Archivo de septiembre, 2011
¿quién será, será?
Ando con un tema que creo que os va a interesar, desde luego yo me lo he pasado bomba investigando -siempre os llevo algo de ventaja-.
Para introducirlo voy a comenzar hablándoos de un tipo tremendamente influyente, de esos que marcan un antes y un después, un caballero que defendió el matrimonio vehementemente y que provocó que con sus declaraciones corrieran ríos de tinta sobre sexualidad. Un señor que defendió además el placer, el femenino y el masculino… y no digo más ná.
¿¿quien será, será??
Pista: se cuenta, posiblemente, entre los 20 más influyentes de la historia de la humanidad.
¿Por qué será que el aburrimiento se presenta devastador en la sexualidad de las parejas estables?
Se supone que el sexo es divertido, que el orgasmo satisface y que las caricias consuelan. Sin embargo a multitud de parejas estables les sobreviene una pereza irresistible con el paso de los años, una modorra cósmica que convierte el coito en un coñazo, una cuasi-obligación o una obligación rotunda. Ríos de tinta corren en libros de autoayuda y en revistas especializadas.
¿cómo vencer la pereza sexual?
Tenemos 4 motores que nos mueven: el de los sentimientos (corazón), y el del intelecto (cabeza), el de las necesidades (lo material) y el de las emociones/deseos (vientre). Una pareja estable ayuda a saciar las necesidades materiales y el intelecto está conforme si la relación aporta compañerismo -partimos de este supuesto- y se suponen un montón de sentimientos de amor y cariño.
Queda coja la emoción. Polvo tras polvo, van perdiendo fuelle. Para recuperar emoción no se me ocurre otro recurso que el arte. La función del arte es conmover/emocionar, de modo que embebernos de lo que crean los otros -pelis, libros, música, pintura, comida, etc.- parece un camino. Introducir arte erótico de cualquier índole resulta adecuado para evitar la claustrofobia sexual de las parejas estables.
Ya “de premio” sería conseguir ser artistas nosotros mismos, artistas sexuales creativos. Los artistas tienen la capacidad de cuestionarse la realidad y modificarla desde la imaginación, pero con frecuencia la actividad creativa es individual -de ahí que la pereza no infecte a la masturbación- . El ego del artista no sirve para salvar a la pareja de la tediosa sexualidad matrimonial. El artista de pareja tendría que dar un paso más allá. Los deseos personales habrían de sufrir una conversión y mudar en transpersonales. Se trataría de una superación de la esfera del egoísmo que se ensancharía del yo al nosotros. La pareja sería un yo sexual completo. Aplicando este concepto se amplía el campo de acción y no resultaría tan difícil aceptar la mirada de él en las cachas de otra, o esas cachas en nuestra cama, o al cachas-man como refuerzo, como puntillo emocionante en los juegos nupciales de pareja bien avenida.
Mamada de consolación.
Anda pesado, más que pesado, trae pacá. Te hago una rápidamente y nos dormimos, que ya te he dicho que no tengo yo el cuerpo hoy. Y no pasmes, concéntrate, no nos vayan a dar las uvas. Y separa las manazas, que estoy hormonando y tengo los pechos sensibles. Y no empujes que me dan arcadas. Y avísame antes de soltar. Pelma, más que pelma. Anda trae pacá.
Envidia cochina.
Me preguntaba en el post anterior de dónde procede el tabú social que supone ver escenas de sexo público en directo. Pa mí que de la envidia, de una envidia cochina agazapada en nuestra piel a través de generaciones de ancestros envidiosos.
La envidia es esquiva. Se camufla muy cómodamente en otros sentimientos. Descubrirnos envidiosos a nosotros mismos nos resulta tan vergonzante, que inconscientemente lo disfrazamos de otros sentimientos supuestamente más dignos: “qué asco”, “qué vergüenza”, “qué impudicia”, “qué estupidez” …
Sentir envidia ante las manifestaciones apasionadas de amor sexual de los otros es una baja pasión enternecedoramente humana. Las parejas calientes provocan envidias porque uno de nuestros objetivos top en la vida es conseguir una unión afectiva ideal. Un hermoso beso, un apasionado beso francés simboliza a la perfección tal plenitud y provoca carcomas de envidia. Vale, es muy natural sentirla, pero no interesa que acampe en nuestra psique, porque no aporta nada rico. De todos los pecados capitales, es el menos gracioso: no goza el envidioso, el envidiado tampoco; hay que superarla. ¿Y cómo hacerlo? Lo primero, siendo conscientes. Detectando por qué una determinada situación-persona, nos provoca esa bilis. Y luego autoconsolarnos, abrazarnos compasivamente. Querríamos ser así … y no somos. Vaya, pobrecit@s. Quisiéramos tener eso que no tenemos, bueno. Ya pasa, ea, ea, ea. Y ya.
Conformarnos es inteligente, de matrícula conseguir alegrarnos. Siempre es bueno tener motivos de alegría y hacerlo gracias a la buena estrella de los demás es bien lindo.
Pero como no todo el mundo tiene el aquel de analizar, entender y redirigir sus emociones, las parejas felices han de protegerse de la envidia mal intencionada o de la más común, esa inconsciente. Pero por favor, no desistan de festejar las calles comiendo sus perdices a bocado pelado porque algun@s vamos consiguiendo pasarnos la envidia por el forro.
Tortolitos de andén.
Estos dos tortolitos en el andén, a diez minutos de salir el Talgo, como sigan merendándose con semejante desafuero, van a dejar charquito ¡qué manera de comerse las muelas! de succionarse las lenguas, de palparse el velo del paladar. Magníficos – fructuosos- esfuerzos por tantearse sendas campanillas, por aspirar el oxígeno directamente de los pulmones del otro. Y esas miradas acuosas entre morreo y morreo. Y las manitas que no se están quietas.
Pedazo de espectáculo nos regalan a los viajeros que por aquí pululamos y sin embargo casi nadie disfruta con el show ¡Qué sociedad amargada somos, carajo! Si esto fuera un accidente con atropello y la pareja estuviera espachurrada, ensangrentada, descuartizada y con las tripas por fuera, habría un atento corrillo metiendo el hocico. Por contra, este despliegue de feliz sensualidad, molesta o incomoda.
¿qué nos pasa? ¿porqué los transeúntes no se relajan y disfrutan mirando tranquilamente? …
¿feminista?
Me han preguntado si soy feminista en una encuesta hecha a 35 mujeres del mundo de las letras. Si os interesa, podeis leer las respuestas pinchándole acá:
El Feminismo según feministas y no feministas.
…
Como juego, os invito a que dejeis aquí vuestra opinión como siempre, pero esta vez con un límite. El comentario no ha de sobrepasar el tamaño de un tweet: 140 caracteres. Bueno, venga, dos tweets: 280 caracteres -máximo-, para que respondais a estas dos preguntas:
¿eres feminista? ¿por qué?
(estaría bien rico que enfocaseis vuestras respuestas hacia el tema sexual, que es lo nuestro aquí, pero bueno, no me voy a poner con exigencias))
La suerte de la fea, la guapa la desea.
Mi prima Anabel es feucha -tirando a feísima-. De cintura para arriba pareciera esculpida por un chapuzas. Huesuda, cargada de espalda, hombros enjutos. De las tetillas mejor no decir nada: mera anécdota en un tórax breve y huidizo. Una piltrafilla que no hay blusa que le siente, ni camiseta, ni jersey, porque se da la paradoja de que a pesar de estar tan flaca, las pocas carnes que tiene justo abomban en el abdomen, donde menos interesa.
Como compensación, de cintura para abajo está muy bien, culete majo, piernas torneadas, rodillas armoniosas, delicados tobillos y pies perfectos -marca de la casa-. Pero ni con esas pillaba cacho. Las pasó canutas -fatal fatal- en la adolescencia, con todos aquellos apasionados amores jamás correspondidos. No le salía novio ni a la de tres y su virginidad ya empezaba a tufar hasta que de repente ¡alucina vecina! sale con uno. Un tal Manuel, dentón y patizambo, pero bueno, sin ser un Adonis, es amable y cariñoso y eso vale un mundo en los tiempos que corren. Y se le ve encandilado. Detallista, romántico y zalamero, un tesoro que ella aprecia y disfruta y nunca antes le conocimos a Anabel un carácter tan caramelo ¡ni tan descocada! con unas minifaldas de escándalo y los tobillos cargados de pulseras.
El novio de mi prima flipa con mi prima, y yo me hice mentalmente la composición de sus cópulas presuponiendo que a Manuel lo que más le templaba la sangre era la parte inferior de Anabel: “apuesto que, en cuanto tiene ocasión, la voltea y le da bambú desde la popa”.
Estaba equivocada de raíz.
La postura que más inspira y entretiene a Manuel es la del yunque, esa que tumbada la mujer panza arriba, alza las piernas y las coloca en los hombros del hombre, quedándole las rodillas a ambos lados de la cara, como favorecedores, vistosos pendientes que Manuel disfruta sonriendo con su dentadura conejuna, mientras se agita de cintura para abajo con emocionada cachondez. Y así, folleteando enamorados, la pasan cañón Anabel y Manuel, la pareja del año.
Me da cosa.
Con el corazón en la mano os digo que poquísimas veces me ha pasado que un tipo tan guapo se me haya puesto tan a güevo así, sin comerlo ni beberlo. Las cosas vinieron rodadas desde el principio. La coincidencia de ser los únicos del congreso alojados a las afueras de Donostia sumada a la conveniencia de compartir taxi para ir y venir, nos dio pie para confraternizar e hicimos piña. Después del cierre de jornada caía de cajón ir a tomar unos pintxos, y de los pintxos al patxarán, y todo nos iría llevando inexorablemente a una misma habitación si no fuera por ese defectillo de Rodrigo.
A Rodrigo, que es proporcionado de extremidades inferiores y superiores, que tiene el rostro armonioso, el cabello limpio y brillante y está sabroso se mire por donde se mire, se le acumulan en cada uno de los vértices de sus labios un par de charquitos de baba cuando habla. Ese detalle no sería grave si no fuera porque excita mi escrúpulo. Ya se lo había notado esta mañana, pero ahora, frente a frente, no consigo ver más allá de ese fluido espumoso que me está hipnotizando, incomodando ¡pues anda que no tiene el gaucho rincones apetecibles donde deleitarnos! Miradle los ojos almendrados, vivos, expresivos. Miradle las manos, sólidas, elegantes. El pibe debe ser consciente de su antiestética profusión salivar porque de vez en cuando se limpia con el pañuelo y me sonríe pudoroso, como solicitando clemencia. De poco le vale, la baba, terca, insiste en rebrotar en pequeñas pompas blancuzcas.
Es demencial que semejante nimiedad pueda malograr un palo que prometía estelar ¿soy tonta o qué? Todas las bocas guardan saliva, incluso cuanto más jugosas, mejor que mejor. Pensándolo fríamente, hay poca diferencia entre encontrar la saliva dentro, o que asome para recibirme, ¿qué puede importar que unos cuantos mililitros se desplacen unos cuantos milímetros? No hay lógica que sustente una argumentación razonable para repudiar al encantador Rodrigo pero, por muchos argumentos racionales que esgrimo autoconvenciéndome, no hay tutía.
No me animo, pero tampoco me conformo. Mi yo princesa se inhibe mientras mi yo pirata pide caña. Ambos disputan en mi interior un tenso rifirrafe que me mantiene en una incómoda encrucijada.
- Antes muerta que besar eso, dice mi yo quisquilloso.
- Te comportas como una pipiola, -dice mi yo bravucón- echémosle agallas, derribemos esa pequeña muralla que nos llevará a la gloria.
- Uff, ¡me da repelús!, insiste la pipiola.
- Ni repelús ni repelín, tripas corazón y a por el guaje, ¡a conquistar terrenos ignotos! Imagínatelo haciéndote el cunni ¿a que ahí no nos repugna?
- No, ahí no nos repugna.
-Eculicuá ¿tiene algún sentido que de asco en los labios de arriba y no en los de abajo?
- Pero es de sentido empezar por los de arriba, y ¡me da cosa!
- ¡Cosa! Te da cosa ¡Valiente disculpa! Anda y que te operen, ¡que te operen del coco niñata!
- No nos empecinemos, me da cosa y punto.
…
“Preorgasmia”
En la película Shortbus (2006) dirigida por Cameron Mitchell, se ve una pareja copulando gimnásticamente, se ve a un tipo masturbándose, haciendo acrobacias para conseguir lamer su propio rabo, hay mirones y exhibicionistas, hay orgías, sexo lesbo, gay explícito y con todo esto -y más- no la considero una peli porno.
Shortbus es un local neoyorkino donde se reúne la gente más liberal y “alternativa” para poner en práctica sus fantasías y también -aquí la innovación- para charlar y hacer una especie de terapia grupal con el fin de mejorar su vida sexo-sentimental. Allí acude un variopinto grupo de personajes, entre ellos la prota, una terapeuta sexual, angustiada por su “preorgasmia” – cariñoso término que emplea para definir su anorgasmia-. La terapeuta sufre porque ella, que asesora sexualmente a otros, no consigue correrse, finge con su novio, y está preocupada, un poco triste. Toda la película se la pasa tratando de entender el placer, de buscar ese clímax que no le viene, masturbándose de un modo u otro sin escatimar recursos, buscando gente que le pueda dar un consejo, echar una mano o un polvo inspirador, lo que sea.
No, no es una peli porno, profundiza en las personalidades, en el dolor existencial de los personajes. Más bien es una parodia de la sexualidad “moderna”, indicando desajustes a los que puede abocar el porno si es la principal fuente de información sexual.
Y los actores fantásticos. Y además con humor. Me he divertido con Shortbus. Apuntadla.
Colofón en audio.
Para rematar con el tema de Adán y Eva, un audio interpretado por … ¡¡¡Pitima!!!, que ha escogido: “Eva, su manzana y el pecado” para estrenarse como lectora erotómana.
Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.





RSS




