Archivo de 3 octubre, 2011
Moros y cristianos.
Las diferencias que separan la ética sexual musulmana de la cristiana son fundamentales e irreconciliables. Ambas filosofías tienen clarísimo que lujuria es pecado, pero luchan contra ella desde planteamientos muy diferentes: el cristianismo propone contención para vencerla, los mahometanos la sublimación de la sexualidad matrimonial para encauzarla. Estas dos visiones han tenido muchísima repercusión en los ciudadanos de a pie de aquí y allá, por ej. los líderes católicos han de permanecer célibes, los islámicos han de ser casados. Los unos cedieron sus enseñanzas a los pornógrafos, los otros a los erotólogos.
El sexo matrimonial en el Islám supone un símbolo y anticipo de la unión con Dios porque así lo dejó dicho Mahoma, pero era una idea vieja de religiones orientales donde el amor venéreo convive con una elevada vida espiritual, asunto que aquí nos suena a chino ¡rezar y follar a un tiempo!
Jesús tuvo un despiste gordo al olvidar en sus parábolas el tema sexual y en occidente sufrimos un vacío histórico de filósofos que hayan dedicado su esfuerzo a cómo hacerlo, a cómo hacerlo bien. El cristiano tradicional llegaba al sexo -matrimonial o no- a tientas, con bastante vergüenza y culpa. Sin embargo los musulmanes … ¿cómo tener culpa escuchando a Mohamed al-Nafzawi en El Jardín Perfumado*?: ”¡Loado sea Dios – Alá-, que ha situado la fuente de mayor placer del hombre en las partes naturales de la mujer, y la fuente del mayor placer de la mujer en las partes naturales del hombre! La vulva sólo conoce la calma, el alibio y la satisfacción por medio de la penetración del miembro masculino, y el miembro del hombre, sólo en la vulva”.
Pero nada deja más estupefacto al occidental como la costumbre poligámica. Es un privilegio al alcance de muy pocos – a más mujeres, más bocas que alimentar- y además tienen que echarle un par. Al menos tal y como lo plantea Mohamed al-Nafzawi, no parece que sea ninguna panacea. El esposo con múltiples esposas ha de elaborar un concienzudo plan de convivencia si quiere que en su casa reine la paz y la cordura. No puede mostrar predilección por ninguna esposa, entre ellas debe repartir sus afectos y sus noches con equidad. Recordemos que es su deber, quiera o no, satisfacerlas, y corre el riesgo de llevar una vida muy miserable si incumple las complicadas reglas de etiqueta doméstica, como entrar en el cuarto de una cuando por la noche le toca a otra. Y luego ha de saber lidiar con el demonio de los celos, con las rencillas, que sin duda emergerán si ellas le aman.
Y para los que se frotaban las manos pensando en sex parties, que se olviden. El sexo grupal, aun con las propias esposas, está totalmente prohibido.
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* El Jardín Perfumado, de Abu Abdullah Muhammad ben Umar Nafzawi es un manual sexual árabe escrito entre 1410 and 1434.
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En la próxima entrega: moras y cristianas: una misma cruz.
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