Archivo de noviembre, 2011
Eros se desarrolla con la presencia de Anteros
Afrodita tuvo como hijo un rechoncho querubín encargado de incendiar deseo a discreción con sus antojadizas flechas. Se llamaba Eros y su mamá estaba encantada con este precioso muchachito de piel delicada y bucles dorados, todo él dulzura y alegría. Se lo comía a besos ¡qué pancita rica! lo tomaba en sus brazos y se regalaban mil caricias, cien mil carantoñas. Él, divertido y juguetón, se enredaba en su pelo y le arañaba con sus uñas que ella recortaba con sus dientes, metiendo los deditos entre sus labios. Y así vivían felices la diosa del amor con su pequeño Cupido hasta que un buen día Afrodita empezó a preocuparse:
-Este chiquillo no me crece.
Y buscó remedio. Le recomendaron darle un hermano y de este modo llegó Anteros a la familia. Con la compañía de Anteros, Eros comenzó a crecer. Anteros personifica la pasión correspondida, vengador también de los amoríos no resueltos, ejecutor de los desdenes y las tensiones típicas de los enamorados, imprescindibles al parecer, para que el amor crezca y supere su estadio edípico e infantil. ¡uy cómo se peleaban los hermanos! Riñas y jaleos que mira tú, ayudaron a madurar al alocado Eros.
Eros crece pues con la influencia de Anteros y ¡olalá! Si de chiquirritín era una cucada, no os quiero contar como se puso el guaje, con todos sus miembros bien desarrollados, preparado ya para un amor de palabras mayores, para realizar ese tipo de acto destinado exclusivamente a público adulto.
Contra el Viento del Norte. Daniel Glattauer
A los que os gusta escribir ¿no os sucede que con un libro os sentís identificados y os fastidia que no se os haya ocurrido a vosotros? Así me sentí al leer “Contra el viento del Norte”, ¡qué rabia no ser yo la autora! – máxime sabiendo que es un best seller de aupa-.
Claro que no hubiese sido suficiente con tener la idea, hace falta buena mano para elaborar esta historia narrada de modo sencillo y bien hilado que engancha desde el principio. Glattauer lo borda. Dejadme que perfile el argumento y ya vereis cómo hubiese casado conmigo escribir una historia así, aunque yo le hubiese puesto una pizca más de pimienta picante.
Es una aventura entre un hombre y una mujer, que se gesta a través de una serie de correos electrónicos que comienzan de pura casualidad hasta que, sin comerlo ni beberlo, se encuentran involucrados hasta el tuétano en una relación que no saben cómo definir. No se conocen, pero súbitamente se interesan, no se han visto siquiera el rostro pero, cuánto se desean. No hay contacto sexual entre ellos, pero ello no impide que se enamoren como tontos y que padezcan uno a uno todos los trastornos a los que lleva la pasión amorosa en sus primeros estadíos.
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Internet llegó a nuestras vidas y ¡qué manera de modificar nuestro modo de relacionarnos -y de calentarnos- con los otros! Las relaciones erotico-virtuales se han convertido en el pan de cada día, conformando relaciones que se desenvuelven muy bien a nivel romántico porque se tiende a idealizar al otro y poner en él/ella sentimientos propios que encienden nuestras fantasías y son fósforos para un deseo individual, compartido daquela maneira.
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Pero todo lo sabían ya en la Grecia clásica, a ver si atinais, ¿qué mito griego nos explica la naturaleza de estas aventuras románticas en Red?
Ostras y champán. Isadora Duncan.
El 14 de septiembre de 1927, la famosa bailarina Isadora Duncan, a punto de cumplir 50 años y minutos antes de fallecer, se montó en el imponente descapotable de un apetitoso joven y se despidió de sus amigos diciendo: ¡me voy al amor! Instantes después, el echarpe de seda rojo que llevaba anudado al cuello y que ondeaba al viento, se enroscó en una rueda y estranguló a Isadora resultando su cuello fracturado. Esta escena, tan macabra como glamurosa, fue el colofón de una vida vibrante cuajada de histriónicos acontecimientos dignos de diosa mítica.
Isadora fue bailarina y creó un estilo libre de descarada naturalidad sensual, que emulaba a las olas del mar y al movimiento de las hojas por el viento. Rechazaba el ballet académico por carecer de espontaneidad y su estilo no fue entendido cuando lo presentó en Estados Unidos, su país natal. En Boston fue abucheada y tratada de indecente. Uno del público se atrevió a gritar que eso no era arte sino exhibicionismo. Ella, en una arranque de orgullo, bajó del escenario, se acercó al insolente y tomando sus pechos con las manos le espetó “ Esto es arte”.
Decidió hacer sus américas en Europa, donde sus atrevidas escenografías fueron mucho mejor recibidas y donde cosechó sonoros éxitos. Dicen que volaba al bailar, dicen que la sensualidad y energía que trasmitía provocaban éxtasis y se comenta que, cuando tenía su menstruación en el escenario, fiel a su voluntad silvestre, las gasas que cubrían su cuerpo se iban tiñendo de sangre al ritmo de la danza.
Igualmente salvaje fue su vida amorosa y le puso la misma dosis de pasión y originalidad. Imprevisible, alejada de los convencionalismos, para ella el cuerpo era hermoso y el sexo maravilloso y lo mejor de la vida el amor. Tuvo tantos idilios que omito la lista de todos los hombres y todas las mujeres con los que se la relacionó. Tenía predilección por los guapos, “ya soy yo bastante fea” le gustaba decir. Isadora, seductora nata, creía en el amor libre y no le preocupó esconder sus excesos libertinos.
Estaba en contra del matrimonio ¿las abejas se casan con las flores? -aunque al final se casó con un joven poeta ruso 17 años más joven- y a favor de la crianza monoparental.
Fiel a la elegía desbordante de su vida, la desgracia también le golpeó de modo brutal con la muerte de sus hijos de 3 y 5 años ahogados en el Sena, el tercero murió en sus brazos a los pocos días de nacer y su marido, aquel joven poeta ruso, se suicidó después de que ella le hubiese dejado.
Isadora se tragó la vida con voracidad, siguiendo la rueda de un destino que traía escrito con fuegos de artificio desde su mismísima gestación. Su madre contaba que cuando tenía en su vientre a la artista sufrió el persistente y excéntrico antojo de alimentarse exclusivamente de ostras y champán, afrodisíacos alimentos que sin duda la diosa Afrodita suministraba vía cordón umbilical en la que se convertiría en una de sus más fieles discípulas.
Erotismo y literatura.
El erotismo en la literatura me ha regalado momentos DIEZ. Por eso me gusta la propuesta de Erotomanías de recopilar textos literarios ardientes -o ardorosos-.
Vamos pallá y hagamos homenaje a l@s que nos han ayudado a soñar con sus cuentos, ¡animaos a participar! Yo acabo de hacerlo.
Tabú ñoño.
Como Dios le trajo al mundo cabalga el caballo. Desnuda trota la liebre. Sin atavío vuela la mosca, el mosquito y el gorrión. En bolas salta la rana, en cueros se desliza la serpiente. Se despereza lironda la tigresa. Pendulan las ubres de la vaca sin sostén, embiste el toro con los cojones al viento. Y sale en la tele.
En pelota picada pasea el elefante sus nada despreciables atributos. Se le consiente al perro -salvo cursilería extrema del amo- y al gato y al ratón, ¡si hasta le es permitido a la hormiga, rediós! con lo canija que es, y al hipopótamo con lo grandullón. Por no hablar del impúdico mono del zoo que enseñándonos su culo feo, nos hace reir.
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Ternura, alegría, imaginación.
Quiero una mamada. Dice. Así debe ser. Cuando una mujer pide una mamada como quien pide un vaso de agua es que se halla en la cumbre de sí misma.
Ahí está, los ojos iluminados, la boca más que boca rebanada, la mano a la altura del músculo piriforme. Quiere. Y estemos haciendo lo que estemos haciendo lo dejamos de inmediato. Por importante que parezca. No hay nada más importante.
Quiere una mamada. Y usted, dispuesto. El secreto del amor
tantas veces buscado y del que tanta tontería se ha dicho y escrito radica en esto: ella necesita una mamada, usted nació para proporcionársela.
Una mamada es un asunto muy serio.…
Juan Abreu. Una Educación Sexual.
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Así habla Juan Abreu, y lo mejor viene después, cuando desarrolla su didáctica sobre cómo actuar en el supuesto planteado.
Merece la pena recibir estas enseñanzas, 100 % en la linea del erotismo literario que lleva a soñar, que regala sonrisas, caricias y humedades en forma de cuentos que buscan la excitación y/ o la reflexión, donde la sexualidad excita nuestra alegría, nuestra ternura: El mundo nunca me dará la razón pero la carne es ternura, y nuestra imaginación: La imaginación nos sacó de la cueva y la oscuridad, nos ha llevado hasta la Luna y a las profundidades oceánicas. La imaginación nos viste y nos calza y en lo que al sexo concierne, lo es casi todo. Sin imaginación el sexo es cosa bastante elemental.
Incluye además dibujos del autor que ilustran un apetitoso catálogo de placeres, y algunos comentarios de lectoras, sí, solamente de lectoras ¿por qué será?
Para mi dicha, su libro es compañero del mío en el corpus editorial Erotomanías ¡casi na! Y para que veais cómo están las cosas, ha sido censurado en Amazon.
Por lo demás ¡feliz semana! una más en la que espero compartir con vosotros alegría, imaginación y ternura.
Francisco Franco.
Francisco Franco, caudillo de España de 1936 a 1975 convirtió el sexo nacional en un tabú y, congruente a su campaneada censura, no soltó prenda de su vida sexual. Ni él ni su entorno tocaron tan misterioso asunto, de modo que no podemos más que hacer conjeturas. Sí podemos aventurar que tendía a reprimirse y que todo su afán fue extender su represión al conjunto de los ciudadanos. Pero ¿por qué? ¿a cuento de qué tanta tirria a la alegría sensual, tanto odio a los gays, tanto desprecio a los liberales? Analicemos la personalidad del mandatario, busquemos pistas que nos den luz.
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Favorcillo.
¿Y vosotros me haríais un favorcillo? Resulta que me propongo actualizar el apartado de “Mi selección de cuentos” (abajo a la derecha) y no sé cuales escoger. Todos gestados por mí, está feo que sea yo la que seleccione.
¿Me decís así, a bote pronto, cual os gustó o interesó especialmente de toda esta maraña?
Venga porfa, dadme el gusto.
(como agradecimiento, dejo una expresiva carta de amor):
La culpa de todo / la tiene Yoko Ono.
Yoko Ono cae mal, no se la admira como artista, popularmente ha sido demonizada como persona ¿por qué tanto desprecio? Al fin es una mujer que ha abogado por la paz en el mundo, el amor universal y el buen rollito en general. Vale que se hizo multimillonaria gracias a su insigne marido, pero bueno, a muchas otras les gusta la pela y son admiradas en sociedad precisamente por haber conseguido dar un fantástico braguetazo.
Pero Yoko Ono no, a Yoko Ono no la traga nadie y que no vengan con el cuento de que separó a los Beatles porque el cuarteto estaba hasta las narices de ser cuatro cuando ella llegó a escena.
Podríamos afirmar que sólo hubo un individuo en el mundo que la consideró un genio, con tan buena suerte que ese individuo fue Jonh Lennon y, si Lennon era tan sumamente reverenciado, ¿por qué ese rechazó masivo a la mujer que le hizo feliz?
Nadie puede negar que vivieron una historia de amor preciosa; se conocieron en una exposición vanguardista de Yoko. Lennon vio una escalera que llevaba a un agujero, cuando el visitante se asomaba podía leer “yes”. A Lennon le impresionó ese “yes”, quiso conocer a la autora y luego todo fue más o menos rodado aunque tardaron un tiempo en consumar, caldeando el deseo con su mutua pasión por el arte. Ambos estaban casados pero no resultó impedimento para que una noche él invitase a Yoko y tuvieran una memorable velada componiendo y calentándose hasta que hicieron el amor de madrugada, y ya.
Lennon en ese momento era un tipo torturado que no había superado las heridas de la infancia -sus padres le habían abandonado- con un ego gigantesco y un temperamento violento que Yoko le ayudó a encauzar. Apuesto que encauzar el carácter de Lennon supuso un proceso lento de amor y paciencia. Según palabras del Beatle, nunca antes se había cuestionado su actitud machista para con las mujeres, todas consentían al mito y él era cruel, llegando a la violencia física con su primera esposa.
Al enamorarse de Yoko hizo su apuesta por la paz, tanto mundial como interior y juntos cantaron al amor libre, proclamaron eso de “haz el amor y no la guerra” y, con un toque exhibicionista presumieron de pasarlo la mar de rico en la cama y también fuera de ella. Legendaria fue su luna de miel encamados frente a la prensa para reclamar el fin de la guerra de Vietman.
Después de unos años de matrimonio, tuvieron una crisis. Yoko se dio cuenta de que su marido miraba con deseo a su joven asistente. Le abrió camino para que se enrollara con ella. Dijo que, aun amándolo, le dejaba libre para actuar como él desease y se fue. Lennon, lejos de ir tras ella, se lió con la secretaria y volvió a las andadas de excesos de alcohol y violencia montando bochornosos escándalos en los bares. No contestaba a las llamadas de Yoko hasta que un buen día volvió a ella. Le acogió de nuevo y ya no se separaron más hasta que, como todos sabemos, la muerte les separó violentamente.
No sé si Yoko fue denostada por usuntos raciales, por no adaptarse a los cánones estéticos que se presuponen a una mujer elegida por una estrella del pop, por ser mayor que él, o por feminista. Quizá la razón estriba en las alergias que produce el feliz sexo ajeno o quizá la culpa la tiene su peculiar modo de entonar.
La alegría de la huerta.
La cópula humana: inquieta búsqueda de la felicidad mediante besos genitales y roces epidérmicos.









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