Archivo de 6 mayo, 2011
Qué cara poner cuando su pene se queda blandiblú. Qué cara cuando te da gatillazo.
A todas nos requetechifla que el hombre se nos acerque y se le ponga tiesísima nomás olfatear nuestra nuca. Es una gozada supina acercar la mano a su entrepierna y sentir esa especial dureza brincadora. Supone un homenaje maravilloso que nos pirra, eso dadlo por descontado. Pero la felicidad no consiste en tener lo que deseamos, si no en adaptarnos -con alegría- a lo que la vida nos ofrece. A veces vas allí y te encuentras -¡vaya por Dios!- un elemento chicloso. Sí, resulta un poco decepcionante y sobre todo nos deja despistadas porque lo primero que tendemos a creer es que no le agradamos lo suficiente.
Nos han vendido la sexualidad de tal modo que cuesta asumir que la picha de un tío pueda permanecer impávida ante nuestra sensual presencia, o peor todavía, inmune a nuestros perseverantes intentos de reanimación. Por ello la actitud ideal del hombre cuando su verga no es capaz de mostrar la emoción, sería la de mostrar extra de entusiasmo con gestos y palabras que no dejen lugar a dudas de que la está gozando, que nos encuentra ricas y apetitosas. Pero si es de los parcos, no nos desanimemos. Echemos mano de nuestra fuerza moral y pensemos que si está aquí -se supone que voluntariamente- es porque quiere estar, porque le gustamos. No empecemos a rallarnos la cabeza minusvalorándonos, culpándonos por no parecernos lo suficiente a Cindy Crawford. Habéis de saber que las mujeres bellísimas, las más deseadas, amasan blandiblús a mansalva, en serio, más si cabe que nosotras porque a muchos les acongoja la responsabilidad de follarse a una diva y, ya se sabe, la inseguridad es nefasta para los empalmes.
El porno, los estereotipos varoniles, nos han mostrado unas erecciones duracel tremendas y constantes y eso es una mentira de las gordas. Como sucede con todo lo humano, nada es perfecto y sus penes no iban a ser la excepción de la regla. De ello saben mucho las prostitutas, oh sí, preguntadles. Muchas corridas sin erección se chupan ellas, que además se quedan satisfechas si el infeliz dura 30 segundos.
Pero para las que no cobramos un duro y estamos ahí por amor al vicio, para las que nos gusta divertirnos con el cuerpo de un hombre, 30 segundos es una porca miseria. De modo que, a lo bóbilis, bóbilis, se le azuzará para continuar la faena, exigiendo sin empaques nuestra porción de placer. Esta actitud demandante no va reñida con que nos mostremos empáticas y cariñosas. Sí, muy comprensivas, pero a Dios lo que es de Dios. Podemos prescindir de una buena cabalgada -aunque mola mazo- pero no debemos conformarnos con una mierda de polvo.
Ésta es la tercera parte de una reflexión que comenzó aquí.

RSS




