Visión matriarcal de la sexualidad.
No han sido muchos los filósofos que reflexionaron sobre la sexualidad humana. Resulta sorprendente ya que es el vínculo entre las generaciones, el modo más fiable que conocemos de perpetuar la especie. El sexo, ese nexo de unión en el que radica el origen de cada persona, ignorado a la hora de responder las preguntas clave de la filosofía: ¿quienes somos?, ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? Muchos pensadores pasaron del tema y, de los pocos que se animaron a abordarlo, la mayoría metieron la pata. Por ejemplo Lucrecio.
Lucrecio, en Roma, allá en el s. I a.c., en su libro Sobre la Naturaleza del Universo, una obra poética de un impresionante esfuerzo didáctico destinado a la comprensión del mundo y del humano, donde incita a mejorar aunque sólo sea un poco todo aquello que nos rodea, ofrece una visión lúgubre del sexo. Pese a todo, aconseja practicarlo con prudencia. Sexo sí, pero jamás amor: el enamoramiento, según Lucrecio, desestabiliza a la persona y le ofusca en su capacidad de razonar, es una alucinación que lleva a creer que la descarga seminal no se puede disfrutar en plenitud más que con una persona determinada. Su teoría triunfó. Bernard Shaw varios siglos más tarde la explicó del siguiente modo:“enamorarse es exagerar enormemente la diferencia entre una mujer y otra”.
El deseo sexual con su componente pasional es un problema para Lucrecio debido a su propia naturaleza: no puede saciarse nunca. Otros apetitos son fácilmente apagados, por ej. el hambre y la sed, ya que el cuerpo dispone de lugares concretos donde albergar comida y bebida. El deseo sexual no: la ilusión nos afana en poseer algo que nos falta, cuando la única satisfacción posible estriba en librarnos de lo que nos sobra. Aconseja, entonces, que venzamos al mal de amor centrando nuestro esfuerzo en aliviar la cargazón seminal mediante la masturbación -también con prostitutas-, olvidando así al sujeto que lo causa.
Aceptaríamos que la tensión genital, con toda esa acumulación de semen que pugna por salir sea imposible de ser saciada porque el varón, en vez de llenarse, se vacía en la realización del acto. Aceptaríamos su teoría sobre la sexualidad humana si como Lucrecio ¡como tantos otros! no pusiéramos nuestra atención en qué sucede con la sexualidad femenina.
Lucrecio, con su visión falocrática y microvisionaria, desatendió una parte primordial del ejercicio sexual: a la mujer – ¿no es de perogrullo que tengamos que recordarle al erudito filósofo la obviedad de que los sexos no pueden entenderse independientemente el uno del otro, que están abocados a complementarse?-.
Porque las mujeres nos llenamos. Y nos llenamos gracias a los hombres. Cuando el varón penetra a la mujer con su miembro -para el cual nosotras tenemos un lugar bien dispuesto en nuestra vagina- ya solemos sentirnos bastante llenas. Cuando lo agita en nuestro interior y puja fuerte por ocupar todo el espacio, la sensación de llenazón es evidente. Pero si además descarga su semen, sus fluidos nos anegan y se disuelven en nuestro interior proporcionándonos ricos minerales y valiosas hormonas que nos tranquilizan y nos llevan a sentirnos plenas. Pero es que además, a veces, nos preñan y entonces ya sí que sí: jamás tan llenas y rellenas, redondas y opulentas.
El sexo no se puede entender sin su objetivo primigenio: la fecundación. Las mujeres, si estamos sanas y preparadas, sentimos con emoción y plenitud la crecida de nuestro vientre. Un nuevo ser demanda espacio y se acomoda en nosotras hasta que un buen día se abre camino y surge de nuestras entrañas una pequeña criatura, toda impregnada con nuestra sangre. Y todavía, lejos de concluir nuestro proceso sexual, continuamos llenas, pletóricas con nuestros senos hinchados, transformados en generosos cántaros de blanca leche con la que alimentamos al bebé, todo albricias para su mamá.
Y aquí se encuentra todo el significado biológico del amor-sexo que denostaba Lucrecio. Aquí, en la crianza, toma sentido la pasión amorosa del hombre que, con estupefacción acompaña la maravilla de aquella simiente que un día depositó empujando en desvarío con su blando aguijón, y que le ha convertido en padre. Y la paternidad le ayudará a tomar conciencia de que su ser individual no es sino una ínfima parte de la inmensa cadena humana. Y ese hombre, que quizá en algún momento se sintió estafado por el dictamen de sus instintos, por la servidumbre a la que le abocó el amor, crecerá y llegará a ser sabio porque entenderá que su realización personal no se halla en sus ambiciones individuales, sino que radica en el colectivo de nuestra especie, sede y recinto de nuestra verdadera existencia.
…
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Comentarios
Joder! para estar de vacaciones te has adentrado en un post de lo más sencillito.
Nada que añadir a tu reflexión, quizás… eximir un poco a Lucrecio… eran otros tiempos… otra sociedad….
Por máis que diga chuslalia, Lucrecio era un pasmón de moito carallo (ou pouco, que tampouco é importante para o debate). Obviar a primordialidade do “sentimento de equipo” no coito, acaba por equiparar tal acción nun simple meneo pélvico sin arte.
Haxa fecundación ou non, o acto sexual é o cumio do sublime -haxa penetración ou non- habendo com-penetración!
Bicos filosofados
jo, disculpadme. No tenía preparado este post para publicar. Se publicó solo, en uno de esos misterios internáuticos. Bueno, he intentado arreglarlo, espero que esté más claro.
Gracias Chousa, Chuslalia y Mochuelo, por haber hecho el esfuerzo de entender la idea pese a lo desordenado que estaba, con errores de redacción e incluso sintácticos…
Hay muchos hombres y mujeres como Lucrecio; lo que realmente les asusta es la dependencia emocional, y que no se posee lo que se ama, y que no se compra el amor. Depender de la gentileza de otro, asumiendo su libertad, te da una idea de tu propia y real fragilidad, y da miedo.
No es pa menos que asuste la fuerza del amor, Wendy: de Lucrecio se sabe poco, su visión pesimista del amor ha dado pábulo a un montón de especulaciones, dicen que se suicidó por amor, dicen que se tomó un bebedizo para curarse del mal de amores… nada es fijo, lo que sí es que previno al lector contra el impulso amoroso, de modo que todo indica que a él le fue fatal. Voy a copiaros aquí un texto que eliminé del post para que no fuese tan largo, pero que me encanta y resume muy bien su idea:
“Cuando los amantes, enlazados los miembros, gozan de la flor de la edad y el cuerpo presiente el placer que se acerca y Venus se aplica a sembrar el campo de la mujer, entonces se aprietan con avidez, unen las bocas, el uno respira el aliento del otro, dientes contra labios. Todo en vano, pues nada se puede arrancar de allí: ni penetrar en el cuerpo, ni fundirlo con el suyo, pues eso se diría que pretenden hacer… Por fin, cuando el deseo es concentrado en los nervios y ha encontrado salida, se hace una breve pausa en su violenta pasión, para volver luego la misma locura y el mismo frenesí…”
“Supongamos que la función primera del sexo es la reproducción”; así me debía expresar yo ante un grupo de amigos y amigas no hace mucho, a sabiendas que la propuesta iba a levantar gestos de rechazo. Seguimos procurando cercenar del acto su parte animal e instintiva. En la mas profunda de las pulsiones, la perpetuacion de la especie y mas concretamente de sus genes, el macho se siente vacio, cierto. Solo ese sentimiento le hará buscar otra y así podría engendrar en una semana lo que una hembra en toda su vida fértil.
Pero junto a la reproducción y acerca de los mamíferos, los libros del colegio de mi hijo hablan de la nutrición y la relación. Con respecto a la nutrición vamos servidos; somos muchos los que nos andamos con cuidado para no excedernos en ese punto. En cuanto a la relación, ahí estamos, en hacernos cada día mejores y mas sabios, procurándonos bienestar y la vez que la felicidad de nuestros seres queridos, llenando de risas una sonrisa.
Hasta luego!
Estoy “un bastante” de acuerdo con Wendy. Para hablar bien del erotismo…del amor…, creo que hay que estar “congraciado con la vida”, no hay que poner barreras a la subida de la marea…Tienes que dejarte inundar..El erotismo…es como el fuego…crea y destruye…
Pero cómo….
Qué viles mentiras… Entonces, no te dedicabas a buscar a chorbo en la piscina para practicar, te dedicabas a teorizar con Lucrecio, que ni siquiera está vivo… joer.
Y claro, toda nuestra civilización patriarcal está basada en error tras otro… a cada cual mayor. Pero aun así sobrevivimos… y quién sabe… igual es así como tenía que ser…. Tenemos poco que ver en el devenir de la historia. Somos muy poca cosa como individuos.
Siempre nos protegimos del amor. Siempre fuimos esclavos del miedo. Quizá nos falta amor propio.
Bicos!
El amor propio escasea; lo peor de todo es que hay quien lo confunde con el orgullo, el narcisismo, el egoismo o la prepotencia.
Hay religiones que, a base de mezclar conceptos, convierten en la práctica el amarse a uno mismo en pecado, a fuer de predicar lo contrario.Hay teorías de pensamiento que también lo hacen. Este sistema mundial de gobierno lo hace constantemente. La publicidad lo hace constantemente,…
Diría que porque la gente con un ego saludable no suele ser compradora compulsiva y a menudo más dificilmente manipulables.
Paradójicamente nuestro mayor poder como sociedad es cultivar el amor propio del individuo, y una y otra vez fallamos como conjunto.
Estoy de acuerdo con Pitima en que es por miedo, y por eso constantemente se nos alimenta el miedo.
Shopenhauer sostenía que, cuando caemos en las redes del amor, creemos hacer una elección libre y consciente, cuando no lo es en absoluto.
Nuestro yo consciente se halla bajo el yugo de una fuerza inconsciente: el « querer-vivir », tiránico, obsesivo y dirigido hacia una único objetivo: la procreación. La elección del ser amado opera según criterios biológicos. El « querer-vivir » empuja a cada cual hacia su pareja ideal, es decir, hacia la que optimiza las posibilidades de engendrar un hijo sino robusto, por lo menos viable.
Pero, realmente, preferimos dejarnos llevar por el espejismo del sexo y el amor.
Nos gustó mucho tu blog, vamos a venir seguido
Besos desde Buenos Aires de…
nosotros dosShopenhauer sostenía que, cuando caemos en las redes del amor, creemos hacer una elección libre y consciente, cuando no lo es en absoluto.
Nuestro yo consciente se halla bajo el yugo de una fuerza inconsciente: el « querer-vivir », tiránico, obsesivo y dirigido hacia una único objetivo: la procreación. La elección del ser amado opera según criterios biológicos. El « querer-vivir » empuja a cada cual hacia su pareja ideal, es decir, hacia la que optimiza las posibilidades de engendrar un hijo sino robusto, por lo menos viable.
Pero, realmente, preferimos dejarnos llevar por el espejismo del sexo y el amor.
Nos gustó mucho tu blog, vamos a venir seguido
Besos desde Buenos Aires de…
nosotros dos
Quizá, pasado el tiempo, nos parece que la elección por la persona amada es libre y consciente, pero, según mi corta experiencia, en un principio no tiene nada de consciente ni razonable, no sé si libre; y aún cuando uno cree que las cosas se han apaciguado, se sorprende al ser incapaz de establecer lógica y razonadamente por qué se quiere.
Quiero decir que puedes hacer un perfil de lo que consideras virtudes y defectos de tu pareja, pero con ese perfil no puedes justificar el estar con esa persona.
Por ejemplo, yo no sé por qué estoy con mi chico, pero sí sé que no deseo estar con nadie más; que, de algún modo que no tiene nada que ver con la lógica o la racionalidad, estoy con quien tengo que estar…lo único que acierto a describir es una fuerte y casi indefinible sensación de haber llegado a casa.

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