Archivo de 27 agosto, 2011
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
¿Por qué los cristianos han tenido históricamente una actitud tan angustiada en relación al sexo? No me consta que Jesucristo dejase testimonio alguno acerca de que el sexo es negativo o perjudicial para una vida espiritual saludable. El ideólogo fue San Pablo – Saulo- a quien señalo como primer y gran culpable del puritanismo católico.
San Pablo fue uno de los primeros cristianos y se tomó unas atribuciones que no le correspondían, ya que él no había conocido a Jesús en persona. De hecho Pablo había sido un perseguidor de cristianos, un tipo sanguinario que un buen día tuvo una visión, cayó de la burra, se pasó al bando contrario, y se dedicó a cristianizar a diestro y siniestro con verdadera devoción, más papista que el papa.
San Pablo fue el primero en el catolicismo que habló de moral sexual. En sus cartas a los corintos expone unas preciosas ideas sobre el amor -pelín platónicas e idealizadas para mi gusto-, escuchadle: “El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo perdona”… después de tanta mantequilla, dejó caer el jarro de agua fría con la adevertencia de que no es bueno que el hombre toque a la mujer, que la castidad es condición mejor y preferible. Pero como no lo quedaba otra más que aceptar que el fornicio es inevitable -razón de la continuidad de la especie-, abrió una estrecha puerta “si no tienen dominio de sí, cásense. Pues más vale casarse que abrasarse”.
La influencia de San Pablo en el pensamiento católico es indiscutible, muchos vinieron detrás fortaleciendo la idea de que tocarse hombres y mujeres con fines placenteros es contraproducente para la salvación del alma. San Agustín con la letanía de que los abrazos nupciales no procreativos son pecado venial, San Jerónimo aclamando que toda unión sexual es impura, Santo Tomás ¿más transigente?, advirtiendo que sólo no es pecado si el deleite anexo al acto sexual causa desagrado a los esposos. Es decir, si el coito resulta asqueroso- o doloroso- estaría bien visto a los ojos de Dios.
Triste actitud en relación al sexo ¿eh?, la sexualidad planteada como una necesidad desafortunada a la que el cristiano condesciende fastidiosamente, con remordimiento y que ha creado, como sabemos, tantos monstruos (como muestra, véase la imágen).
…
Las cosas podrían haber sido diferentes si se hubiese escuchado a una mujer, una mujer que estuvo a puntito, a puntito, de cambiar el devenir de los acontecimientos y que, si no hubiesen silenciado su voz, otro gallo nos cantaría … quizás.
¿Quién fue ella?
…
El libro “Los Papas y el sexo” de Eric Fratini se mete a fondo en los estragos que hizo esa noción enfermiza del sexo en las cúpulas, que a veces una piensa si esa represión no será más un acicate para cometer lujuria que una cortapisa…
RSS




