Fernando Pessoa, erotismo hacia adentro.
Fernando Pessoa, el gran poeta portugués, fue en apariencia un oficinista anodino, un tipo gris, solitario y reservado que dedicó su talento a componer literatura pero que apenas publicó y no fue conocido -ni reconocido- hasta después de su muerte. El hallazgo postmortem de su creación literaria provocó un auténtico shock estético en nuestros vecinos lusos y en todo el mundo literario ¡enorme la calidad y profundidad de sus poesías!
Han corrido ríos de tinta sobre su personalidad. A pesar de ello sigue siendo un misterio apasionante para los biógrafos, porque Pessoa parece que vivió de puntillas, enclaustrado en su mundo interior, cambiando constantemente de domicilio y sin dejar apenas testimonio de sus rutinas. Solitario, en un “vacío absoluto de fraternidad”, se empeñó en esquivar la vida – como Flaubert- y no movió un dedo por encontrar reconocimiento alguno. Sin embargo era muy consciente de la trascendencia de su obra: “me debo a la humanidad futura”, dejó escrito en su diario, un conjunto de reflexiones breves e inconstantes, pero muy reveladoras de algunos aspectos de su psique.
No se le daba bien socializarse “es realmente duro tener que estar todos los días at home a la hora de la estupidez y tener que distraer esa estupidez con el te de la banalidad y los bollos de la transigencia”. Entonces se volcó en soñar y fantasear y en crear interesantes “amigos imaginarios”, porque una de las características más llamativas de su ingente creación literaria es que está desdoblada en un conjunto de autores creados por él: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos, son sólo algunos de los heterónimos con los que firmaba, a los que dotó de biografía y personalidad propias: cada uno tenía su fecha de nacimiento, sus estudios, incluso su propia caligrafía y su modo de pensar “a veces contrarias a las del autor, que no tiene más remedio que escribirlas, por mucho que no esté de acuerdo con ellas y le resulten irritantes”.
Su sexualidad fue paralela a su modus vivendi. Las experiencias compartidas fueron nimias, quizás inexistentes, aunque de joven dejó constancia en su diario de su preocupación por conseguir dinero para operarse de fimosis antes de emprender el viaje que planeaba a Inglaterra, “ya que no tiene ningún sentido viajar al extranjero con esa traba”. ¿Lograría operarse?, ¿lograría consumar? Ni idea, lo que sí sabemos con certeza es que el grueso de su erotismo lo volcó en su imaginación:
“Por el lago pasillo que hay en el palacio he paseado muchas veces con mi prometida… nunca tuve una prometida real… nunca supe cómo se ama… sólo supe cómo se sueña amar… Si me gustaba ponerme anillos de mujer en mis dedos es porque a veces me gustaba tomar mis manos de joven por las de manos de una princesa y pensar que yo era, al menos en ese gesto de mis manos, la persona a la que amaba… Un día acabaron por encontrarme vestido de reina y es que estaba imaginando que era mi regia esposa.”
¡Pobre Pessoa! pillado in fraganti en su íntimo travestismo ¡con lo tímido y reservado que era! tuvo que sufrir un bochorno espantoso porque, como casi todos los vírgenes o cuasivírgenes, era muy pudoroso – entre sus amigos era sabido que se molestaba cuando los hombres decían groserías o hacían chistes de índole sexual –. Además no estaba orgulloso de sus apetitos sexuales y procuraba reprimirlos. Se describía a sí mismo como un ser de alma femenina con inteligencia masculina, un “invertido frustrado”. Temía que su voluptuosidad, que permanecía detenida en su espítitu, descendiese al cuerpo, “como le sucedió a Shakespeare en forma de pederastia, o como a Rousseau en forma de masoquismo”.
“Sí, a veces soy una costurera masculina y tengo príncipes, que son princesas, y muchas veces son otra cosa en la imaginación inevitable”. Imposible controlar esa imaginación portentosa, imposible impedir que le llevase, de vez en cuando, a sesiones de autoexcitación elaborada con fascinantes juegos de rol, aderezados de disfraces, animados con sensuales tertulias y a saber qué viciosas prácticas que la pacatería moral se empeña en endosar a oscuros pervertidos y ¡mira tú! son juegos de genios, al menos de este genio, tan sensible e intimista.
Fernando Pessoa no se casó. No se le conoció ni prometida, ni novia ni aventura pasajera alguna, pero… ¡oh dicha! ya llegando a la cuarentena tuvo una historia de amor secreta y ¡albricias! la correspondencia de los amantes se conserva. Además está editada y yo me he estado embebiendo de ella. Os cuento sus intríngulis en la próxima entrada, después de que hablemos un poco -si gustais- de travestismos privados, solitarios juegos de rol y masturbaciones fantasiosas.
Aquí para leer la historia de amor de Pessoa
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Bibliografía Básica
Diarios. Fernando Pessoa. Gadir.
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En la Web
En esta página sobre Pessoa está su poesía en portugués y traducida al castellano. Además la biografía -carta astral incluida- de sus heterónimos: ¡disfruten!
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Comentarios
me encanta todo lo que lees sobre el tema erótico festivo y que bien lo cuentas después.
hace poco también hablé en mi blog de Pessoa, y me fascinó su vida, y sabiendo esto que cuentas ahora todavía me fascina más.
¡pobre, que mal lo tuvo que pasar con ese pillado!
biquiños,
pois esperarei a seguinte entrega, porque eu de “travestismos privados” e “solitarios juegos de rol” non podo comentar nada, e de “masturbaciones fantasiosas”, non creas que tampouco moito…
Gracias Ana por tu confidencia de crema de afeitar.
Yo también estoy fascinada, Aldabra, es apasionante buscar -y sobre todo encontrar- pistas sobre la vida sexual de personas que no la mostraron explícitamente. Porque tod@s tenemos intríngulis, recordemos la conclusión de Kinsley: que hay tantas maneras de vivir la sexualidad como personas en el planeta, el pobre enloqueció buscando un método de clasificación.
Y vale Zeltia, lo tuyo no será el travestismo y los solitarios juegos de rol.
Ah, pues se equivoca Maruxxela, Ananda, no fue con un hombre si no con una señorita, que lo dejé ambiguo sin intención.
Las personas frágiles que se construyen corazas temen derrumbarse ante la fuerza de sus propias pasiones, temen no controlarlas, que les dominen,…así que tratan de sublimarlo, por ejemplo en ensoñaciones,…pero al fin y al cabo somos humanos, tenemos instintos…
Puede ser Wendy, pero me da la impresión que en el caso de Pessoa, un hombre tímido por temperamento y por circunstancias, huérfano de padre desde niño y sin fortuna personal, no sería un hombre muy atractivo para las mujeres. Y con la imaginación portentosa que tenía, con esa inteligencia y ese talento, es comprensible que se dedicara a vivir literariamente…Si hubiera sido un tímido sin talento y sin ese mundo interno tan rico y tan intenso, la vida lo hubiera curado con mujer y amantes.
A lo mejor me equivoco. Ahora que me fijo en su foto ,se le vé un punto de interesante.Su bibliografía no me dice mucho de interés.Soy un poco meiga, a veces acierto
Pues a mí, como a juani, me conmueve este hombre,y creo que os va a sorpreder su historia de amor, que estoy preparando para contárosla bien contada.
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Qué interesante, Susana.
Yo no me suelo disfrazar cuando estoy sola, pero he recordado que hace años me gustaba ponerme espuma de afeitar en los pechos, no para feitarlos, sólo para frotarlos. Hacía años que no recordaba, pero tengo una amiga que me contó que le gustaba “vestir, poner nombre y hablar con su coño”.