Erotómana

SusanaMoo

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Erotómana » Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos

Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos

1

Culo de hombre.

Publicado por Susana Moo
13 Marzo, 2010

(Continuación de “El vicio Inglés”)

A veces, en la batalla íntima de los amantes, se producen escenas tan inauditas que sonroja revivir; secretos de alcoba opuestos al habitual decoro que causan un pudor tremendo al ser nombrados y  que colindan el abandono absoluto. Sacar a la bestia es un acto de profunda confianza y en el secretismo tácito entre sus protagonistas reside el elixir mismo de la libertad.

Si me decidiese por narrar aquellos gestos entre en profesor filósofo y yo, si repitiese aquellas palabras, cometería un pecado grosero y no seré yo la que comadree frívolamente acerca de lo que aconteció en los amplios e impolutos baños de señoras de la librería. Lo que allí hicimos (¡ay lo que hicimos!) lo que allí nos dijimos en gemidos susurrados (¡Ay lo que él me dijo! ¡Ay lo que le dije yo a él!) he de reservármelo.

Sin embargo,

Amazonankampe

Amazonankampe

se me hace difícil callar momentos tan catárticos que han movilizado zonas en mí antes dormidas. He de desahogarme y me permitiréis que lo haga sublimando aquellas sensaciones que me invadieron con el filósofo. Me desfogaré narrándoos una fantasía con Víctor -el protagonista imaginario de Crisol Púbico-. Me desfoguaré por escrito como lo hice en la realidad con el profesor que me adentró en el gusto por la nalgada, la nalgada cabalgada.

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Leed:

“El culo de Víctor”, número 33, de la novela capitulada Crisol púbico.

El culo de Víctor es precioso, diríamos perfecto en forma, tamaño, densidad y frescura. No es sólo a Laura a la que le abruma ese trasero, cualquier mujer mínimamente sensual se acalora al visualizarlo. Son músculos que contraídos parecen rocas graníticas, relajados flan de huevo, golosina que tienta lamer. Piel tan engatusadora, que una se rebela ante tamaña perfección, que una no puede reprimir determinados pensamientos impuros.
Bonito es, con exceso, apetecible con derroche, ¡esa combinación entre dureza y elasticidad! ¡esa textura neumática! pero lo que de veras nos trastorna no es tanto su belleza como la indecencia que provoca, la obscenidad en la que nos envuelve aun a pesar de nuestra voluntad.
Para intentar explicar las locuras que desata la presencia cercana de ese culo viril, diré que una debe agarrar una mano a la otra para no alargarla y meter mano a esos glúteos calientacoños que invitan a ser pellizcados, cacheteados, rasgados con las uñas y mordidos con los dientes.  Al principio nos sentimos confusas ante tal reacción de nuestro organismo, pero después de los primeros momentos se desencadena un derroche de lujuria absolutamente irremediable. Ese culo delante de las narices provoca un deseo tan violento  que se nos llevan los demonios y una especie de fiebre nos invade, los ojos brillan lascivos, el paladar salivea, los labios de la boca se mojan y todas esas combustiones internas provocan que nos arda la concha, que chorree y se dilate.
Cualquier cosa puede pasar ¡Dios!, que nos encendemos con esas cachas, ¡joder!, que nos inflamamos, coño, que dan ganas de abrirlas, hostias, palmearlas con la mano abierta, la puta, escupirles, cojones, que qué mierda no tener una polla entre las piernas, joder, una polla de caballo para hincársela a este cabrón, joder, y follarme su culo con empitonadas que se claven en su alma.

puestatony.ward4

Madonna y Tony Ward

Otras veces que me he desahogado en Víctor:

Víctor se masturba

Víctor no se masturba


12

Alice, mujer de cristal.

Publicado por Susana Moo
4 Marzo, 2010

Víctor ha limpiado meticulosamente las uñas de sus manos con un mondadientes, Laura ha alisado la larga melena de su cuero cabelludo y ha retocado con primor el vello rizado de su monte de Venus.

Alice, la enfermera de las bragas chiquitas, les recibe:

Landrú. Arturo Pizá.

Landrú. Arturo Pizá

- Lo siento, sólo puede pasar uno a ver al señor Gonzalo, advierte.
- ¿No podemos entrar juntos?, protesta Víctor.
- ¡Uy, no! las reglas son estrictísimas- responde Alice con dicción melosa y sonrisa radiante –, que pase la chica primero.
- Vale voy, se apresura a responder Laura, acostumbrada a no cuestionarse las reglas.
En cuanto Alice se queda a solas con Víctor, comienza su ritual de seducción. La enfermera es una de esas mujeres para las que su identidad ha de pasar por la aprobación genital masculina. Es una de esas muchachas, o damas, siervas del beneplácito del hombre, mujeres incapaces de desear salvo actuando como espejos. Frágiles maniquís de cristal, vulnerables al paso del tiempo y los estragos que él hace con la belleza superficial, muñecas preciosas que aman por ser amadas, que gustan por ser gustadas y se rompen en mil pedacitos el día que ellos, los hombres, les niegan la mirada. De ahí el esfuerzo inconsciente, infinito, de Alice por ser linda y caliente, simpática y deliciosa, permanentemente adobada por si él, uno de ellos, cualquiera de ellos, quiere tomar el aperitivo. Siempre está a punto de caramelo y ahora exhibe todo un repertorio de gestos -innatos o adquiridos- para llamar la atención de Víctor.

Si un antropólogo pudiese verla, tomaría nota de cuanto movimiento y rito efectúa la hembra humana para dirigir al macho hacia la monta: caminares de punta tacón, contoneo sensual de cadera, mohín mimoso combinado con sonrisa cariñosa, inclinación de cintura, elevación de glúteos, lucimiento de volumen pectoral, giro de ojos, elevación de cejas, pestañeo de abanico. Prueba todas y cada una de esas carantoñas, mas ninguna provoca -aparentemente- el mínimo efecto en Víctor, que la mira contenido.

Hace unos días hubiese tenido mucha más suerte con su exhibición, pero hoy no. Hoy Víctor tiene enfocada su atención en un objetivo concreto y no se dispersa. No sigue el juego de la enfermera a pesar de que no le resulta fácil, su naturaleza está diseñada para esparcir su esperma y con él sus genes, y es complicado luchar contra esa ley biológica. Sin embargo el mecánico se mantiene firme y se siente aliviado cuando por fin llega Laura y le mira sin hacer filigranas. No, ella no hace cabriolas espectaculares con sus párpados pero, si se sabe leer en su mirada, esas pupilas gritan sin hablar, es la mirada ansiosa de una mujer que enviaría su alma a los infiernos a cambio de un abrazo de amor.

…………………………………

Este es el cuento 32 del conjunto de relatos hilados de Crisol Púbico.

Pinchad aquí, si os apetece recordar el día que os presenté a Alice, la enfermera, y las fotos que me enviasteis de ella.


17

El carnicero, play-girl.

Publicado por Susana Moo
1 Marzo, 2010

La esposa del viejo ni se inmuta cuando se entera del pataflús que le ha dado a su marido; es cierto que durante muchos años ha fantaseado con la idea de quedarse viuda y rehacer su vida con su cuñado, el carnicero, el amor de sus amores, pero ahora ya está muy desengañada. Esta señora que ha sido tan japuta con su legítimo ha sufrido en sus carnes todo el rigor del refrán aquel que dicta “allí donde las das: ¡tómalas!”.
¡Cuánto no habrá padecido de celos esta venerable mujer! Porque el carnicero tripón, desde que quedó viudo ha sido un picha alegre de amplio fuelle gracias, sobre todo, a la calidad de sus carnes. Su establecimiento fue un enjambre de fulanas decentes libertinas, amas de casa que no se limitaban a reírle las gracias al tendero, si no que le bailaban el chorizo con una alegría que pa qué.
No digo que todas las clientas pasaran por la piedra, pero os aseguro que no eran ni una ni dos las  mosquitas muertas que se hacían con las mejores piezas a base de darle a la lengua. ¡Vivir para ver!  Se daban allí situaciones extraordinarias, tales como las típicas discusiones de quién es la última, pero aquello era el mundo al revés.
- Pase usted delante.
- No, no, usted llegó primero.
- Oh, no, yo llegué después.
Todo por quedarse al festín, sabedoras de que al final queda la guinda, la última chupa premio ¡menuda lotería! ¡el gordo de navidad in persona!
- Venga señora, pase a la trastienda, que le enseño el cordero fresco.
Y ahí van, como cabritillas mansas meneando la cola detrás del castrón, que, después de unas breves carantoñas protocolarias,  ni corto ni perezoso, desabrocha la bata blanca -machada de sangre por la pechera-, saca el filetón -morado como morcilla toledana- y lo ofrece sin remilgos. Y aquello que parece inaudito sucede: sin remilgo se lo toman a manos llenas, que ¿quien lo diría? … ¡unas señoras tan hacendosas!
Claro que de entre todas las pelanduscas, guapas pocas, adefesios la mayoría,

Autorretrato de Odd Nerdrum. Odd Nerdrum podría haber sido primo del carnicero.

Autorretrato de Odd Nerdrum. Odd Nerdrum puede que haya sido antepasado del carnicero.

pero él no hace ascos a ninguna, al fin y al cabo la tremenda panza es una gran ventaja, esa inmensa protuberancia abdominal le ahorra verles la cara a las señoras ya atareadas en faena, que las pobres han de hacer la felación con la cabeza torcida -si la ponen derecha, la frente choca con el barrigón y no abarcan el cacho al completo-.
¡Esto es la leche! hay que ver de lo que son capaces algunas para conseguir rebaja en las chuletas. Y la mujer del viejo, pues trepando con las garras por las paredes, jodiendo a su marido, qué va a hacer.

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Este es el cuento 31 del conjunto de relatos hilados de Crisol Púbico.

No he podido -ni querido- reprimirme de colgar el autorretrato, pero si os apetece, podeis enviarme algún enlace, imágen o música que enriquezca esta historia. Ya sabeis, a erotomanita(arroba)gmail.com

Y si quereis ver las imágenes que me enviasteis anteriormente para ilustrar otros relatos en los que aparece el carnicero y/o su amante estable (la mujer del viejo), pinchad en los siguientes enlaces:

La historia de ¿amor? del Sr. Gonzalo y su esposa

La infidelidad de la mujer del viejo con el carnicero

El carnicero seducido por su cuñada

Me enviaron imágenes:

Leer más »


16

La flautista se doblega

Publicado por Susana Moo
23 Febrero, 2010

- Ringggg
- ¿Diga?
- Soy Rebeca.
- ¿Rebeca? ¿la flautista?
- Sí.
- ¡Rebeca! ¿qué tal? Precisamente estos días me he acordado muchísimo de ti, después de encontrarnos el otro día en el bar, que apenas tuvimos tiempo de charlar… ¿dónde estás?
- En Madrid, te llamo para darte mi dirección por si algún día te pasas, podrías quedarte en casa …
- ¿En tu casa? ¡Anda! Pues muchas gracias … precisamente tenía pensado ir dentro de un par de fines de semana por ahí– inventa el Ex sobre la marcha.
La prima, que escucha la conversación agazapada en el otro terminal, se sonríe triunfante.
- ¡Qué bien!- finge la flautista.
- Sí, sí, fantástico, me enseñarás la ciudad.
- Claro.
- Te llamo dentro de un par de días, en cuanto gestione los trámites.
- Vale.
- Oye, muchas gracias, todo un detalle.
- Sí, bueno, hablamos.
La flautista cuelga el teléfono enfurruñada; al Ex, por contra, le salta el corazón en el pecho de la dicha, y la prima se autofelicita vanagloriándose por su capacidad de cálculo y se excita sólo de pensar en lo inteligente que es y en lo bien que se lo monta:
- ¡Buena chica! ¡así me gusta! – le dice a Rebeca, y acto seguido desabrocha sus pantalones de botones y se los saca lentamente por los pies, se quita los calcetines y después las bragas de nilon. Luego se acomoda en la silla con las piernas bien abiertas. No tiene que decir nada, la otra ya sabe lo que ha de hacer.

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Este cuento es el número 30 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Karlotti envía tres mapitas del deseo realizados por él mismo, que clasifica como chafalladas. A mí no me parecen chafalladas, mirad:

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ranaparanegrocubicaokok

mirandomemooOK

Celia: “¿la prima?“:

linda.benglis

(La foto que envía Celia la había utilizado yo hace un año aproximadamente, cuando me dió por contaros mis experiencias carnalescas).

Wendy: “Vete tú a saber por qué, pero me imagino a la prima ansiosa por no sólo presenciar sino grabar el evento, y tal es su ansiedad por revivirlo que no puede esperar a visionar el film, observa los negativos y se recrea en el recuerdo vívido. Qué rara es la psique. Y la imagen, puede que sea sólo erotizante para mí…”

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Tiberio: “me debo haber empecinado en que la prima es rubia y flautista morena“:

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Fernando Lobato opta por algo explícito:

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6

La prima es exigente con la flautista

Publicado por Susana Moo
22 Febrero, 2010

- Llama a tu Ex e invítale a venir a Madrid a verte.
- ¡No!
- ¿Cómo que no? ¡Sí! Deseo verte con él.
- No quiero … ¡me da asco!
La flautista le tiene tirria a todos sus ex amantes, una repugnancia visceral que no representa otra cosa más que el menosprecio que siente por sí misma y por su pasado.
- ¡No!
- ¡Sí! He visto cómo te mira, y sé de un cliente al que le gustará mucho presenciar vuestro encuentro.
La dueña toma por el mentón a la discípula, la mira a los ojos y asevera pronunciando lentamente sus palabras:
- Y a mí también.
La flautista baja la mirada, en el fondo goza recibiendo órdenes y también le gusta la sensación de ser vista por su novia mientras lo hace con un tío cualquiera, pero ¡con el hippie!, con lo baboso que es, con lo absurdo y ridículo y horrible que es.
-No quiero, con él no, por favor…
- Sí, será con él. No hay más que hablar.

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Este cuento es el número 29 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, pongo una foto de una mujer expuesta que me ha enviado Erik Marvaz:

DSC03145

Si deseais recordar un poco de la historia de la prima y la flautista, aquí algunos capítulos:

Episodio de Laura con su prima lesbiana
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El Ex de Carmen y la flautista
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Cómo se lo montan las lesbianas


17

¿Travestirse o buscar apoyo?

Publicado por Susana Moo
18 Febrero, 2010

Está resultando muy desalentadora la conversación que mantienen Carmen e Ismael. El gay está pasando una tremenda crisis de identidad y se plantea un cambio rotundo en su existencia: piensa en abandonar el remo, deporte que además de ser su afición, es su sustento y le ha labrado el cuerpo con proporciones tan masculinas. Se plantea hormonarse con la idea de suavizar esas formas, habla de mutilar su sexo de varón- bellísimo, todo sea dicho-, con la ilusión de disponer de una vulva femenina con la que acoger a su amante. Eso se cuestiona y no bromea.
Carmen le escucha y es consciente de que a su vecino lo que le mueve no es la inconformidad con su género, es el terror a perder al hombre que ama. Se le hace durísimo ver la mirada de su pareja deseando por ahí a unos y a otras, su mirada escondida de la suya. Carmen lo sabe, ella antaño también sufrió esa angustia perfeccionista para los ojos del amante.  Siente mucha empatía con Ismael, el hermoso Ismael, dispuesto a todo por amor.
- ¿Has hablado con Kinki de esto?
- Sí, Carmen, él no quiere, dice que le gusto así.
- ¿Entonces?
- Ay niña, yo veo cómo mira a las mujeres, cada vez con más obsesión, veo cómo te mira a ti en el bar. ¿Pero tú viste cómo se comía con los ojos ayer a Laura y a su prima?
- Sí me fijé. Pero no vas a evitarlo convirtiéndote en un travesti…
- ¿Y qué puedo hacer? Kinki cada día es menos gay, cada día es más hetero,…
- Eso es porque su faceta homosexual está satisfecha … ¡Ay Ismael!, se me está ocurriendo una idea…
- Dime.
- Es que… lo mismo te parece mal y te enfadas conmigo…
- ¡Suéltalo!
- Se me ocurre que me dejes entrar en vuestros juegos, en vuestra cama.
- ¡¿qué?!
- No te alteres, piénsalo, es una solución. Puede ser la solución. Tú sabes que entre Kinki y yo no va a haber enamoramientos ni nada parecido, además es evidente que te adora. Él, en caso de que estés en lo cierto, no desea más que el cuerpo de una mujer.  Deja que sacie su hambre de hembra conmigo, sé tú el que le prepara el menú y el que recoja la mesa…
Ismael la mira pasmado, Carmen es su amiga íntima, es cierto, puede confiar en ella, ¡pero tanto como para ponérsela en bandeja a Kinki! … Sabe que Carmen es liberal, que el sexo para ella no implica necesariamente compromiso…  Que sea además veinte años mayor que Kinki le tranquiliza … A Ismael la idea le va tomando forma, poco a poco su rostro se ilumina ¡Desde luego! La idea no es mala. ¿cómo no se le había ocurrido antes?
La abraza cariñosamente, Ismael es la ternura personificada:
- Niña: te voy a condimentar como si fueras un pastel, pero ni sueñes con estar a solas con él ¡los tres juntitos en amor y compañía!
- Mmm, calla, ¡los tres!
Los amigos se ríen cómplices, parecen dos adolescentes loquitas dispuestas a colarse en el cuarto de su ídolo de rock. Carmen se siente feliz, quiere mucho a Ismael y Kinki siempre le ha parecido una bomba sexual.

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Este cuento es el número 28 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, os envío a aquel capítulo en el que os presenté a los gays deseados por Carmen, y en el que me enviásteis imágenes muy muy chulas, mirad:

Los dos remeros gay


11

Victor va a por Laura II

Publicado por Susana Moo
13 Febrero, 2010

Víctor llega a la casa de Laura jadeante y no se amilana cuando no le abren el portal, espera a que entre un vecino y sube las escaleras -cuatro pisos- saltándolas de dos en dos. Llama al timbre una vez, dos, tres, cuatro hasta que por fin escucha un hilito de voz como procedente del más allá:
- ¿Quién es?
- Soy yo, Víctor.
Un largo silencio sigue a su respuesta.
- ¡Abre!, dice casi en un grito, tan ansioso está.
Entonces ella, que lleva la larga melena suelta y sueltos también sus pechos debajo de la fina tela del pijama, asoma por la rendija de la puerta.
- Hola
- ¿Estabas durmiendo?
- Ahá
- Vine porque a tu alumno, el viejo, le ha dado un infarto en el café. ¿Puedo pasar?
- Ajá
Víctor entra y percibe el olor a guarida femenina, el perfume dulce de la doncella recién levantada que, insegura, se aleja de su inesperado visitante todo cuanto le es posible y permanece ahí, estática, preciosa como una estatua de mármol, pero llena de vida, el rostro sonrosado, las axilas exudando.
- Se desmayó en Crisol.
- ¿Quién?
- El viejo.
- Ah.
El silencio embarazoso impera. Víctor se siente de repente confuso. Está acostumbrado a que cuando llega a la casa de una mujer se le trate con todas las cortesías y amabilidades.
- ¿Estás enferma?
- Sí, un poco.
En este momento Laura nota como una gruesa gota de líquido espeso se desliza por la boca de su vientre, instintivamente aprieta una pierna contra la otra. Se le ocurre que le ha venido la regla, recuerda que debajo del pijama no lleva bragas, y que el pijama es blanco y que se le va a traspasar el rojo de la sangre. Casi entra en estado de pánico. Su corazón palpita apresurado y sus mejillas arden.
- Lo siento, no me encuentro bien, dice y se esconde tras la puerta de entrada, -que ninguno de los dos ha cerrado- en una clara invitación para que se vaya, así lo interpreta el mecánico, pero aun titubea.
- ¿Puedo hacer algo por ti?
- No, no, gracias.
- ¿Te voy a la farmacia?
- No, no, gracias.
- ¿Quieres que vayamos juntos mañana a visitar al viejo al hospital?
- … vale…
- ¿Te recojo a las ocho en la academia?
- Sí, sí.
Laura percibe de nuevo que un fluido caliente resbala por los labios de su vulva y se pierde entre los recovecos de la piel, entre el vello ensortijado, llegando a humedecer, esta vez, hasta sus ingles. Se siente empapada y casi empuja a Víctor con la puerta.
- Adiós y gracias.
- Chao…
Laura corre al baño, se baja los pantalones y se sienta en la taza. Se mira: está limpia. Con papel repasa su sexo, no hay atisbo de sangre ¡no era su menstruación! A Laura no le ha bajado la regla. Lo que la ha empapado es su propio lubricante natural, esa miel que favorece la penetración, el líquido sagrado de aroma indescriptible, la ambrosía del placer. El sabio cuerpo de Laura reacciona de este modo espontáneo a la presencia de Víctor, su ser se licúa, la biología funciona, es su mente la que le niega el placer. Su miedo la aferra a una castidad dañina y enfermiza que, de no cesar, va a volverla loca.
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Este cuento es el número 27 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Hoy tampoco os pido imagen. En vez de eso, os envío a aquel capítulo de Crisol, cuando os presenté a Víctor y me devolvisteis la idea en forma de imágenes:
Victor, picha feliz


10

Víctor va a por Laura

Publicado por Susana Moo
12 Febrero, 2010

Víctor no sabe que Laura ha pedido el día libre. Se encontraba tan angustiada después de la visita de su prima que siente que no dispone de las fuerzas necesarias para soportar todo ese día dando clases, se encierra en el baño y solloza. Laura, la hermosa y virgen Laura sale del aseo con los ojos enrojecidos, va al aula donde está su jefa, llama a la puerta, se acerca y le susurra que se encuentra indispuesta, que ha de irse a su casa. Sale cabizbaja, camina a paso ligero, no mira a los lados, huye del café y del taller, escapa para esconderse en su guarida. Abre el portal y cierra tras sí,  entra en su piso y clausura con doble pestillo, corre al baño, abre el botiquín, se toma una pastilla para el dolor de cabeza y dos para dormir. Se desnuda. La belleza de Laura desnuda no puede dejar a nadie impasible, la esencia de la feminidad en su piel, la ternura en sus pechos llenos, el misterio de la vida en su vientre fértil, la plenitud de la luna en la curva de sus caderas.

Se viste un pijama de algodón blanco y se acuesta. Se abraza a la almohada, tapa con la sábana hasta su cabeza y se dispone a olvidar, olvidar a su prima, su soledad, su soledad infinita y … a Víctor.  Un escalofrío recorre su columna vertebral al recordar su nombre.

Ella no sabe, no puede sospechar que él ha estado tieso para ella todo el día, no se puede imaginar que a las ocho en punto él la espera con su camisa limpia en la puerta de la academia, no sabe que no va a rendirse cuando la jefa le diga que Laura se ha marchado a su casa.
- ¿Podría darme su dirección?- le sonríe Víctor-  Tengo que darle un recado urgente.
No hay quien resista al encanto de Víctor y la jefa, atusándose el pelo, le da lo que le pide, encantada de poder hacerle un favor al joven.
La bella durmiente, mientras tanto, con su melena alborotada, los pechos sueltos, yace triste e inocente, desconocedora de que el príncipe, montado en el invisible caballo alado que transporta al macho erecto, vuela para encenderle los labios. Como si su pene fuese una flecha lanzada en dirección al nido de Laura, camina ligero con la determinación y la vitalidad del hombre encoñado por una mujer.

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Este cuento es el número 26 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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No pido imagen hoy porque mañana mismo cuelgo la continuación de esta historia. En vez de eso, os envío a aquel primer capítulo de Crisol, cuando os presenté a Laura y me devolvisteis la idea en forma de imágenes:

La belleza de Laura no deja impasible


16

Hombre de una sola mujer.

Publicado por Susana Moo
7 Febrero, 2010

La enfermera que cuida al viejo es de temperamento naturalmente cariñoso, de biología apasionada, desprejuiciada por educación y liberal por costumbre. Su modo de relacionarse es seduciendo a diestro y siniestro pero no tiene demasiada suerte en sus intentos porque, en esta sociedad nuestra, una mujer que expone su sexualidad libremente con frecuencia asusta, a veces incluso espanta.

Espantado se quedó el médico aquel primer día en la entrevista, cuando se le sentó en las rodillas jurándole que no se arrepentiría de contratarla. ¡Menuda fresca! ¡Porque es dificilísimo encontrar una enfermera especializada, que si no, la habría puesto de patitas en la calle! No lo hizo, pero desde luego cortó de raíz aquellas confianzas que se tomaba la chica.

-Señorita, por favor, ¡yo soy hombre de una sola mujer!- le dijo al tiempo que se levantaba y, lleno de dignidad,  la alejaba de sí con firmeza. Efectivamente, el médico es hombre de una sola mujer, su mujer, a la que tiene en un altar, y a la que considera igualita a la famosa actriz Penélope Cruz.

Hasta cierto punto es cierto. Lidia es morena como Penélope y de una estatura similar, misma edad año arriba año abajo. Vale, tienen la estructura facial parecida, la diferencia la marcan unos milímetros en las distancias y profundidades, alteraciones mínimas que los humanos somos hábiles para captar en los rostros de nuestros semejantes y que delimitan los cánones de belleza, variables a lo largo de la historia.  No sé si la señora de Doc podría haber sido un bellezón en alguna época antigüísima, pero hoy en día, ni por delante ni por detrás. Pero él, erre que erre que son clavaditas, sí hombre sí, gemelas ¡por favor! De acuerdo, llevan peinados parecidos pero a su esposa los mechones se le desmayan a ambos lados de la cara, sin vida ni alegría, igual que sus tetas, que  aun usando la misma talla de sujetador, éstas son montículos desaboríos, no tanto decaídos por la flaccidez de la carne como por el desinterés abúlico de unos pechos pasotas, senos desmotivados, tetas que ni estudian ni trabajan. Y lo mismo con la ratio cadera- cintura, dos, tres, cinco centímetros distinguen las medidas de la actriz con las de la señora de, realmente poco, pero ¡por Dios! no hay más que verla follar, que pone el gesto del que come pipas ¡y esas posturas! ¿dónde se ha visto colocarse  a lo perrito con tan poca gracia? ¿es que no ha visto una porno en su vida o qué?, se posiciona ahí como si no fuera con ella el cuento y Doc tan ilusionado, como si se la estuviera ensartando a la mismísima Dulcinea soñada por Quijote, a la Beatriz cantada por Dante. Él tan apasionado y su legítima que se le entrega ahorrando talentos ¡con lo que les gusta a ellos vernos bien abombadas!, ¡con lo hermoso que es ese, nuestro ángulo más salvaje! Mucho lucir ropa de Dior y no tiene la delicadeza de exhibir los encantos íntimos que por selección natural poseemos las hembras. Una mujer de su posición debería tomar conciencia de la inmensidad del salto genético que ha supuesto la transformación del zafio trasero de las monas a  la maravilla de nuestro pompis. Que el gorrión asome por la retaguardia, tan coqueto, en forma de triangulito entre las inmaculadas nalgas es evento suficientemente glorioso como para festejarlo, digo, y añado que si estás casada con un hombre, y además te trata como a una reina, ¿qué menos que enseñarle la alhaja en todo su explendor? bien inclinada la pelvis, el culo elevado, respingón, que para saber eso no hace falta ser licenciada, todas lo sabemos, que a los tíos les vuelve locos. Cualquier hombre puede decirte que es la pose más bella para observar a una mujer. Alguno puede ponerse pesado y filosofar sobre si le resulta más estimulante el rostro y bla bla bla. Bobadas, entrar, entran en éxtasis al enfocar la mirada en esa masa de carne abierta, sujetando sus bordes a riñón por mano. Y ella va y se ofrece como una mesa de cuatro patas, la columna recta, los hombros rígidos. Mal gusto se mire por donde se mire. Pero él con su cantinela: “Igualita a Penélope” y se relame emocionado mientras hace malabarismos para mantener el pene dentro sin que se le salga, porque con esa postura lo que es favorecer el acto: cero.

Y digamos que es una mujer que descuida su estética porque tiene la cabeza llena de ideas fascinantes y se la trae al pairo lucir bonita o fea. No es el caso; va a la peluquería cada semana -mínimo-, salón de belleza cada mes, cadenita de oro en el cuello, pendientes en las orejas, anillos varios. Todo proporcionado por su esposo, el paganini, que no encuentra oro en el mundo con que regalar a su mujer, la top model, idéntica a la Cruz, ¡ja! Seamos francos, si un día Pe se despierta y se mira en el espejo y la imagen reflejada es la cara de la mujer del médico ¡menudo disgusto para la estrella!
Pero a él no hay quien le quite que su Lidia es un bellezón digno de pasarela y, bueno, si el tipo es ciego, a ver quién le destapa los ojos, y además, ¿pa qué?

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Este cuento es el número 25 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com

Mira las que me envían:

Fernando Lobato; trío de corazones, la explicación en comentarios:

mujer acostada

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De lado

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Tiberio: Dogging:genio y figura

berrante.

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Primitivo Morales me envía la siguiente imagen, que no sé muy bien qué relación encuentra con el texto, pero sus motivos tendrá. Yo la cuelgo. La ha tomado de aquí

shala

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Pitima ilustra el texto con un trébol de culos bien formados en pompa, de su propia autoría:

tr_bol_de_culos

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Missexitos: “П que no P“. La encontró aquí:

bicisexi


20

Cómo se lo monta la prima

Publicado por Susana Moo
27 Enero, 2010

La flautista fue una niña mal criada que abandonó el hogar familiar en cuanto cumplió la mayoría, decidida a no heredar la carnicería de papá, destino que le venía impuesto tras siete generaciones de maestros en cortar la carne. Ahora es ovo-lacteo-vegetariana, lesbiana y un poco masoquista, pero eso no lo sospechó nadie en Crisol salvo Carmen, que se percató de la relación dominatrix que tiene la prima para con su novia, pero le importa un bledo, lo único que le fastidia de todo este asunto es la cara de tonto que se le ha puesto a su ex desde el encuentro ¡ahora que había comenzado a estar tan centrado! El muy anormal babea de nuevo por la de labios de muñeca hinchable.
A la prima de Laura le gustó la flautista en cuanto la vio, y ya decidió no perderla cuando comprobó hasta que punto se abandona dócilmente a los placeres sensuales, hasta que punto su sexo es una balsa de aceite, permanentemente lúbrico, lúdico para el amor.

Cuando la relación estaba mínimamente consolidada, la prima decidió que ambas debían sacar partido de esos quehaceres íntimos que les salen tan bien. Diligente, se buscó un piso luminoso y espacioso en pleno centro de Madrid que amuebló de tal modo como para que la distribución diera juego a un negocio que tenía en mente y que ahora resulta ser boyante. Desde el porche de entrada- todo en variedad de verdes- se accede al salón – en diferentes naranjas ocres- por una puerta central.  En esa estancia ha enfrentado divanes a un lado, junto al piano de pared, y al otro, delante de la galería, un ambiente más informal con cojines enormes en el suelo. Es un salón femenino con diseño barato en general, pero con alguna pieza exclusiva, como el tapiz oriental con motivo erótico que preside la estancia.

Desde el mismo porche se accede por una puerta corredera -muy bien disimulada al estar pintada del mismo verde lima que la pared- a un habitáculo que podría ser un cuarto de las escobas pero que la artista ha convertido en una salita coqueta que, pese a ser diminuta no lo parece, al disponer de un cristal transparente que ocupa toda una pared y que da al salón. Esa transparencia amplía la perspectiva. Supongo que no es necesario que os explique cuáles eran los planes de la emprendedora cuando decoró su casa, ya que ese cristal es como los de comisaría: en el salón lo que se ve es un espejo opaco, con dos hermosas plantas a cada lado.
La empresaria se lo monta cojonudamente: tiene colgado un anuncio en una página exclusiva dedicada al placer de mirar en la que se explaya en las gracias del placer voyeur individualizado y sibarita, contrastándolo con la vulgaridad de las cabinas donde se ha de compartir el momento con más ojos. No le faltan clientes, tiene una cartera magnífica, no tan amplia como fiel y lo que es todavía mejor: generosamente solvente. Con alguno de esos clientes ha conseguido crear una relación muy satisfactoria para ambas partes, chatea con ellos para delimitar fantasías, prácticas más o menos originales que luego las amantes tratan de llevar a cabo con la mayor fidelidad posible: “me gustaría veros haciendo la liana”, “quisiera ver en acción al dildo polifálico monitorizado“…
La flautista y la prima hacen un buen trabajo para los señores  y los caballeros miran desde la elegante habitación de las escobas. La verdad es que son buenas: lo hacen exactamente igual que cuando están a solas, tienen sus orgasmos reales y se ganan un pico con cada actuación.
A veces, sólo a veces, invitan a un inocente- desconocedor de que va a ser observado por una cuarta persona- y entonces el precio sube porque la puesta en escena es más costosa en tiempo y organización. Incluso algún asiduo se toma el lujo de buscar personalmente al chico al que quiere ver interactuar con ellas: “ligáos a éste”. Como para las dos mujeres está bastante chupado llevarse a un pollo al huerto, lo llevan, se lo benefician y el paganini del cuarto oscuro la goza a su visual manera y queda encantado de la vida, al igual que el maromo invitado, que suele pasarlo rebomba.
El caso es que la maliciosa prima, cuando vió la cara de amor eterno del ex de Carmen para con su novia se dijo que era una víctima fantástica, que a algún cliente retorcido y morboso le encantaría presenciar cómo las dos chicas se burlan del enamorado galán.

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Este cuento es el número 24 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico

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