Archivo de 28 mayo, 2011
Alegría sensual.
Aquí donde me veis soy una mujer formal, tirando a reservada. No me agrada ser centro de atención y me desenvuelvo mejor en el tú-yo, que en el yo-vosotros. Aborrezco escandalizar y evito dar el cante salvo cuando me baño en el mar.
Cuando me baño en el mar lo flipo, salto, brinco, chapoteo, hago volteretas -para adelante y para atrás-, el pino -con dos manos o con una- el escachafol, el puente, el spagath.
Nado a croll, a rana, de espaldas, sobre el costado derecho o sobre el izquierdo, a lo perrito y a mariposa también. Buceo a ras de arena recitando pareados submarinos. Cuento cuánto aguanto sin respirar. Imito el salto del delfín – lo tengo bastante logrado- me hago la tortuga sacando chepa – esto lo bordo-, y me contoneo con los brazos pegados al cuerpo como una veluga rechoncha. Si oteo a alguien que disfruta como yo de la inmersión, le reto a una carrera y, si me sigue el vacile, le paso por debajo de las piernas, tiro para abajo de su bañador o le hago una ahogadilla.
Me voy hasta donde no hago pie y me vuelvo a brazada pelada como si me persiguiera una manada de tiburones sanguinarios. Tanto me da que esté el agua helada del Atlántico o calentita como en el Mediterráneo -¡qué buenas!- pero prefiero el mar mil veces a la piscina o el río.
Me ilumina que no os hacéis idea y me resulta sumamente sensual, alegremente sensual. Me abandono como una descerebrada a las fantasías, charlo con Afrodita de ésto y aquello, le rezo devotamente, plena de misticismo pagano. A veces hago como si yo fuera ella, meciéndome encima de las olas. Tan majadera me pongo que me atrevo a coquetear con el mismísimo Poseidón insinuándole los bordes de mi biquini.
¡Ah! cómo me gusta, cómo me gusta, cómo me gusta, cómo me gusta.
…
(Nunca mais!)
RSS




