Archivo de 17 febrero, 2011
Estoy enamorada; practico la felación con vivacidad.
Él ha estado practicando deporte, montando en bici por las onduladas carreteras gallegas, corriendo por la orilla de la playa, cambiándole las ruedas al coche o ejecutando a saber qué actividad física que le ha llevado a transpirar la de cristo es rey. Su sudor corre copiosamente por su frente, empapa sus cejas, se desparrama por sus encarnadas mejillas y resbala a chorros por su cuello rotundo. Los fluidos corporales anegan su camiseta, que luce obscenas manchas de humedad.
Entra, me encuentra repantingada en la tumbona leyendo, le miro por encima de mis gafas y sonrío con toda la intención, no soy escrupulosa en ese sentido. Pero a él, que es un hombre occidental educado en la higiene, le gusta estar siempre pulcro. Evita mi mirada. Al muy bobo le azora verse tan sudoroso y se escabulle dándome esquinazo para meterse en la ducha. Sigo con mi libro y hago como si todavía leyese, pero realmente estoy con la oreja puesta en lo que ocurre tras la puerta del baño. Se frota vigorosamente con jabón negro de la Toja – disculpen la publi, pero es mi favorito, y allí se lo dejé, en la repisa, para que haga uso -. Le escucho bufar porque al final se deja estar unos minutos bajo el chorro de agua helada. Sale fresco como una lechuga fresca, brillante como un jugoso melocotón. Cubre castamente sus vergüenzas con la toalla a modo de falda de gladiador romano ¡qué pudorosillo me ha salido!, está muy sexi el condenado, con el pelo mojado y la epidermis resplandeciente. Fijo que su sangre está ultra vivificada y debe de correrle a cien mil por hora por las venas. Ya vuelve a sudar, pero sólo un pelín y éste, éste queridos amigos, queridas amigas ¡éste es mi momento!
En este preciso instante, tesoro mio, eres un parque de atracciones olfativo y podría ganar un concurso de adivinar a qué zona corresponde cada geografía olfativa ¡Ay muchacho! eres un bouquet para sibaritas. Has de disculpar mi gula, disfruto mejor de mi olfato utilizando el paladar ¡Ay baby! eres un pastel demasiado apetitoso como para contener la avaricia. Estate quieto, moreno, y déjame hacer. Déjame. Snif, snif, ñam, ñam, ñam. Que tarea más entretenida, qué estimulante, ¡uhmm! qué orejitas mas ricas, qué cuello tan delicioso ¡tío bueno!, pero qué maravilla de pectorales, con esos pezones masculinos que tan bien combinan con tus ojos, qué maravilla el aroma agridulce de tu sobaco, Y tu boca, ¡oh manjar! ¡uy uy uy! mira ese michelín: ambrosía pa la nena, ¡buah! menuda jartá, se me agua la boca. Macizo, déjame meter mano ahí abajo, voy a levantar tu superfalo y meter la nariz en el hueco que se esconde bajo el monumento ¡menudo bocata haría yo con ese chorizo! Guapo, más que guapo, relindo ¡que viva la madre que te parió!
Si deseais seguir profundizando en los placeres de la felación, recomiendo empalmar (con éstos otros relatos):
Las mamadas promocionales están demodé.

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