo, le miro por encima de mis gafas y sonrío con toda la intención, no soy escrupulosa en ese sentido. Pero a él, que es un hombre occidental educado en la higiene, le gusta estar siempre pulcro. Evita mi mirada. Al muy bobo le azora verse tan sudoroso y se escabulle dándome esquinazo para meterse en la ducha. Sigo con mi libro y hago como si todavía leyese, pero realmente estoy con la oreja puesta en lo que ocurre tras la puerta del baño. Se frota vigorosamente con jabón negro de la Toja – disculpen la publi, pero es mi favorito, y allí se lo dejé, en la repisa, para que haga uso -. Le escucho bufar porque al final se deja estar unos minutos bajo el chorro de agua helada. Sale fresco como una lechuga fresca, brillante como un jugoso melocotón. Cubre castamente sus vergüenzas con la toalla a modo de falda de gladiador romano ¡qué pudorosillo me ha salido!, está muy sexi el condenado, con el pelo mojado y la epidermis resplandeciente. Fijo que su sangre está ultra vivificada y debe de correrle a cien mil por hora por las venas. Ya vuelve a sudar, pero sólo un pelín y éste, éste queridos amigos, queridas amigas ¡éste es mi momento!
En este preciso instante, tesoro mio, eres un parque de atracciones olfativo y podría ganar un concurso de adivinar a qué zona corresponde cada geografía olfativa ¡Ay muchacho! eres un bouquet para sibaritas. Has de disculpar mi gula, disfruto mejor de mi olfato utilizando el paladar ¡Ay baby! eres un pastel demasiado apetitoso como para contener la avaricia. Estate quieto, moreno, y déjame hacer. Déjame. Snif, snif, ñam, ñam, ñam. Que tarea más entretenida, qué estimulante, ¡uhmm! qué orejitas mas ricas, qué cuello tan delicioso ¡tío bueno!, pero qué maravilla de pectorales, con esos pezones masculinos que tan bien combinan con tus ojos, qué maravilla el aroma agridulce de tu sobaco, Y tu boca, ¡oh manjar! ¡uy uy uy! mira ese michelín: ambrosía pa la nena, ¡buah! menuda jartá, se me agua la boca. Macizo, déjame meter mano ahí abajo, voy a levantar tu superfalo y meter la nariz en el hueco que se esconde bajo el monumento ¡menudo bocata haría yo con ese chorizo! Guapo, más que guapo, relindo ¡que viva la madre que te parió!

Elias Tahan

Elias Tahan

Si deseais seguir profundizando en los placeres de la felación, recomiendo empalmar (con éstos otros relatos):

Cómo se le chupa a un negro.

Las mamadas promocionales están demodé.

La flautista.

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15

La atracción de los opuestos.

Publicado por Susana Moo
4 febrero, 2011

Soy pacifista, no soporto a las personas belicosas, no me interesan los soldados ni los militares de grado alguno por muchos galones que luzcan en sus solapas almidonadas. Sin embargo, en una de mis fantasías estrella él es un adusto guerrero que regresa de la batalla.
Es un tipo duro él, con su rostro barbado, duro y rudo, con la piel curtida por el sol y por el viento. Trae el gesto embrutecido del que ha derramado sangre, trae cansancio en sus fuertes músculos trabajados a base de estoca y garrote, trae el polvo del camino en sus botas. Pero sobretodo, trae el deseo en su mirada.
Imaginad cómo viene, hace meses, quizá años que no ha conocido mujer. Todo ese tiempo ha estado pensando en mí, todas esas noches frías y solitarias de campamento se las ha pasado pensando en mí de ese modo, del modo en que ellos piensan en nosotras.
Hoy regresa mi hombre ¡tanto tiempo sin tenerle! Es casi un desconocido al que espero tumbada en mi lecho de sábanas limpias. Estoy desnuda y fresca, perfumada. Toda yo soy blandura y blancura, mi melena suelta apenas alcanza a esconder mis pechos, los rizos de mi pubis apenas consiguen esconder la lujuria de mis labios, tan inflamados por la espera eterna.

Oh sí, mi amante llega hoy. Ese hombre que ha estado luchando cuerpo a cuerpo, que ha clavado su espada en  los vientres de los enemigos con furia asesina se me acerca ahora, sus ojos echan fuego y casi temo su ansia viril, ese ansia acumulada de macho erecto.
-Hola, digo, y le sonrío.
No me responde pero me devora con su mirada, se me acerca, me toma por los hombros, sus manos son ásperas, encallecidas. Mi suavidad le sorprende, le abruma, acaricia mi frágil cuello y me estremezco. Acerca su boca a la mía, huele a mundos lejanos, a aventura y a peligro. Se enerva su lengua, me toca toda, me palpa toda, me lame, me baba, quiere alcanzar el fruto, puja por poseerme sin dilación.
- Tranquilo mi amor, lo quiero todo, pero dámelo despacito, le digo.
Es mi función sosegar su ímpetu, apaciguar su fiereza, contener su energía incombustible. He de frenarle, ha de recordar los tiempos de mi cuerpo, he de recordarle el valor de la ternura.
- Suavecito mi vida, le susurro, pero él ya separa mis piernas.
Mi  brioso amante no atiende a razones, se me monta y sin siquiera penetrarme, vierte en mi vulva su miel.
Que no se apure, la noche es larga y ambos tendremos oportunidad de  saciar nuestra hambre y nuestra sed. Hoy nos demostraremos nuestra pasión en un himno interminable de amor satisfecho.

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21

Te la mamo en un plis plas.

Publicado por Susana Moo
23 enero, 2011

Sally, desde que abrió la franquicia con su socia, trabaja de sol a sol. Desde las ocho que sale de casa, hasta las nueve que regresa, todo el día fuera, doblando la ropa, atendiendo a las clientas organizando las tallas, haciendo caja, escribiendo los pedidos … Todo el santo día vestida de punta en blanco subida a los taconazos de 20 centímetros. Parece que tanto ella como su socia han hecho el acuerdo tácito de encaramarse a los fálicos suplementos y es posible que sea por ese motivo que funciona tan bien el local. Cuando regresa a casa, Sally está agotadita, se desmonta de los tacones, siente el sufrimiento de sus pies, de sus lumbares. Se lava la cara, se recoge el pelo en un moño y se desprende del sujetador, que le eleva los pechos 4 cm de su posición natural. Vestir estos sostenes parece que ha sido acuerdo tácito entre las socias y quizás por eso funciona tan bien la tienda , que ahora de rebajas está hasta la bandera. Sally ya en casa con su pijama de algodón de ositos y sus pechos felizmente sueltos estaría monísima si no fuera por esa expresión de hastío que tan bien escondían el rímel, el colorete y el carmín.

El marido de Sally llega 10 minutos después que ella. Él también curra lo suyo. No calza tacones, eso sí, ni sostén push-up, pero trae ojeras lo mismo. Se besan, llevan ya siete años casados pero no tienen hijos ¿cómo podrían?, ¿de dónde sacar el tiempo para criarlos?.
Cenan sopa, nueces y pan viendo el programa de la tele, se ríen con las elocuencias de los personajes. Nada más terminar, Sally anuncia:

- Me voy a la cama, estoy muerta.

Pero todavía se entretiene preparando esto y aquello, la ropa que se va a poner mañana -que no casa con el bolso de hoy, ha que vaciarlo y meter el contenido en el otro-, se lava los dientes, se pone el contorno de ojos, la crema de noche, la de la comisura de los labios, se retoca una ceja a la que le salieron unos pelillos rebeldes…

Entretanto su marido ya se ha metido en cama y cuando ella llega al dormitorio lo encuentra con la polla en la mano, medio rígida. A Sally se le escapa un rictus de fastidio y dice:

- Ay mi vida, hoy no estoy para fiestas, pero se arrepiente de sus palabras al instante porque últimamente no está para fiestas nunca. Sin embargo el marido no parece desanimado por la negativa:
- ¡Anda, solo una chupadita!
Sally mira a su marido como si fuera un niño travieso que ha cometido una travesura. Él le señala con la mirada la verga empinada, ya trabajada, e insiste:
- Venga, una chupadita nada más -invitadoramente descapulla su glande, que está muy brillante- ¡Venga! - insiste – venga, venga- No tiene intención de tirar la toalla.
- Bueno va, responde Sally y se acerca a la cama con sonrisa forzada.

Un último esfuerzo, piensa Sally, se lo merece el pobre. Se pone de cuclillas en la cama, coge la polla con una mano y dócilmente acerca allí su boca.
Es cierto que han bajado muchísimo el ritmo, al principio de vivir juntos era todos los días, luego ya tres veces por semana, y ahora, desde lo de la tienda, nunca llega el momento, ¡nunca llegan las ganas!
Vamos allá, todo es ponerse, se auto convence Sally, que aborda la fellatio con toda naturalidad. No es una mamada de una esposa apasionada a su marido querido, ni le da besos tiernos, ni lamiditas en los huevos, ni le pasa la lengua sutilmente por el falo. Sin prolegómenos y sin quitarse el pijama comienza con el consabido mete-saca, tal cual como en las pelis porno, a ritmo constante, idéntico estilo que una prostituta de coche. Él parece satisfecho con esa mamada funcional.
Sally se esfuerza por meter bastante cantidad de carne y sacarla casi hasta el final, arriba abajo, arriba abajo, el compás es importante, así suele funcionar muy bien, con suerte alcanzará el clímax en un plis plas,  pero no ha de despistarse haciendo monadas, si se dispersa la cosa podría durar eternamente y no es la intención de Sally, que ¿para qué engañarnos?, está deseando terminar lo que acaba de empezar. Ahora al dolor de pies y de lumbago se está uniendo el de cuello -y el de mandíbula-, y esto tiene pinta de ir para rato, todavía él no impulsa las caderas. Arriba abajo, arriba abajo, por Dios, qué cansino. De repente parece que va a venirse porque el cipote se tensa, se pone más duro, más duro, da una especie de brinquitos introductorios, pero no, falsa alarma, joer, qué coñazo. Por favor, que se espabile.
Sally retoma energía, como se amuerme le dan las uvas. Parece que su marido se empieza a dar cuenta de que urge alcanzar el sublime momento si no quiere quedarse a dos velas -que no sería la primera vez-. Entonces decide colaborar activamente, sostiene la cabeza de Sally con ambas manos, ayudándola con el ritmo mientras observa el proceso con mucha atención, superconcentrado ve su polla entrar y salir de la boca de Sally. Respira un poco roncamente, esto va bien, con su mano derecha sigue impulsando la cabeza de Sally, que tiene los ojos un poco llorosos y con la otra le alcanza una teta colando la mano por el escote -parco- del pijama de ositos. Arriba abajo, arriba, abajo, va, va, va.
-Me voy, ¡me voy!
Y se viene. Justo en el último momento Sally separa la boca porque le tiene asco al semen y él lanza el fluido al aire.
- Buff, dice, buff.
Sally sonríe:
- Bien?
El marido de Sally la besa en los labios.
-Eres la mejor, reina. Te debo una.
Sally vuelve a besar a su chico, que tiene expresión de melón maduro.
- Buenas noches mi amor, ¿apago la luz?
- No déjala, voy a ver un poco la tele.

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14

Los gemelos

Publicado por Susana Moo
19 octubre, 2010

El tipo que le gusta a mi amiga Ana es muy campechano, dicharachero y bocazas. Yo no sé qué le ve, pero está pirrada, no ha parado de hablarme de él en la última semana y hoy se ha empeñado en venir a esta disco para encontrárselo. Nada más verle, me hago una idea del espécimen de pájaro que la trae loca. Me doy perfecta cuenta del percal: éste reparte sus aficiones entre el bourbon y los escotes, el mío le encanta a tenor de las miraditas, miraditas no disimuladas con las que se pasea por mis formas sin cortarse un pelo.
No me voy a poner cursi diciendo que me molesta que un hombre me mire por debajo del cuello. Me gusta, me halaga y a veces incluso me excita, pero se da el caso de que Ana, que está a mi lado y usa dos tallas menos de sujetador que yo, está loquita por el tonto éste, que se va pareciendo cada vez más al can de Pavlov, babeando por la carne que dejo ver en mi escote con este vestido rojo, un poquito exagerado de más, que maldita la hora que me dio por ponérmelo hoy sin sostén ¡a quien se le ocurre! un vestido de tela tan fina.
Es una situación muy violenta porque el tipo parece que ha decidido quien será su presa esta noche, o mejor dicho, quienes son sus presas y esas no son otras más que mis dos tetas. No es que yo sea una creída, me atengo a los hechos, a cómo gira los ojos del uno al otro de mis senos como si estuviese presenciando un partido de pin-pon. Ana, pobrecilla, cada vez más colorada, y yo más abochornada y se me ocurre una solución así, a bote pronto, que es plantar la conversación, girarme noventa grados y darle palique a sus amigotes.
Son dos gemelos, sus amigos íntimos al parecer, y van a convertirse en mi tabla de salvación para librarme del furor causado por mi pechamen en el elegido de mi amiga y así, dejarle el campo libre a la interesada. No me gustan los gemelos. Al igual que su colega, son campechanos y dicharacheros, se hacen los simpáticos, chillan al hablar, y no consiguen decir nada interesante, pero yo me río, me troncho de risa, me esmendrello de risa con cada una de sus idioteces. A ellos también les interesa lo que esconde mi vestido al parecer, pero creo que les interesa más todavía ser muy graciosos y pretenden mantenerme a mandíbula batiente toda la noche. Yo me carcajeo para hacerles las delicias y miro de reojo los avances de Ana con el otro, que parece que va bien, el par de tallas menos no van a resultar impedimento.
Los gemelos rivalizan entre sí como hermanos celosos, supongo que es normal, como tienen la misma cara, han de desarrollar otras facetas a destacar, y os aseguro que eso, destacar, lo intenta el uno con ahínco y lo pretende el otro con frenesí. También rivalizan en pagarme las copas y ya voy por el tercer Ginger: todo es poco para seguirles riendo las gracias a estos dos pollos.
Vistos objetivamente no son feos, tan jóvenes y energéticos, con los ojos sumamente brillantes, cuatro ojos color miel igualitos. Hay un follón de miedo en la discoteca que se ha llenado de gente y casi no puedo ver a Ana, que ahí sigue, de palique todavía pero ya muy cerquita las bocas al hablar. Estoy aprisionada contra la pared y los gemelos se me acercan muchísimo, sus olores-idénticos- y sus voces -idénticas- reverberando a ambos lados de mis orejas me hacen sentir como en una nube, sus alientos me soplan el cuello y para mí que todos estos roces no son casuales. Copa va, copa viene, me toquetean a discreción con el dorso de la mano, con sus brazos y mis pezones se erizan sin querer. Es posible que sea su táctica para ligar a las chicas, noquearlas de tanto parlotear, realmente presiento que he de hacer algo para que se callen si no quiero desmayarme ¡Y mira tú lo que se me va a ocurrir!
Me bajo los tirantes y tan fresca permito que el vestido resbale hasta mi cintura y este sencillo acto es mano de santo, los gemelos enmudecen ipso facto, su gesto congelado ¡es mágico! como si hubiera sacado un conejito de mi chistera. Los gemelos ni siquiera parpadean ahora, pero claro, toman ésto como una invitación al desayuno y ahora sus bocas se lanzan a lo que sin duda les parece una nueva y apasionante actividad.
Y yo, la verdad, ya no no sé si la idea ha sido buena o mala, no tengo muy claro las consecuencias de todo esto, pero desde luego he cumplido mi objetivo: por fin han enmudecido…
Mi amiga y el otro por fin se comen las bocas.

…..

Traducción ao galego aquíKuhn.Mona

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