Archivo de 1 noviembre, 2011
La bon vivant apuesta sobre seguro.
-Gracias Bruno, me acerca Fausto. Mi casa le cae de camino, mentí.
Esa fue mi decisión y no me arrepiento. Es cierto que nunca sabremos cómo hubiese resultado de haber tomado la opción Bruno, pero puedo asegurar y aseguro que atiné porque todo salió a pedir de boca.
Analizando mi decisión, que fue instintiva, me congratulo por mi buen tino, aplaudo a la libertina sibarita que aspiro a ser. Una mujer libertina no se puede permitir ir por ahí ligando a lo tonto y a lo bobo con colegas del chollo, permitiendo que su identidad ande de boca en boca, dejándose llevar por un deseo tan instantáneo como el cola cao. Una mujer libertina que busca la excelencia debe apuntar bien antes de disparar y jamás desperdiciar cartuchos.
No minimicemos el poder del sexo, un polvo de mierda con alguien que no merece tus atenciones socava la moral, daña el auto concepto de una misma y puede devenir en asco por la intimidad promiscua. Elegir amantes es la tarea más importante de una mujer libertina.
Hay multitud de factores que pueden hacer de un encuentro sexual una chapuza. Para sortearlos hay que tener presente el sabor de boca posterior al coito, el sabor de boca después de forma parte del todo.
La libertina astuta ha de saber barajar las perspectivas propias y ajenas y ha de escapar del abuso. Conviene tener presente que el sexo crea lazos que permanecen grabados en nuestra piel para siempre jamás. No todo el mundo entiende esto y lo respeta.
Elegí a Fausto y elegí de puta madre. Ya os contaré.
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