Erotómana

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Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos

13

El médico eyacula en el cojín.

Publicado por Susana Moo
31 Agosto, 2010

-Supongo que no es necesario que le  explique las causas de su despido, dice el médico muy serio sin mirarle a la cara.
Por supuesto que no. Desde luego que no. Que una enfermera se beneficie a un paciente en el mismísimo hospital es causa justificada de despido inminente y ningún sindicato pondrá pega alguna.

El médico es un hombre tolerante, él hubiera perdonado un desliz del tipo confundir las tomas de medicamentos, olvidar la administración de un calmante, un informe erróneo. Hubiese sido condescendiente si se hubiera demorado en acudir a la llamada apurada de un enfermo o si hubiese tenido un pronto desairado con un familiar. Podría mostrar negligencia ante una falta de profesionalidad, ante una carencia de humanidad, ante la ausencia de sensibilidad para con el dolor ajeno ¡Pero eso! Eso bajo ningún concepto.
Alice lo sabe y no tiene nada que decir. Se levanta y sale del despacho con los ojos llenos de lágrimas y el mentón hundido por la vergüenza.
El médico se siente molesto, cabreado, incómodo. Menudo día lleva, menudo papelón le ha tocado hacer hoy, qué desfachatez la de esa enfermera, qué mal trago. El doctor se recuesta en su silla, está alterado, nervioso, ha de hacer algún ejercicio de respiración para calmarse un poco. ¡Menuda fulana! Al pobre médico no se le va de la cabeza la imagen de la enfermera abierta de piernas con el chorro del grifo en la vagina. Qué horror, piensa, bebe un sorbo de agua. “Una fresca, una libertina” Él nunca ha visto a su mujer en tan obscena postura.  Sus relaciones maritales son regulares, acostados como norma general. Acometen tres, cuatro posturas, vamos, lo normal. Pero eso es lo de menos, aunque él y su esposa ejecutasen el listado completo del kamasutra, esa alegría de follar no se la darían las acrobacias. Lo que ellos desconocen, lo que para el médico es, hoy por hoy, inconcebible es esa insólita capacidad de despendole que ha presenciado y que está a años luz de su sexualidad patriarcal represiva ¡Si no es ni tan siquiera capaz de liberarse en solitario! En estos momentos, sin ir más lejos, está excitadísimo y no se quiere dar por enterado.  Qué asquerosidad, se obstina en repetirse como si se estuviera aprendiendo la lección.

¡Menudo día llevo! dice para sí mientras con rictus de agotamiento nervioso toma el cojín que está allí al lado. Sin pensar realmente en lo que hace, lo pone en su regazo. Absolutamente inconsciente de lo que ese gesto significa, le da un buen azote al cojín. Ese golpe reverbera en sus genitales. A diferencia de sus limitaciones cerebrales, su aparato reproductor funciona como un reloj. Qué guarra, recuerda. Y otro azote. Esta puñetera erección le impide pensar con claridad, ¡qué puta!

Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz

Fotografía de Francisco Enríquez Muñoz

¡Va, va! la fantasía quiere salir, viene y va, juega al escondite pero hoy parece que la lujuria va a conseguir escamotear la autocensura.  Hoy su mente cabalga. Otra nalgada al cojín -reverberación en la polla- y ya se imagina con claridad el culo gordo de la enfermera en sus rodillas. Toma, dice. Lo dice muy bajito, en un susurro, casi no se escucha a sí mismo. ¡Toma! el culo redondo de la enfermera colocado en pompa en sus rodillas. ¡Toma, toma, toma! El médico musita cosas muy indecentes, su imaginación va desbocada. El médico, que si está con el pico cerrado es un hombre bastante atractivo, por primera vez en su vida da rienda suelta al fauno lascivo gracias al cojín. Toma, toma toma, culo de puta. Con sus propias manos abre las cachas a la enfermera y lo mira todo, lo hurga todo, lo profana todo, humillándola “y ¿esto? ¿ te gusta ésto?  O ¿mejor por aquí? ¡Toma! Y ¡Toma! Y ¡Toma!”.

Sí, menudo día lleva el hombre.

………..

Capítulo 58 de Crisol Púbico.


23

Alice y Gonzalo son pillados infraganti.

Publicado por Susana Moo
26 Agosto, 2010

Se mueren de la risa. Eso es lo más característico de las relaciones sexuales entre la enfermera y el abuelete. Se parten, se tronchan, se mondan, se despiporran. Él se queda bobo con las carcajadas de ella y ríe a su vez como un niño. Le quita la ropa como si descubriera la perla en una almeja y la acaricia toda con las yemas de los dedos, con las palmas de las manos. Gonzalo no da crédito, no se lo cree, aplaude y cierra los ojos ¿estaré viendo visiones?
-Te voy a bañar, le dice.
-¡Ay, no! que nos pueden cazar.
-No, no nos pillan. A esta ahora todo el mundo duerme en el hospital.
El riesgo les excita, qué gamberros. Van al baño y llenan la pequeña bañera de agua, ji ji, ja ja, jeje
-Estás loco.
-Loco por ti.
-¡Loco de capirote!
-Eres mi chiquitina y te voy a bañar, uy, uy uy, qué niñita más desarrollada, mira qué tetas más ricas. Y a ver,…  ¿qué hay por aquí? ¡pero si tiene pelos! ¡qué conejito más lindo!, ¡vamos a lavarlo bien!
conejito
Alice se mete en la bañera debajo del grifo y Gonzalo pone el tapón. Ella se queda de pie debajo del chorro, toda nerviosa, acalorada. Él le pasa la esponja por la espalda, por las nalgas y le cachetea el culo. Alice tiene muchísima celulitis en el culo, pero el papito ni la ve, y aun en caso de verla no decrecería su encantamiento.
- ¡Mala, mala mala!, le dice, con los cachetes consigue salpicarse todo.

- Ahora la nenita se va a tumbar que la voy a lavar bien lavadita.
Alice ya se ha olvidado de que está en su puesto de trabajo y obedece muy sonriente, muy obediente. Se recuesta en la bañera y se deja hacer.
- Una pierna aquí y otra acá, para que papi pueda lavar muy bien a la nena.
Un observador neutro que no conozca -o que se haya olvidado- de las tonterías del amor, pensaría que estos dos son un par de subnormales, hablándose como bebés, jugando a las mamás, haciendo pucheros. Pero de bebés nada. Una vez Alice está tumbada en la bañera, Gonzalo enfoca el chorro del grifo allí donde a ella le hace más cosquillas y ella se desparrama toda. Intercala la risa ahogada con suspiros y gemidos roncos, que trata de minimizar metiendo sus manos en la boca. Tiene el rímel todo corrido. El pelo mojado le gotea en mechones desordenados. Los pezones como piedras.
La pareja de amantes está tan entretenida que no se percata de que en la puerta, con cara de espanto, se encuentra el médico, atónito. Este señor de bata blanca y fonendoscopio es, además de una eminencia -relativa- en cardiopatías, el jefe de Alice. El doctor se está unos segundos mudo, estático, intentando procesar lo que mira. Pero pronto reacciona, gesticula espantado y carraspea, da una rídicula patada al suelo y un golpe ya menos tímido a la puerta, todo para hacerse notar. Pero ellos nada, a lo suyo, en su mundo de las mil maravillas.
- ¿A ver qué guarda el conejito aquí dentro?
Y entonces el aguafiestas, lleno de ira, gesto feroz, grita con voz estrepitosa:
-¡ENFERMERA! ¡Quiero verla inmediatamente en mi despacho!

………..

Capítulo 57 de Crisol Púbico.


16

Arrimando el ascua a mi sardina

Publicado por Susana Moo
23 Agosto, 2010

El concurso ¿qué tengo entre las piernas? surgió  a raiz de la entrevista que me hizo el xornal Certo preguntándome por qué la gente desconfiaba de si yo era un varón. De ahí me vino la curiosidad por saber si yo podría distinguir el sexo de un autor a partir de un relato erótico. Lo cierto es que este juego no tiene validez científica alguna, es evidente que no se basa en principios sólidos, pero creo que es un buen ejercicio para entender las diferencias -mentales- entre la sexualidad femenina y masculina y sobre todo para desmantelar tópicos.

Estoy encantada con la calidad de los textos recibidos y con la participación. Ahora me permitiréis que haga un paréntesis en el camino y aproveche el tirón que está teniendo el juego para promocionar mis propios escritos. Ahí va ésta (pero ¡seguid votando, eh!)

………..

La enfermera se corre por activa y por pasiva

La enfermera Alice se ha enamorado del señor Gonzalo, paciente ingresado por cardiopatía. Las mentes malpensantes sospecharán que va por la pasta, ¡semejante hembra salerosa con ese vejestorio! Pues no, lo cierto es que es una chalada y se ha entusiasmado con los mimos de él, que le dobla la edad, que ya no huele rico salvo que se ponga colonia y que de sus antiguos abdominales marcados ya no queda ni el recuerdo.  Alice se ha enamorado del carcamal, ¡increíble pero cierto!
Hemos de entender que ella ha pasado lo suyo con los hombres. No tenemos más que recordar al último, aquel bestia, que sí, es cierto que follaba como un miura, ¡una potencia insólita!, que le metía semen hasta que se le salía por las orejas … disculpad la burda metáfora, pero es que la cosa era así talmente. Imaginaos cómo sería, que una vez, al principio de su relación, cuando todavía usaban condón, Alice vió claramente cómo se lo sacaba de la polla – ya medio flaccida- rebosante de esperma, lleno hasta los topes, a reventar. Pero ¿de qué le valía a ella eso, si al fin él era un sinvergüenza al que ella le importaba una mierda? ¿de qué sirve un superfalo talla XXL si corresponde  a un imbécil que sólo  mueve el culo por el interés de sus propios cojones?
Gonzalo, por contra, la adora. Le saltan chispas de felicidad cuando la ve. Alice, aunque parece tan  alegre y dispuesta, tiene la autoestima por los suelos y depende muchísimo de la visión que refleja en los hombres. Ella no se cree bonita, pero lo cierto es que aun a pesar de pintarrajearse tanto resulta atractiva. Y sexi, eso seguro, el culo un poco gordo de más, las tetas un poco demasiado pequeñas, pero el resultado es divino para el que sabe mirar. Y Gonzalo se la come con los ojos.

Arte mochica (del I al VI d.C)

Arte mochica (del I al VI d.C)

No como aquel de  testículos hiperproductivos, que la miraba sólo cuando la tenía tiesa, el muy cabrón, que se largó sin decir adiós quince minutos después de haberle metido la polla hasta la garganta. Con lo molesto que era que se corriera allí al fondo, que a Alice le daban arcadas y todo, y ¡anda que no se lo había advertido una y mil veces!, que le daba asco, que no empujase tanto cuando se corría en la boca, y él nada, a lo suyo, a su puta bola, y luego va y la deja así, de sopetón, todavía con el sabor agrio de semen en la lengua.
Alice no ha tenido hijos, el cabrón se corría como un buey y sin embargo no fue capaz de hacerle un hijo. Gonzalo tampoco se los dará, ya no tiene edad, su polla no responde, todo en él funciona salvo el pene, pero bueno, ¿tan grave es? Ni se empalma ni se corre, pero consigue con sus manos, con su  lengua y sobre todo con su devoción, que Alice goce como nunca. Como nunca, resulta difícil de creer, pero os aseguro que Alice, que ha acogido a decenas de rabos entre sus piernas -el cabrón no ha sido el único, ni mucho menos- disfruta como una bandida y no recuerda correrse tanto y tan bien. Ya os contaré con detalles porque esto de verdad que es la bomba.

… … …

Esta historieta es el capítulo  56 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico


3

El Ex se lo huele

Publicado por Susana Moo
24 Julio, 2010

Al Ex de Carmen algo le huele a chamusquina nada más entrar en el piso. Lo primero, le sorprende el lujo, ¡todo tan elegante!, no se lo esperaba así. Recordemos que cuando conoció a Rebeca era una bohemia que tocaba la flauta por las calles y ahora ¡esta mansión! Y luego ella tan solícita, tan tocona, tan dispuesta a follar ya, sin mediar palabra, allí mismo, en ese salón tan pretencioso. Le pide una cerveza, y no hay cerveza, sólo champán, y su instinto no se relaja. No olvidemos que este tipo es gallego y tiene como norma desconfiar, por si acaso, y ahora desconfía muchísimo y la observa y ve que la mirada de ella se dirige con frecuencia al espejo enorme de la pared y que titubea, parece que no quiere hablar, sólo joder y ¡joder!, él no es tan rápido, él hubiese preferido ir calentando motores poco a poco, dar un paseo, picar algo, … y ella erre que erre que no, que si tiene hambre le saca unas patatas fritas de bolsa.

Salvador Dalí

Salvador Dalí

El Ex cada vez está más mosca y estando mosca no hay polla que se empine, vamos que  ni pa dios, por mucho que ella succione ya con tanto empeño, que parece un alma llevada por el diablo comiéndoselo todo, babándolo todo.

¡Esto no es lo que él esperaba! que no la recordaba así, tan ansiosa, ¡con la de veces que ha evocado aquellas chupadas lentas que Rebeca acostumbraba hacer! y ahora le sale con esta chapuza.
- Espera un poco, Rebeca,  por favor.

Y ella en vez de mirarle a él, vuelve a girar sus ojos al espejo con cara de fastidio sin soltar la picha de entre los labios y él ya reacciona y se levanta de un salto y sale a grandes zancadas del salón. En un visto y no visto se planta en el porche, descubre la puerta que da a la sala del mirón y sin pensarlo la abre de un porrazo y se encuentra al pijo cabrón con cara de pánico mirándole acojonado.

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3

Sado fino para el que pague bien.

Publicado por Susana Moo
23 Julio, 2010

El Ex marido de Carmen viaja nervioso en el metro madrileño, sin perder de vista ni su plano ni su maleta. El pardillo enfila de tren en tren hacia la dirección que le ha señalado su adorada Rebeca. Todo confiado -pero sin detenerse a hablar con desconocidos- vuela ligero hacia el apartamento que él supone será su lecho de amor este fin de semana. El incauto ignora que va derecho a un nido de víboras.

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3

El pijo contrata en exclusiva a Marisol y Judith.

Publicado por Susana Moo
22 Julio, 2010

“Os quiero para mí solo”. Así rezaba la nota que recibieron las bailarinas en un inmenso ramo de gardenias. No hicieron caso porque estaban acostumbradas a propuestas de lo más variopintas, pero cuando al día siguiente volvieron a recibir otro ramo idéntico con la misma nota y esta vez incluía una cifra, ya les llamó la atención. No voy a concretar la cantidad porque aquí entra gente que se gana la vida en la cantera y no quisiera ofender, sólo apuntar que se  trata de una cifra indecente a los ojos de los que trabajamos por cuenta ajena y que despertó el interés de las chicas ipso facto. “Habrá que ver qué quiere”.
Le hicieron llamar al camerino y ambas se desilusionaron íntimamente al verle, tan poca cosa. Este millonario lo que tiene de guapo buena falta le hace, pero su cartera puede compensar y lo que deseaba de ellas no era despreciable. El muy egoísta quería que bailaran en su apartamento para él solito y deseaba poder intervenir en la coreografía. Es decir, quería tener potestad para meter baza: “ahora saca la lengua”, “ahora quiero que os frotéis ahí”. No tenía interés en tocarlas, pero se acercaría a ellas y podría eyacular en sus cuerpos, si le placía. Y le plació, ¡vaya si le plació! hasta siete corridas se largó el canijo, porque los planes se llevaron felizmente a cabo y el tipo hizo sudar a las chicas.

Francisco Enrquez Muoz-Tetas

Tetas. Francisco Enríquez Muñoz

Haz esto, haz lo otro, quiero veros así, quiero veros asá… Y él merodeando

por el medio, con la polla en ristre y eyaculando por doquier en las preciosas pieles de las bailarinas que terminaron extenuadas y salieron de allí a todo correr después de unas cinco horas de duro trabajo.

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4

“Noche negra y luna clara”, la danza de Judith y Marisol.

Publicado por Susana Moo
21 Julio, 2010

Nadie permanecía impasible al presenciar la danza de Marisol y Judith en el Estrella. La combinación de esas dos hembras suponía un explosivo cóctel de belleza, la una, negra voluptuosa rebosante de carnes, la otra toda huesitos con pequeñas cumbres sexys aquí y allá.
Los hombres que presenciaban la danza se transportaban a terrenales nirvanasbelly_dance cuando las huríes hacían su aparición en el escenario ataviadas al estilo arabesco, con turbantes y velos translúcidos de colores que todo lo enseñaban, al tiempo que todo lo escondían.

A golpe de ritmos tribales comenzaban a bambolearse sensualmente, luciendo sus piernas elásticas y sus brazos ondulantes que se entrelazaban, cruzaban y giraban.  Sus curvas tenían la facultad de hipnotizar cuando se meneaban al son de la música primitiva en brincos obscenos, rasgando los tules con la punta de los pezones erectos. Por momentos parecía que las dos se fundían en un solo cuerpo bicolor, se frotaban y se acariciaban entre las telas y las caderas se distendían liberando a las nalgas de su habitual oclusión.

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3

Tetas tutifruti.

Publicado por Susana Moo
20 Julio, 2010

El dueño del “Estrella” es un empresario digno de mención. No es tan fácil encontrar en el sector del ocio masculino una empresa tan limpia de trapicheos. Don Eduardo es un rara avis que trata a sus empleadas con justicia laboral y con ello consigue no sólo que las sonrisas de las señoritas sean francas, sino también que los clientes de buena fe no sientan un cierto remordimiento al acudir allí pensando en posibles tratas de blancas, vudús u otras aberraciones similares.
El exclusivo club “Estrella” se caracteriza por ser un Templo al Seno femenino y el primer requisito que han de cumplir los senos es ser naturales. Don Eduardo le tiene tirria al bisturí y quieres tetas de verdad, eso dice, naturales y dispares. Esta ideología es un factor diferenciador de este club, él lo explica muy claro: “ los hombres estamos cansados de ver tetas clones, en el “Estrella” se pueden encontrar preciosos senos desde la talla 80 a la 120, con forma de pera y con forma de manzana, incluso alguno con forma de plátano” afirma don Eduardo en tono jocoso.

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2

¿Qué llevó a Marisol a desear que David sea un gigoló?

Publicado por Susana Moo
19 Julio, 2010

Sin la ayuda de Rhett la zapatería de Marisol se fue al garete y ella se vio en la obligación de buscarse la vida estando todavía embarazada. Hizo de todo un poco, trabajó en un restaurante de comida mexicana, en una cafetería, de cajera en un supermercado y quién sabe si no se buscaría la vida en otros asuntos menos decentes. Así unos cinco años hasta que la contrataron a tiempo completo -con Seguridad Social – en el distinguido disco-pub “Estrella” donde las chicas atendían prácticamente en top-less, con tan sólo una estrella dorada – símbolo del club- cubriendo los pezones y allí Marisol se hizo muy popular con sus preciosas tetas firmes y sensuales, a las que les quedaban de perlas los detalles dorados.

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12

El hijo mulato de Marisol

Publicado por Susana Moo
9 Julio, 2010

Rhett, el padre de Laura, nunca llegó a saber que en su última y mortal eyaculación dejó encinta a Marisol la venezolana, a la que no le hizo ni pizca de gracia llevar un bombo nueve meses. Pero tiró palante y el alumbramiento despertó en ella un fuerte instinto maternal. Crió a su hijo lo mejor que pudo,  haciendo grandes esfuerzos para ganarse el sustento y darle alimentación, ropa y calzado, viéndose obligada a dejarlo en casas de las vecinas durante días enteros. El pequeño David, mulatito precioso, resultó ser un bebé tan tranquilo y sonriente que las mujeres del barrio lo adoraban como a un niño Jesús y se lo rifaban, se comían a besos sus piernecillas rechonchas y sus mofletes regordetes. Marisol tuvo una suerte tremenda con David, que se fue desarrollando en un niño despierto, alegre y con iniciativa, al que los hombres le metían una moneda en la mano con gusto porque el chaval sabía ganarse a la gente. Luego llegó a la adolescencia cargado de talentos tales como intuición, gracia y sensibilidad, lo que no deja de sorprender teniendo en cuenta que se crió, como aquel que dice, en la calle, pero él nunca se iba con malas compañías, él siempre con su balón en el pie y la sonrisa en la boca.
David iba adquiriendo con el paso de los años una belleza impresionante, moreno de tez canela, risa seductora de labios carnosos. No había mácula en su rostro armonioso de rasgos mestizos, ni fealdad alguna en su cuerpo de cintura fina y espalda atlética, con el cabello ensortijado y la mirada sana de los que miran de frente. Bello hasta decir basta, su madre le observaba orgullosa y comenzó a hacer planes de futuro. Le hubiera gustado mucho que estudiara enfermería, pero eso desgraciadamente no estaba a su alcance,  de modo que cuando David cumplió los dieciséis lo matriculó en un gimnasio porque tuvo una idea. Decidió que la mejor vida que podría tener David era ser un “acompañante de señoras”. Para ella esa era una profesión buenísima donde los hombres atractivos -y buenos en la materia -pueden hacerse de oro y vivir como reyes.  Marisol, que había pasado tantas penalidades económicas, consideraba que no había mejor actividad en el mundo para su hijo, qué mejor que gigoló, un oficio elegante, fino, limpio, en el que los señores no se manchan las manos y trabajan un par de días a la semana. Sólo de pensarlo se le llenaba el alma de júbilo. Esperó pacientemente, observándolo y comprobando que su hijo se hacía más guapo por momentos, y creyendo con verdadera fe que ese encanto era un regalo del santísimo Cristo del Sagrado Corazón, al que ella rezaba devotamente. Una vez David hubo celebrado su mayoría de edad, Marisol decidió que ya era hora de mover ficha y fue a hablar con Judith, su buena amiga:
- ¿Tú me harías el favor de enseñarle a mi hijo a hacer bien el sexo?

Foto de Yim Surubaya

Foto de Yim Surubaya

Este cuento es el relato número 49 del folletín Crisol Púbico.


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