La tragicomedia de la Celestina.
El personaje central de” La tragicomedia de Calisto y Melibea” alias “La Celestina” de Fernando de Rojas, es una alcahueta que se gana la sopa trapicheando con el deseo ajeno, recomponiendo a muchachas necesitadas de una renovada pureza en su himen, facilitándole a los mozos el acceso a las damas custiodadas y también a las criadas remilgosas. Utiliza su experiencia y conocimientos de la vida para ejercer un dominio psicológico en los enamorados que, al tener los apetitos desordenados, pican en el anzuelo y ella saca tajada codiciosamente. Es una vieja verde y en algún episodio podemos comprobar su cachondez, pero ésta es altamente superada por un pecado a mi entender más feo: la avaricia sin escrúpulos. ¡Vaya por dios!, pienso, para una mujer, mayor, que es la protagonista de una gran obra, resulta ser un contraejemplo que encarna los vicios y las malas artes que debemos evitar, aunque su personalidad es muy atractiva y no le falta sentido del humor a la señora ¡menudo piquito de oro!

Picasso se insipiró en " La tragicomedia de Calixto y Melibea", alias "La Celestina" en varias de sus obras.
Hay una escena erótica que me apetece contaros. La ramera Areusa está enferma de “la madre” y se dispone a acostarse cuando llega Celestina de visita con la segunda intención de conseguírsela a Pármeno, que anda loquito por ella. La vieja, con su charla va a conseguir que Areusa acepte al joven.
Para convencerla, primero apela a la salud, asegura que no hay mejor paliativo para aliviar esos males menstruales que ese que el hombre proporciona. Luego, sigue, le habla de lo hermosa que es, de lo buena que está. Celestina sabe que a muchas mujeres llega con hacernos ver que estamos riquísimas para que nos falte el tiempo para regalar a los cristianos lo que se han de comer los gusanos. Pero como la otra todavía duda, va más allá, y se atreve con toda una filosofía: si Areusa está así de sabrosa -Areusa se ha desnudado y acostado en la cama y Celestina la palpa, para ver si le sana “la madre”-, sin haber hecho nada por merecerlo, no es de “justicia social” que guarde esas bondades sólo para sí, pero escuchadla, escuchad a la señora, que no tiene desperdicio:
Celestina: ¡Bendígate Dios y señor San Miguel. Ángel! ¡Y qué gorda y fresca que estás! ¡Qué pechos y qué gentileza! Por hermosa te tenía hasta ahora viendo lo que todos podían ver, pero ahora te digo que no hay en la ciudad tres cuerpos tales como el tuyo, en cuanto yo conozco. No parece que hayas quince años. ¡Oh quien fuera hombre y tanta parte alcanzara de ti para gozar tal vista! Por Dios, pecado ganas en no dar parte de estas gracias a todos los que bien te quieren. Que no te las dio Dios para que pasasen en balde por el frescor de tu juventud debajo de seis dobles de paño y lienzo. Cata que no seas avarienta de lo que poco te costó. No atesores tu gentileza, pues es de su natura tan comunicable como el dinero. No seas el perro del hortelano. Y pues tú no puedes de ti propia gozar, goce quien puede. Que no creas que en balde fuiste criada. Que, cuando nace ella, nace él, y cuando él, ella. Ninguna cosa hay criada en el mundo superfluo ni que con acordada razón no proveyese de ella natura. Mira que es pecado fatigar y dar pena a los hombres pudiéndolos remediar.
Celestina consigue que Pármeno suba a la casa y que se meta en la cama con la chica. Al verlo comenta: “De estos me mandaban a mí comer en mi tiempo los médicos de mi tierra cuando tenía mejores dientes”, y gustosa permanece, con la intención de presenciar la escena, pero Areusa muestra reparos, a lo que la vieja responde:
Celestina: ¿Qué es eso, Areusa? ¿qué son esas extrañezas y esquivedad, estas novedades y retraimientos? Parece, hija, que no sé yo qué cosa es esto que nunca vi estar a un hombre con una mujer juntos y que jamás pasé por ello ni gocé de lo que gozas y que no sé lo que pasan y lo que dicen y hacen. ¡Guay de quien tal oye como yo! Pues avísote, de tanto, que fui errada como tú y tuve amigos; pero nunca el viejo y la vieja echaba de su lado ni su consejo en público ni en mis secretos….
Al final decide marcharse, no sin antes refunfuñar: “Quedaos, adiós. Que voime solo porque me hacéis dentera con vuestro besar y retozar. Que aún el sabor en las encías me quedó; no lo perdí con las muelas.
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Comentarios
Ó fío do que di Ana María, convén engadir que -tamén en cuestión de piropeo e loubanzas- é preciso contextualizar no tempo os gustos e tendencias.
Antes gordas e blanquiñas eran as raíñas máis perseguidas.
Entre os cánones de beleza daquela e os de hoxe, eu decántome decididamente por un xeneroso termo medio.
E á Celestina, se lle poidésemos “pelar” a pel de Chula, teríamos sin duda algunha á maestra da que aprender o arte da conquista.
Muy buena entrada. Muy buen blog. Lo he dicho así en el mío:
http://jotapecios.blogspot.com/2010/11/374-erotomana.html
Un beso.
j
Visto así, Celestina máis parece antecedente de ONGs, exponente de amor libre, precedente comunista.
Non me estraña que ante ela ningunha virtude resistise.
Susana, inmejorable entrada. Te das cuenta que la Edad Media no era tan oscura como nos la quieren pintar? Mira sino todas esas escenas eróticas de canecillos en Cervatos y toda esta zona de Campoo. La gente de la Edad Media no sólo adoraba los símbolos, también vivía los símbolos.
Un biquiño
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¡Susana! los tiempos cambian y si hoy nos dicen ¡qué gorda estás! se nos corta la calentura de inmediato, jajaja