Biografías eroticamente interesantes
Feo y cochinote, el rey del porno.
Resulta difícil imaginar una tía feota, a la que se la sudan los arreglos personales y con pinta de guarra -no en el sentido moral si no en el olfativo- como reina del porno. Sin embargo actores de tales características son un fenómeno relativamente común y uno de los más populares, pionero, es Ron Jeremy, que fue la caña en los años ochenta. Ahora ronda los sesenta y por ahí sigue dando guerra.
Es posible que a alguna mujer le pongan los persistentes empalmes de Ron Jeremy, sus afanosas penetraciones, sus copiosas eyaculaciones. Puede que alguna se sienta atraída por su currículum, ya que es el actor que ostenta el Record Guinness de más apariciones en films para adultos y presume de haberse ventilado más de 5.000 chichis. O quizás las haya que se derritan viendo sus famosos cunnilingus -se autodenomina el as del cunni-. Pero quienes de verdad se ponen con Ron Jeremy son ellos, los machotes de andar por casa, que se identifican al dedillo con este señor tosco y vulgar cuya vida representa la fantasía sexual de los Hommer Simpson del planeta.
Pero Ron, pese a las apariencias, no es ningún papanatas apestoso. Hijo de un médico y de una editora, se licenció como profesor especializado en necesidades especiales y ejerció durante un tiempo, hasta que se dio cuenta de que tenía una facultad que le saldría mucho más rentable: chuparse la polla.
Ron en sus años mozos estaba de buen ver y se presentó para que le fotografiara la revista Playgirl, pero además tenía el don de ejecutar la hazaña de la autofelación y ello le llevó al estrellato de cabeza. Lástima que a medida que conseguía contratos, iba ganando kilos y pronto su abdomen voluminoso le impidió realizar su numerito. Pero no se le tuvo en cuenta, al contrario, continuó en la brecha cada vez más adorado por los consumidores de porno, recibido con honores en los saraos del gremio porque es el prototipo de compadre al que mola invitar a unas birras para hacerse unas risas.
Sin embargo Ron no es amigo de despendoles ni de colocones, es ahorrador con fama de tacaño y se toma su carrera muy en serio. Lo que más le fastidia es que la industria del cine convencional no aprecie sus interpretaciones. Y es que se lo curra. No hay más que verle con sus preparativos para entrar en acción, reconcentrado en el principal utensilio de su trabajo para conseguir el elevado estado preciso para desenvolverse diligentemente en escena. Desde luego tiene mérito su autodominio … haceos a la idea de que cuando Ron era el puto amo del porno no existía viagra ni sucedáneos y soportaba estoicamente horas y horas de eternos, monótonos rodajes fornicadores.
Un tipo formal, Ron, un friki cualquiera que, como cualquiera, llevará su pequeña cruz a cuestas y ¿quién sabe? quizá el drama de este hombre sea que, pese a todas esas miles de mamadas recibidas nadie ha conseguido hacérselo con tanto cariño como él. Él a sí mismo.
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Fuentes:
Documental Porn Star: La Leyenda de Ron Jerem.
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El erotismo. Lou Andreas Salomé.
Lou, precursora del feminismo de la diferencia, afirma que las mujeres nos realizamos, personal y sexualmente, de distinto modo que los hombres. Explica a la mujer como metáfora de su óvulo, es decir, no ha de salir fuera de sí misma para desarrollarse y crear. El hombre, metáfora de su espermatozoide, halla la realización -creación-, fuera de sí. Esa idiosincrasia lleva a cada uno de los géneros a diferentes posiciones en la vida -y en el sexo- y justificaría, por ejemplo el porqué de que a lo largo de la historia haya habido más eminencias varones en las facetas científicas y artísticas.
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La bruja de Hamberg.
Menuda generosidad la de la madre Naturaleza con Lou Andreas Salomé. La dotó de inteligencia superdotada, rostro armonioso, preciosos ojos claros, labios sensuales, busto prominente, talle fino ¡y qué carácter! Fué una rompecorazones en el mundillo intelectual de la época (finales del s. XIX, principios del XX). Con fama de musa todopoderosa -también de bruja-, se decía de ella que cuando un hombre la conocía a los 9 meses paría una obra de arte.
Revisando su biografía parece que actuó como si no hubiese recibido noticia de las limitaciones impuestas a la mujer en sociedad. Y eso que las opciones que tomó fueron arriesgadas, muy originales. La primera y sumamente llamativa, la de permanecer virgen hasta tardísimo, pese a casarse, pese a las recurrentes y atractivas propuestas.
El primero en querer hincarle el diente fue Gillot,
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Agatha desaparecida.
La escritora de misterio e intriga Agatha Christie montó un pollo de cuidado cuando su marido la dejó para irse con otra. Se esfumó sin dejar rastro. La Reina de los misterios desapareció enigmáticamente. Todo quisqui alborotado, Scotland Yard a mil por hora, los periódicos exprimiendo morbosamente la noticia ¡ficción en la realidad!, ¿Ágatha secuestrada? ¿asesinada quizás?
Nada de eso. Estaba a buen seguro, registrada en un hotel con un nombre falso. Pero no un nombre cualquiera. En la identidad que Ágatha escogió, estaba la pista clave para encontrarla.

"Buscandoa Wally" a lo Spencer Tunick (no estoy segura de que Tunick sea el autor, tampoco sé dónde fue tomada la fotografía ¿me ayudais a averiguarlo?
Sobre su huida corrió tinta, que si todo era un montaje comercial, una venganza hacia su marido o, como ella aseguró más tarde, un ataque de nervios con amnesia.
Fuese como fuese, consciente o inconsciente su huida, la identidad que adoptó dice mucho sobre lo que Agatha tenía en la cabeza, sobre sus sentimientos y anhelos.
¿qué nombre utilizó Agatha?, ¿qué identidad escogería una mujer cuando se evade de la realidad porque el hombre al que ama la deja por otra?
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Madame Bovary, o el romanticismo genital.
Ese buenazo de órgano genital es el fondo de las ternuras humanas, no es la ternura, pero es su substratum.
Son palabras de Flaubert, y con este teoría dió un paso certero en el romanticismo literario imperante en la primera mitad del siglo XIX donde el amor se representaba puro y platónico.
“ ¡Qué bonitas esas historias de amor que lo principal está rodeado de misterio que no sabe uno a qué atenerse, al quedar la unión sexual sistemáticamente relegada a la sombra,…no son seres humanos sino muñecos ¿se la tira o no se la tira? ¡ahí está un tío que vive sistemáticamente con una mujer a la que ama, y nunca siente deseo! ¡Ni una nube oscura viene a oscurecer este lago azul!”
Gustave Flaubert y Louise Colete.
… A ti te quiero como nunca he querido y como no querré. Eres y seguirás siendo la única, y sin comparación con ninguna otra. Es algo complejo y profundo, algo que me tiene cogido por todas partes, que halaga todos mis apetitos y acaricia todas mis vanidades.
Así de lindo le habla Flaubert a su amante, la poetisa Louise Colet, con la que mantuvo amoríos casi exclusivamente por correspondencia y fue la única relación estable del autor. Las cartas de Gustave a Louise se han conservado y ¡menuda oportunidad de ser voyeurs en primera fila! Las de Louise, por contra, fueron quemadas por su sobrina a la muerte de Gustave. A la muy papona le parecían indecentes, y eso que él las guardaba como oro en paño, escuchadle:
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Ostras y champán. Isadora Duncan.
El 14 de septiembre de 1927, la famosa bailarina Isadora Duncan, a punto de cumplir 50 años y minutos antes de fallecer, se montó en el imponente descapotable de un apetitoso joven y se despidió de sus amigos diciendo: ¡me voy al amor! Instantes después, el echarpe de seda rojo que llevaba anudado al cuello y que ondeaba al viento, se enroscó en una rueda y estranguló a Isadora resultando su cuello fracturado. Esta escena, tan macabra como glamurosa, fue el colofón de una vida vibrante cuajada de histriónicos acontecimientos dignos de diosa mítica.
Isadora fue bailarina y creó un estilo libre de descarada naturalidad sensual, que emulaba a las olas del mar y al movimiento de las hojas por el viento. Rechazaba el ballet académico por carecer de espontaneidad y su estilo no fue entendido cuando lo presentó en Estados Unidos, su país natal. En Boston fue abucheada y tratada de indecente. Uno del público se atrevió a gritar que eso no era arte sino exhibicionismo. Ella, en una arranque de orgullo, bajó del escenario, se acercó al insolente y tomando sus pechos con las manos le espetó “ Esto es arte”.
Decidió hacer sus américas en Europa, donde sus atrevidas escenografías fueron mucho mejor recibidas y donde cosechó sonoros éxitos. Dicen que volaba al bailar, dicen que la sensualidad y energía que trasmitía provocaban éxtasis y se comenta que, cuando tenía su menstruación en el escenario, fiel a su voluntad silvestre, las gasas que cubrían su cuerpo se iban tiñendo de sangre al ritmo de la danza.
Igualmente salvaje fue su vida amorosa y le puso la misma dosis de pasión y originalidad. Imprevisible, alejada de los convencionalismos, para ella el cuerpo era hermoso y el sexo maravilloso y lo mejor de la vida el amor. Tuvo tantos idilios que omito la lista de todos los hombres y todas las mujeres con los que se la relacionó. Tenía predilección por los guapos, “ya soy yo bastante fea” le gustaba decir. Isadora, seductora nata, creía en el amor libre y no le preocupó esconder sus excesos libertinos.
Estaba en contra del matrimonio ¿las abejas se casan con las flores? -aunque al final se casó con un joven poeta ruso 17 años más joven- y a favor de la crianza monoparental.
Fiel a la elegía desbordante de su vida, la desgracia también le golpeó de modo brutal con la muerte de sus hijos de 3 y 5 años ahogados en el Sena, el tercero murió en sus brazos a los pocos días de nacer y su marido, aquel joven poeta ruso, se suicidó después de que ella le hubiese dejado.
Isadora se tragó la vida con voracidad, siguiendo la rueda de un destino que traía escrito con fuegos de artificio desde su mismísima gestación. Su madre contaba que cuando tenía en su vientre a la artista sufrió el persistente y excéntrico antojo de alimentarse exclusivamente de ostras y champán, afrodisíacos alimentos que sin duda la diosa Afrodita suministraba vía cordón umbilical en la que se convertiría en una de sus más fieles discípulas.
Francisco Franco.
Francisco Franco, caudillo de España de 1936 a 1975 convirtió el sexo nacional en un tabú y, congruente a su campaneada censura, no soltó prenda de su vida sexual. Ni él ni su entorno tocaron tan misterioso asunto, de modo que no podemos más que hacer conjeturas. Sí podemos aventurar que tendía a reprimirse y que todo su afán fue extender su represión al conjunto de los ciudadanos. Pero ¿por qué? ¿a cuento de qué tanta tirria a la alegría sensual, tanto odio a los gays, tanto desprecio a los liberales? Analicemos la personalidad del mandatario, busquemos pistas que nos den luz.
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La culpa de todo / la tiene Yoko Ono.
Yoko Ono cae mal, no se la admira como artista, popularmente ha sido demonizada como persona ¿por qué tanto desprecio? Al fin es una mujer que ha abogado por la paz en el mundo, el amor universal y el buen rollito en general. Vale que se hizo multimillonaria gracias a su insigne marido, pero bueno, a muchas otras les gusta la pela y son admiradas en sociedad precisamente por haber conseguido dar un fantástico braguetazo.
Pero Yoko Ono no, a Yoko Ono no la traga nadie y que no vengan con el cuento de que separó a los Beatles porque el cuarteto estaba hasta las narices de ser cuatro cuando ella llegó a escena.
Podríamos afirmar que sólo hubo un individuo en el mundo que la consideró un genio, con tan buena suerte que ese individuo fue Jonh Lennon y, si Lennon era tan sumamente reverenciado, ¿por qué ese rechazó masivo a la mujer que le hizo feliz?
Nadie puede negar que vivieron una historia de amor preciosa; se conocieron en una exposición vanguardista de Yoko. Lennon vio una escalera que llevaba a un agujero, cuando el visitante se asomaba podía leer “yes”. A Lennon le impresionó ese “yes”, quiso conocer a la autora y luego todo fue más o menos rodado aunque tardaron un tiempo en consumar, caldeando el deseo con su mutua pasión por el arte. Ambos estaban casados pero no resultó impedimento para que una noche él invitase a Yoko y tuvieran una memorable velada componiendo y calentándose hasta que hicieron el amor de madrugada, y ya.
Lennon en ese momento era un tipo torturado que no había superado las heridas de la infancia -sus padres le habían abandonado- con un ego gigantesco y un temperamento violento que Yoko le ayudó a encauzar. Apuesto que encauzar el carácter de Lennon supuso un proceso lento de amor y paciencia. Según palabras del Beatle, nunca antes se había cuestionado su actitud machista para con las mujeres, todas consentían al mito y él era cruel, llegando a la violencia física con su primera esposa.
Al enamorarse de Yoko hizo su apuesta por la paz, tanto mundial como interior y juntos cantaron al amor libre, proclamaron eso de “haz el amor y no la guerra” y, con un toque exhibicionista presumieron de pasarlo la mar de rico en la cama y también fuera de ella. Legendaria fue su luna de miel encamados frente a la prensa para reclamar el fin de la guerra de Vietman.
Después de unos años de matrimonio, tuvieron una crisis. Yoko se dio cuenta de que su marido miraba con deseo a su joven asistente. Le abrió camino para que se enrollara con ella. Dijo que, aun amándolo, le dejaba libre para actuar como él desease y se fue. Lennon, lejos de ir tras ella, se lió con la secretaria y volvió a las andadas de excesos de alcohol y violencia montando bochornosos escándalos en los bares. No contestaba a las llamadas de Yoko hasta que un buen día volvió a ella. Le acogió de nuevo y ya no se separaron más hasta que, como todos sabemos, la muerte les separó violentamente.
No sé si Yoko fue denostada por usuntos raciales, por no adaptarse a los cánones estéticos que se presuponen a una mujer elegida por una estrella del pop, por ser mayor que él, o por feminista. Quizá la razón estriba en las alergias que produce el feliz sexo ajeno o quizá la culpa la tiene su peculiar modo de entonar.
La Monja crack.
Hildegard von Bingen (1098-1179) fue monja en el medievo. Como muchas tías intelectualmente despiertas de la Edad Media se dedicó a sus estudios desde un convento -fundó el primero exclusivamente femenino- y llegó a ser una artista completísima: escritora de carácter teológico, cosmológico y antropológico, abadesa desde muy joven, compositora, política que promulgaba una mayor preponderancia de la mujer en la Iglesia y filósofa que consiguió viajar por el mundo con independencia predicando y codeándose con los grandes pensadores de la época. También fue una insigne pintora e ilustradora. Hildegard, defensora de la virginidad como método de alcance del misticismo, tenía una imaginación portentosa. Como ejemplo, mirad los magníficos pectorales con los que decoró su obra “ El Hombre universal” -claro precursor del Hombre de Vitruvio de Da Vinci-.








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