Archivo de febrero, 2012
Criterio biológico para seleccionar amante masculino.
Montémonoslo nomás con machos con los que -dado el momento y situación- seríamos proclives a albergar en nuestro útero sus espermatozoides como simiente para nuestra descendencia.
Vaginas con cobertura multitudinaria
Mesalina (25 d. C. – 48 d. C.), la tercera mujer del emperador romano Claudio, no sólo era adicta a los gladiadores, a los soldados, actores, nobles y plebeyos, si no que, todavía insatisfecha, se escapaba por las noches para saciar su furor uterino como prostituta de burdel. Como algún hombre osase rechazarla, le hacía la vida imposible: literalmente les mandaba matar. Eso hizo con el bueno de Apio, su verdadero amor, al que ordenó casar con su madre para tenerle a mano pero, como ni con esas consiguió hacerlo suyo, conspiró su asesinato.
¿De dónde provenía tanta lujuria perversa en Mesalina? ¿tendría que ver con aquel sacerdote que la desvirgó siendo una niña? o ¿sería consecuencia del trauma que sufrió cuando con 15 años hubo de consumar con el Emperador cincuentón calvo, tartamudo y cojo, con el que la casaron? Se comenta que la misma noche de bodas, cuando consiguió sacarse de encima a su seboso marido, salió a la terraza y se lió con el primer esclavo cachas que se topó, dando así un nuevo sentido a su estatus de mujer casada.
Fuera como fuese, la emperatriz era tremendamente ambiciosa en el sentido cuantitativo.
- A ver quien de nosotras es capaz de tirarse a más tíos, retó a las prostitutas romanas aprovechando que su marido estaba de viaje.
Y organizó tremendo fiestorro en palacio. Las rameras enviaron como representante a la garrida Escila. El espectáculo estaba garantizado y la competición comenzó llena de emoción, pero pronto una de las rivales comenzó a despuntar. Escila se rindió a los 25 falos entrantes, pero Mesalina, ya compitiendo consigo misma, llegó a los 200.
- Esta infeliz tiene las entrañas de hierro, dijo Escila masticando su derrota.
Mesalina es un ejemplo de mujer con amplias tragaderas, pero la humanidad, siempre en su afán de superación, terminó el siglo XX con un sonado récord. Una tal Houston se cepilló, en un show porno, a 620 de una recostada. Con este golpe de efecto consiguió cierta fama, pero pronto algunas voces comenzaron a cuestionarse la cifra y a acusar el montaje de tongo. Al parecer algunos hombres habían repetido, y así no vale.
Más honestas parece que fueron dos polacas que llegaron al mundo del gang bang rachando con la pana, 646 se merendó Klaudia Figura en 2002 y sólo un año más tarde su compatriota Marianne Rokita alcanzó los 759. Sin embargo esa cifra, que parecía imbatible, la superó la norteamericana Lisa Sparxxx en un concurso muy bien regulado, con notario encorbatado y todo, tomando fiel contabilidad de los participantes, vestidos con camiseta reglamentaria en riguroso turno: 919 y olé.
¿qué motiva a estas mujeres? ¿lo hicieron sólo por sanear su economía? ¿le encontraron gusto a la experiencia? ¡Qué interesante sería una charleta íntima con una de estas chicas! Tampoco estaría mal conversar con el número 517 de Lisa, o con el 423 de Rokita, por ejemplo, y averiguar qué sentimientos desencadena ser una muesca en la despechugada solapa de estas heroínas.
La francesa Catherine Millet, en su best seller “La vida sexual de Catherine M.“ desaprovechó una oportunidad de oro para explicarnos porqué, y para qué, esa glotonería de vientre. Millet, cronista de arte, directora de una prestigiosa revista, en 2001 y a sus 53 tacos, le da por publicar sus memorias, un extenso repertorio sexual. A Catherine le iba lo de recibir hordas de señores. Sobreentendemos que le encantaba porque lo hacía voluntariamente y gratis, pero muy entusiasta no parece, al menos literariamente. Su cantinela es un pasar páginas y erre que erre el mismo matraquillo de penetraciones masivas y despersonalizadas que nos deja helados. Y no es que lo diga yo, que pocos del gremio se aventuran a clasificar su libro como literatura erótica, tal es la frialdad … claro que tampoco es novela porque no hay trama, ni ensayo, porque está ausente de reflexión: mera narración aséptica de acontecimientos, lo cual, bien mirado, tiene su mérito. Bastantes huevos le echó, dando la cara por su peculiar modo de disfrutar de los placeres de Venus … ¡Vive la différence!
Bibiliografía y filmografía básicas:
Vida sexual de Catherine M. Catherine Millet ( aquí un texto seleccionado de este libro)
Los poderes de Venus. Alicia Misrahi
Película del récord 919 de Lisa Sparxxx
Y a vosotras, ¿os llama esa experiencia aunque sea nomás que en fantasía?
Y a vosotros, ¿os molaría guardar cola pacientemente, preparando el manubrio hasta que llegase vuestro breve e intenso turno?
Pillinas
Algunas mujeres fantasean con tener dos, tres, cuatro hombres a un tiempo. Con eso y con todo, ya se consideran unas pillinas.
Luego hay otras que piensan a lo grande.
….. Próximamente en Erotómana:
Vaginas con cobertura multitudinaria
Wilhelm Reich: mártir por el sexo.
Wilhelm Reich (1897-1957) la palmó en una cárcel estadounidense por culpa de sus investigaciones psico-sociológicas de índole sexual ¡qué brutos carajo!, ¿no deberían tener derecho los científicos a expresar los resultados de sus investigaciones? El pobre Reich murió entre rejas de un infarto, disgustado porque la Agencia de Drogas y Alimentos había dictaminado quemar sus inventos, destruir todos sus trabajos. Pero no sólo en Yanquilandia le tenían ojeriza a las ideas de Reich, ya Hitler había hecho hogueras con sus libros, y también los comunistas le censuraron y botaron del partido. Le tacharon de loco, de excéntrico pero, si tan pirado estaba ¿para qué tantas molestias? ¿qué clase de ideas tan subversivas podía tener Reich para incordiar a fascistas, a comunistas, a capitalistas?
Reich fue un médico, psiquiatra y psicoanalista austríaco que dedicó su vida al estudio. Estaba fascinado por la complejidad del sistema nervioso y por la ingeniosa disposición de los ganglios. Llegó a conclusiones como que el hombre, como todo lo viviente, necesita satisfacer el instinto sexual que la sociedad le niega, y que esa negación generalizada ha llevado al individuo en masa a un agudo conflicto. Las personas educadas en una atmósfera enfermiza en relación al sexo contraen angustia de placer -miedo a la excitación placentera- y ello repercute en la salud psíquica individual y colectiva y les convierte en caldo de cultivo de dictaduras, totalitarismos y abusos de poder.
Investigó, por ejemplo, las prácticas masturbatorias y se topó con que la mayoría de las personas no podían correrse sin fantasear, y que la mayoría de las fantasías no eran placenteras, sino crueles: soñaban con ser azotados, atados, torturados, con comer materia fecal, etc. Se encontró con multitud de corazas moralistas que acompañaban a los individuos a la cama y llegó a la conclusión de que para el hombre corriente, el acto sexual es, o un acto de mera evacuación, o una prueba de dominio. El sexo convertido en algo vil, íntimamente unido a la violencia, perdería casi todo su potencial placentero. La vivencia de esa sexualidad sería una caricatura de la verdadera sexualidad y nos convertiría en monigotes llenos de contradicciones, incapaces de entendernos a nosotros mismos, seres desvalidos que, al no poder confiar en nosotros mismos clamamos por una autoridad superior.
Fue discípulo directo de Freud, cuyas ideas le abrieron los ojos a un nuevo mundo de inconsciente, libido y neurosis. Pero después se desligó del psicoanálisis institucional porque los circunloquios de diván duraban demasiado y la cura, en caso de llegar, era lenta. Por aquel entonces, ya gran parte de los terapeutas consensuaban en que la mayoría de las neurosis tenían un origen de índole sexual, y que la satisfacción sexual llevaba a una notable mejoría en enfermedades como la histeria. Pero recomendar buenos polvos, buenos orgasmos, se les hacía cuesta arriba. Reich se atrevió. Se volcó en curar el cuerpo físico para mejorar dolencias psicológicas, implantó su propio método de trabajo: vegetoterapia. La curación consistiría en el desbloqueo progresivo de las tensiones ancladas en el organismo. Abrazaba, retorcía y estiraba los cuerpos de sus pacientes hasta que reaccionaban con llanto, risa, vómitos etc. Se dice que animaba a sus pacientes a quitarse la ropa, a levantar sus faldones y desprenderse de los refajos en terapia, lo cual dio pie a malintencionados dimes y diretes. Pero Reich metía la mano hasta donde hiciera falta porque creía ciegamente en el inmenso poder curativo del orgasmo. Tanto, como para promulgar su teoría del orgón y todo un método terapeutico basado en la capacidad orgásmica: la orgonterapia.
Antes de Reich se hablaba de potencia eyaculativa y erectiva, él incluyó el concepto de potencia orgásmica, que sería la capacidad de abandonarse al fluir de la energía biológica, de descargar completamente toda la excitación sexual contenida, y entregarse a la intensidad del placer. En el caso de impotencia orgásmica -la cual sufren, según Reich, la mayoría de los seres humanos- la energía está bloqueada y se convierte en fuente de las más diversas conductas irracionales. La salud psíquica depende, pues, de la potencia orgásmica o capacidad de placer. Y Reich inventó un instrumento para medir esta potencia: el orgonoscopio, un aparatejo que medía la energía orgónica de los pacientes.
Reich fue un idealista que creyó posible cambiar el mundo, que trabajó como un loco para mejorar a la humanidad y estaba convencido de que ello pasaba por ser genitalmente potentes. Para el individuo genitalmente potente, la sexualidad es una experiencia placentera y nada más. Pero esa satisfacción le lleva a estar contento con la vida. El deber en el trabajo queda emplazado por el goce alegre de trabajar. Si las sociedades estuvieran formadas por individuos con esa enorme capacidad de placer, sus ciudadanos serían activos participantes en el proceso de desarrollo de la responsabilidad colectiva y se fundaría un nuevo tipo de gobierno: la democracia participativa.
Según Reich, urge una reforma sexual radical. Para enfrentarnos a una reforma social radical tendríamos que cargarnos entre 4 y 6 millones de años de errores, tantos como los que lleva vigente el patriarcado y su supremacía de los valores económicos de poder.
Todo, todo, lo hemos hecho fatal: las Iglesias “hay sólo un paso entre la dictadura de quienes representan a Dios en la tierra a la de quienes desean reemplazarlo”, la familia tradicional autoritaria: “familitis” que potencia la domesticación sumisa del individuo, y por supuesto la pornografía y la sexualidad de burdeles que promueve el gangsterismo sexual.
Seamos responsables de una vez, recuperemos la capacidad de amar, de orgasmar.
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Bibliografía básica:
La Función del Orgasmo. Wilhelm Reich.
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En España hay muchos centros que trabajan siguiendo la metodología de Reich, por ejemplo:
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Me sabe fatal no haber podido hablaros de la vida sexual privada de Reich, pero no hubo modo. Si alguien me supiera decir dónde me puedo documentar, lo agradecería un montón.
Marta, la cocinillas.
- Yo cocino a todas horas, Susi, cocino hasta con el chocho.
Esta Marta es la caña, me troncho con sus salidas, pero hoy su mirada guasona me hace entender que no está de coña, que algo se cocina en su coño.
- ¿qué?, pregunto.
Marta sacude la cabeza hacia los lados como si no me quisiera contar, como si no estuviera deseando contarme. Pero ya la conozco lo suficiente como para saber que no tengo más que esperar para que se despache a gusto.
- Me gusta guardarme alguna sorpresilla ahí.
- ¿alguna sorpresilla ahí?
- Sí, un sugus, una avellana, unos gajos de mandarina…
- ¿para cuando te entra el hambre? indago sin inmutarme, como si emplear el chichi como bolsita de la merienda fuese lo más natural.
- ¡No mujer! para él, para que se lo encuentre.
Él, el comensal, es Nando, su tal para cual. Ambos son salerosos y parlanchines, una pareja no apta para envidiosos, tan en armonía se les ve. Incluso se parecen: idénticas carnes fondonas en unos nada despreciables volúmenes.
- Qué cosas tienes Marta, qué detallista, sugus, mandarinas…
- Cualquier chuchería, menos chocolate porque se derrite y hace un efecto feísimo en la braga.
- El blanco valdría ¿no?
- Sí, el blanco mejor.
- Eres un cofre de sorpresas, le digo pensando que nunca tal expresión tuvo un sentido tan literal.
- Ay chica, es que le doy mucho al coco. El día de san Valentín se me ocurrió sorprenderle con un menú degustación completo: primer plato, segundo y postre.
- ¡qué me dices! ¿todo en el mismo pack de catering?
- Todo. Hay que ir colocándolo en el orden inverso a como será servido.
- Qué ingenioso. Pero ¿qué ingredientes en el menú?
- De primero, una aceituna.
- ¿con hueso?
- No, rellena de anchoa, las favoritas de Nando ¡le privan! De segundo un huevo de codorniz.
- ¿relleno?
- No, duro.
- ¿y de postre?
- ¡Dos cerecitas!
- ¡qué ricas! ¿y de beber?
- Con los líquidos es complicado porque se escurren, y de bebidas espirituosas olvídate porque escuecen.
- Lástima.
- Sí, lo único yogur líquido. ¿sabes que el yogur es buenísimo para el ph vaginal?
- No sabía, no.
- Cuando tengas picorcillos, nada de productos de farmacia, un yogur natural y santas pascuas.
- Qué sabia eres…oye, ¿y en tu casa el único que come es él?
- Qué va qué va, adobar lo de ellos es lo más fácil, tremendamente versátil, acompañamiento ideal para cualquier crema dulce: nata montada, vainilla batida, natillas al huevo, merengue espumado, leche condensada templada, sirope de fresa, miel vaporizada al baño María, chantilly francés, mermelada de frambuesa, de mora, de naranja, sorbete de piña, agua de coco densa, jugo de flan, dulce de leche, crema merengada…
Marta y sus recetas. Si no estuviera tan concienciada del daño que nos hace a las mujeres ser criticonas con el aspecto físico de las otras, era como para pensar que buena falta le haría un cambio radical de dieta. Pero dios me libre de semejante prepotencia, al contrario, valoro a Marta como una auténtica joya prehistórica. Creía perdida la egolatría por el propio exceso cárnico desde Rubens y encuentro un perfecto revival en Marta y sus despampanantes camisetas ceñidas.
- Pero si te apetece una delicatessen de estrella michelín, tengo una para verga fresca de requetechupete.
- Cuenta, cuenta.
- Coges un pene, ¿no?
- Sí.
- Lo amasas bien hasta que endurezca.
- Sí.
- Untas abundante con mantequilla, preferentemente salada.
- Ahá.
- Con generosidad pero sin que queden grumos.
- Ok, espera que apunto.
- Cuando el molde esté bien engrasado, espolvoreas con azúcar glass hasta que quede toda la estructura cubierta.
- … toda la estructura cubierta.
- Y ahora viene la parte más artística. Antes de que se endurezca la costra de azúcar blanco, decoras con un pincel, a saber, corazoncitos, topos, flores. Si no tienes pincel la lengua vale.
- Qué monada..
- Y luego la guinda.
- Delicioso.
- Riquísimo.
San Valentín, el santo de la cachondería.
A algunos machotes arcaicos (también a algunas machorras postmodernas), cuando se les habla de mimitos, su virilidad se pone chuchurría ¡tremenda mariconada los mimitos! Pasan, a duras penas, por semejante sensiblería en los primeros estadios de conquista y luego ya. Sin embargo, la fase mimitos es tremendamente efectiva para que un encuentro sexual mediocre devenga en un polvo cojonudo. La cosa consiste en realizar un conjunto de buenas tareas que nos arrastren hacia el frenesí, uno de esos puteríos locos en los que de repente nos vemos envueltos sin saber muy bien a santo de qué. Desenmascaremos hoy a ese santo.
Resulta que nuestro cuerpo está capacitado para generar sustancias químicas con poder de estimular las funciones sexuales. La dinámica de estimulación es muy simple, pura biofísica mecánica de distensión emocional. Las zalamerías engatusan al sistema nervioso parasimpático y con ese relajo comienza a desprender potasio, iones OH, adrenalina, noradrealina y testosterona. Si aprovechamos la avalancha química y nos lo curramos bonito con palabras y caricias, el sistema nervioso autónomo comienza a chorrear una molécula orgánica llamada feniletilamina y con ella entramos en un estado propenso a sensaciones embriagadoras, erotizadas con compuestos neurotrasmisores tales como dopamina y vasopresina.
Con esa bomba hormonal el body se extasía, la presión sanguínea disminuye, el corazón bombea lento y contundente, las glándulas lacrimales se humedecen, también las salivares y cómo no, las genitales. La dilatación de las arterias produce rubor en el rostro, los tejidos blandos se esponjan, se inflaman y así se van desencadenando una a una todas las inequívocas expresiones fragantes de la cachondería para que ya, con un superempalme de tres pares de narices el machote penetre como zepelin y los amantes agiten su trasero en acción-reacción motivados inconscientemente por una suculenta base de oxitocina batida.
El secreto mejor guardado de Sigmund Freud.
Si aceptamos el supuesto freudiano que afirma que la civilización se ha edificado en gran medida sobre energía erótica bloqueada, concentrada, acumulada y desviada, entonces no debe resultarnos extraño que uno de los tipos que más ha ayudado a la humanidad a entender el importante papel que la sexualidad ejerce en nuestra vida -y el tremendo daño que causa la represión sexual-, fuese un reprimido de órdago. Sigmund Freud (1856-1939) ya de chaval era mojigato, inexpresivo, proclive a censurar, uno de esos cerebritos que solo en lo intelectual encuentran un consuelo. Hasta tal punto no permitía que sus emociones fluyesen que le desagradaba la música y, siendo el mayor de seis hermanos, la prohibió en su casa. Sin otro afán más que el estudio, creció entre libros, fue el primero de clase en el colegio, en el instituto, luego en la facultad de medicina. Un prototipo de macho alfa que centró su energía en la investigación neurológica con un claro deseo de sobresalir, ser admirado y recordado en los anales de la historia.
A los 26 años tuvo un flechazo, la afortunada: Martha, una joven refinada, maniática de la limpieza, con la que mantuvo un noviazgo largo y casto. En aquellos años, para Freud el sexo estaba asociado a la culpa:
La muchedumbre da rienda suelta a sus apetitos, y nosotros nos privamos de tal expansión. Nos reprimimos para mantener nuestra integridad y economizamos nuestra salud, nuestra capacidad de disfrutar con las cosas, nuestras emociones; nos ahorramos a nosotros mismos para algo, sin saber realmente qué. Y ese hábito de represión constante de los instintos naturales nos presta la cualidad de refinamiento.(carta de Freud a Martha, 1883 )
¿refinamiento? más tarde postuló que la represión sexual es la causa de todas las neurosis. Él mismo era un poco neurótico, se preocupaba sin razón por la salud de Martha. Se atormentaba pensando en la posibilidad de que sus ojeras y palidez fueran consecuencia de los abrazos que se daban… aunque llegaron vírgenes al matrimonio.
Fue un novio, luego un marido, celoso y posesivo que dio con la mujer perfecta porque Martha fue siempre obediente y sumisa, dedicó su vida a arropar a su marido en las cosas prácticas, madre de sus hijos y ama de casa eficaz con la que sin embargo no compartió su pasión intelectual.
¿qué contar de sus relaciones sexuales? Ni fu ni fa al principio y pronto el interés sexual declinó. En varias cartas aludió a su escasa actividad sexual, habló de impotencia o de incapacidad para alcanzar el placer “la excitación sexual ya no tiene ningún valor para mí”, dijo en 1897. Luego teorizó sobre el asunto:
Recordaremos, ante todo, que nuestra moral sexual cultural restringe también las relaciones sexuales dentro del matrimonio mismo, obligando a los cónyuges a satisfacerse con un número muy limitado de concepciones. Por esta circunstancia no existe tampoco en el matrimonio una relación sexual satisfactoria más que durante algunos años, de los que habrá que deducir, aquellos periodos donde la mujer debe ser respetada por razones higiénicas. Al cabo de estos tres o cinco años, el matrimonio falla por completo en cuanto a la satisfacción de las necesidades sexuales…….. es así el destino de la mayor parte de los matrimonios, que encuentran de nuevo los cónyuges transferidos al estado anterior de su enlace, pero tanto más pobres cuanto que han perdido una ilusión y se encuentran sujetos de nuevo a la tarea de dominar y desviar su instinto sexual.
Freud y Martha tuvieron 6 hijos y con el matrimonio convivió la hermana soltera de Martha, con la que el inventor de la cura a través de la palabra hablaba más, daban juntos largos paseos y compartía con ella sus reflexiones. Se especuló mucho sobre si hubo lío entre ambos. No lo creo. Resulta inverosímil dado el conservador concepto familiar de Freud, de Martha y posiblemente de la cuñada. Freud, que llegó a decir “estoy a favor de una vida sexual infinitamente más libre aunque yo, por mi parte, he hecho muy poco uso de esa libertad”, nunca abandonó premisas de represión en su vida íntima y tampoco en su práctica psicoanalítica. Tenía cierta tirria a las manifestaciones afectivas, creía, por ejemplo que acariciar a los bebés era una forma peligrosa de estimulación sexual precoz, y consideraba la masturbación nociva, un vehículo de efectos patogénicos. Apenas habló de su sexualidad privada, pero en sus libros y apuntes pueden leerse entre lineas sus propias vivencias. Su metodología psicoanalítica casaba como anillo al dedo con su personalidad parapetada. El diván le resultaba cómodo porque no soportaba el contacto visual con los pacientes, su función se limitaba a interpretar las producciones inconscientes, una tarea eminentemente intelectual.
Freud realizó un profundo ejercicio de introspeccion para elaborar sus tesis y también consintió que algunos de sus colegas le analizasen, pero cuando se acercaban demasiado, cortaba la terapia, temeroso de que llegasen a algún aspecto de su psique que no deseaba saliese a la luz.
Ha corrido tinta sobre si ese tabú sexual tendría que ver con ciertas tendencias homosexuales. Lo cierto es que a lo largo de su vida tuvo una sucesión de amigos íntimos, con los cuales mantuvo copiosas relaciones epistolares. Muchas de esas cartas se conservan y resulta sorprendente con el apego que les habla, él, que era tan circunspecto en el trato personal. A veces se expresa como si se tratase de una relación amorosa, muy especialmente con Fliess, un terapeuta charlatán con visos de curandero milagroso, al que le dice cosas como “no he tenido otro recurso que la memoria para reconstruir la hermosa noche que te vi… La gente como tú no debería morir, querido amigo; todos necesitamos demasiado a la gente de tu especie. Cuánto te debo: consuelo, comprensión, estímulo en mi soledad; gracias a ti mi vida ha adquirido un sentido, e incluso me has hecho recuperar la salud como nadie podría haberlo hecho. Ha sido principalmente gracias a tu ejemplo que yo he ganado la fuerza intelectual necesaria para fiarme a mis juicios, aun cuando me dejan solo, y, como tú, he aprendido a enfrentarme con mayor humildad a todas las dificultades que pueda depararme el futuro. Por ello ¡acepta mis humildes gracias! Sé que tú no me necesitas tanto como yo a ti, pero también sé que tengo un lugar asegurado en tu corazón”.
Freud explica la homosexualidad como un narcisismo, cuando los jóvenes buscan alguien como ellos para amarlos como sus madres los amaron a ellos:
La homosexualidad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que uno deba avergonzarse; un vicio o una degradación, ni puede clasificarse como una enfermedad. Nosotros la consideramos como una variante de la función sexual, producto de una detención en el desarrollo sexual. “Muchos individuos altamente respetables, de tiempos antiguos y modernos, entre ellos varios de los más grandes (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc.) fueron homosexuales, Es una gran injusticia perseguir la homosexualidad como un crimen y es también una crueldad …
Yo me uno a los biólogos que consideran que el secreto mejor guardado de Freud tenía que ver con ciertas tendencias homosexuales, concretamente creo que en sus deseos rondaba la fantasía de sexo oral con otro hombre. No creo, sin embargo, que se permitiese llevar su fantasía a la práctica, más bien opino que luchó contra ella con todas sus fuerzas conscientes y que no se concedió gozarla ni allá en fondo de sus pensamientos, ya que consideraba que la mayor amenaza que puede asolar a un hombre es la libido homosexual.
Una de las conclusiones a las que llega Freud en el controvertido análisis de su paciente Dora, fue la que me dio la pista sobre ese presunto anhelo sexual/oral de Freud. Dora era una joven que padecía rasgos histéricos, afonía y tos nerviosa. Freud determinó que sus padecimientos eran reflejo del ansia reprimida de practicar sexo oral, lo cual parece descabellado (ver el caso Dora) y tiene toda la pinta de ser un lapsus freudiano que habla más de lo que el psicoanalista tenía en la cabeza que de la chica afónica.
Además Freud fumaba puros como un carretero, lo cual no sería significativo si él mismo no hubiese postulado que fumar es un sustitutivo sexual. No especificó que se trataba de un sustitutivo de sexo oral pero parece evidente. Y bueno, ¿es rizar el rizo suponer que el cáncer de boca que sufrió fue una somatización de la culpa por sus vergonzantes deseos sexuales?
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Bibliografía:
Freud, el Genio y sus Sombras. Louis Breger. Javier Vergara Editor.
Ni polla en la olla, ni coño en el chollo.
En el curre han acogido de mil amores la ola tijeretazo y, entusiasmados, se han cargado unos cuantos puestos de trabajo de calidad e inmediatamente han contratando mano de obra barata. Para fastidio de mi rutina, me han endosado como aprendiz a uno de estos esclavos de la era moderna.
- Susana te lo enseñará todo, que es una veterana, le dijo Eustaquio al pobre pringao. Y el pringao, que curra la de cristo es dios, se ha convertido en mi sombra. Se muestra tremendamente receptivo a todo lo que le explico, el más rápido en responder al teléfono, el primero en llegar a la oficina, el último en salir, entusiasta de los informes jurídicos, y jamás muestra señales de fatiga … ¡ah, los tiempos! Parece que toca lamer culos para conseguir un puestecito. Conste que yo no permito que me lama:
- ¿Te subo un coffee Susan?
- No, gracias.
Se va a por su café a toda prisa para no perder ni un minuto extra, caminado veloz con sus glúteos apretados, sin olvidarse de saludar a todo el que se topa por el camino. Es mono Adrián, tiene veinte años. Ni diecinueve, ni veintiuno: veinte. Vaya por delante que yo siempre he preferido uno de cuarenta que dos de veinte, y que me la suda la exuberante juventud de Adrián … transpiración similar a la que debe sentir él por mi exuberante madurez. Me tiene por una veterana a la que complacer, como si yo tuviera algún cuchillo para cortar el bacalao de su futuro laboral, me trata con la amabilidad y docilidad con que trataría a la hermana soltera de su madre, esa que a veces se enrolla y suelta un billete de propina.
Le han puesto una mesa a mi lado y ahí le tengo, todo el santo día a la verita mía, erguido y diligente, que debe tener unos abdominales tope firmes para mantener la columna tiesa tantas horas. Es uno de esos chicos que se pueden permitir lucir cinturón, prenda que tanto excita la fantasía del desabrochado. Si procediésemos al desabrochado, apuesto que nos toparíamos con calzoncillos slip estrechos. Y debajo, un pubis velludo de los que la mata sube en forma triangular haciéndose el ángulo más y más agudo hasta llegar al finísimo vértice situado en el ombligo. Luego, ni rastro piloso en el tórax. Le pega tener mango generoso, pero ¿quién sabe? La verga de cada hombre, hasta que se manipula, es un misterio siempre. Lo que sí que debe ser es un fierecilla en la cama. No tenemos más que extrapolar a la jodienda la vitalidad que pone en el quehacer burocrático: personalidad hiperactiva tendente a la precocidad. Claro que, a su edad, se reirá él de la precocidad, eso debe ser sesión continua de up & down, una de esas pichas pitching ball que la tumbas pero no consigues dejar KO, rápidamente se reanima.
- ¿Me revisas este informe, Susan?, me pregunta Adrián dirigiendo su mirada hacia mí con cara de importancia. Qué manera de ignorar mi feminidad, para este tipo soy transparente, no tiene ni idea de las voluptuosidades.
¡Ay neniño! Cuán en la Inopia andas, cuántas cositas te podría enseñar yo y qué bien te vendrían para la vida. Pero qué va, qué va, aunque yo me haya explayado describiendo las presuntas delicias, los atributos de Adrián, no tengo intenciones aviesas para con él ¡ni hablar del peluquín! Y no es que tire la toalla, que mi manga todavía guarda un tesoro de recursos que podría emplear para incentivar el estimulante juego entre adultos. Pero dado el contexto hostil, dado su imperioso afán monodireccional por conseguir que le renueven el pseudocontrato temporal de aprendiz a becario, no procede. Y cuando no procede, hay que saber inhibirse. Tal y como vienen los tiempos, tal y como nos la van metiendo doblada, no nos podemos permitir mamoneos, ni devaneos.












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