Archivo de julio, 2011
bye bye!
Queridísimos coleguillas:
el día 25 de julio cumplo tres años de bloguera. Tres añazos. Con un balance de 499 posts publicados a día de hoy, cifra que me lleva a posicionarme casi, casi, casi en el ecuador de mi objetivo ¡Vamos, vamos! A ver si llegamos a 1002 historias.
Pero ahora… ciao amigos! Me voy de vacaciones.
Si el erotismo continúa emocionándome y las musas siguen dándome palique, volveré. Oh sí, volveré para continuar con este apasionante proyecto Erotómana, que me entretiene con ahínco y me curro con pasión.
Hasta la vuelta pues, queridiñ@s. Ponedle -de mi parte- soul extra al asunto y ¡no me olvidéis!
I love you, girls & boys! Je vous aime! Ich liebe euch! Bicos!
Mirón de playa.
Escuchad a Lipa, plena de sensualidad gallega:
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El /la que no sea un poco mirón/a, que tire la primera piedra.
Perversión fetichista.
El señor García Berlanga afirmó que era infinitamente más apetecible vestir a una mujer que desnudarla. Cuando se presta mayor atención amante a las cosas que a las personas, cuando el objeto reemplaza las reciprocidades de satisfacción erótica estamos hablando de una perversión fetichista.
Carl Marx, a mediados del siglo XIX cuando el capitalismo consumista asomaba sus patitas, señalaba los peligros que supone el “fetichismo de mercancía”. Hoy está instalado en nuestras vidas, y casi todos tenemos un ramalazo, mayor o menor y no exclusivamente en el terreno sexual.
“Ciega y frenéticamente rendimos culto a nuestros falsos iconos, a las mercancías-fetiche que reemplazan la creencia y el sentido de comunidad- vírgenes de yeso, escuelas que parecen burdeles, antenas de televisión de aluminio anodizado en oro, miniseries, minifaldas y madifaldas, muslos liposuccionados, elegancia de Doña Juana posfeminista, píldoras afrodisíacas LY 163502, pregáfonos que permiten a las madres embarazadas hablar con las criaturas que llevan en el vientre, biberones con correas que permiten a los padres amamantar como si fueran madres, introducción de óvulos fertilizados en las trompas, madres de alquiler, chicas con ligueros negros, alivio sexual con una llamada a un teléfono porno-. Los iconos fetichizados reemplazan cualquier proceso de manejar o enfrentar con éxito las realidades dolorosas y duras de la existencia. La depresión y la angustia serán derrotadas. El placer está en la megagalería y cualquiera puede comprarlo o robarlo en todas sus variedades o formas.
Texto tomado de “Perversiones Femeninas“ Louise J. Kaplan. Paidós. Psicología Profunda.
Y vosotros, ¿sois fetichistas en alguno de estos sentidos? ¿os da seguridad apoyaros en algún objeto o prenda a la hora de seducir?, ¿os excita algún fetiche que vista/ luzca la persona deseada? o ¿hay algún objeto que os resulte excitante en sí mismo, independientemenete de la persona?
muñequita
A veces es agradable que un hombre te vista a su capricho, gusta dejarse hacer como si fueras su muñeca, su niña. Es agradable que lo haga con delicadeza.
-Levanta el pie, … ahora el otro.
¡Qué lindo dejarse mimar por un señor fuerte! pero hay que tener cuidado, todas hemos visto muñecas descabezadas por ahí tiradas, sucias y abandonadas.
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Ovidio, otra cara de la misma moneda.
Publio Ovidio Nason fue coetáneo a Jesucristo. Mientras uno se afanaba por predicar aquel hermoso “amaos los unos a los otros” -que, por designios humanos, devino en santas Guerras- el otro también le cantaba al amor, en este caso al más pagano. La importancia del primero es evidente, pero ojito con el segundo que con su libro “El Arte de Amar” plasmó toda una filosofía de seducción todavía hoy en boga.
No fueron tantos los estudiosos del erotismo en la antigüedad. Con el cuento de ser un clásico fue salvándose de la quema y traducido hasta la extenuación por eruditos monjes que se esmeraron en copiar palabra a palabra las de Ovidio, el elegido por Venus para confidente de su hijo (Cupido).
No, no minimicemos la repercusión de las ideas de Ovidio, pues durante siglos y siglos fue prácticamente la única voz que hablaba abiertamente de lo sexual, aunque fuese desde allí, desde los infernos de las bibliotecas.
En vida, Ovidio debió de comerse todo lo que quiso. De siempre los poetas, con su soberbia verborrea, han tenido un gancho especial con las mujeres. Si sumamos que era un hombre bien posicionado, adinerado y culto, que dedicó tiempo y energía a reflexionar sobre lides amorosas -centro de su ocio- pues ya tenemos al don Juan del Imperio.
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Ovidio, cerdo con piel de oveja.
Ovidio, en su libro “El Arte de Amar” plantea el amor -erotismo- como un divertido juego en el que no se deben escatimar recursos e ingenio para disfrutar de todo el proceso, desde la conquista, al acto en sí. Sus enseñanzas van hacia cómo inflamar a tope la voluptuosidad sensual que lleva al éxtasis. Hermosa idea la de Ovidio ¿verdad? Y sin embargo después la caga. Ya vereis.
Los dos primeros capítulos están dedicados a los hombres, les dice que deben tener confianza en sí mismos “Fortuna es grata con los audaces”, que se presenten aseados, que ojito con el vino, que sean complacientes, amables, que perseveren. Se pasa la ética por el forro y les alecciona para ser falsos “seamos indulgentes con el amor fingido porque termina siendo sincero” o hipócritas, ganándose al esposo de la amada porque ello “resultará útil para los designios de ambos”. Atina diciendo que “las palabras deben expresar el fuego que te devora“, y sigue dando en diana avisando de la importancia de la discreción “los misterios de Venus son favorables a la intimidad y el secreto”.
Hasta ahí, muy congruente. Pero en el apartado que dedica a las mujeres, se pasa tres pueblos. Empieza recordándonos el jodido carpe diem: “apresúrate a tomar la rosa; pues si tú no la tomas, caerá torpemente marchita”. Luego se regodea en la idea “pronto llegará el día en que ya vieja, tú, que hoy rechazas al amante, pases muerta de frío las noches solitarias”. Después de ese jarro de agua fría, asume que en general somos feas: “La turba de mujeres que oyen mis palabras son tanto feas como hermosas, aunque las feas son las que más abundan”.
Dedica un buen puñado de páginas a indicarnos cómo es que debemos cuidar nuestra imagen: el peinado, el vestido, los cosméticos. Y sigue, avisa a la flaca de cómo disimular su delgadez, a las bajas cómo disimular su tamaño y a las mayores cómo esconder arrugas, canas o calvicies, cómo encubrir unos pies bastos y también a defendernos del mal aliento. Se atreve a dictar cómo debe ser la adecuada la expresión del rostro, ni artificioso, ni altanero, ni melancólico. Según él, no nos conviene reir en carcajadas sonoras. Se inmiscuye en cómo debemos llorar para que, ni entonces, dejemos de ser seductoras porque “tal vez en los funerales del marido se puede hallar a otro”.
Es tal su afán por que nos arreglemos que cualquiera diría que nos veía estropeadas. Lo de las fiestas ya es de chiste: que lleguemos cuando ya esté oscuro “así, si eres fea parecerás hermosa a los que están ebrios y la noche velará en las sombras de tus defectos” y además, nada de disfrutar del festín “en la mesa modera el apetito y aun come algo menos de lo que te exija el deseo”. Y así, castrando la libre expresión de la mujer, nos lleva a la cama con la misma cantinela: “ cada cual que se conozca bien a sí misma y preste a su cuerpo diversas actitudes, ya que no a todas favorece la misma postura. La que sea linda de rostro que permanezca en posición supina, y la que tenga hermosa la espalda ofrézcala a los ojos del amante… La que tenga el talle largo oprima con las rodillas en el lecho y deje caer un poco la cabeza, si los músculos incitan con la frescura juvenil y sus pechos carecen de manchas, que el amante en pie la vea,… si tienes señalado el vientre con arrugas, pelea como ágil partho volviendo las espaldas….
Y entonces: “siéntase la mujer abrasada hasta la médula de los huesos, y el goce se dividirá por igual entre los dos amantes; que no cesen las dulces palabras, los suaves murmullos y los deseos atrevidos que estimulan el vigor en tan alegres combates”.
Joer, macho, como si fuera tan fácil. Ponte tú. Córrete enseñando exclusivamente el perfil bueno.
Algo debía de olerse del marrón al que nos aboca porque dice: “Y tú, a quien la naturaleza negó la sensación de los placeres de Venus, finge sus gratos desmayos con falsas palabras… y cuando finjas, procura que tus movimientos y el brillo de tus ojos ayuden al engaño, y lo acrediten con verdadero frenesí, y que la voz y la respiración fatigosa susciten el apetito.
Pasando de Ovidio. O no, porque Ovidio puede entenderse también desde otra perspectiva
¿Me han tirado los tejos o soy una creída?
Hace cosa de un mes, un individuo me escribió a través de facebook:
- Susana, ¿conoces “La Teja de Medianoche”?
- Pues no
- Es un librito del tipo de material con el que trabajas. Si te interesa, puedo enviártelo.
- Sí, claro que me interesa.
Era un tipo parco y yo andaba apurada, de modo que le di el número de mi apartado de correos y olvidé el asunto. Grata fue mi sorpresa cuando, después de un tiempo, encuentro en mi buzón un sobre sin remite que contenía dicho librillo.
Se trata de un simpático cuadernillo, editado en el 92 por Altaffaylla Kultur Taldea (editorial vasca) donde, en tono jocoso, se exponen los estatutos de la sociedad “La Teja de Medianoche”, que se define como una sociedad recreativa, sensual, concupiscente, higiénica, licenciosa, incontinente, cachonda, promiscua, sugestiva, procaz, lasciva, y, sobre todo muy necesaria. Una sociedad que aspira a mejorar el mundo a través del sexo y el amor.
Pese a que al principio uno pudiera pensar que los estatutos fueron escritos por unos bárbaros navarricos con un nivel etílico elevado en sangre, no es el caso. A medida que se lee, se encuentra un fondo generoso, una visión hermosa de la sensualidad, incluso un cierto romanticismo libertino, o liberal.
Consta de 33 artículos que, sin perder el aire risueño, tienen tintes didácticos en relación a lo sexo-afectivo: (art. 18: En lo sucesivo, quedan incorporados al lenguaje cotidiano todo tipo de arrumacos, siseos, manitas, roces, zirris, pellizcos, guiños y carantoñas, quedando por tanto exentos de cualquier interpretación maliciosa).
Los artículos van acompañados de divertidos dibujos picantes y con citas muy acertadas, como ésta de García Márquez: “…Las personas vienen al mundo con sus polvos contados. Los que no se usan por cualquier causa, propia o ajena, voluntaria o forzosa, se pierden para siempre… “
Pero donde voy es al artículo 9, que dice así: “ Para las personas tímidas y parcos en palabras y artes “ La Teja” ofrece un método sencillo, tan sugerente y directo que no puede ofrecer ninguna duda: regalar a la persona deseada o introducir disimuladamente en su bolsillo un ejemplar de estos Estatutos. Cuando esa persona lea éste artículo, debe darse ya por enterada de que le han propuesto acostarse acompañada”.
Y bien, qué lindo ¿no? Bonito modo de tirar los tejos, ¿eh?
Pues resulta que con la fastidiosa clausura de mi antiguo perfil en facebook, no tengo manera de saber quién es este generoso lector, al que quisiera yo agradecer el detalle -¡qué menos!-.
En fin, si me lees, da señales de vida, hombre, no seas tímido.
La jaqueca, el orgasmo simbólico.
Cada vez hay más teorías que se cuestionan la medicina convencional, que analiza las enfermedades como síntomas aislados en lugar de entender al enfermo como un todo. El libro “ La Enfermedad como Camino” de Thorwald Deihlefsen y Rüdiger Dahlkees es un ensayo sobre el conocimiento profundo de la enfermedad, entendiendo ésta como un bloque único psicosomático.
Este ensayo defiende que las dolencias físicas se manifestarían como una llamada de atención a dolencias psicológicas profundas. Para no extenderme, resumo burdamente esta teoría con el ejemplo del llanto. Una tristeza del alma provoca una reacción física: el derramamiento de lágrimas. Según los autores, esta misma interrelación se da en las diferentes dolencias que pueda padecer un individuo a lo largo de su vida.
El sexo y la convivencia generan los mayores motivos de conflicto para el ser humano y concretamente los dolores de cabeza estarían muy relacionados con la sexualidad.
Copio el párrafo en el que explica que las jaquecas son una especie de orgasmos cerebrales, síntomas de una sexualidad bloqueada en la mente que clama por ser situada en su sitio, desplazada hacia abajo.
La jaqueca es un orgasmo en la cabeza. El proceso es idéntico, sólo que tiene lugar más arriba. Durante la fase de excitación sexual, la sangre acude a la zona genital y en el momento culminante, la tensión cede y se produce la relajación; así discurre la jaqueca: la sangre acude a la cabeza, se produce una sensación de presión, la tensión se agudiza hasta alcanzar su punto máximo y se produce la distensión ( dilatación de los vasos sanguíneos)….. Una característica de la jaqueca es que el enfermo, después del acceso, experimenta una transitoria sensación de bienestar.
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Expulsada de Facebook
Facebook ha desactivado mi cuenta Susana Moo alegando contenido sexualmente explícito. Me duele bastante porque allí tenía muy buenos contactos (espero no perderlos, al menos a una mayoría). Me duele porque no considero que los contenidos que publico sean ofensivos (máxime cuando allí no colgaba las fotos más explícitas). Ya conoceis mi opinión, considero la erotolalia (gusto por hablar sobre sexo) muy saludable.
He creado la página Susana Moo, os agradezco que entréis en ella y le deis al botón “Me gusta”. Agradezco también, a los que tengais cuenta, que enlaceis este post para que se difunda en la medida de posible lo de mi expulsión y el nuevo lugar donde seguir mis andanzas literarias. También podeis seguirme en @susanamoo en Twitter o en el RSS (margen superior derecho, al lado de archivo) …
Qué ñoños, ¿no?
En fin. Seguimos.
Si vas a hacerlo, hazlo bien.
El bueno de Freud decía que la masturbación causa neurastenia. Neurastenia (Wikipedia dixit) es un cansancio inexplicable que aparece después de un esfuerzo intelectual y que consta de los siguientes síntomas:
- sensación de dolor y molestias musculares
- mareos
- cefaleas de tensión
- trastornos del sueño
- incapacidad para relajarse
- irritabilidad
- dispepsia
Mi experiencia personal me dice que tras una masturbación no siento dolor ni mareo, no me duele la cabeza y me ayuda dormir en la Gloria. Desde luego no me cabreo ni sufro dispepsia. Pero, claro, yo soy mujer y Freud no tenía nada claro si las mujeres ejercíamos.
Las filosofías sexuales orientales (tao, tantra) previenen a los hombres. No de la masturbación, pero sí de la eyaculación. Son conceptos que parecen iguales pero son diferentes. Por eso nosotras, que no eyaculamos, podemos abusar cuanto queramos y más, bendecidas por la medicina actual y por la medicina tradicional. Ya en los hombres … ni entro ni salgo, cada cual a su libre albedrío.
Eso sí, si vas a hacerlo -o hacérselo- hazlo con imaginación.
Una paja ejemplarizante narrada por Wendy:
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Si estás en la dicotomía entre “pajas sí, pajas no”, aquí un párrafo de una teoría que dice no. Las teorías que dicen sí, corren de vuestra cuenta. Como siempre, vuestras experiencias -en este caso masturbatorias- resultarán valiosas.







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