Erotómana

SusanaMoo

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Archivo de mayo, 2011

18

Mysterious Erotic Fantasy. Parte I

Publicado por Susana Moo
31 mayo, 2011

Solo gracias a las fantásticas experiencias positivas que voy teniendo con mis amantes, dispongo del coraje necesario como para poner en práctica nuevas fantasías. La última que me he currado, un poco más pretenciosa que las anteriores, es de la que me dispongo a hablar. Para llevarla a cabo, lo primero fue agenciarme a dos compañeros de escena. Esta cuestión es primordial. En ellos recaerá el soporte de la tensión sexual. El primero que me vino a la cabeza fue Richie, uno de mis íntimos. Le expliqué a grosso modo de qué iba la fiesta.
- ¿qué? ¿hay huevos?, le pregunté.

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16

Alegría sensual.

Publicado por Susana Moo
28 mayo, 2011

Aquí donde me veis soy una mujer formal, tirando a reservada. No me agrada ser centro de atención y me desenvuelvo mejor en el tú-yo, que en el yo-vosotros. Aborrezco escandalizar y evito dar el cante salvo cuando me baño en el mar.
Cuando me baño en el mar lo flipo, salto, brinco, chapoteo, hago volteretas -para adelante y para atrás-, el pino -con dos manos o con una- el escachafol, el puente, el spagath. Nado a croll, a rana, de espaldas, sobre el costado derecho o sobre el izquierdo, a lo perrito y a mariposa también. Buceo a ras de arena recitando pareados submarinos. Cuento cuánto aguanto sin respirar. Imito el salto del delfín – lo tengo bastante logrado- me hago la tortuga sacando chepa – esto lo bordo-, y me contoneo con los brazos pegados al cuerpo como una veluga rechoncha. Si oteo a alguien que disfruta como yo de la inmersión, le reto a una carrera y, si me sigue el vacile, le paso por debajo de las piernas, tiro para abajo de su bañador o le hago una ahogadilla.
Me voy hasta donde no hago pie y me vuelvo a brazada pelada como si me persiguiera una manada de tiburones sanguinarios. Tanto me da que esté el agua helada del Atlántico o calentita como en el Mediterráneo -¡qué buenas!- pero prefiero el mar mil veces a la piscina o el río.
Me ilumina que no os hacéis idea y me resulta sumamente sensual, alegremente sensual. Me abandono como una descerebrada a las fantasías, charlo con Afrodita de ésto y aquello, le rezo devotamente, plena de misticismo pagano. A veces hago como si yo fuera ella, meciéndome encima de las olas. Tan majadera me pongo que me atrevo a coquetear con el mismísimo Poseidón insinuándole los bordes de mi biquini.
¡Ah! cómo me gusta, cómo me gusta, cómo me gusta, cómo me gusta.
…
(Nunca mais!)

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29

Sexóloga oral

Publicado por Susana Moo
25 mayo, 2011

Erotómana es, cada día más, un sitio de referencia -se me cae la baba- y el mérito está en que se está convirtiendo en un proyecto colectivo donde hay ya mucha gente que cree en él y además se involucra, ayudándome a sacar jugo a mis cuentos, fantasías y reflexiones. No me cansaré nunca de agradeceros, gran parte del chiste de esta web está en vuestra elocuencia a la hora de participar y comentar.

Hoy os presento un regalo que nos hace una comentarista de las “históricas”. Wendy me ha propuesto hacer lecturas. Una vez escuchada su dulce vocecita de locutora sensata, me pareció perfecta para enriquecer auditivamente los textos que voy agrupando en la categoría “Jugando a ser sexóloga” -véase a la derecha de esta página-

Como me da a mí que Wendy viene para quedarse, estrenaremos una categoría para sus audios, pero todavía no he decidido el nombre, ¿me ayudáis?

Se me ocurren: “Atiende a las sexólogas de pacotilla”, “Sexóloga oral”, “En la dicción está el gusto” … aceptamos nuevas ideas.

Ya veréis qué bien:

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.

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51

Cada furcia, su propia caligrafía.

Publicado por Susana Moo
22 mayo, 2011

La conversación viene de aquí.

A la prostitución le dicen “la profesión más antigua del mundo”. Aunque parece exagerado, fue una de las primeras que surgieron con la globalización del patriarcado, allá pasado el neolítico. Bien que mal, ha sido el camino que han encontrado muchas de nuestras bisabuelas y tatarabuelas para conseguir platita. Quizás no sea el mejor curre, pero ¡basta ya! de que se considere una deshonra. Y eso sin entrar en la bimoral de que a ellas se las desprecie y a ellos se les den complacientes palmaditas a la espalda mientras se suben satisfechos la bragueta.

Pero no entremos en esa obviedad, ni entremos en la obviedad de que la prostitución, tal y como está planteada hoy, con tanta explotación y miseria, es una mierda pinchada en un palo, ¿qué pasaría si fuera un negocio limpio, libre de mafias, donde la mujer trabajara por sí y para sí? Quizá podría llegar a ser una profesión digna y bonita, con gran tradición multicultural, porque ¿es sólo mi impresión o es cierto que hay diferentes tendencias culturales? Algunos paises tienen fama de que sus prostitutas son muy habilidosas con su cuerpo y mañosas con el del hombre – masaje prostático, succión profunda, terremoto vaginal,…- . En otros parece que prima el culto a la estética y se valora principalmente que estén buenas. Otras corrientes han integrado el valor de la elegancia, la simpatía, del saber servir el té con mucha distinción.

No sé yo si serán tópicos, no sé mucho de eso ¿alguien sabe?, ¿alguna que ejerza que nos ilustre?, ¿algún cliente viajado?, ¿alguien que no tenga ni puta idea pero tenga su opinión formada?

Caligrafía Vaginal. Sun Ping.

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43

Cortesanas: Venus al mejor postor.

Publicado por Susana Moo
19 mayo, 2011

Nos avisa Esopo con la moraleja de su fábula La Cigarra y la Hormiga de los peligros de una juventud alegre y danzarina. La misma moralina trae Zola con el personaje de la cortesana Nana, que termina sus días entre inmensos sufrimientos. Con retintín moralizante insiste Dumas -hijo-  en La Dama de las Camelias: otra coqueta que muere abandonada y sola.
Pues, damas y caballeros, me congratulo en informarles de que esa moral, moralina y moraleja son patrañas. Por mucho que la tradición puritana se ha esforzado en avisarnos – muy especialmente a las mujeres- de que si hoy lo pasamos a lo grande, mañana lo pasaremos canutas así en la tierra como en el infierno, no se adapta a los hechos, o al menos no siempre.
La vejez de las cortesanas, o chicas de vida alegre, no fue más chunga de lo que supone envejecer, enfermar y morir para el común de los mortales. Unas fallecieron arropadas por otras cortesanas mas jóvenes en la eterna solidaridad femenina, otras fueron mantenidas por sus amantes hasta el final, alguna llegó a regular su estado civil casándose y convirtiéndose en una respetada madre de familia, incluso alguna consiguió dar el imposible salto social brincando desde la plebe a la aristocracia. Un montón abrieron tiendas de ropa, sombrererías o un hotel. La mayoría, chicas listas, supieron gestionar muy bien las joyas recibidas en sus años de esplendor y emplearlas razonablemente como un buen plan de pensiones.

Como cortesana se entiende una prostituta muy bien pagada pero que no trabaja en un burdel, mucho menos en la calle, que no tiene chulo y que tiende a ser una mantenida por uno o varios hombres ricos. Las cortesanas tuvieron un papel social. Hubo un tiempo en el que cualquier hombre de bien, cualquier señor pudiente debía de poder costearse la suya propia si no quería que se le tachase de marica, o aburrido. Ello supuso un trampolín para muchas mujeres que consiguieron escapar de la miseria y disfrutar además de una serie de privilegios completamente vedados a las “decentes”. No hace falta que recuerde el papel al que estaba destinada la mujer, no hace falta que recuerde que no tenían derecho a poseer propiedades ni a acceder a la cultura. Su función se limitaba a conservar su virtud cuando solteras, la obediencia y el buen nombre cuando casadas.
Las cortesanas se pasaron esto por el forro y consiguieron una posición cultural, artística y económica equiparable – a veces- a la del hombre, conviertiéndose algunas en auténticas empresarias, epicentros de la vida social y cultural.
Debían de ser, en general, tías inteligentes y espabiladas, creativas y con duende. Pensad que la mayoría habían salido de la más absoluta pobreza y no habían recibido ni pizca de educación. Muchas se esforzaron por formarse, por aprender protocolos sociales y no pocas desarrollaron su faceta artística: músicas, bailarinas, cantantes y actrices sobre todo, pero también hubo un montón de escritoras (Cora Pearl, Harriet Wilson, Mogador … ). Algunas abrieron negocios de moda (¡Cocó Channel!).
Eso sí, todas hubieron de pasar por el tamiz de abrir las piernas a uno o a muchos caballeros y hacerles mil monadas para alegrarles la existencia. Porque no olvidemos que por mucha independencia que tuviesen, su verdadera profesión era seducir, engatusar y conquistar a los hombres. Solo mediante la aprobación de ellos podían ser libres. Eran especialistas -alta cualificación- en “hechizar” a los hombres y conseguir vaciarles el bolsillo.
La pregunta es, ¿nos interesa a las mujeres modernas aprender las técnicas de las cortesanas? o resultará más práctico que nos apuntemos en la Escuela Oficial de Idiomas, por ejemplo.

Olympia. Manet

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22

La Bella Otero (parte II)

Publicado por Susana Moo
16 mayo, 2011

La Bella Otero (parte I)

Sin quitarle mérito alguno a La Bella Otero, cuyo ingenio, encanto, gracia e inteligencia están fuera de toda duda, me aventuro a afirmar que no era especialmente sabia en las artes amatorias. Más bien considero que su éxito con los hombres se debía a que supo entender muy bien el alma masculina y se manejaba con soltura en ese primer estadio del amor ¡tan divertido! que es la conquista. Además tenía un criterio claro sobre qué espécimen de hombre le interesaba cazar: solo ricos, solo poderosos. Se hizo especialista en conseguir que al poner los ojos en estos señores, se les empalmase monumentalmente … la vanidad.  La fascinación que Carolina les provocaba representa a la perfección la influencia que otras pasiones ejercen en el sexo y en el deseo.
Los humanos tendemos a asociar variopintos sentimientos a la excitación sensual y a éstos se la ponía tiesísima poseer a la que todos codician. ¡Ah! La soberbia se inflama voluptuosa sintiéndose tan importante, sabiéndose de esa exclusiva élite que puede permitirse el lujazo de confraternizar con La Bella ¡la Bella Otero! Parece una bobada, pero los pretendientes de Carolina entraban en una especie de competición, posiblemente azuzados por las picadas de ella:
- Cherrie, se me ha enganchado el brazalete de brillantes que me ha regalado el Kaiser.
Y allá veis al de turno, corriendo a la joyería para adquirir una alhaja más divina que la del kaiser. Digamos que jugaban a ” a ver quién se la pone más cara” y ella venga a pavonearse con sus collares, pulseras y sortijas varias, haciendo una fortuna comparable a la de ese otro gallego emprendedor que, año tras año, aparece en la lista Forbes.
Decidió dejar los escenarios a los 46 años para desaparecer “con la belleza intacta” (sic) y ella, que tan bien se había gestionado en esa primera mitad de su vida, lo fue perdiendo todo, absolutamente todo. Parece ser que la dama sentía en las mesas de juego todo aquello que fingía en la cama y se arruinó en los casinos. Su caída no estuvo exenta de cierta degradación. Cuentan los crupiers -que llegaron a ser como de la familia-, que la ya madura Carolina, cuando se quedaba sin fichas, subía al hotel acompañada de algún cliente. Hasta 11 veces por noche salía, para después volver, siempre con la cabeza alta, y sentarse de nuevo para seguir apostando. Para seguir perdiendo.

Carolina Otero en su retiro.

Porque lo perdió todo, sus joyas, sus casas, las pieles, pero no su orgullo. Se quedó sin un chavo, abandonó la vida social y se retiró a Niza donde vivió hasta los 96 años, humilde pero dignamente gracias a una pequeña pensión que le pasaba, al parecer, el casino de Montecarlo, donde había dilapidado su fortuna.  Se convirtió en una mujer solitaria, aparentemente bastante cabreada con el mundo, huraña, excéntrica y altiva.
Qué tía, jugó fuerte ¿eh? La miseria que había sufrido en su niñez, la violación a una edad temprana hicieron de ella una mujer valiente, que no se amilanaba ante nada ni nadie. Pero en la otra cara de la moneda, debía de haber una mujer vulnerable e insegura, que mentía más que hablaba, tratando siempre de esconder sus orígenes humildes, temerosa de conservar todavía en su piel restos del olor a piara que impregnó su infancia. Una mujer que se empeñaba en hacer creer que la pasión amorosa había anegado su vida, esforzándose por esconder la triste realidad de que ella, la más amada, jamás se enamoró.
“En el amor, como en el juego, solo ganan los que no se dejan abrazar por la pasión”, son sus palabras. Ella se dejó arrastrar en el juego y lo perdió todo. En cambio se cuidó muy mucho de no dejarse llevar en el amor y ahí tampoco ganó porque, ¿puede joya alguna superar el éxtasis en el que, acompañando al coño, una entrega el corazón?

…

…

Cómo ma quedao el final, eh? ;) A ver qué decís a eso.

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17

La Bella Otero (parte I)

Publicado por Susana Moo
14 mayo, 2011

La Bella Otero (1869-1965) fue una cantante y bailarina muy exitosa a principios del siglo pasado. Parece ser que no tenía excesivo talento, pero conseguía transmitir una sensual mezcla entre descaro y espiritualidad que encandilaba al público.
En cualquier caso, el interés de Carolina Otero no radica tanto en su arte, ni siquiera en su belleza -que hacía furor en la Belle Epòque–, sino en su intuición a la hora de elegir a sus amantes, su pericia para conservarlos y, sobre todo, su capacidad para desplumarlos. Fue posiblemente, la prostituta de todos los tiempos que mayor tajada sacó a la profesión, llegando a acumular joyas por 3 millones de dólares y otras muchas propiedades.

Nació en Valga, una aldeiña gallega de la provincia de Pontevedra. Pordiosera e hija de madre soltera, a los diez años fue brutalmente violada por un bestia que le rompió la pelvis y le produjo desgarros de tal magnitud que tuvo que estar ingresada durante varios meses en el hospital  y que la dejó estéril para siempre. A los 12 años se escapó con un circo, y ya no regresó nunca jamás a Galicia. Fue creciendo, subiendo escalones desde el humilde circo trashumante, a los  teatros más nombrados de París, Londres o New York, trepando desde la cama del dueño de un hotelucho, hasta la de los caballeros más influyentes del mundo. Se cuentan entre sus amantes a Eduardo VII, Leopoldo de Bélgica, el Kaiser Guillermo, Alberto de Mónaco, el zar Nicolás II -que  hizo célebre la cita que le dedicó “arruíname, pero no me dejes”-.
Los diamantes se convirtieron en chucherías para la diva. Para que os hagáis una idea de los regalazos que recibía, aquí un par de ejemplos: un magnate norteamericano le obsequió con un yate de no sé cuantos metros de eslora, otro una preciosa villa en no sé qué exquisito lugar de la costa azul. Se hizo construir una casa diseñada exprofeso para ella por el arquitecto de moda y salía al escenario con tal millonada en joyas que debía llevar escolta, todo a cargo de sus amigos, para los que organizaba bailes privados sin duda muy divertidos.

La Bella Otero

Lo que resulta todavía  más espectacular es que hasta siete caballeros se suicidaron al ser ignorados por ella, alguno de ellos completamente arruinado después de habérselo dado todo a la Bella, otros sin haber podido acceder siquiera a sus favores, caso de aquel que se quedó tan prendado después de una actuación, que le escribió una nota ofreciéndole diez mil francos. Ella respondió que no aceptaba propinas y él, despechado y deprimido, se arrojó al Sena.

La Otero, a la que se le comenzó a llamar “ La Sirena de los Suicidios” se creó un personaje que resultaba muy atractivo para los señores. Digo personaje porque era una embustera. Lo primero de lo que renegaba era de ser gallega, y hablaba en francés con un acento muy característico -  aseguraba que había olvidado el español, pero yo sospecho que nunca lo supo, su idioma madre debía ser el gallego, del que sin duda se avergonzaba-. Juraba y perjuraba que era andaluza, lo cual parece que le daba un aire exótico en Francia y justificaba su carácter apasionado, de hembra temperamental con arrebatos de cólera y celos enfermizos que se regía exclusivamente por los mandatos de Eros. Me temo que ese temperamento era una pantomima -o un mecanismo de defensa-. Su lema profesional dictaba “una buena puta debe dedicarse a contar las moscas del techo mientras finge disfrutar”, ¿acaso combina bien ese gusto por la contabilidad insectívora con los sentimientos de una mujer dominada por la pasión? Algunos de sus biógrafos apuntan a una frigidez para explicar la frialdad con la que exprimía a los hombres; pero yo prefiero pensar que era cierto aquello otro que, muy coquetamente, decía: “en general yo fornico útil pero, cuando es posible, trato de que me produzca placer”.
Cosechó amantes/clientes como champiñones, la mayoría, seamos realistas, eran unos carcamales con más posibilidad porcentual de que se les disparase antes el ácido úrico que cualquier otro elemento de su organismo. En cualquier caso, se desvivían por agasajarla y pagaban muy bien. Entonces cabe plantearnos, ¿qué es lo que les ofrecía ella a estos adinerados caballeros? ¿tan fabulosos eran esos polvos contando moscas?

…
En la próxima entrada (seguir leyendo) hablaré más de Carolina, pero mientras, decidme ¿qué creéis que recibían  estos caballeros a cambio de las sartas de perlas y cascadas de brillantes?

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19

¿Adivináis?

Publicado por Susana Moo
12 mayo, 2011

A lo largo de las muchas civilizaciones que los Sapiens hemos ido construyendo, se han sucedido épocas de moral férrea con otras de costumbres más relajadas. Os dejo una cita que se podría aplicar a varios períodos históricos, a varios de sus personajes. A ver si acertáis.

Cuándo ……. muera, morirá con ella el último símbolo de una época superficial, leve y al mismo tiempo virtuosa y cínica, codiciosa de los otros aunque levemente extravagante en sus placeres, llena de errores pero no carente de magneficiencia.

…

¿Os aventurais a decir de qué época se trata? y, más difícil todavía: ¿ quién es la persona – de la cual hablaré en la próxima entrada- a la que se refiere?

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14

Jimmy, o Sir James

Publicado por SusanaMoo
10 mayo, 2011

Hace un tiempo asistí en Gales a una fiesta de alto nivel, entendiendo por alto nivel como un lugar empalagoso de glamour donde los hijos de los altos ejecutivos de la City se emborrachan con cócteles de a treinta libras la copa.

Me llamó la atención el señorito Jimmy -Sir James para los camareros- un rubiales clavado al primogénito del príncipe heredero, alto y bien formado, del tipo de los que practican tenis y equitación.

Jimmy se sabe el rey de la fiesta, charla con unos y otros, sonrie estirando mucho los labios, da palmas en el hombro a sus colegas y toma por la cintura a las ladies, esas muchachas de pelos lacios en distintas tonalidades, todas entaconadas en sus sandalias, con sus vestiditos de florcillas color pastel que dejan imaginar lo suficiente como para hacer enfebrecer a cualquier marine. A cualquier marine, pero no a Jimmy. Jimmy sopesa la carnaza. Él sabe que cualquiera de esas orquídeas criadas entre algodones abrirán sus piernas ante una escueta palabra suya. Calibra las pantorrillas de la barbie en rosa, el escote, en verde, de la barby animadora. Sin comerse mucho el tarro, se decide por la del chochito más abierto, y digo abierto porque sus muslos son incapaces de cerrarse del todo dado el amplio espacio entre sus piernas, debido a la ausencia de carne en ellas. Toda ella huesitos salvo esas tetolas encabritadas y puntiagudas. El pijo James no tarda dos martinis en seducirla al modo cuchicheos en la oreja, tomada la manicurada manita.

Pronto, ni medio martini más tarde, la invita a salir porque dentro no se fuma y sir James padece de ciertos vicios. Ella le acompaña y sus amigas les miran coloradas de envidia, los bellos rostros descompuestos ¡brujas de mil años parecen! lindas brujas malvadas encorsetadas en cuerpos adolescentes.

Jacquelin, que así se llama la princesa electa, camina altiva aunque temblorosa, meneando la sedosa melena. Jimmy la lleva cogida de la enjoyada mano y todo el mundo les mira. Ella se sonríe  y se muestra indolente. Pero una vez fuera, los dos solos, le ataca el pánico a fallarle al dandy. Sobre todo porque él no se anda con chiquitas y nada más traspasar el portalón de salida le toquetea aquí y allá con sus dedos de pianista. Ella ríe con gorgoritos que se le escapan nerviosos de los labios de fresa, evidenciando su estupor. Espupor que a Jimmy se la trae al pairo. No duda en apoyarse cómodamente en la pared y ceñir a la chica fuertemente, pubis contra pubis, de modo que ella dobla su torso hacia atrás porque acercar su cara a la de él le debe resultar temerario. Jacquelin, para ganar tiempo, habla. Se pone a parlotear a toda velocidad haciendo ojitos y pucheros y Jimmy la mira, de los ojos al escote, del escote a los labios, saboreando de antemano el pastelito que va a zamparse.

Sus sexos están separados tan solo por las sucintas bragas de ella, la gasa del vestido, la tela del pantalón de hilo de él y el calzoncillo. El futuro lord disfruta con ese contacto. Está contento con el chochito hight quality que ha escogido para esta noche y en el que tiene toda intención de inyectar su verga rosa decorada con pelusa rizada color amarillenta.

Jimmy no termina su cigarro. Sin darle más vueltas al asunto entrega las llaves al portero para que le traiga el

Litografía hecha para "Libro prohibido de juegos para adultos", s.XIX

Litografía hecha para "Libro prohibido de juegos para adultos", s.XIX

Lamborghini y, una vez delante, deja que sea el otro el que abra la puerta a la mariposa de la boca de rosa. Ella entra en el buga y él aprovecha para ojear el culo raspado con todo descaro. Incluso tiene la indecencia de guiñarle un ojo cómplice al portero cuando ella, ya acomodada en el deportivo de sillones de cuero color violeta, no puede verle.

Arranca presumiendo de motor, y se van.

.

.

.


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24

Qué cara poner cuando su pene se queda blandiblú. Qué cara cuando te da gatillazo.

Publicado por Susana Moo
6 mayo, 2011

A todas nos requetechifla que el hombre se nos acerque y se le ponga tiesísima nomás olfatear nuestra nuca. Es una gozada supina acercar la mano a su entrepierna y sentir esa especial dureza brincadora. Supone un homenaje maravilloso que nos pirra, eso dadlo por descontado. Pero la felicidad no consiste en tener lo que deseamos, si no en adaptarnos -con alegría- a lo que la vida nos ofrece. A veces vas allí y te encuentras -¡vaya por Dios!- un elemento chicloso. Sí, resulta un poco decepcionante y sobre todo nos deja despistadas porque lo primero que tendemos a creer es que no le agradamos lo suficiente.

Nos han vendido la sexualidad de tal modo que cuesta asumir que la picha de un tío pueda permanecer impávida ante nuestra sensual presencia, o peor todavía, inmune a nuestros perseverantes intentos de reanimación. Por ello la actitud ideal del hombre cuando su verga no es capaz de mostrar la emoción, sería la de mostrar extra de entusiasmo con gestos y palabras que no dejen lugar a dudas de que la está gozando, que nos encuentra ricas y apetitosas. Pero si es de los parcos, no nos desanimemos. Echemos mano de nuestra fuerza moral y pensemos que si está aquí -se supone que voluntariamente- es porque quiere estar, porque le gustamos. No empecemos a rallarnos la cabeza minusvalorándonos, culpándonos por no parecernos lo suficiente a Cindy Crawford. Habéis de saber que las mujeres bellísimas, las más deseadas, amasan blandiblús a mansalva, en serio, más si cabe que nosotras porque a muchos les acongoja la responsabilidad de follarse a una diva y, ya se sabe,  la inseguridad es nefasta para los empalmes.
El porno, los estereotipos varoniles, nos han mostrado unas erecciones duracel tremendas y constantes y eso es una mentira de las gordas. Como sucede con todo lo humano, nada es perfecto y sus penes no iban a ser la excepción de la regla. De ello saben mucho las prostitutas, oh sí, preguntadles. Muchas corridas sin erección se chupan ellas, que además se quedan satisfechas si el infeliz dura 30 segundos.

Chiste gráfico de El Santos.

Pero para las que no cobramos un duro y estamos ahí por amor al vicio, para las que nos gusta divertirnos con el cuerpo de un hombre, 30 segundos es una porca miseria. De modo que, a lo bóbilis, bóbilis, se le azuzará para continuar la faena, exigiendo sin empaques nuestra porción de placer. Esta actitud demandante no va reñida con que nos mostremos empáticas y cariñosas.  Sí, muy comprensivas, pero a Dios lo que es de Dios. Podemos prescindir de una buena cabalgada -aunque mola mazo- pero no debemos conformarnos con una mierda de polvo.

Ésta es la tercera parte de una reflexión que comenzó aquí.

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