Crisol Púbico. Novela erótica en capítulos
Días de vino y rosas.
- ¿Podrías- le pregunta Laura a Víctor en un tomo entre queja y mimo- lamer un poco más rápido?
Con la caricia en su punto, Laura se agita excitada, tensiona las piernas y se desborda en la laboriosa, obediente lengua.
Aquellos días de vino y rosas, no pensaban los amantes más que en beber el aire, en sentir la vida y en tomar posesión de ella. Así es la suerte humana, intensidad límite por lo irrepetible de cada momento, por único y fugaz. Pero nada de esto reflexionaban ellos, se limitaban a saborear cada segundo olvidados de la muerte, dándole a la caricia todo el sentido del ser. Qué bello abandonarse al aquí y ahora, cima tras cúspide. Qué dicha poner el propio cuerpo como vehículo para el natural desarrollo del placer. Es listo nuestro instinto. Esos sabios resortes primitivos arrastraron a Laura a la entrega íntegra de su naturaleza sensual femenina.
Con lo tímida que es y qué descarada en el acto ¿cuándo fue que dejó de sentir vergüenza? lo suyo es digno de Jekyll y Hyde ¿no es irónico que se ponga colorada a posteriori? Se sonroja rememorando esas cosas que hicieron ¡esos juegos!, ¿cómo pude decir aquello? ¡madre mía! Y su lengua allí, tan adentro … se azora ahora, pero antes nada de pudores, toda ella era temblor y orgasmo.
Pero los días en el calendario no se detienen y corren uno tras otro. Aunque parezca mentira, aunque cualquier enamorado bajo el síndrome del amor apasionado negaría -aun bajo tortura- que los sentimientos que les embriagan son caducos, delicado material perecedero, el ímpetu va menguando y las sensaciones van transformándose dando paso a nuevas situaciones. Así que, tras dos meses y medio de pegamento ensalivado en sálvense las partes, un buen domingo, Víctor informa a Laura de que baja al Crisol a ver el partido.
- Quédate- dice Laura en tono de súplica- quédate y lo vemos juntos en el sofá.
Laura no es futbolera, pero ya no concibe una tarde de domingo sin él.
-Vale- asiente Víctor sin hacerse de rogar, y acto seguido se repantinga en el sofá con la cerveza en la mano. Ella se acurruca en el regazo de él. A medida que los jugadores corren campo arriba, campo abajo, y el árbitro da sus pitidos y saca sus tarjetas, Laura se va aburriendo y, por distraerse nomás, mete su mano derecha por debajo de los calzoncillos de Víctor, que tiene el pene blandito, un poco pegajoso. Parece que su dueño se ha olvidado de que algo le cuelga entre las piernas y que no hubiera vida allí dentro, ¡qué chiquirritín! Puro pellejo.
La liga este año está que arde y gracias a que la atención de Víctor está tan enfocada en la pantalla, Laura dispone de una oportunidad de oro para manipular a antojo el hermoso paquete de su novio en estado de flaccidez. De analizar la gruesa la piel, que ahora parece sobrar por todas partes, de estudiar su forma. Se anima a gustar tranquilamente y a saborear la cabecita calva, a darle besos a esa boca de pez y se entretiene comprobando si es capaz de meterse un huevo entero en la boca. Pues sí, puede. ¿y los dos a un tiempo? No, los dos a la vez no le entran. Qué agradable es chupar, piensa, además esto no engorda ni una pizca.
Víctor sigue concentrado en lo suyo y se limita a darle unas palmadas de aprobación de vez en cuando en la cabeza pero sin separar el ojo – ni la atención- de la pantalla. Sin embargo la polla parece que responde inconscientemente a la caricia y va creciendo, empinándose, tomando su forma más digna. No os lo creréis, pero con los goles se encabrita: ¡goool!, dice el que está ahí arriba, y el de aquí abajo chimpa unos respingos de agárrate que hay curva. A Laura esas reacciones le hacen mucha gracia, se muere de risa en silencio y se le hinchan los cachetes con una indecente sonrisa de boca llena.
….
Éste es el capítulo 69 de Crisol Púbico. ¡69!
…
Cántaros de miel
A Víctor, que es un tipo simple y majete, le encanta ver el fútbol, charlar sobre motos, coches, y el apasionante mundo del motor en general. Le interesa también informarse sobre negocios exitosos que hicieron rica a gente emprendedora, pero en los primeros meses con Laura ha olvidado todas sus aficiones. Sus pensamientos están centrados en un tema único y monocorde al que ha bautizado como “tilín tilín”.
“Tilín tilín” es el eufemismo con el que designa el movimiento vibratorio y pendular de los senos de Laura, que lo traen a mal vivir. No le había pasado anteriormente, él era muy de culo y de empujar desde atrás. Pero con Laura lo que más le priva es hacer tilín tilín. Tilín tilín en cualquier postura o circunstancia.
Si ella está sentada a horcajadas encima de él, Víctor tilintilea con sus manos los pechos, que están ricamente areolados y se balancean salerosos con el meneo -¿es cosa mía o le han crecido a lo largo de estas semanas?- .
Si tiene la cabeza entre ellos, tilintilea con la nariz, rebozando toda la cara en las tiernas y cremosas formas femeninas desde una oreja hasta la otra ¡qué blandito! ¡Qué mullido! Algodones de felicidad. Así debe ser el limbo al que suben los bebés, angelitos.
Pero lo mejor es campanear con el badajo, hacer el perrito caliente que le dicen, la cubana, que decimos en España, la española, en Francia.
Tilín tilín, tolón tolón. Oh sí, esos meses en los que el gran amor que se profesan se manifiesta en forma de fervor genital, no conocen la mesura ni siquiera en aquellos días en los que Laura se encuentra indispuesta de cintura para abajo. Esos singulares días del calendario, Laura, para proteger las sábanas de las bochornosas manchas carmesí, va a la cama con unos ajustados pantalones de ciclista que inmovilizan el paquete que lleva al acostarse.
Cuando dormía sola se ponía una camiseta por encima, pero ahora va al lecho en top-less y se presenta ante Víctor como una voluptuosa sirena, carente de coño pero con dos estupendos recursos con los que satisfacer la insaciable demanda sexual que les domina. A ella le encanta que Víctor tilintilee, incluso esos días.
Él sabe que está más mimosa y sensible que habitualmente, Víctor intuye que ha de invitarla a la acción con delicadas caricias con las yemas de los dedos en las mejillas, sobre los hombros, besos tiernos en el cuello. Y él, mientras realiza estas carantoñas, tiene fuertes tentaciones de lanzarse hacia ese par de estupendos monumentos que le están llamando a gritos ¡uff! uno al lado del otro. Pero se contiene, espiando de reojo las jugosas pechugas que suben y bajan al ritmo de la respiración y ya, cuando la sirena está en marea alta, repantingada sensualmente de ese modo, las axilas abiertas, los aborda para tilintinear del modo que se le ocurra, y no sólo tilintilea, también lame, y luego chupa.
Las tetas están diseñadas ex- profeso para ser chupadas, y él lo sabe bien ¡vaya que sí! Largos chupetazos la mar de placenteros, estimulando el pezón con la lengua como si tuviera hambre y sed a un tiempo. Mucha hambre y muchísima sed. Ni el uno ni el otro pecho de Laura emanan leche, pero a él le alimentan lo mismo y al final, bueno, al final la leche la pone él.
….
Capítulo 68 de Crisol Púbico
Santa Verga bendita, llena de gracia tú eres.
Si alguno de vosotros tiene la desgracia de tener una de esas almas mezquinas que envidian la felicidad ajena, mejor que se abstenga de leer este, el capítulo 67 de Crisol Púbico. La bendición de la que disfrutaron Laura y Victor en sus primeras semanas supondrá un espectáculo bochornoso para los que no toleran bien la alegre lujuria de los demás.
Aquello fue follar y reír, hacer el amor y parlotear mil boberías. Besines dulces por aquí, lamidotas sensuales por allá, rechupeteos y carcajadas, desayunar en la cama, comer en la cama y merendar a bocados compartidos, a ratos retozando, a ratos recuperando. Olor a guarida cálida en la casa de Laura, aroma a santidad en el sexo marino de Laura, cada días más gata, cada día más voraz, in crescendo estático ¡qué manera de recuperar el tiempo perdido! ¡qué danza de sangre en las venas! ¡qué derroche de fluidos!
Laura está pletórica, su chico le parece el hombre más maravilloso del firmamento, tan simpático, tan agradable, tan listo y elocuente ¡tan guapo! Todo le gusta de él, pero lo que de verdad, de verdad, la trae fascinada es su polla. Ciertamente el pene de Víctor es hermoso y original, original por ser tan oscuro entre sus rizos rubios, hermoso por su tersura y vigor, mezcla exquisita de dureza y suavidad que, para ser francos, no es exclusiva de la picha del mecánico, así son alrededor el 95% de las pollas. Pero para Laura es la sin par. No es de extrañar, y así debe ser.
A vosotros, hombres que la tenéis desde siempre tan a mano, a vosotras, mujeres ya habituadas a la cotidianidad de las delicias de la verga, puede que os resulte exagerado el embrujamiento que produce en ella el miembro de su amado, un falo, ciertamente, como otro cualquiera. Pero por favor, meditad un poco, reflexionad al respecto ¿acaso no hay magia en ese transformismo? Gusanito arrugado y encogido que tras leves pestañeos ¡tan tata chán! luce inmenso, erguido, superpotente tótem primitivo. Y esa divina forma se cuela, se cuela para adentro como si nada. Entra como perico en su casa, chochito arriba, y se menea, se agita ahí tan pancho sin causar malestar alguno, más bien todo lo contrario.
No queridos, no es exagerado el asombro de Laura, ni es extraño que se le queden los ojos como platos, bizcos ante esas mutaciones y transformaciones, volcán en erupción, géiser embriagador. No se cansa de observar sus reacciones, de aprender el funcionamiento, los resortes que lo enervan o lo languidecen. Conocerlo, intimar con él, es ir sorpresa tras sorpresa, desmantelando viejas falacias, que qué risa, Laura se había imaginado que cuando se empinaba, quedaría en perpendicular, y de eso nada, sigue alzándose y alzándose hasta tocar el ombligo, ¡qué maravilla! Es mirarla y renovársele a una la fe. Que cuanto más la conoce, más le gusta y no puede por menos que alabar al Creador y cantar sus bonanzas. En esto yo estoy con Laura. Al doscientos por cien.
Desvirguemos a Laura. Todos con Víctor.
Dado el renovado protagonismo de Laura en esta historia, es menester que retrocedamos en el tiempo y nos situemos en aquel dichoso instante que supuso un punto de inflexión, un antes y un después en la biografía de esta mujer que, si bien es muy joven todavía, podemos considerarla vieja para conservar intacto su virgo. Ya en la treintena, no había conseguido deshacerse de una castidad indeseada y se mantenía, aun muy a su pesar, inmaculada. Pasaban los meses, los años y su vulva no recibía nunca visitas. Pero justo cuando la situación comenzaba a ser desesperada, se presentó la ocasión. Llegó ese momento tan largamente deseado de que su sexo femenino conociera a su complementario masculino y el encargado de las presentaciones fue Víctor. El mecánico significó el medio para liberarse de ese lastre antiguo. Por supuesto, para ejecutar la hazaña no empleó otro más que el preciso instrumento, adecuado utensilio, del que disponen los hombres para tal finalidad.
Muchas cosas han cambiado desde aquel memorable día en el que la puya del mecánico pujaba por hacerse hueco, por hincarse en las fruncidas carnes. Siglos, se le antoja a Laura que han pasado desde que su estrechísimo nido se resistía, estrangulando al gladiador que, sin amedrentarse, acometió el más bello crimen pasional contra ese himen obstinado, caduco y obsoleto.
Laura había soportado el envite valientemente, esperando la rendición de las murallas, sabedora de que suponía un mal menor para alcanzar un bien superior. La polla adelantaba posiciones, se iba haciendo poco a poco con toda la geografía vaginal. Era la llegada triunfal del ejército vencedor a la plaza mayor del pueblo, vitoreado por las multitudes.
Con qué aleluyas fue recibida la faca justiciera que izada, empalmada, consiguió sepultarse sin piedad una, dos, tres, cuatro veces ¡Qué delicia rasgar el velo! ¡Qué maravilla de herida! ¡Cuánto placer para el capullo!¡Albricias al redentor! Todas las células de Laura, sus glóbulos rojos, los blancos, los leucocitos y las plaquetas aplaudían extasiadas.
Aquel sangriento asesinato supuso una verdadera resurrección, un despertar del alma lúbrica de Laura. Con la sabia derramada, se produjo el épico nacimiento de su Venus sensual, la Venus secretamente lasciva que ahora el mulato David tiene ante sus ojos y mantendrá obsesivamente en su retina. Imagen de mujer que quedará estampillada en su mente, privándole de la libertad de pensamiento lógico.
….
Este es el capítulo 66 de Crisol Púbico.
La putada de Cupido
David, el mulato de glande divino, el excelente profesional del sexo, sale con la cabeza bien alta del apartamento de Gonzalo y Alice y entra en la cafetería Crisol para meterse algo sólido entre pecho y espalda. Se sienta en la barra, gira el cuello hacia la derecha y… ¡zas! sin comerlo ni beberlo Cupido le clava su flecha en pleno vientre. Qué extraña sensación, qué enormidad de asombrosos, repentinos, inesperados sentimientos ¡qué vértigo!
David, tan experto en lo que a chochos se refiere, es un panoli en relación al amor y de repente se siente completamente embriagado, su corazón galopa como si hubiera corrido la maratón olímpica, el pulso le tiembla, los testículos le burbujean. David se ha quedado prendado, pero … ¿por qué aquí? ¿por qué ahora? ¿por qué de ella? Nadie puede responder a esto, pero… ¿quién es ella? ¿quién es la destinataria de esta desatinada, loca, pasión súbita?
Pues señoras y señores, la dama en cuestión es Laura, sí Laura, aquella de la que tanto hablé al comienzo de esta historia y que dejamos hace 6 meses a puntito de ser desflorada y sobre la cual no consideré relevante volver a comentar porque durante todo este tiempo se ha dedicado a follar casi en exclusiva, sin mayor novedad. Por cierto ¡cómo le han sentado todos estos meses de zambomba! Qué guapa está la jodida, qué pelo, que rostro, puro raso su cutis. Alta de pecho, fornida de cuerpo, sus mejillas de manzana sanjuanera son ahora magnolias recién abiertas. Es la mismísima representación de la fruta que está en comida y lo mejor, que lo sabe, sabe que será deseada por el jefe de la manada sea este cualquiera que fuera ¡qué carnes cremosas! (el Señor la libre de la mala envidia).
La fiebre en los ojos de David, uvas maduras dulces de comer, no pasan desapercibidos para Laura. Tampoco el atractivo del chico, que la deja maravillada. Laura se impresiona como le sucede a cualquier mujer en su sano juicio y alucina con la elegancia de la ceja, con la altivez del cuello, con la sensualidad de los labios carnosos. Así que responde a la mirada ardiente ¡cómo ha espabilado! sonriendo con deliciosa travesura de mujer tímida, anverso de virtud, reverso de vicio. 
Ya tenemos el dramón montado ¡Oh sí! Esto toma tintes de mal melodrama porque este amor no trae viento favorable.
El inconveniente no es tanto que Laura esté comprometida, esto sería pan comido para David, el gran David. Lo peliagudo aquí es que por las venas de ambos corre la misma sangre. Ellos no lo saben pero comparten genes. ¿Recordáis?
……………………………………………………..
Este es el capítulo 65 de Crisol Púbico.
El glande majestuoso de David.
David se presenta en la casa de Alice y Gonzalo de punta en blanco a la hora indicada, ¡hay que ver cómo luce el mulato en traje! ¡Qué percha tiene el pavo! Elegancia natural que impresiona por la calle y desde luego pasma a Alice.
Después del ritual de apretón de manos, David no pierde tiempo y con desparpajo se quita la chaqueta, se remanga la camisa y le dice a Gonzalo:
- Tiene usted una esposa preciosa.
- Gracias, responde el viejo lleno de orgullo.
Alice está encantadísima de la vida, ¡cómo le gusta jugar! ¡qué viciosilla nos salió la enfermera! y lo manifiesta sin empaque, con su mejor sonrisa, enseñando los dientes del maxilar superior y también los del maxilar inferior. Es una mujer que pertenece a una esfera social donde las convenciones no embarazan la manifestación franca y espontánea del sentimiento.
- ¿Te gustan los masajes de pies, Alice?, dice el mulato mirándola diretamente a los ojos, intuyendo que es terreno ganado.
- ¡Uy sí!
- Pues ponte cómoda por favor.
La enfermera se recuesta en la cama y David le descalza un pie e invita al abuelo a hacer lo mismo con el otro.
- Acabo de obtener el título de masajista, le explica, si quiere le enseño un par de trucos.
Gonzalo asiente, se siente un poco en inferioridad de condiciones y está pelín tenso. Pero David, empático a morir, se esfuerza por integrar al marido para que colabore, él sabe que ha de conseguir que quede tan satisfecho como quedará la esposa.
Sin embargo las cosas no siempre resultan según lo esperado y a medida que la sesión avanza, a medida que David asciende piernas arriba y las ropas caen desordenadas en el suelo, a ella le da por hacer teatro. La verdad es que es una actriz bastante mediocre. David se da perfecta cuenta de que la chica exagera su placer ¡qué vicio tienen algunas fingiendo! Y es que tiene el hábito de complacer a toda costa. Tanta ilusión pone en que esta cita salga a la perfección, que se olvida de recorrer el camino necesario y coge un atajo que no lleva a ningún sitio. Monta tal jolgorio que a David se le dispara la alarma, ha de hacer algo para que la situación se recomponga. Esos ayes sonoros, esos uys en fa sostenido, ¡tan histriónica con esos chillidos desesperados! … No, no, no cuela niña, veremos cómo hacemos para que goces de verdad, piensa David que opta por cerrarle el pico metiéndole la polla en la boca y animando al abuelo a que le lama la vulva para tranquilizarla un poco y pueda gozar sin shows.
Ya cuando parece que está mansa, David accede a la penetración. Está claro que este polvo ha de ser eminentemente de entradas y salidas, carencia evidente del cliente. Ahora ella, ¡vaya, vaya! ha enmudecido. No obstante, ¡caramba cómo se menea! parece que las embestidas le agradan. Y ¡cómo se esmera David!, qué estilazo al meterla, qué arte al sacarla, realiza un giro, un requiebro, un no sé qué, que parece que rumbea entre las ingles de la enfermera, hay que ver con qué eficacia se desenvuelve en esas, sus oficinas. Alice no finge ahora, ¡oh no!, no finge en absoluto, las mejillas al rojo vivo, el gesto descompuesto, anonadada con las filigranas que ejecuta David con su glande ¿os he descrito ya ese precioso glande-bola-de-chocolate?
David rocanrolea a la chica el tiempo justo, el necesario hasta que ella queda plena. Por delante y por detrás, de lado y de costado, qué ejercicio físico más excelente, esto es mejor que jogging, que mooving, que badminton.
Mientras el mulato hace el trabajo de mayor envergadura, Gonzalo le está lamiendo los brazos, las axilas, los pezones, admirando las expresiones de ella. Cómo disfruta con el espectáculo. Ella ni lo ve y eso que tiene los ojos abiertos. No están en blanco pero casi casi. Tiene una expresión de loca mística que quedaría fatal en foto, pero que a Gonzalo se le representa la reencarnación de la belleza con mayúsculas. No pierde ripio, no hay un espectáculo en el mundo que consiga hipnotizar más a este caballero. Estas visiones le mantendrán la cabeza en rum rum durante un mes -o más-.
Finalizado el envite Alice mira a su amado compañero -el que peina canas- y suelta una carcajada.
- Jajajaja, dice con una alegría procedente del mismísimo útero.
Ese jajajaja expresa mucho más que locución verbal alguna y es suficientemente satisfactorio como para que Gonzalo trasvase un fajo de billetes de su cartera a la del profesional, al tiempo que le sacude amistosas palmadas en la espalda. David, complacido por el gusto del trabajo bien hecho, alega compromisos y se marcha discretamente, dejando a la pareja relamiéndose en las delicias posteriores al placer.
………………………………………………
Este es el capítulo 64 de Crisol Púbico.
………………………………………………….
Venga, que os tengo muy inactivos ultimamente, ¿me ayudáis a animar un poco ésto? ¿adornamos este cuento con hermosos glandes? Espero que coincidáis conmigo en que esa parcela de la fisonomía masculina es una preciosidad ¡No hay uno feo!
L@s que tengáis la amabilidad de obsequiarnos con imágenes de glandes propios o ajenos, podéis hacerlo dejándolos aquí, en comentarios, o enviándomelos a erotomanita@gmail.com
¡Gracias!
Ved las que me envían:
Leer más »
Judith, la puta filósofa.
Si afirmo que David es el mejor amante vivo no exagero. El mulato tiene unas cualidades físicas extraordinarias, pero lo que de verdad hace que se haya convertido en un jodedor créme de la crème es su exquisita formación en materia sexual, recibida de la mano de la bella Judith.
Judith, aquella bailarina jovencita venida del Este cargada de ilusiones, a la que la madre de David ayudó en sus comienzos es, hoy por hoy, una mujer hecha y derecha que no ha perdido un ápice de esa generosidad fácil característica de la gente humilde. Mantiene su sencillez, su pureza, aun a pesar de ser la puta más cotizada de Madrid. La mejor en términos económicos, la mejor a nivel de satisfacción de la clientela. Así lo demuestra su joyero rebosante de sartas de diamantes, ramas de perlas, broches de sangrantes rubíes, pero jamás su garganta, limpia para la caricia. No es meretriz al uso, recibe a sus clientes con la cara lavada, descalza de pies y con recatados vestidos de algodón. Su belleza radica en la dulzura, en la candidez de trato, en el gran dominio del placer físico y mental. Judith es una intelectual de la jodienda, una especie de puta filósofa de férreas convicciones morales.
- La cuestión clave para entender el intercambio sexual radica en el amor al prójimo, en dotar de significado a la caricia- le explica a David, que la escucha sin pestañear-. Rechazo la idea de que vender placer, sea de la índole que sea, albergue indignidad. Todos los seres son merecedores de abrazo sexual, no existe fealdad en cuerpo alguno, sólo las ideas pueden resultar repulsivas. Has de entender, David, que nuestro trabajo es un bien social que nos lleva a aportar al mundo una pizca de felicidad.
Así diserta Judith teóricamente mientras con su elástico cuerpo ofrece práxis educativa significativa. La maestra combina elocuencia dialéctica, propia de una profesora de la Complutense, con experiencia de sabia veterana de lupanar que jamás ha derramado lágrimas de arrepentimiento de las que se alimenta el cristianismo.
- Nuestra misión, querido David, es alumbrar orgasmos ajenos que traerán paz y prosperidad. Mira, con este giro de verga consigues frotar aquí, esta zona es importante porque es un centro de placer muy poco explotado, dice esta profesional que ha dotado al fornicio de todo el sentido del ser.
¡Cuánto empeño puso en la formación del pupilo! Durante meses maestra y alumno cabalgaron a la par en un ambiente de coherencia, autenticidad y empatía. Y el muchacho se empapaba como una esponja, dando de sí al máximo de sus posibilidades ¡qué delicia de educando! Sobresaliente en cunilingus, matrícula de honor en utilización de juguetes eróticos, cum laudem en dirigir, aumentar y prolongar los orgasmos femeninos con movimientos certeros de polla, de manos, de lengua.
David, que posee el don de la mirada terciopelo más amable, con la capacidad de metamorfosearse en la de un felino salvaje cuando la situación así lo requiere, salió triunfante al ruedo y su fama crece cada día. Ya se ha paseado por unos cuantos dormitorios selectos cuando recibe la llamada del viejo Gonzalo:
-No le llamo para mí. Es para mi mujer.

La foto "Four sisters" de Sara Sandkova me sirve para ilustrar la alegría de las mujeres cuando David realiza su famoso giro de verga.
Capítulo 64 de Crisol Púbico.
Metafóricamente empalmado.
¡Vaya tute para ser la primera noche que pasan juntos Alice y Gonzalo! Primero muy romántica la cosa, cena a base de embutidos, cerveza fría, y ya sus habituales tonteos, que si le mete las manos por la blusa ¡quieto papi!, que si se mete un pezón en la boca ¡ñam ñam, qué rico!, que si cuchi cuchi, que si mi pichurri,… Todo conforme a las niñerías propias de esa eterna casa de locos que es el amor, hasta que comienzan a escuchar la jodienda de los vecinos de abajo ¡muchacho! Aquello es harina de otro costal ¡ñó! ¿Qué es lo que hacen ahí? Esos um um um profundos ponen los pelos de punta, por no hablar de los ohrm ohrm ohrm guturales
- ¿es hombre o mujer?, pregunta Alice con los ojos como platos.
- Chss, le hace callar Gonzalo aguzando el oido, ¡ahí hay más de dos!
Ay Ay Ay -Uy Uy Uy uyuyyuuu. Ahora parecen quejidos, luego aullidos, después estallidos. Ora recuerdan al maullar de los gatos, otrora el rebuznar de burros, después vuelven los oh oh oh rítmicos. El vejete y la enfermera, por comparativa, se abochornan un poco. Qué corte de rollo, a ver quien tiene los huevos de continuar como si nada con el juego erótico ¡tan pueril! que se traían entre manos. Ambos están pensativos, extraños de repente el uno al lado de la otra, en una habitación de alquiler, en un piso de alquiler, en una noche que podría definirse como noche de bodas.
El viejo Gonzalo se revuelve, se rasca la oreja derecha, menea la cabeza cabiloso hasta que lo suelta:
- Alice, yo te voy a traer a un hombre para que te de lo que le están dando a la de abajo.
- ¿Qué tontería es esa?
- Sí, Alice.
El viejo se levanta, está entusiasmado con la idea. Esa idea supone el fin de sus temores.
- Te voy a traer al que a ti te guste, lo buscaremos en las páginas de contactos. Alice, mi niña, tú no te vas a quedar sin eso.
- ¡Pero si a mí me da igual!
- ¡Pero a mí no!
Gonzalo está empalmadísimo con la idea, parece que ha descubierto la pólvora, habla a borbotones, se siente inspirado y se convence de las inmurables ventajas que traerá esta libertad de acción. Cualquiera medianamente espabilado sabría que Alice, mujer de bandera ¡mujer de patente! necesita medicina. No va a ser un estúpido, él optará por disfrutar, butaca gratis, del espectáculo.
- Vaaale papito, pero ahora déjame dormir tranquila, dice, y se hace la desentendida, pero lo cierto es que se queda rumiando la idea. Imaginando, imaginando … una sonrisilla se le escapa de los labios.
Ya son las mil y quinientas pero Gonzalo permanece en vigilia repasando pros y contras, la planificación, las inversiones, los posibles inconvenientes y lo tiene claro. Está tan contento como un niño al que le regala rosquillas la Virgen.
Es un tipo testarudo, llevará sus planes adelante. Desde el día siguiente dedicará tiempo y energía a buscar al hombre adecuado para compartir a Alice. Por supuesto ha de ser un profesional, alguien de fuera de la ciudad, joven y atractivo, limpio y educado… y tate, cuando encuentran al gigoló del gusto de ellos, no es otro más que David, ¡este mundo es un pañuelo ché!
…………………..
Capítulo 62 de Crisol Púbico.
Crisol Púbico es una novela capitulada que escribo pensándola para ser leída como cualquier novela, más o menos de corrido. Pero vosotros, a un par de páginas por semana, de seguro os despistais de personajes y sucesos.
Para ayudaros a hacer memoria, permitidme que os recuerde que David es el mulato hijo de la negra Marisol, la amante con la que se fugó el padre de Laura, medio hermano de Laura, pues.
Un polvo morrocotudo.
Carmen, plantada en el salón de la casa de sus vecinos gays, no sabe si coger las de Villadiego, o quedarse a esperar acontecimientos. Entonces Kinki toma una decisión, se levanta impetuoso, se le acerca y le pregunta:
- ¿De veras te apetece ésto o te ha engatusado Ismael?
- Me apetece de verdad Kinki.
Entonces, sin dudar un segundo más, se le avalanza a los labios y le come la boca en un beso repentino – y profundo-. Le desabrocha la blusa ¡qué excitado está! Le tiemblan levemente los dedos de las manos pero ello no impide … El mariconazo no se había dado cuenta de cuantísimas ganas tenía de mujer ¡tetas! La desnuda rápido, sin detenerse en miramientos con la braga de corte francés ni con el sujetador de corte imperio ¡qué manera de lamerle el cuerpo! ¡qué avaricia! esa mirada glotona en absoluto haría sospechar que pertenece a un hombre homosexual. Mueve rápido sus manos por la piel de Carmen, se la zampa a mordiscos, que son besos, pero parecen los bocados desesperados de un bulímico.
Ismael, mientras tanto, permanece estupefacto rondando a la pareja, viendo a ver cómo puede hacer para meter baza, qué lugar desempeñará en esta empresa. Ahora es él el que se encuentra un pelín fuera de lugar. No pierde ripio, eso sí, de los gestos de los otros, ¡qué sensual se ve a Carmen! Respirando acelerada, con los ojos cerrados, entregándose a las sensaciones.
Ya Kinki recuerda que su novio ha de tomar vela en este fausto y le toma por los hombros para allegarle. Ahora el mayor tabú parece que es el intercambio de fluidos entre Ismael y Carmen. Isma es un gay redomado. Las mujeres no le ponen ni esto. Pero en estos momentos donde la espontaneidad impera, se da cuenta de que todo es relativo. Fíjate qué agradable el roce piel con piel, no es para tanto. Salvo el coño, que ahí él sí que no va a entrar, acariciarse con una mujer resulta natural, agradable el roce de piernas, interesante palpar los pechos carnosos.
Para Carmen el proceso es similar, la polla de Kinki está chupada, la domina al minuto. Es una polla corriente y moliente, gruesecilla, cilíndrica, morena. Pero ya la de Ismael se le atraganta más. No porque sea una cosa rara, es rosada, tipo seta cantharellus lutescens, es decir, larguirucha, fina y cabezona, pero eso es lo de menos, lo que le impone respeto a Carmen es que pertenezca a su amigo. No obstante, ya con los primeros suspiros entrecortados, ya con los gemidos, se despista el personal de prejuicios y ya la derecha alcanza lo que pilla y la otra palpa hasta donde llega. Se les ve candentes, eléctricos, como con mucha prisa, la lengua a todo meter, las manos a todo agitar, nalgas briosas. El más alocado es Kinki, que cualquiera diría que lleva sin mojar el carajo desde que en el mundo tiene agua ¡Oh, sí! El engranaje, que ha arrancado con superávit de potencia, con el paso de los minutos, de las medias horas y de las horas enteras, resulta más y más armonioso, cada uno encuentra su hueco, cada cual se gana su sopa.
…
A las siete de la mañana Carmen, toda despeinada, con un excelente color de tez, con los labios dilatados, rojeces aquí y allá repartidas a lo largo y ancho de su epidermis, pregunta:
- ¿ Hemos hecho mucho ruido? Me había olvidado de que tenemos nuevos vecinos.
Como toda respuesta, presencia las risotadas de Samuel y de Ismael, que se despiporran en sonoras carcajadas, rebozándose por el suelo. Madre mía, qué follón.
……
Capítulo 62 de Crisol Púbico.
Clítoris retráctil.
-Disculpa el retraso, justo ahora me han venido a alquilar el piso de arriba y les he tenido que atender, dice Carmen.
- ¿El tercero? ¿el que está encima de éste?, contesta Ismael acercando su mejilla a la de ella.
- Sí.
- ¡Vaya!, con lo bien que estábamos teniéndote solamente a ti debajo.
- Uy ¿Debajo?, dice Carmen guasona al tiempo que le pasa el tinto Azpilicueta.
- ¡¡¡Chhhss!!!
Ismael, con el chistar, le indica que ha de ser discreta, que Kinki está ahí, en la cocina.
Samuel – alias Kinki-, ahora entre cacerolas, no tiene ni pajolera idea de lo que estos dos pericos se traen entre manos. Aunque lo cierto es que anda algo mosca. Ismael ha tenido algunas reacciones extrañas estos últimos días y le ha dejado caer unas picadas muy sospechosas. “¡Qué morbo me daría verte haciéndolo con una mujer!” dijo anteayer mientras le enjabonaba la espalda en la ducha, y esta mañana “qué buena está Carmen ¿verdad?” que qué bicho le habrá picado a éste, se pregunta Kinki, para emplear esta expresión refiriéndose a una mujer. Y las risas cómplices entre la camarera e Ismael en el desayuno, que va le pregunta ¿ya desayunaste? y ella, sí, un par de churros, y él, ¿y no te atragantaste?, y ella ¡qué va!, incluso me quedé con ganas de más… Mucho cachondeo se traen. Si no fuera porque tiene fe en la fidelidad de Ismael, tendría motivos para estar celoso.
Pasa Carmen al salón, muy guapa ¡sí señor!, los dos están de acuerdo al respecto. La reciben vestidos con sendas camisas blancas perfectamente planchadas, desabrochadas hasta el botón adecuado, luciendo sus pectorales perfectos en el punto de bronceado idóneo. Se sientan a la mesa y la cena transcurre muy agradablemente, son muy majos, muy atentos. Ismael es más charlatán, pero Samuel tiene un punto de ironía muy interesante en la conversación. Es de esos tiarrones que no dicen ni mú en toda la velada, pero cuando de repente abren el pico, es para mondarse. Como conjunto resultan encantadores y Carmen está tan contenta, se lo está pasando tan bien, que se le escapan alegres gorgoritos -el Azpilicueta ayuda-.
A los postres Carmen sabe que le toca dar el do de pecho y no se lo piensa mucho, lleva rato deseándolo. Deja la servilleta en la mesa y se levanta con idéntico aire del que va a dar un discurso, Ismael la secunda precipitadamente. Los dos frente a Kinki, todo según lo acordado. Los tortolitos le miran, gesto picantón, y comienzan a desabrocharse mutuamente las camisas, como dando a entender que desempaquetan un regalo. Es el protocolo que habían fantaseado y así lo ejecutan. Les sale un pelín forzado, para qué engañarnos, aunque la imagen de Carmen con su escote abierto es muy sugerente y la del deportista Ismael con su ancho pecho, para quedarse bizca.
Pero Kinki flipa en colorines con el devenir de los acontecimientos. Se le muda el semblante ¡Así que sí!, piensa y no puede reprimir soltar un impulsivo: ¿Qué mamarrachada es ésta? La frase dicha así, en seco, produce un frenazo que chirría en los músculos de los actores e Ismael da un brinco dejando a Carmen desangelada en el medio del salón.
Discuten por lo bajinis mientras Carmen se siente absolutamente fuera de lugar. Ya sabía ella que hubiese sido preferible que Samuel estuviera al tanto. Se lo advirtió por activa y por pasiva “Mejor que se lo cuentes” y él, “No, no, será una sorpresa” Y mira tú que sorpresa, los dos negociando Dios sabe el qué y ella, como la tonta del higo.
¡Pobrecilla mía! ¡Con lo predispuesta que estaba! Mirad su clítoris, que hace unos minutos asomaba golosón, relamiéndose entre los jugosos labios, y ahora se retira de escena, retrayéndose a marchas forzadas, mismamente como el cuernecillo del caracol.
Sus manos comienzan a abotonar la blusa. Botón a botón.
.
.
………………..
Capítulo 61 de Crisol Púbico.







RSS



