Archivo de 4 febrero, 2011
La atracción de los opuestos.
Soy pacifista, no soporto a las personas belicosas, no me interesan los soldados ni los militares de grado alguno por muchos galones que luzcan en sus solapas almidonadas. Sin embargo, en una de mis fantasías estrella él es un adusto guerrero que regresa de la batalla.
Es un tipo duro él, con su rostro barbado, duro y rudo, con la piel curtida por el sol y por el viento. Trae el gesto embrutecido del que ha derramado sangre, trae cansancio en sus fuertes músculos trabajados a base de estoca y garrote, trae el polvo del camino en sus botas. Pero sobretodo, trae el deseo en su mirada.
Imaginad cómo viene, hace meses, quizá años que no ha conocido mujer. Todo ese tiempo ha estado pensando en mí, todas esas noches frías y solitarias de campamento se las ha pasado pensando en mí de ese modo, del modo en que ellos piensan en nosotras.
Hoy regresa mi hombre ¡tanto tiempo sin tenerle! Es casi un desconocido al que espero tumbada en mi lecho de sábanas limpias. Estoy desnuda y fresca, perfumada. Toda yo soy blandura y blancura, mi melena suelta apenas alcanza a esconder mis pechos, los rizos de mi pubis apenas consiguen esconder la lujuria de mis labios, tan inflamados por la espera eterna.
Oh sí, mi amante llega hoy. Ese hombre que ha estado luchando cuerpo a cuerpo, que ha clavado su espada en los vientres de los enemigos con furia asesina se me acerca ahora, sus ojos echan fuego y casi temo su ansia viril, ese ansia acumulada de macho erecto.
-Hola, digo, y le sonrío.
No me responde pero me devora con su mirada, se me acerca, me toma por los hombros, sus manos son ásperas, encallecidas. Mi suavidad le sorprende, le abruma, acaricia mi frágil cuello y me estremezco. Acerca su boca a la mía, huele a mundos lejanos, a aventura y a peligro. Se enerva su lengua, me toca toda, me palpa toda, me lame, me baba, quiere alcanzar el fruto, puja por poseerme sin dilación.
- Tranquilo mi amor, lo quiero todo, pero dámelo despacito, le digo.
Es mi función sosegar su ímpetu, apaciguar su fiereza, contener su energía incombustible. He de frenarle, ha de recordar los tiempos de mi cuerpo, he de recordarle el valor de la ternura.
- Suavecito mi vida, le susurro, pero él ya separa mis piernas.
Mi brioso amante no atiende a razones, se me monta y sin siquiera penetrarme, vierte en mi vulva su miel.
Que no se apure, la noche es larga y ambos tendremos oportunidad de saciar nuestra hambre y nuestra sed. Hoy nos demostraremos nuestra pasión en un himno interminable de amor satisfecho.
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