Archivo de agosto, 2011
Cuchi-cuchi.
Qué mal, qué mal, qué mal, qué mal. Menuda manera de bajar el listón con ese novio que te has echado Carmen. Feo, calvo, tripudo, rechoncho, blancucho, blandengue, el anticlímax afincado en un cuerpo. Y dijéramos que te compensa porque tiene buen bolsillo… ¡ni un duro!, rico en grasas, eso sí. Millonario en kilocalorías. Mira que eso se contagia, que te veo dentro de nada hecha una matrona, con la alimentación que debe llevar, que ya, ya. Ya se te empieza a ver más mofletuda, kilo y medio en cada cacha se acumulan como nada y luego vienen los lamentos.
Te autoengañas canturreando que estás en el séptimo cielo, enamoradísima de tu barrilete, cosquilleándole el ombligo, diciéndole cuchi cuchi -¡cuchi cuchi a eso!-. No, nena, a mí no me la das con queso, por mucho que jures y perjures que te encanta, que nunca has estado mejor, que te lo pasas dabuten, no me entra en la cabeza. Qué horror, te tenía por más sibarita. Después de aquella merendola con Kinki y Samuel te hacía con un chichi más chic ¿cómo te lo puedes tirar? ¿de verdad no te da grima? No me quiero ni imaginar el trauma que puede suponer estar debajo de esa mole, o encima. Es indecente, una cochinada ¡puaj! encaramarte perniabierta en esa panza atiborrada a pan brioche y mermelada, ¿no ves que haces el ridículo diciéndole a todo el mundo que no le cambias ni por Robert Redford? Mírate nomás reina, rebozándote en su tejido adiposo con antiestética lujuria, chupándoselo todo, relamiéndote de placer. Qué agallas, yo no puedo ni mirar.
Nos consolaremos pensando que su polla no acumula michelines. Por muy peonza que esté el gordi, la picha la mantiene fitness. Reconozco que tu Cuchi Cuchi – ¡cuchi cuchi!- empalma bien. A simple vista pudiera parecer que la tiene chica, pero es un efecto visual provocado por la comparativa entre el volumen de su abdomen y el pirolo. Si pudiésemos aislarlo del contexto nos encontraríamos con 20 centímetros cumplidos y un generoso diámetro “¡choricito!”, le dices, “¡bollito de crema!” Estoy anonadada, me dejas muda.
¡Por todos los santos! Miraos, él roncando como un puerco y tú, ilusa, con la sonrisa en la boca como si esos resollidos fueran música celestial, acurrucada entre los brazos de tremenda humanidad, sintiéndote en el paraíso de ternura y protección, pensando idioteces del tipo de que si vivierais en la prehistoria y durmieseis en una cueva no habría bestia salvaje que se atreviese a entrar ¡pero si la bestia es él! Permíteme que te diga que eres la confirmación andante de que el amor es ciego, sordo, mudo, manco, cojo. Me decepcionas Carmen, con personajes así no hay quien escriba un cuento erótico.
Este es el capítulo 78 de Crisol Púbico
…
Los caballeros han de hilar fino.
Es muy difícil aconsejar a un caballero sobre la actitud que debe adoptar cuando se encuentra frente a un escote. Sea discreto o despampanante, pizpireto o voluptuoso, el hombre ha de reflexionar antes de lanzar el ojo canalillo abajo.
Si evita mirar y retiene firmemente la pupila, la mujer pensará que, o es marica, o reprimido o un cobarde que no se atreve a disfrutar de lo rico de la vida. Si por contra abandona la mirada golosamente más de la cuenta, la mujer le puede tachar de baboso maleducado y grosero.
Pobrecitos, ¡cuán fino han de hilar!
Ni puta, ni esposa.
“El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” esta frase, esta idea de Jesús de Nazaret me emociona y me llena de respeto hacia el que, para muchos, fue el salvador del Mundo. Siempre había pensado que iba dirigida a María Magdalena. Pues no, le hablaba a una anónima adúltera. También creía que era Magdalena la que había ungido los pies de Cristo en aquel bello episodio bíblico, cuando le lava los pies con perfume y los seca con su melena. Ahí el fariseo dice “si Jesús supiera que es una prostituta no se dejaría tocar por ella”. Jesús, todo un caballero, la defiende, dice “ella se ha portado mejor conmigo que tú mismo”. Pero tampoco esta mujer era la Magdalena.
De hecho, no hay ningún dato que confirme que María Magdalena era prostituta, aunque parece que esta idea se ha generalizado, ¿y entonces? ¿quién era María Magdalena? Sabemos que estaba poseída por 7 demonios y que Jesús la exorcizó y se convirtió en su discípula más fiel.
El papel de María Magdalena es fundamental, básico, muchísimo más importante que el de cualquiera de los apóstoles. Ella se mantuvo en la crucifixión al pie de la cruz cuando, de los colegas de Cristo, uno lo traicionó, otro lo negó y los demás escaparon por miedo -Juan estuvo con él-. Ella, valiente, acompañó en el largo Via Crucis a su amigo. Pero no es esto lo que la hace importantísima. Lo que la convierte en un personaje crucial en los Evangelios es que fue a ella a la que se le anuncia la Buena Nueva. Magdalena fue la primera en saber que Jesús había resucitado. Esta circunstancia no puede ser casual: Jesús hubiese querido que fuera María Magdalena la encargada de llevar su mensaje. Algún obispo casposo aseguraba que escogió a una mujer por chismosa, porque así estaba asegurado el corre ve y dile. No, tiene que haber algo más grande que se han empeñado en minimizar u ocultar en aras del establishment de la jerarquía patriarcal eclesiástica.
Después de desprestigiarla como prostituta -ya no, ya la Iglesia se ha desvinculado oficialmente de esa falacia-, incapaces de verla en el rol de compañera competente diferente al de puta, esposa o madre, vinieron diciendo que María Magdalena era la mujer de Jesús -Dan Brown entre otros-, pero no hay datos certeros ni en los evangelios canónicos ni en los apócrifos. Por muy morboso que resulte, contengamos nuestra imaginación y ciñámonos a los hechos. En algún evangelio la llaman compañera, sí, pero no esposa. Parece que Jesús hablaba más con ella que con otros, y ello provocó algunos celos en el grupo. Posiblemente era una mujer culta, que conocía la filosofía gnóstica y que por eso podía entablar un diálogo de tú a tú con Jesús, cosa que no podía hacer con los apóstoles porque eran analfabetos. Magdalena entendía sus ideas -sin necesidad de tanta parábola- y las expuso en su propio evangelio del que se conservan algunas partes.
En los primeros tiempos del catolicismo se generaron dos corrientes de pensamiento, una era la más clásica y tradicional -la de Pablo y Pedro-, y otra que era la de los gnósticos, capitaneada por María Magdalena. Estas dos corrientes representan dos modos distintos de entender la vida. La de Pablo y Pedro, consideraba que la salvación venía a través de la fe y que el mal del mundo venía por el pecado. Los gnósticos decían que el mal venía de la ignorancia y por lo tanto la forma de redimirse era el conocimiento. Los gnósticos estaban contra toda jerarquía, el individuo debía conocerse y entenderse a sí mismo para entender el mundo y llegar a Dios. La corriente masculina de Pedro y de Pablo pronto comenzó a arrinconar a la corriente gnóstica de María Magdalena y después persiguieron a los gnósticos como herejes.
La historia de los ganadores en esta batalla teológica ya la sabemos, pero ¿qué hubiese pasado si hubiese vencido la corriente gnóstica? Imaginaos, ¡estudiar mejor que rezar! ¡la educación mejor que el castigo! El entendimiento, mejor que el pecado. El mundo -y por ende la sexualidad-hubiese sido otro si no hubiese silenciado a María Magdalena. Apuesto que mejor.
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
¿Por qué los cristianos han tenido históricamente una actitud tan angustiada en relación al sexo? No me consta que Jesucristo dejase testimonio alguno acerca de que el sexo es negativo o perjudicial para una vida espiritual saludable. El ideólogo fue San Pablo – Saulo- a quien señalo como primer y gran culpable del puritanismo católico.
San Pablo fue uno de los primeros cristianos y se tomó unas atribuciones que no le correspondían, ya que él no había conocido a Jesús en persona. De hecho Pablo había sido un perseguidor de cristianos, un tipo sanguinario que un buen día tuvo una visión, cayó de la burra, se pasó al bando contrario, y se dedicó a cristianizar a diestro y siniestro con verdadera devoción, más papista que el papa.
San Pablo fue el primero en el catolicismo que habló de moral sexual. En sus cartas a los corintos expone unas preciosas ideas sobre el amor -pelín platónicas e idealizadas para mi gusto-, escuchadle: “El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal. No se goza de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo perdona”… después de tanta mantequilla, dejó caer el jarro de agua fría con la adevertencia de que no es bueno que el hombre toque a la mujer, que la castidad es condición mejor y preferible. Pero como no lo quedaba otra más que aceptar que el fornicio es inevitable -razón de la continuidad de la especie-, abrió una estrecha puerta “si no tienen dominio de sí, cásense. Pues más vale casarse que abrasarse”.
La influencia de San Pablo en el pensamiento católico es indiscutible, muchos vinieron detrás fortaleciendo la idea de que tocarse hombres y mujeres con fines placenteros es contraproducente para la salvación del alma. San Agustín con la letanía de que los abrazos nupciales no procreativos son pecado venial, San Jerónimo aclamando que toda unión sexual es impura, Santo Tomás ¿más transigente?, advirtiendo que sólo no es pecado si el deleite anexo al acto sexual causa desagrado a los esposos. Es decir, si el coito resulta asqueroso- o doloroso- estaría bien visto a los ojos de Dios.
Triste actitud en relación al sexo ¿eh?, la sexualidad planteada como una necesidad desafortunada a la que el cristiano condesciende fastidiosamente, con remordimiento y que ha creado, como sabemos, tantos monstruos (como muestra, véase la imágen).
…
Las cosas podrían haber sido diferentes si se hubiese escuchado a una mujer, una mujer que estuvo a puntito, a puntito, de cambiar el devenir de los acontecimientos y que, si no hubiesen silenciado su voz, otro gallo nos cantaría … quizás.
¿Quién fue ella?
…
El libro “Los Papas y el sexo” de Eric Fratini se mete a fondo en los estragos que hizo esa noción enfermiza del sexo en las cúpulas, que a veces una piensa si esa represión no será más un acicate para cometer lujuria que una cortapisa…
¿Quién fue el ideólogo nefasto?
La palabra susana (Sšn) es una palabra antigüísima y siempre emparentada con la pureza. Hace unos 4000 años en Egipto significaba ‘flor de loto’, un flor que simboliza la vulva y tiene la magia de abrir sus pétalos al amanecer y cerrarlos al ocaso. En Persia era lirio, lujuriosa flor de polen fragante que exhala su perfume al anochecer, llamando a la fecundación.
Pese a la maravilla de la pureza alegre y despreocupada de la sensualidad floral, en los últimos siglos ha triunfado la idea de que pureza es recato y virtud, ¿por qué en tantas civilizaciones se ha desarrollado este miedo al sexo que a veces se convierte en asco y dolor? ¿cuándo fue que dejamos de copular libres y sin complejos, como monos felices, para hacerlo a escondidas y con culpa?
De la pureza voluptuosa de Sšn, pasamos a la pureza casta de la Susana bíblica, a decirle santa a Susana de Taormina, por virgen mártir, o a Susana de Tavium, otra que accedió al santoral por la hazaña de mantenerse toda la vida con los labios -menores- cerrados.
….
Las religiones, manifestaciones de la espiritualidad de los pueblos, han tenido mucho que ver en esta valoración de lo sexual. Al igual que ha habido pensadores que con sus ideas han sido benefactores para la felicidad sensual, por ej. Kaplan, la otra Kaplan, Kinsey, Rouseau, Ibn Hazm de Córdoba, por citar algunos de los que ya hemos hablado aquí, también los ha habido que han hecho un daño tremendo.
En la próxima señalaré con el dedo a uno de los grandes culpables del puritanismo.
¿Sabéis de quién hablo?
Sade, el Maldito Marqués.
Pocos tipos consiguieron emponzoñar tanto su nombre familiar como el marqués de Sade, ¿quién desearía ostentar hoy día tal sádico marquesado? Su nombre devino en sinónimo de crueldad con alevosía y, para más inri, cachonda. El llamado Divino Marqués traspasó literariamente límites que abochornan al lector, siendo las violaciones, asesinatos y otras perversas situaciones sanguinarias el pan nuestro de cada día en la fantasía concupiscente el terrible marqués.
El escándalo rodeó su vida. Pasó 27 años en la cárcel y sin embargo, analizando su biografía no podemos asegurar que fuese tan malísimo como uno se puede figurar leyéndole. Su nefanda prosa es de tal calidad que la gente dio por sentado que esas historias tenían fundamento en la realidad y fue satanizado.
No voy a poner mi mano en el fuego por Sade, pero parto del supuesto de inocencia y mi opinión es que fue un filósofo, un teórico hombre de letras que le dio por hurgar en lo más bajo, un misántropo que desprecia a la especie humana y nos pone ante el espejo nuestros instintos destructores. Y lo hace de tal retorcido modo que sus historias consiguen la excitación sexual y con ello nos damos de bruces con el monstruo que llevamos dentro. Escuchad sus palabras: “Nunca, repito, nunca pintaré el crimen bajo otros colores que los del infierno; quiero que se lo vea al desnudo, que se le tema, que se le deteste, y no conozco otra forma de lograrlo que mostrarlo con todo el horror que lo caracteriza”, claro que también dice “ Apaga tu alma y trata de convertir en goce todo lo que causa alarma a tu corazón”.
Fue denunciado por una criada, que le acusó de maltrato, y también le persiguió un escándalo de unas prostitutas que le acusaron de envenenamiento y sodomía, pero realmente no hay pruebas fiables de estas acusaciones que más bien se me antojan leyendas y a Sade nunca se le concedió un juicio justo. Pero lo que sí tuvo fue una enemiga terrible: su suegra.
Leer más »
Ligerita de cascos.
Cuando me lo presentaron, su apariencia no me inspiró nada, ni frío ni calor. Pero luego me enteré de que era ciclista profesional y recordé aquello que se comenta, que tienen un corazón de hierro y algunos llegan a marcar 40 pulsaciones por segundo. Me entró el morbillo coquetón. Comencé a darle conversación, a mostrarme interesada en sus contrarrelojes, a imaginármelo en maillot, ejecutando fibroso sus springs. Me lancé al rico vacilón. A veces se tienen días así, que se siente una como ligera de cascos.
Parecía un buen tío y a mí me gustan los tíos buenos. Saludable, pulcro, sin duda puntual, responsable y perseverante. Cero pelado de toque canalla, cero picardía en su mirada de ojillos con expresión de escapada que venía acrecentada por la nariz espigada y por su amplia frente en expansión por mor de la incipiente calvicie.
La cosa terminó en la cama sin mayores aspavientos. Para ser justa diré que me regaló un misionerito fantástico. La postura del misionero, tan amorosa, mola mazo. Pareciera muy stándar y conyugal, pero mola.
El susto vino por la mañana ¡qué manera de tomarse a pecho un polvo! Que sí, que si pones buena intención, es normal cogerle cariño al compi, albergar hacia él -o ella- un aprecio especial, una complicidad maravillosa. Pero de ahí a presuponer que con un kiki queda instaurado un idilio hay un salto que el ciclista sobrepasó sin complejos. Dio por sentado que lo nuestro era el principio de todo un tema y me empezó a acojonar con sentencias del tipo “te voy a llevar a no sé dónde” ,“ya te enseñaré no sé qué”, “cuando conozcas a mi primo Mengano”…
Me entró el canguele y corté por lo sano con ausencia total de melindres.
-Oye, tú y yo de novios, nada.
Para colmo de impertinencia se me escapó un ¿eh?
-Oye, tú y yo de novios nada, ¿eh?
Se quedó patidifuso, pobre, y reaccionó del peor modo, al ataque, como los cobardes resentidos. En plan “¿tú de qué vas? ¿haces esto todos los días?”
Me echó una filípica con tintes moralistas que me estaba agobiando. Estuve a punto de dialogar con él, animarle a que se tomara esto como una pérdida en el tour con la ventaja de haber vestido la camiseta amarilla una jornada, pero al verlo tan mosqueado desistí y decidí evadirme mientras le daba tiempo a desahogarse. El tipo mezclaba en su soliloquio asuntos como libertinaje y responsabilidad y yo reflexionaba que claro, cuando alguien entrega su cuerpo al goce compartido se da en lo más íntimo, y si entregas lo más íntimo a una persona que no sabe -o no quiere- valorarlo, te sientes rechazado en una zona muy sensible del ser y puedes desarrollar complejo de tetrabrick no reciclable, o de condón de un solo uso. Y eso duele.
Mi ciclista estaba herido, pobrecillo. Pero ¡así es la vida colega!, y ya eres grande para cargar con tus frustraciones. Sin pataleta por favor.
Estudia como si fueras a vivir siempre. Vive como si fueras a morir mañana.
En mi descanso estival he estado reflexionando concienzudamente y he formulado una novedosa teoría que paso a exponer sin entretenerme con protocolos de bienvenida.
Predigo que se avecina un desplazamiento vaginal hacia delante y arriba. Las vaginas humanas mutarán de ubicación posicionándose bajo el ombligo -más o menos-.
Mi planteamiento se basa en la evidencia de que cada día resulta más difícil venir al mundo. Desde que nos embarga la pasión por razonar, nuestro cráneo crece y crece. El alumbramiento se está haciendo harto complicado. Por muy flexible que sea la gruta de salida, la pelvis supone un límite infranqueable. La naturaleza, sabia siempre, ideará un práctico pórtico situado en el vientre, sin huesos que interrumpan.
No le encuentro más que ventajas a esta nueva fisonomía, qué a mano nuestra vulva: por fin podremos inspeccionárnosla a conciencia, como recomienda el gine. Resultará más sencillo ponerse el támpax o el condón femenino, y traerá cambios espectaculares en nuestra sexualidad -adiós a la postura del perrito, el kamasutra, definitivamente obsoleto. También en nuestra indumentaria -el triquini triunfará por fin en las pasarelas, el talle bajo o los tops, serán de una impudicia sin precedentes-.
Obviamente, como dicta la teoría darwinista, el sexo masculino evolucionará a la par del femenino, para niquelar el acople como corresponde. El pene de ellos se subirá, frontalizándose. Esto, además de ser muy estimulante, resulta una noticia fenomenal ¡qué suerte chicos! Ya. Por fin podréis cumplir plácidamente el antiguo sueño de la automasturbación oral.
* La cita del título es de Alanus de Insulis. La aprovecho como incentivo para retomar nuestras apasionantes investigaciones erotómanas.
Va, ¿seguimos?






RSS




