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¿Dónde empieza una infidelidad?
Lipa Benet y yo presentamos en comandita una reflexión que creo interesante plantearnos de cara al verano, ya que en la época estival, al parecer, las infidelidades se multiplican. Convendría tener claros los términos para saber a qué atenerse.
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Penes o pirolas, pollas o vergas, falos, pililas, carajos y pichas.
Si eres mujer heterosexual y tienes la ilusión de tener un encuentro sexual con un desconocido dispones de una franca ventaja: pones un anuncio exponiendo el juego y llueven las respuestas; decenas de hombres querrán participar en el experimento como si de un concurso millonario se tratase. Curriculums sexuales atiborrarán tu buzón y al principio puede resultar estresante tener tanto trabajo de clasificación por delante. Incluso puede dar un poco de cosa tener que seleccionar a uno sólo entre tanto chico dispuesto y colaborador. Pero como es evidente que una mujer sola no puede atender tanta demanda, resulta oportuno mantener la cabeza fría, actuar de modo práctico y ponerse manos a la obra.
Hoy me apetece hacer un ejercicio de descripción de las fotos que brotaron, como flores, en mi email en aquella ocasión en que me animé a tantear el mercado.
Pues bien, para situarnos, las fotos se pueden clasificar en tres grupos:
a. los que enseñan la cara exclusivamente,
b. los que muestran el cuerpo completo
c. los que se limitan a enseñar el pene.
a. Los que optan por mostrar su cara escogen un primer plano de rostro amable. No es tan obvio saber por la cara de un hombre si es un amante generoso o si tiende a ir a su bola… pero bueno, algo ayuda.
b. El conjunto de los que enseñan su cuerpo completo. Éstos dan, si cabe más pistas, especialmente si se animan a enseñar chicha y rostro a un tiempo, lo cual no es nada común y son más dados a lucirse repartiédose en los siguientes subtipos:
b1. enseñan el cuerpo desnudo pero velan la cara,
b2. enseñan la cara, pero el cuerpo está convenientemente vestido.
(entiéndase que rabo y rostro rara vez se encuentran en la misma imagen, lo cual no deja de ser una lástima)
c. Es sorpresivo que el grueso de los aspirantes- y aquí quería llegar yo – se limiten a mostrar su pene. Este grupo conforman una buena tropa de rabos caseros que dificilmente dejan a una impasible. Penes tuttifrutti luciéndose en un brindis orgiástico: los encontré oscuros y claritos, gordinflones o esbeltos, gigantes, fibrosos, tan gordos que parece van a explotar, algunos rosados, otros negros como el carbón o de tonalidad púrpura, derechos, torcidos y retorcidos, libres o con condón puesto, rapados, con mucho pelo o con felpudo triangular, se podía ver toda la gama desde los cabezudos a los de glande de canica, vasectomizados, circuncidados, chiquirritines o mangallones, acompañados de sus pelotas, mirando al cielo -o directamente apuntando al objetivo-, altivos con pinta de pedantes unos, encorvados piadosos otros, inflamados sanguíneos o dormidos sobre el vientre, rugosos, brillantes, mojados, enjabonados, apretados, escapados del pantalón, escondidos tras el calzoncillo, colgantes, sujetos con ambas manos o con sólo un par de dedos, alguno con un mechero – se entiende que para tener un punto donde comparar-, otros con un pitillo al lado, por el mismo motivo -es de suponer-. Primeros planos o planos más discretos ¡cientos de pollas
salerosas dispuestas a ser la alegría de una dama!
.
Laura, abierta.
Después de los intentos fallidos por parte de Víctor de conseguir a Laura, se ha propuesto desistir, quitársela de la cabeza. Sin embargo ella, que tan escurridiza ha sido hasta ahora, se ha autoimpuesto dar el paso, y… ¡que sea lo que sea! Con sorprendente coraje, Laura se planta en el taller de buena mañana, se acerca a Víctor y le suelta a bocajarro:
- ¿Vienes a cenar a mi casa esta noche?, la voz es firme, logradísima falsa seguridad en sus palabras.
Acepta, por supuestísimo, acepta.
La suerte ya está echada, Laura se le va a entregar, se va a ofrecer. No sabe cómo, pero lo hará. Se quitará la blusa como hacen las chicas en las pelis antiguas, botón a botón, o se arrancará la falda como las femmes terribles de los comics. No sabe cómo, pero lo hará, lo hará, lo hará y lo va a hacer.
Y llega la hora acordada y él pasa a buscarla al cierre de la academia y ella charla con bastante naturalidad y apenas se le nota el nudo que tiene en la garganta, y camina con soltura, derechita con Victor a su lado y no falla su router que les lleva a su piso, y abre el portal y sube las escaleras de las tres plantas, una a una sin pararse a descansar, agarradita a su bolso como si temiera que le fueran a robar. Víctor la sigue, dos escalones por detrás, mirando y planeando también el abordaje para que esta vez no se le vaya a ir de las manos. Que está inflamado, sobra decirlo, pero esta vez la concupiscencia se combina con una pulsión nueva que él no sabe definir y a la que los románticos gustan de llaman amor.
Laura, virgen todavía, pasados los treinta, está asustada como es natural, pero hoy no hace el mímino esfuerzo por escapar, al contrario, no va a hacer el idiota, esta vez no dejará pasar la ocasión. Tan mentalizada va, y tan voluntariosa, que no espera a abrir la puerta: nada más llegar al descanillo, le toca una mano y, con los ojos cerrados, le ofrece su boca.
La boca de Laura, sensual y dulce, ávida de besos, no está sin embargo húmeda, más bien su lengua es trapo, ¡lejos está su cuerpo de la calidez necesaria! y así lo entiende Víctor:
- ¿entramos?, dice.
La cara de Laura es grana y la vergüenza le puede, toda aquella decisión se está desmoronando y le cuesta mucho tragar, pero entonces Víctor la abraza, cálido la abraza y esconde la nariz en el hueco de su clavícula para aspirar el olor rico de la piel fresquita. Es un abrazo más cariñoso que sensual pese a que los fluidos de sangre de ambos corren por sendos cuerpos y las hormonas se disparan en tremendo estrés.
Entonces Laura lo suelta:
- Nunca lo he hecho.
- No te preocupes – le sonríe- estás en buenas manos.
En las mejores. Laura está en las mejores manos porque Víctor lleva
firmísima la intención de darle lo mejor de lo mejor, él no se va a conformar con romperle el himen ¡Oh, no! eso no supone más que un accidente, lo que él desea es gozarla abierta, que Laura goce con los ojos abiertos, la boca abierta, sexo y ano abiertos.
(continuará)
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Este cuento es el número 39 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico
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Colección de relatos de Crisoil Púbico
Orgasmos de procedencia.
Todos, absolutamente todos, procedemos de una unión genital con orgasmo. Generación tras generación los hombres eyaculan con placer para procrear. Gozó el antepasado relamido cuyo retrato guardamos en el cajón y también el otro que era un borrachín y murió pisoteado por un caballo, todos ellos crearon historia descorchando con burbujas.
Es, sin embargo, una lástima no poder asegurar que devenimos del
éxtasis palpitante de todos los participantes.
De ellas, de las tatarabuelas, no podemos saber.
Espero que sí.
Yo creo que sí.
.
.
Un entorno exquisito… ¿ayuda?
Para sexo clandestino nada mejor que los moteles, lugares que, como su nombre indica -motor+hotel-, son un conjunto de habitaciones a las que se accede directamente desde un garaje individual. No hay que sufrir el engorro de dar la cara en recepción: una barrera y una señorita en el interfono hacen la función. La puerta del garaje, por el que se accede a la habitación, se cierra nada más meter el coche y ya: ¡solitos! a salvo en este micro mundo.
Los hay cutres pero, desde luego, son preferibles aquellos otros que derrochan lujo. ¿Qué amantes furtivos se encuentran en tales lugares? A razón del ajetreado abrir y cerrar de barrera deben pasar por ahí muchos camaradas de parejas imposibles: la secretaria bollicao con el socio guapetón del jefe, el mandamás barrigudo con el botones del hotelazo, la abogada seriota con el agente de prensa parlanchín, la del segundo con el del quinto, el paparazzi con la famosa, la feminista de con el jovencito corpulento y la jovencita corpulenta con el señor obispo. También la respetable parejita que acude para celebrar románticamente sus bodas de oro, con su cava y su viagra. Y los novios casaderos sin casa -pero con coche-, y el gigoló sacacuartos y la prostituta que se autodenomina “scort”. La imaginación surfea por esas alfombras, colchas y espejos: la decoración del lugar en función de las prioridades de los inquilinos. La cama ¡enorme! -perfectamente vestida- domina la estancia y es centro de todo interés, protagonista será de las actividades que allí se desarrollan.
Hay una característica crucial: es sumamente importante precibir que en este lugar ha habido muchas personas desnudas, sudorosas, exhumando líquidos y aromas, pero que no exista el mínimo vestigio de esos fluídos. La moqueta del suelo ha de lucir pulcra y mullida, las sábanas almidonadas, las colchas con olor a suavizante y los baños a prueba del maniático del algodón.
Y después ya las mariconadas que por muy supérfluas que parezcan, gustan: posibilidad de graduar la temperatura, bombones en la mesilla, que te ofrezcan champán con uvas al llegar, y que vengan con su hielo y sus copas de cristal fino, los preservativos -en abundancia- en la badejita del baño, acompañando a los mini-jabones de aroma rico y el cepillito limpia calzado, que aunque no es probable que a alguien se le ocurra ponerse a sacar brillo a los zapatos, nunca se sabe, a veces los fetichistas son muy excéntricos en este sentido. Por supuesto, hilo musical, luz gradual -en diferentes puntos, para poder elegir- y una bañera enorme que usaremos recostados frente a frente con las piernas entrelazadas, con la copa de champán en los bordes y… ¡a vivir que son tres días!

Honoré V Daumier (A falta de pan, buenas son tortas)
Víctor encoñado.
Cuando Víctor sale del café Crisol, después del espectáculo de las lesbianas, está que arde de cintura para abajo y que hierve de cintura para arriba. Pero a él la que se la ha puesto como la de un buey galaico es la profesora. Lleva todo el día intentando controlar unas erecciones tremendísimas y en cuanto se entera de que al viejo le dio el jamacuco, no se lo piensa: ya tiene disculpa para ir a hablar con Laura. Así como termine la jornada laboral, irá a buscarla. El mecánico tiene trabajo hoy, está tumbado en el suelo del taller, intentando averiguar qué cojones le pasa al motor de una Harley de los cincuenta, una preciosidad a la que no consigue arrancar ni su puta madre. Acostado sobre su espalda, con los pantalones manchados y la camiseta vieja, su cuerpo se ve perfecto bajo las ropas sucias, proporciones áureas en las esbeltas piernas, en los brazos torneados, en su cuello de nuez, en el vientre liso. Su mente va disparada. Es impresionante con qué realismo planea. Es alucinante la seguridad que tiene este hombre en sí mismo para con las mujeres, ni por asomo se plantea la posibilidad de que Laura le pueda rechazar, ni le amenazan temores de no dar la talla o no mantener la altura. Se recrea imaginándose a sí mismo acercándosele a ella. Se ve estrechándole la cintura, atrayéndola hacia sí, consiguiendo que incline la cabeza hacia atrás para tomarle el cuello. Apretará las caderas femeninas contra su pelvis y la sorprenderá con la pistola cargada, Víctor sabe que cualquier mujer sensata recibe este gesto como una adulación. Tiene especial ilusión por descubrir sus pezones. Las cumbres de los senos de las chicas son siempre una sorpresa. Te los puedes encontrar sonrosados en morenazas y negritos en blanquitas, nunca puedes aventurarte de antemano, se puede hallar un botón diminuto en pechos enormes y se pueden descubrir tetas que todas ellas son pezón nomás… Y luego varía la respuesta, hay tías que sólo con rozárselos se vuelven caramelo cuajado y otras que se derriten con lametazos de chupete. Y las mejores: las que se los acarician a sí mismas, agocéntricas golosas…¡Oh sí! El mecánico se relame ¡él sabrá cómo encender el cuerpo de Laura con palabras y gestos! La inflamará y la gozará gozándose. No duda que esta noche Laura se agitará abierta para él. ¡Cómo flambea el chico con esos prolegómenos! Ese nodo entusiasta promete film oscarizado y es que Víctor está pillado, no lo sabe, pero está pillado. No piensa más que en ella, Laura desnudándose, Laura ya desnuda, la grupa de Laura. Víctor, ahí tirado, compone una preciosa estampa digna de póster del cuarto de adolescente enamoradiza. Su pantalón vaquero está un poco más desgastado por entre los muslos y en la bragueta, no hace falta ser adivinos para intuir el falo inmenso que esconde ese bulto potente. Por supuesto, su miembro ha respondido como se le supone ante tan estimulantes pensamientos y él, a cada paso, separa una de sus manos del tozudo motor para colocarla allí, en el paquete. Entonces aprieta con la palma abierta, frota allí como si le picase, rasca por encima del pantalón, recoloca la sierpe, ajusta la dureza, y vuelve al chollo. Supongo que lo hará, el tocarse, para incentivar la firmeza. Ha de sentirse muy a gusto con ese estado físico que provoca el estado mental del deseo. Hasta en dos ocasiones se plantea ir al baño y hacerse un mano a mano rapidito, más que nada para ver si se concentra y arranca la jodida Harley. Podría hacerlo, podría aliviar la tensión en cinco minutos y a otra cosa mariposa, pero no lo hace, ¡qué va! No se conforma hoy. Hoy su leche aspira a ser endulzada, enriquecida y especiada con miel de mujer.
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Este cuento es el número 23 de la colección de relatos hilados Crisol Púbico ……………………………………….
Os invito a envíame alguna imagen, música o enlace que enriquezca este texto para que este juego erotómano sea más divertido. Podeis hacérmelo llegar a “comentarios”, o a mi correo erotomanita(arroba)gmail.com
Mira las que me envían:
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Textículos.
Textículos: acotaciones y palimpsestos, de Carlos Bozalongo, es un librito que propone un ejercicio de visualización evocadora de estímulos sensoriales, imágenes cargadas de olores, de sonidos y de arquetipos ancestrales. Lo suyo es leer los cuentos y cerrar los ojos para vivir sensualmente eso que el autor nos dicta. La prosa es dulcemente poética y consigue la integración de situaciones corpóreas con la naturaleza bucólica. Como ejemplo, la siguiente descripción donde una erección masculina se percibe casi como una manifestación vegetal a la que acude, juguetona, una mariposa que revolotea alrededor del miembro, como si de una flor se tratase, hasta que se acerca para libar en la minúscula boquita:
“Sobre la yerba lozana un cuerpo desnudo. Joven descuidado, tendido al sol. Es bello como las montañas, lozano como los miembros que crecen entre sus miembros extendidos. Su vientre huele a trigo verde: es un trigal espeso del que sobresale su falo erecto como un recio lirio morado. Imagen del vigor, de la paz verde y definitiva. Adán en el paraíso. Que duerme en la luz como si fuera el único hombre sobre la Tierra, en el Edén todavía sin puertas. Proyectado contra el cielo, abierto de brazos y piernas, siente el crecimiento de la yerba entre sus dedos. Siente cómo su miembro se endurece al sol como el brote nudoso de la higuera”.
En el prólogo, Bozalongo cuenta que concibió estos textos para ser llevados a la
pantalla. Sorprende: no hay diálogos y apenas acción. Sin embargo creo que sería preciosa una película -bien hecha- basada en estas ideas, estaría en la línea del parsimonioso cine oriental, pero en este caso con simbología occidental -la manzana, Blancanieves, Adán, la sangre, la miel …-
El libro es una cucada: papel precioso, letra coqueta, maqueteación impecable y una linda imagen en la portada que continúa sorpresivamente en la contraportada. Os dejo exclusivamente el anverso, para no quitarle el gusto – a quien lo vaya a tener en las manos- de descubrir la parte trasera donde hay una imagen obscenamente explícita. Un primer plano que estoy convencida de que aquel que la vea -y disponga de cierto sentido estético- convendrá en que la posibilidad de arte pornográfico es indiscutible.
Bozalongo además de escritor es editor. Podeis hacer un seguimiento de su actividad en el blog Papeles de Casa Vigo, o en su Perineos, al que se accede bajo invitación -que concede con sólo solicitarla-. Un buen sitio a visitar para los que nos consideramos erotómanos.
El viejo va al cielo.
No deja de sorprender el modo en que la vida teje sus circunstancias. Durante meses, durante años, la rutina llena nuestros días, uno tras otro, todos parecidos, casi iguales. Pero el tiempo pasa lento e inexorable hasta que, de repente, todo cambia y lo que ayer era, ya no es y unas alas de mariposa que aletean provocan un huracán en los sentimientos y ya nada vuelve a ser lo mismo.
Nada volvió a ser lo mismo para Laura, ni para Víctor, ni para Carmen, tampoco para los remeros Kinki e Ismael y mucho menos para el viejo desde la visita de la prima de Laura y la flautista, cuando, presumiendo de sexualidad liberal, removieron la conciencia erótica de los asiduos al café-bar Crisol.
Cuando todos se despidieron para acudir a sus respectivas actividades, el viejo permaneció, ahora taciturno, acodado en la barra, sentado pesadamente en su taburete. Carmen se le acerca y como si pudiera leerle el pensamiento, le susurra:
-A ti ya no se te pone ¿verdad abuelo?, la pregunta, dicha desde los labios femeninos de Carmen es como una lanza para Gonzalo, el viejo. La mira, mira a la camarera como si estuviera muy lejos. Poco a poco sus ojos toman forma de gorriones heridos. En su rostro está la pena del león vencido, la tristeza del oso herido de muerte. El viejo traga saliva.
-No, Carmen, ya no se me pone, dice y acto seguido cae en redondo estrepitosamente al suelo.
Gonzalo, el viejo, despierta en una habitación blanca de hospital y no recuerda qué es lo que le ha sucedido para estar ahí. Se gira y ve una mujer de espaldas con formas de reloj de arena, parece una enfermera vestida con bata blanca, la cintura de avispa que contrasta con las poderosas caderas. Parece atareada ordenando algo en una mesa camilla delante de la ventana por la que entra el sol limpio de invierno. El viejo escucha que canturrea aquel bolero antiguo. Él la mira y la imagen le parece onírica, por un momento se le pasa por la cabeza que quizá esté ya en el cielo. Pero entonces ella se voltea, le mira y sonríe:
-¡Ay que ya se despertó mi viejito! – dice la rubia oxigenada con el dulce acento de las sudamericanas- ha dormido mucho, ¿eh? Soy Alice, su enfermera- la chica vocaliza chillando un poco, como se les habla a los duros de oído, y le planta un par de besos en la cara.
A Gonzalo se le antoja que es una preciosidad aunque realmente no es para tanto, va exageradamente pintada con su sonrisa perfilada de carmín rosa, los grandes ojos oscuros sombreados de azul mar y pestañas tan negras y largas que parecen abanicos azabache centrando un rostro multicolor. Su batita ajustada deja ver el comienzo del escote. Alice parece una parodia viva de la enfermera típica de la ficción porno y no cede en su charla:
- Le trajeron aquí porque se desmayó usted, el médico dice que no tiene nada, pero que ha de reposar y yo soy la encargada de cuidarle. Un susto que le dio su corazón. Pero no se preocupe, volverá a estar fuerte como un toro, le voy a dar unas sopas de pollo que levantan a los muertos -la chica se persigna-. Después, si quiere, podemos jugar, ¿le gusta el dominó? yo soy loca del dominó, mi papá me enseñó cuando era niña chica. Ha sido usted muy previsor al haber cotizado un buen seguro de enfermedad, ahora me tiene sólo para usted y eso ayuda porque a veces, fíjese, que me tengo que encargar hasta de cinco enfermos y no es lo mismo. Es que la gente no piensa en cuando sea vieja, pero ¡ay! no me ponga esa cara, ya sé que usted no es tan viejo, que luce muy atractivo, que debe ser usted un señor muy interesante. Ya verá en cuanto le de un baño y le afeite. No es porque yo lo diga, pero los viejitos reviven con mis cuidados, lo mío es que es vocacional, desde que me vine a España llevo atendiendo, doce años ya y le puedo decir que tengo las mejores cartas de recomendación, las familias se quedan encantadas y es que hay que tener mano. Yo para otra cosa no, que limpiar casas siempre me ha parecido muy trabajoso, pero atender a señores como usted es como si fuera mi hobby. En esta clínica llevo poco, pero estoy feliz, es fantástica, fíjese, todo tan limpio, mire las cortinas, cada semana se lavan. El doctor es muy serio, muy profesional, muy suyo. Entre usted y yo: un poco sosainas, pero hay que reconocerle que hace bien su trabajo y paga puntualito, que eso es de agradecer. Claro que de mí no puede tener quejas, que me paso aquí todo el día y las noches si hace falta, conmigo sabe que puede contar y que trato a los pacientes como trataría a mi papá. Los enfermos necesitan dulzura y cariño, si es que el que está pachucho quiere amor, no hay más que animarle un poco y resucita, se lo digo yo.
Alice, mientras habla, acaricia maternalmente las sienes de Gonzalo, gesticula y sonríe con hoyitos. Su escote moreno juega al escondite entre los botones de la bata y Gonzalo piensa que a lo mejor tiene unos de esos senos pequeños que aumenta con sujetador de relleno, consiguiendo juntar los dos pechos formando corazón de carne entre ellos. El viejo se encuentra tan a gustito con los mimos de la amable enfermera que, casi inconscientemente, alarga su mano y la introduce entre los botones de la bata con toda naturalidad, con la sana intención de acariciar uno de esos tentadores volúmenes. La reacción de la chica es de gran carcajada:
- Jajaja ¡Mira el viejito! ¡Qué pillín! Nos vamos a llevar muy bien usted y yo, sí sí, muy bien, que a mí no me gustan esos señores ñoños, que había uno que hasta me reñía por enseñar las piernas, y digo yo, lo que se van a comer los gusanos, ¡que lo disfruten los cristianos!, digo, pero no se pase, ¿eh? Que si viene el médico y nos ve así se enfada, que es un señor muy serio, muy de su casa, que tendría que ver a su mujer, que parece una monja y él un obispo como mínimo, que no sé yo como habrán hecho los dos hijos que hicieron. ¡Eh! ¡No se pase! Qué gamberro…
Ahora el viejo ¡bingo! ha podido comprobar que no erró en su pronóstico. Efectivamente, la enfermera las tiene pequeñas, comprimidas en el escote por el sostén de aros y espuma. Satisfecho se autofelicita por su buen ojo, mientras el deshinibido pezón se dispara impetuoso con el contacto de sus dedos.
- ¡Qué tocón es usted! Mire que yo tengo la sangre caliente de las sureñas. Escúcheme con las manitas quietas, que ya sé yo lo que piensan ustedes aquí de nosotras, las sudaméricanas, pero es que, sin ofender, las españolas son muy desaborías, que parece que hay que hacer una instancia para que abran las piernas, ¡ni que tuvieran la joya de la corona ahí en medio! Y luego piensan mal de una porque disfruta de lo que Dios le dio, porque, digo yo que a Nuestro Señor no debe molestarle que gocemos a ratitos. Y no vaya usted a pensar, que yo soy muy religiosa, voy a misa los domingos y todo, pero no estoy a favor de lo que dice el papa, ¡que es pecado usar preservativos! y luego todos esos africanos muriendo de sida.
El viejo inspecciona ahora los muslos rechonchos de la enfermera, incrédulo de que esté hecha de huesos y carne, se alegra mucho al comprobar que no lleva medias, y se apena un poco al cerciorarse de que sí lleva bragas. Puede cerciorarse a conciencia sin que ella ponga excesiva resistencia, la justa para hacer del juego algo realmente divertido, pero ya cuando llega al fruto pulposo ella se levanta recolocándose la ropa:
- ¡Stop caballero!, que es usted un sinvergüenzón, que debió ser usted terrible con las mujeres, ¿eh? ¿Ha roto muchos corazones? Mire que a mí ya me lo han partido unas cuantas veces, y ya me conozco el percal de los hombres, que vais todos a lo que vais y luego si te he visto no me acuerdo. Ahora va a ser usted buenecito, le voy a preparar un baño con mucha espuma y le voy a enjabonar bien esa espalda para que cuando venga el doctor le encuentre bien limpito, y usted chitón ¿eh? No le vaya a contar que me ha tocado las piernas que es muy remilgado para estas cosas.
- No se preocupe, Alice, soy una tumba.
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Este cuento es el número 22 de la colección de relatos hilados Crisol púbico
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¿Montas?
Estad atentos.
Uno de estos días voy a continuar mi alegre viajecito por la novela erótica capitulada Crisol Púbico. Mi ilusión es contar de nuevo con vuestro apoyo en forma de imágenes, música, videos o comentarios que adornen y alegren los textos.
Yo creo que en los capítulos precedentes resultó muy divertido -e interesante- y, aunque me da un montón de trabajo estar pendiente de lo que me enviais, renovando a cada paso, creo que merece la pena. ¿Qué decís? ¿Arrancamos?
Por si os apetece recuperar el hilo, -o leerlo de nuevas-; os dejo aquí lo publicado hasta ahora en Pdf. Todo de corrido:
Primera Parte de Crisol Púbico
Para animar los preámbulos como corresponde a los erotómanos que aquí nos reunimos, Lipa Benet ha tenido la amabilidad de realizar un audio-spot promocional del evento. Escuchad:
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Mi carta para Sus Majestades Los Reyes Magos.
Queridos Reyes Magos:
He sido bastante buena, me he portado amablemente con mis semejantes y he dado gusto a un puñadito. No creo que peque de soberbia al decirlo. Os estoy muy agradecida porque me cumplisteis casi todos los deseos que pedí el año pasado en relación a mis sueños literarios, Erotómana funciona muy bien y mi colaboración con Sensuality y con Certo también, siento que mi trabajo es valorado. A mi vez, no he sucumbido a la pereza y he trabajado con tesón, por eso quiero pediros que ahora mi literarura empiece a rentarme. No es que pretenda hacerme ambiciosa económicamente, en absoluto aspiro al oro con que regalasteis a Nuestro Señor, sólo a un saquito de plata que subvencione mi trabajo. Daos cuenta de que este hobby me acarrea unos cuantos desembolsos, necesidades si quereis prescindibles pero, ¿qué le queda al sexo si le quitamos lo supérfluo?
Infraestructura multimedia aparte, he de conseguir libros para ampliar mis lecturas, he de enriquecerme viajando a los museos eróticos del mundo, exposiciones o convenciones, he de vestir braguitas lindas, sandalias de sueño, cuidar mi piel, quiero hacer un máster sobre sexualidad y aprender francés para leer a los grandes en versión original… y luego está Lipa, quiero invitar a Lipa Benet a un balneario para centrarnos a crear a gustito. Daos cuenta, queridos Reyes Magos, que ejercer de erotómana resulta carísimo y yo quisiera ir dando pasitos para llegar a ser de esa gente suertuda que gana su pan haciendo lo que le gusta. Conste que no es envidia lo que siento por los que viven de su arte, y jamás siento ira por no ser yo una de esas afortunadas personas. Pero me encantaría y me lo pido. En cualquier caso lo que suplico con verdadero fervor es un buen lote de fantásticas ideas deliciosamente lujuriosas, animosamente lujuriosas y buen gusto para expresarlas porque, sin eso, todo lo anterior es agua de borrajas.
Ya a nivel íntimo quisiera pedir … Ya que encarnais en número tres, quisiera pediros tres varones para mí sola, pero no uno a uno: a la vez, los quiero a la vez, es decir, tres hombres con sus tres cuerpos -no hablo de magias raras al estilo “tres en uno” como la santísima trinidad-. (Dos ya los disfruté airosamente, ¿recordais?) No es por avaricia que quiera el trío, no tengo intenciones de quedármelos, sólo un ratito, una noche, una tarde… Es que creo que ya estoy preparada para enfrentarme a esa cantidad de virilidad, pero si es muy complicado me conformo con que me traigais aquello que ya llevo unos cuantos años pidiendo y nunca me concedeis: el negrito, Baltazar, acuérdate del negrito. A ti me encomiendo muy especialmente, a ti que tantas veces me tuviste sentada en tus rodillas.
No es que sea racista y vaya a hacer discriminación positiva a razón de la piel: el negro ha de ser cariñoso y simpático como los demás. Y no creais que es gula lo que me mueve, no es necesario que tenga un banquete el negro entre las piernas, con que tenga un modesto festín es suficiente.
(Sé que traerme al negro en el lote de tres puede ser una posibilidad práctica, pero no, con el negro no deseo dispersarme).
Como todos los años, pido paz para el mundo, imaginación y arte. Sexo alegre para los que quiero, si tienen sexo dichoso es que lo demás va viento en popa. Para mis lectores pido inspiración divertida para que me comenten, si tienen inspiración divertida es que las cosas marchan para ellos.
Y ya, me despido con resumen para que os quede clarito:
. Ideas maravillosas para escribirlas (a poder ser que coticen).
. Tres hombres (encantadores) y/o un negro (majo).
. Buen rollito pa to quisque (yo incluída).
A sus pies:
S. M.




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