microrrelatos
Orgasmo rocanrolero
Me han publicado un micro en El País Semanal. Plantearon la pregunta “¿Cuál ha sido tu orgasmo más memorable?”. Mi respuesta:
Compostela, 1999, los Stones en directo. Soy una pulga en medio del mogollón. No consigo ver a Jagger hasta que mi colega gigante me sube en sus hombros ¡wau! bailo, me meneo, me rozo y me excito. Justo cuando tocan “I Can Get No” yo alcanzo la ¡¡satisfactiooon!!
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Realmente es una nueva versión de este otro que escribí en gallego, (a música música muda, pero o conceto non varía).
Escueto resumen de mis vacaciones.
Susana, perezosa en su siesta,
libertina y húmeda,
se transforma en menú degustación
¡divertido alimento!
salsa para hacer sopitas.
Orgasmos de procedencia.
Todos, absolutamente todos, procedemos de una unión genital con orgasmo. Generación tras generación los hombres eyaculan con placer para procrear. Gozó el antepasado relamido cuyo retrato guardamos en el cajón y también el otro que era un borrachín y murió pisoteado por un caballo, todos ellos crearon historia descorchando con burbujas.
Es, sin embargo, una lástima no poder asegurar que devenimos del
éxtasis palpitante de todos los participantes.
De ellas, de las tatarabuelas, no podemos saber.
Espero que sí.
Yo creo que sí.
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La tragicomedia en el sexo.
Otra entrada está siendo víctima de un ataque de spam (cialis, viagra, cialis, viagra, ¡qué pelmas!). La elimino y vuelvo a colgarla. Esta historia fue meneada en su día y me trajo muchísimas visitas. Aquí queda:
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La tragicomedia es un género poco común en el entorno de la literatura erótica, y sin embargo… ¡Tan habitual en la vida erótica de cada cual!
¿Acaso no es un drama que un hombre eyacule a borbotones en cuanto su capullo asoma en la vagina de la mujer? Es trágico, pero ¡qué gracioso ese hombre abandonándose todo del gustito que le da el acercamiento a vulva calentita!
¿Acaso no es una tragedia que alguna mujer insista en fingir sus orgasmos? Dramático, pero ¡qué enternecedoramente simpática con sus suspiros ensayados, con sus gestos forzados!
El video que sigue ha conseguido que me ria a carcajadas, pero también me conmueve este tortuguito cachondo, con sus gemiditos.
Clases de cunilingus
En general, cuando un hombre se decide a practicar un cunnilingus le pone muchas ganas, se esfuerza y da lo mejor de sí, a veces incluso se desgañita por favorecer el orgasmo en el panal que tan rico le sabe. El varón suele poner especial interés en esta acción y, con su lengua a tientas, se pasea por los intríngulis secretos de la mujer que, confiada, yace a expensas de lo que se le ofrezca. Algunos preguntan, dicen:
-¿Te gusta así?
No es fácil explicar, no es sencillo dar clases de cómo realizar un buen cunnilingus, no tanto. Es mucho más sencillo enseñar a hacer una felación. Daos cuenta de que con toda facilidad tomamos un objeto de forma fálica y ensayamos los gestos cómodamente visibles. Imitar los gestos que ha de hacer un hombre con su lengua en la vagina resulta más difícil por la propia fisonomía ambigua de la vulva.
Mi propuesta es que el hombre investigue con la práctica prueba-error concentrado en sus
movimientos y sobre todo en lo que ellos provocan. Ha de fijarse en dónde conviene girar en círculos y la presión adecuada para realizarlos. Ha de estudiar cómo aletear la lengua, el ritmo correcto en las lamidas longitudinales, la intensidad satisfactoria en las trasversales … Por supuesto, ha de prestar mucha atención a las palpitaciones de los músculos vaginales, a la tensión del clítoris y a la contracción-dilatación del ano…
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Y bien, ésto que acabo de decir es una tomadura de pelo. Estos consejos no son más que tonterías. Mi invitación real es que saboreeis la almejita relajándoos en el lamer, disfrutando de su sabor a fondo de los mares, embriagándoos con su perfume primitivo y olvidándoos del mundo exterior. Si disfrutais del beso, por regla general, nosotras también… ¿O no?
La princesa más hermosa del burdel.
Cuando cumplió quince años me dijo: “A mí nunca jamás me besará nadie”.
De inteligencia media y sensibilidad extrema, Sonia sabe que su boca de mueca torcida, su lengua gangosa, su horrible cuerpo disforme, difícilmente serán deseados.
Los instintos palpitan, la sangre hierve, la chica sufre.
¿Qué haría yo, oh dios, en su lugar?
Solita, Sonia. Dentro de ti haz que gire la rueda del infortunio y serás, sólo para tu deleite, la princesa más hermosa, la puta más alegre del burdel.
Juego floral.
Necesito desprecio.
Dime coqueta y levanta mi falda.
No quiero tu lástima, sé salvaje.
Olvida el sentimentalismo, olvida la ternura por hoy, por hoy llámame puta y escúpeme en los pechos.
Clávame la polla. Clávamela en la boca.
Despréndeme de las capas de cebolla, mentiras que me envuelven.
Soy una mujer desnuda, una hembra loca.
Tengo coño, azótame: saca la bestia.
Nadie lo ha hecho, todos me aman, siempre me aman.
Didáctica sexual.
Yo creo que las mujeres tenemos la obligación moral de enseñar a follar a los hombres, ya no tanto porque ello invierte en nuestro placer, como por solidaridad -o por quedar bien- con las futuras amantes de nuestro hombre.
Cuando estás con un amante nuevo sabes bien qué es lo que le ha enseñado su pareja anterior, las anteriores. Hay algunos que están tan despistados, que se tiene la seguridad de que la frívola de su mujer se ha dedicado a fingir y el hombre está tan en dirección opuesta que a ver cómo enderezas tú eso.
Claro que los hay duros de mollera y a esos no hay diosa que les haga aprender cosa alguna, pero no nos engañemos: éstos son los menos y la mayoría pone interés en ser bueno en la cama. Por gusto o por vanidad les encanta complacernos.
Sigamos el ejemplo de las plantas: seamos promiscuos.
Los árboles y las plantas son un buen ejemplo a seguir: dan lo mejor de sí para copular. Obscenamente expulsan al aire su semen en forma de polen y abren al viento sus órganos sexuales para ser fecundados. Todo ésto lo hacen con exhibicionismo barroco, para deleite de todos los que observamos.
Imaginemos una planta, un rosal por ejemplo, un rosal que decide reservarse y no florecer, un rosal estúpido que opta por inhibirse ante la primavera y rechazar el despertar estival. Una planta que bajo un extraño pretexto de pureza no da flor, retiene su polen, no abre sus capullos. Un ridículo rosal que se avergonzase de sus órganos sexuales. No nos temblaría la mano para arrancar esa infructuosa, tacaña, miserable planta de nuestro jardín.
De bajón sexual.
Algunos días estoy tristona, alicaída, melancólica. Esos días no tengo ganas de penetraciones, ni cabalgadas ni fornicaciones de esas donde una debe invertir tanta energía.
Algunos días sólo me consuela el osito de peluche mimosón:
ese pimpollo tieso que abrazo con mis manos y al cual doy un beso de labios mullidos, lamo su hociquito o lo ciño entre mis senos, pero ha de estarse quietecito. Hoy es mi muñeco, si se pone bravucón y pide jarana me enfado y le echo fuera.
¡No, no, y no! Hoy no deseo tus estocazos, hoy sólo mimitos suavitos de Teddy Bear.








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