Archivo de 29 junio, 2012
Represión afectiva. Dependencia. Maltrato.Y una esperanza.
Hay determinadas normas sociales que han sido hiladas por nuestros antepasados a lo largo de siglos de historia y que hoy asumimos con toda normalidad, aceptándolas inconscientemente sin rechistar. Una de ellas es la ley tácita que prohibe la libre manifestación de demostraciones afectivas íntimas fuera de un entorno sexual. Es decir, el que, en la edad adulta, los besos y las caricias estén restringidas al sexo. No estaría de más revisar y cuestionar esta rutina, no se haya quedado anticuada, totalmente obsoleta.
Los humanos somos animales que nos sentimos tristes y solos cuando no recibimos pruebas físicas de cariño, a pesar de ello, besuqueamos poquísimo a nuestros seres queridos. Difícilmente regalamos mimos más allá de los protocolarios besos de bienvenida, quizá algún abrazo peregrino de poco más de medio minuto. Los psicólogos y sociólogos nos avisan, sin embargo, de que la aridez afectiva conduce a la infelicidad, el malhumor, la frustración y, en última instancia, a la violencia. Con todo y eso, reducimos nuestro contacto íntimo al ámbito erótico, que restringimos a su vez al microuniverso de la pareja. La amistad, uno de los aspectos más gratificantes de la vida, queda coja al vedársele la ternura física.
¿por qué ese tabú al contacto físico cariñoso? ¿por qué nos aterra tener demasiada proximidad con personas de nuestro sexo, o con las del otro salvo que exista deseo explícito? ¿no sería maravilloso repantingarnos horas y horas acariciándonos, como hacemos por ejemplo, con los animales de compañía?
Las personas modernas aceptamos ya sin reparos el lesbianismo y el sexo gay, pero ¡qué curioso! cuando no hay sexo de por medio, nos inhibimos y no rompemos la frontera de esa ley sin nombre que cohibe nuestra emotividad. No trivialicemos la importancia del contacto. Uno de los lastres de las sociedades son los conflictos de parejas, en tantas ocasiones con finales dramáticos. El número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas son la punta de iceberg de un doloroso problema enraizado en los principios del sistema patriarcal y su tabú para con la sensualidad libre y generosa. La dependencia patológica de tantas mujeres maltratadas, de tantos hombres incapaces de aceptar una pérdida, está generada -entre otras causas- por la jodida sinrazón de que el partenair sea el/la único con derecho a roce, ese roce imprescindible para nuestra salud psíquica y emocional que perdemos cuando no tenemos pareja.
¡Venga! Estamos necesitados de un buen chute de idealismo y sueños. Una utopía de besos y abrazos universales puede ser un buen comienzo para la sociedad del futuro, ¿que no?
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