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Greta Garbo y Marlene Dietrich

Publicado por Susana Moo
18 junio, 2012

Marlene Dietrich y Greta Garbo vestidas de caballero.Greta Garbo y Marlene Dietrich, dos mujeres enlazadas por el común destino de ser diosas de la gran pantalla, vecinas en Hollywood, con amigos, compañeros y amantes comunes, juraban y perjuraban no conocerse. Jamás coincidían en fiestas y se evitaban hasta el ridículo.

Pues bien, hoy sabemos que mentían: Greta y Marlene se conocían muy bien puesto que de jovencitas, antes de que el terremoto “Hollywood” sacudiera sus vidas, habían compartido cartel en “Bajo la máscara del placer”, una película muda rodada en Berlín. Pero una vez ricas y famosas las dos se negaban y todo indica que no se tenían en buena estima. Marlene cuando hacía refería a Greta decía “esa otra mujer” o “esa campesina”. Pero en una ocasión se le escapó un exabrupto contra su rival que supera los límites del decoro:

-Es enorme allí abajo- dijo- y además lleva la ropa interior sucia.

¿cómo podía conocer Marlene la fisonomía íntima de Greta y sus usos higiénicos?

Para hacer nuestras cábalas, hemos de remontarnos a Berlín. El Berlín de entreguerras era la caña de marchoso, con un ambiente tremendamente vanguardista, con un montón de clubes donde los hombres se travestían y las mujeres fumaban sin sostenes. Estar “in” significaba divertirse, liberarse sexualmente y catar de todo un poco. Marlene era una musa omnipresente en todos los saraos. Culta, inteligente, liberal, políticamente activa, bella y moderna, representaba a la perfección aquel espíritu de Berlín años 20.

Greta Garbo

Greta no. Greta, descendiente de familia humilde, era dependienta en unos grandes almacenes cuando fue pescada en Suiza por un cazabellezas y se encontró de repente en medio de una vorágine artística, armada tan solo por su bonito rostro. Era una pardilla recién salida del cascarón de 19 años cuando conoció a la arrolladora Marlene, que tenía 23, una hija y un exquisito paladar para las chicas. Los biógrafos coinciden en que no es descabellado pensar que Marlene adoptase a la tímida y bella Greta y que se la llevase de marcha para enseñarle los garitos de moda y, de paso, iniciarla en los placeres sáficos. Tampoco es descabellado pensar que Marlene, que era sexualmente una mantis e intelectualmente una clasista, la despreciase al comprobar que en el fondo, y pese a su interesante fisonomía, la sueca era una pailana.

La Metro contrató a Greta, el bombazo en taquilla fue espectacular. La empresa cinematográfica rival, la Paramount, decidió importar a otra belleza centroeuropea: Marlene, otro bombazo en taquilla. Una vez establecidas en América, ricas y famosas, a ninguna le convenía que se hurgase en aquellas berlinesas locuras de juventud y asumieron la circunstancia del estrellato de modos absolutamente divergentes.

Greta lo llevó fatal, ser centro de atención le repateaba y se obsesionó por mantener fuera de escena su privacidad. Si sabemos algo de su vida sexual es sólo gracias a la indiscreción de algún amante (Mercedes De Acosta, por ejemplo) o aquel otro que dejó escrito en sus memorias que consiguió tener un idilio con la Garbo, y que antes de meterse en la cama, ella le advirtió: “no me gusta el martilleo, ni las cosas bruscas”. Claro que, a saber si ésto es cierto o sólo un afán de sobresalir de un pretendiente con ínfulas.

Le gustase o no el martilleo, tuviese la vulva enorme o canija, lo que parece objetivo es que Greta Garbo era bastante amargada: la típica que nunca está satisfecha, de esas que tienen el don de aguar las fiestas, que cuando hace su aparición el ambiente se hiela. Una tía rara que nunca se casó -algo excepcional en la época- siempre pachucha con sus achaques menstruales que le provocaban interminables sangrados. Una mujer de sonrisa en auténtico peligro de extinción, obsesionada con que todos se querían aprovechar de ella, tacaña hasta la miseria -se dice que contaba los huevos de la nevera por si sus empleados mangaban alguno-. En fin, tenía toda la pinta de vivir su sexualidad tortuosamente. Hay voces que señalan a Marlene y su desafortunado comentario vaginal como culpable de los complejos de Greta. Es posible, desde luego no es baladí la impresión que provocan los genitales propios en el ojo ajeno. Pero mi opinión es que su problema radicaba en no haber aceptado su homo o bisexualidad, la cual viviría armariada y con culpa.

De la vida sexual de Marlene sabemos más. Tenía una energía descomunal, era el alma mater

Marlene Dietrich

de todas las fiestas, generosa hasta el despilfarro, siempre rodeada de una cohorte de chupópteros aduladores, apasionada y vital, con la tira de hobbies, desde la literatura a la cocina, pasando por la moda o la música. Y el sexo: fue una destrozacorazones. Si hacemos caso de la biografía que escribió sobre su madre, María, la única hija de Marlene, la colección de amantes femeninos y masculinos es pasmosa. Y con preferencias bien definidas, prefería la gente culta y creativa y a los hombres impotentes. Lástima que cuando sus queridos impotentes se recuperaban del pánico inicial de satisfacer a la Dietrich, se relajaban, y recuperaban su potencia.

Quién lo diría, a esta actriz y cantante que tanto disfrutó arengando a las tropas americanas en la segunda guerra mundial con sus canciones y sus piernas, la penetración no le hacía tilín. Es posible que el origen estuviese en aquella su primera vez con un profesor de música que la malfolló de cualquier manera y a toda prisa en un sofá. El sexo genital le resultaba burdo, tosco y antiestético: “Los hombres siempre quieren eso, y si no se lo das se creen que no les quieres” confesó a su hija quizá dándoselas de recatada, porque los hechos apuntan a que le encantaba acostarse con hombres, sobre todo en su madurez, que se fue haciendo más frescachona y le gustaba fardar del estado en el que sus amantes abandonaban su cama debido a las cabriolas. Además se aseguraba de marcar con XX en su diario cuando disfrutaba de una sesión de sexo, que era día sí, día también. Su voracidad hace pensar en ese impetuoso frenesí por abrazar a Eros que se siente a veces ante el terror que provoca Thánatos, porque ¡qué cuesta arriba se le hizo envejecer! También a Greta, pero sus caminos fueron, una vez más, opuestos.

Greta, a los 36 se cortó la coleta, dejó el cine y la vida pública y se escondió. Ni siquiera fue a recoger el Oscar honorífico que le dedicó la Academia. Se dedicó a vivir camuflada bajo sombreros de ala ancha y gigantescas gafas de sol, sin teñirse ni arreglarse. Dicen que en su casa rompió todos los espejos y que se convirtió en una vieja precoz, huraña y solitaria.

Marlene, por contra, dio el callo en el escenario hasta casi los 80 ( miradla aquí cantando Lili Marlene en los años setenta). Y no cesó de revelarse tozudamente contra el paso del tiempo, esforzándose lo indecible por aparentar ser aquella preciosidad que había sido. Se hacía apretadas trenzas que le estiraban el rostro, se parapetaba con pelucas, ceñidores, postizos, pieles y joyas y sólo se retiró cuando sus piernas ¡sus famosas piernas! perdieron la circulación.

Murieron con un par de años de diferencia. Marlene en París a los 91, Greta en Nueva York a los 85, las dos bastante solas. Las ultimas palabras de Greta fueron “ha sido una vida desperdiciada, desperdiciada, desperdiciada”, las de Marlene “Lo quisimos todo y lo conseguimos ¿no es verdad?”.


…

Bibliografía básica:

Marlene Dietrich, por su hija Maria Riva. Editorial Plaza y Janés.

Greta y Marlene. Safo va a Hollywood. Diana McLellan. Y&B Editores.

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Tags: Greta Garbo y Marlene Dietrich
Biografías eroticamente interesantes

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Comentarios
Comentario by Lol V. Steiner el junio 18, 2012 @ 6:20 pm

Me encanta.

Comentario by Wendy el junio 19, 2012 @ 8:37 am

La normalidad no existe, y el éxito es subjetivo y discutible…

Comentario by Aldabra el junio 19, 2012 @ 1:00 pm

Me han encantado estas dos biografías encaradas.
Genial.

¡cuantas cosas interesantes nos cuentas, Su!

biquiños,

Comentario by Pitima el junio 19, 2012 @ 6:08 pm

Interesante, sí. Bonito y bien presentado doble resumen biográfico. Se nota que aun siendo larga te quedaron cosas en el tintero, porque deben tener mucha miga, muchas anécdotas estas divas… sí.
El género biográfico debe ser muy complicado. Nosotros mismos no alcanzamos a conocer nuestros misterios… Los de afuera tampoco creo que puedan interpretar tantas cosas…

¿Te acuerdas que hablé de la psicogenealogía y del Jodorowsky? Habría que remontarse a los antepasados para conocer muchos de los misterios de alguién.
Tengo abierto un proyecto sobre mi familia, álbum fotográfico (me encantan las fotos viejas), árbol genealógico, escritos…. Además de ser un trabajo duro, tuve que dejarlo estancado un tiempo para oxigenarme, porque se me metió dentro una congoja, una especie de tristeza… que creo que venía de intentar recomponer el pasado de mi madre…

Bueno… no sé por qué cuento esto… Por lo del tema biográfico supongo… Qué se coció en las vidas y las cabezas de estas mujeres… Sabe Dios…

Bicos!

Comentario by Susana Moo el junio 19, 2012 @ 6:56 pm

Me alegro, Lol V. Steiner y Aldabra, que os entretengan estos resúmenes.

He leido – a raiz de que lo comentases, Pitima- la metapsicología genética de Jodorowsy, y no me dejó impasible: interesante propuesta la de las herencias profundas, no me extraña que sea de digestión lenta y que tuvieses que reposar. Yo no llegué a elaborar mi árbol genealógico, ahora estoy emperrada en las biografías. Me encantan y mejor si son autobiografías de las que profundizan. Me las leo con el alma en vilo, deseando que me cuenten detalles íntimos de verdad. Es un lujo la oportunidad de participar de las experiencias que vivieron otras personas.
Marlene, concretamente, me enganchó muchísimo. El libro que escribió su hija es recomendable, de la hija cabría hacer otra biografía. Bueno, como de cualquiera: todos vivimos situaciones apasionantes. Como dice Wendy, la normalidad no existe.

Comentario by Maruxxxxxela el junio 19, 2012 @ 7:45 pm

Que casualidad.Acabo de preparar una buena tortilla de patatas y ahora tengo más tortilla leyendo este artículo.¡¡Cuánto vicio hay por éstos mundos de Dios!! La Marlene tenía maneras de hombre, inclusive la indumentaria que lucia.Lo de las bragas sucias me impactó mucho.No es que la excuse , pero los rodajes tienen la culpa.Si hiciera como yo de no usar mucho las bragas; otro gallo le cantaría.En casa es bueno ir ventilada
;)

Comentario by Fantasma de la ópera el junio 20, 2012 @ 8:02 pm

Jó… No tengo palabras. Sólo un gran :-O

Comentario by Beau Brummell el junio 22, 2012 @ 5:19 pm

Admito que soy un enamorado de la semiótica de las imágenes: ¿te has fijado, Susana, en la forma fálica que aparece inscrita en la columna en la que se apoya la Dietricht? No me digas que no tiene su aquel: parece subrayar subliminalmente la ya de por sí masculina presencia de la diva.

(Muy buena la entrada, como siempre)

Comentario by Susana Moo el junio 23, 2012 @ 3:15 pm

Sí, me había fijado, atento Beau. Marlene estaba en todo.

Comentario by Manolo Blog el junio 23, 2012 @ 3:33 pm

A veces se cruzan en nuestro camino personas que, aun cuando el encuentro sea fugaz, nos dejan una huella, buena o mala, indeleble. Y da la impresión de que la enérgica estrella de Marlene se cruzó demasiado pronto en el camino de Greta…

En todo caso, te agradezco tu tiempo y trabajo, ya que nos sirve para conocer y valorar aspectos que, para muchos, suelen pasar desapercibidos.

Pingback by cuanto más me empape, mejor. el enero 20, 2013 @ 9:14 pm

[...] excita mi intuición y más convencida estoy de mi interpretación. Así lo viví, por ejemplo, con Greta Garbo, con Marlene Dietrich, o con [...]

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