Histeria: sexo en el subconsciente.
Amnesias, contracturas, espasmos, mutismo, parálisis transitorias o antiguas, anorexia, ceguera, arrebatos de conducta impúdica con episodios de frenéticas masturbaciones en público, crisis epileptiformes, perturbaciones cardíacas, gástricas, oftalmológicas, tics, tartamudeo, hipo. Todos estos síntomas, y otros tantos, aparecen en casos de histeria. Tan variado cuadro clínico ha mantenido atónitos a los médicos desde tiempos antiguos, porque la histeria no sigue una sintomatología reglada, sino que adopta las características de una enfermedad cualquiera y los pacientes sufren una dolencia creada por su mente, pero no por ello menos dolorosa.
Hoy sabemos que detrás de la estructura histérica hay sexo, sexo en cuanto es reprimido. Sabemos que se forma debido a situaciones de frustración grave, de sufrimiento extremo, de decepción profunda, y que supone una fórmula de escape que encuentra el subconsciente para comunicar su angustia. Ha afectado más a las mujeres porque siempre hemos estado más frustradas y parapetadas.
En Egipto tenían constancia de este mal, y ya lo asociaban al sexo y a la mujer. Luego los griegos, y posteriormente, los romanos lo clasificaron como una enfermedad del útero relacionada con la continencia. Escuchad el prototipo de histérica según Galeno (Grecia, 130- 200): “esta enfermedad atañe muy particularmente a las viudas y sobre todo a aquellas que han sido regulares en sus menstruaciones, fértiles, receptivas y ardientes ante las insinuaciones de sus maridos”.
Imaginaban el útero como un animal hambriento que cuando se halla en estado de inanición manifiesta su descontento merodeando intempestivamente por el cuerpo, empujando e incordiando a otros órganos. Para sanar ese útero ambulante prescribían alimentarlo con la rica baguette que el macho proporciona a la hembra vía vaginal, de modo que la primera recomendación era casar a las vírgenes o recasar a las viudas. En caso de no disponer de la viril medicina, había que persuadir al útero de que regresara a su lugar mediante perfumes atrayentes porque el útero, además de viajero, tenía gran sentido del olfato. Así, sentaban a las enfermas en paños humedecidos con mirra líquida y perfumaban la vagina, para que el útero desestimarse emigrar. Al mismo tiempo, para obligarle a bajar, se les daba a oler pestilencias por la nariz. Si ni con esas desistía de su vagar, se procedía al fumigado vaginal con un incensario de forma fálica evocando al dios Min, aquel de erección perpetua.
No os riáis. No os burléis de las ocurrencias de nuestros ancestros. El camino del conocimiento nunca ha sido sencillo y además no siempre ha ido hacia adelante. En la Edad Media el conjunto de las artes y las ciencias sufrieron un fuerte batacazo, en parte por culpa de la nueva religión y su tirria al sexo no reproductivo. La histeria se convirtió en cosa demoníaca, causa de exorcismos. Ahora eran los sacerdotes los encargados de curarla. Y válgame dios con los métodos de cura ¡con qué alegría sádica se encendía la hoguera y se quemaba vivas a las histéricas/embrujadas! Que, por cierto, abundaban más cada día en ese ambiente de represión y violencia; cada día más traumas enclavados en el inconsciente femenino colectivo. Y los médicos ¿qué pintaban? Pues aborrecían esa enfermedad de síntomas saltimbanquis que no se curaba con medicinas y además, aunque no se creyesen todas esas patochadas de endiabladas posesiones, ellos también eran víctimas de la tiranía moral sexual. Les costaba entender y aceptar que la tan campaneada santa castidad fuese la fuente de la locura ¿cómo podía ser posible que madres amantísimas o monjas piadosas, enfermasen por culpa de la ausencia de sexualidad satisfactoria en sus vidas? Ya en el siglo XIX un tal Jules Falret en su libro “Locura moral, locura razonable” habla así de estas enfermas: “la vida de las histéricas no es más que una perpetua mentira, fingen aires de piedad y devoción y logran hacerse pasar por santas mientras que se abandonan en secreto a las acciones más vergonzosas”.
Porque la sexualidad es como el agua, fuente de vida y alegría que, como al agua, si se le corta su curso natural, produce devastadoras catástrofes arramblando con lo que pilla. La sexualidad herida de las histéricas brotaba rabiosa y de mala manera. Se mostraban tremendamente impúdicas y eran incómodas para familiares y médicos. Hasta tal punto ponían en situaciones embarazosas a los médicos, que evitaban emplear el espéculo vaginal porque “ellas demandan su uso con visible concupiscencia” (Cartes) ¡tan cachondas estaban las pobrecillas! Algunos cortaban por lo sano, practicando ovariectomías, cauterizaciones de clítoris, etc.
Así hasta Freud, que trabajó mucho con histéricas y encontró en ellas una ventana abierta al subconsciente, y comprendió que detrás de las angustias de estas mujeres había sexo emponzoñado. Entonces, valientemente, avisó a la humanidad de que el camino de la represión produce monstruos y de que el modo de sanar esas cicatrices del alma es mediante el entendimiento y la palabra. Pero el gran genio olvidó recomendar que la masturbación es el método más sencillo, más barato y más rápido de, si no curar al menos mejorar, los síntomas histéricos.
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Bibliografía:
Historia de la Histeria. Diane Chauvelot. AlianzaEnsayo
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Si yo fuera la directora de una revista monográfica de sexo, hoy pediría a mis colaboradores que buscasen casos de histeria. Y que los redactaran resumidos o que dejasen los enlaces ¿jugáis a los periodistas?
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Comentarios
hoy no es mi día en tu blog, Susana:
primero compruebo que mi teoría sobre el apelativo “CUBANA” Y su relación con la gastronomía no parece tener fundamento (ninguno de tus comentaristas fue en esa línea)
y ahora veo que relacionas “revista de erotismo” con “casos de histeria relacionados con el sexo”. Debo estar mayor, porque a mí eso no me parece nada erótico, más bien penoso y triste.
Gracias Ananda, me encanta esa generosidad desinteresada masculina (además ya conocemos tu baguette y tiene pinta de alimentar de lo lindo).
Fuera bromas y dirigiéndome a Zeltia, claro que el post de hoy trata un tema penoso y triste. Ya sé que cuando toco temas “feos” no resultan los post más populares, pero mira, si comparamos mi trabajo en la erotomanía con uno gastrómico, este sería el apartado de recetas imposibles o, mejor, de setas venenosas.
No son ricas, pero conviene saber.
hey, que a mi a veces me gustan más los posts que publicas que no son estrictamente “eróticos”, si no que tocan temas relacionados con el sexo y la sexualidad.
Creo que no todo lo que tiene que ver con el sexo resulta erótico, ni mucho menos! y en ese sentido iba mi comentario:
que hablas de “revista erótica” y de “histerismo” relacionándolo, cuando para mi no tiene nada que ver, pero claro, para mi. un punto de vista personal, nada más.
feliz domingo, a ver si llueve otro poquito.
Discrepo contigo respecto a la histeria en el medioevo y renacimiento. Aunque debe haber habido casos de tonterías demoniacas, la histeria en esos tiempos tenia un tratamiento reconocido: el sexo marital, o en ultimo recurso los masajes de una comadrona en el clítoris hasta alcanzar un “paroxismo” que si bien no curaban a la mujer, le trataban temporalmente sus síntomas.
Ya entrado el siglo XX, el vibrador vino a sustituir a la comadrona. El vibrador fue el primer “electrodoméstico” que se ofreció.
Pues sí, algo de eso he leido, que los médicos trataban la histeria con vibradores, pero en el libro en el que baso este ensayo: “Historia de la Histeria” de Diane Chauvelot, que me parece serio y bien documentado, ni nombra la anécdota, de modo que yo tampoco. Pero si la fuente de donde sacaste ese dato te inspira confianza, Lepis,porfa házmela llegar, porque me interesa.
Y tienes toda la razón Zeltia donde dije erotismo debí decir sexología. Voy y lo cambio. Gracias.
… y en el varón los mismos desequilibrios podrían plasmarse en adicciones desmedidas hacia el alcohol y ludopatías diversas. Manifestaciones en uno y otro genero propias de la contra natura, digo yo.
Todo sale siempre, si no es de un modo, es de otro. Lástima que el sexo allá sido tan duramente denostado o restringido, lástima que haya quien quiere seguir denostándolo o restringiéndolo…Esas también son histerias peligrosas, socialmetne peligrosas…
y seguimos empleando el adjetivo histérica/o sin pensar en este tipo de histerismo.
yo también hablé de la histeria en el post que se titulaba Gus y sus congéneres, creo que te puede resultar de interés leerlo:
http://congoyyo.blogspot.com.es/2010/08/gus-y-sus-congeneres.html
Y una recomendación: Ve por favor a ver la película “Shame”, creo que te daría para un buen post. Si no la conoces busca información. Trata el tema de la adicción sexual y los trastornos que conlleva. Fui a verla el sábado y de verdad que me dejó un poco noqueada. Es una peli muy dura y a veces violenta y cruel.
biquiños,
¡Fantástico enlace Aldabra! Viene a complementar estupendamente este mío. Y sobre “Shame”, ya me la han recomendado por varias vías, no me la perderé.
Y sí Wendy, sí @tudanco. Hoy la histeria sigue vigente, aunque algunos psicólogos prefieren llamarla tratorno de personalidad múltiple, y afecta a los hombres también.
Pues a mí, al contrario que a Zeltia, me gustan mucho más tus textos eróticos que los sexuales, creo que los primeros son tu fuerte. Y creo que me gustan tanto porque hablan de sexo sin tapujos, con una buena prosa y con mucha ternura y mucho humor. Destaco la ternura y el humor porque son muy buenos antídosots de la ansiedad, el miedo y la verguenza y por ende de la anorgasmia. Y porque todo eso junto no es fácil de encontrar. Y porque los disfruto mucho, obvio.
En cuanto a la histeria, entiendo que pueda ser un tema interesante desde el punto de vista literario porque da mucho juego para el dramatismo, las crisis dan lugar a floridas descripciones. Y entiendo la atracción que ejerce Freud porque además de que escribir muy bien, engancha mucho con el tema del inconsciente, el cajón de todos los misterios, la fuente absoluta de la ambiguedad. Sumémosle que era un tipo muy culto y que sus observaciones clínicas le rememoraban la mitología griega que él adoraba y cuyos nombres tomaba prestados para elaborar su teoría (Complejo de Edipo, Narcisismo, etc.).
Pero estoy con Lepis y con Aldabra. Y me pregunto, cómo era posible que un tipo tan inteligente y culto e informado como Freud no mencionara nunca en sus escritos la masturbación para curar la histeria? Más cuando es el método más seguro (no embarazos, no infecciones) más sencillo, más barato y más rápido para logararlo. Sería un hombre demasiado reprimido, demasiado victoriano, demasiado de su época? No será que en verdad curó a sus histéricas con un simple masaje erótico pero eso no se podía publicar y se enganchó con sus observaciones sobre lo inconsciente porque quería progresar como neurólogo?
Por supuesto que estas preguntas pueden ser un disparate pero lo que es un disparate verdadero, muy triste pero muy cierto es lo que pasó durante muchos años en el Río de la Plata, El Reino del Psicoanálisis. Durante muchos muchos años los psicólogos fredianos y lacanianos trataban todos los problemas, incluidos los de anorgasmia (le decían frigidez) por su método de la palabra, de la asociación libre. Eran tratamientos muy largos y muy costosos. Y sé de muchas mujeres insatisfechas, cultas, muy jóvenes y muy inseguras que perdieron mucho tiempo y acumularon más frustraciones porque estos expertos no trataban el problema de otra manera. Lamentablemente en aquellos años no había sexólogos profesionales y los analistas eran los expertos, los amos y señores, muy celosos de su clientela que no incorporaron otros conocimientos y causaron mucho daño. Por suerte en el Uruguay al menos, el panorama ha cambiado para mejor.
Me leen y aportan, Wendy, ahí radica el Gran Lujo.
Porque qué interesante lo que aportas, Juani, tanto es así, que he hecho una reforma del texto, recalcando la idea de que la masturbación es como dices “el método más seguro (no embarazos, no infecciones) más sencillo, más barato y más rápido”- permíteme tomar tu idea-.
Dejando, como había dejado, a Freud al final, parecía como que con él se hubiese llegado a la cumbre del saber histérico, y no, no, hizo su aportación, pero efectivamente, los puristas freudianos se pasaron con sus eternas e interminables terapias carísimas. La autora del libro en que he basado este post es lacaniana, se nota, eh?
Yo disfruto más escribiendo erotismo que sexología. Pero, embargada como estoy por la pasión de la creatividad erótica -perdón por la petulancia, pero es lo que hay- busco inspiración en todo lo que cae en mis manos -o tengo ante los ojos-. A veces he de conformarme con una lacaniana y ya metida en faena, pues redacto las reflexiones que me surjen; puro ejercicio, que disfruto también.
Gracias, MIL VECES GRACIAS por acompañarme. Estoy enganchada a vuestras opiniones.
Después de todo lo que he comentado acerca de Freud ya casi me siento un poco obligado a seguir contando lo que yo conozco de ellos, aunque llego un poco tarde, lo siento.
Freud pensaba que todos los problemas psíquicos derivaban de un problema de represión sexual, pero en este caso, además, hacía mucho hincapié en el factor “trauma”. Sus histéricas, en general, eran mujeres que habían vivido abusos sexuales de pequeñas o sus primeras relaciones sexuales no habían sido gratificantes y habían sido en mayor o menor grado “traumáticas”.
Los psicoanalistas, por otro lado, no consideraban la masturbación como algo liberador de la angustia. Al contrario, la masturbación era una consecuencia “narcisista” y más un refugio que una solución. Para alguno de ellos,además, el orgasmo de las mujeres a través de la masturbación no llega a desencadenar los movimientos involuntarios de la pelvis y no es “liberador”.
La única solución era conocer la causa primera de la angustia y dedicarse a follar acto seguido para celebrarlo…
Pues muchas gracias por comentar, Mai Neim, aunque fuese tarde, que no lo es.
La verdade es que extrañé tus apuntes en este post. Me hace mucha gracia esa idea freudiana de que el orgasmo de las mujeres a través de la masturbación, si no llega a desencadenar los movimientos involuntarios de la pelvis, no es “liberador. Consideraban que el clitoriano era infantil, no? Para ser maduro debía ser vaginal.
No, no, por lo que yo he leído se refieren a algo físico, no intelectual. El orgasmo puede ser clitoriano pero solo sería válido moviendo el clítoris, no a base de mover el dedo. Un poco el tipo de orgasmo que se produce estando ella encima y donde controla el roce en el clítoris hasta que el ritmo deja de ser voluntario para “descontrolarse” en un punto de no retorno.
¿No habéis sentido eso de “que me voy, que me voy”…?

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¿Alguna quiere que la vacune contra la histeria?
Lo siento…