Archivo de 29 septiembre, 2011
¿Por qué será que el aburrimiento se presenta devastador en la sexualidad de las parejas estables?
Se supone que el sexo es divertido, que el orgasmo satisface y que las caricias consuelan. Sin embargo a multitud de parejas estables les sobreviene una pereza irresistible con el paso de los años, una modorra cósmica que convierte el coito en un coñazo, una cuasi-obligación o una obligación rotunda. Ríos de tinta corren en libros de autoayuda y en revistas especializadas.
¿cómo vencer la pereza sexual?
Tenemos 4 motores que nos mueven: el de los sentimientos (corazón), y el del intelecto (cabeza), el de las necesidades (lo material) y el de las emociones/deseos (vientre). Una pareja estable ayuda a saciar las necesidades materiales y el intelecto está conforme si la relación aporta compañerismo -partimos de este supuesto- y se suponen un montón de sentimientos de amor y cariño.
Queda coja la emoción. Polvo tras polvo, van perdiendo fuelle. Para recuperar emoción no se me ocurre otro recurso que el arte. La función del arte es conmover/emocionar, de modo que embebernos de lo que crean los otros -pelis, libros, música, pintura, comida, etc.- parece un camino. Introducir arte erótico de cualquier índole resulta adecuado para evitar la claustrofobia sexual de las parejas estables.
Ya “de premio” sería conseguir ser artistas nosotros mismos, artistas sexuales creativos. Los artistas tienen la capacidad de cuestionarse la realidad y modificarla desde la imaginación, pero con frecuencia la actividad creativa es individual -de ahí que la pereza no infecte a la masturbación- . El ego del artista no sirve para salvar a la pareja de la tediosa sexualidad matrimonial. El artista de pareja tendría que dar un paso más allá. Los deseos personales habrían de sufrir una conversión y mudar en transpersonales. Se trataría de una superación de la esfera del egoísmo que se ensancharía del yo al nosotros. La pareja sería un yo sexual completo. Aplicando este concepto se amplía el campo de acción y no resultaría tan difícil aceptar la mirada de él en las cachas de otra, o esas cachas en nuestra cama, o al cachas-man como refuerzo, como puntillo emocionante en los juegos nupciales de pareja bien avenida.
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