Heracles, el portentoso.
El vida mitológica de Heracles es espectacular, y comenzó siéndolo desde el mismo momento de su concepción.
Resulta que el guerrero Anfitrión llevaba un montón de años en la guerra. Con sus tropas regresaba por fin en campamento y no es difícil imaginar las ganas que tenía de ver a su esposa Alcmena, que a su vez le esperaba ilusionada, ansiosa por abrazar al marido ausente.
Pero Zeus, dios todopoderoso, decidió que esas mieles de mujer deseosa eran para sí y se disfrazó de Anfitrión para beneficiarse de ellas. Así fué, ¡con cuánta pasión se entregó Alcmena a Zeus creyéndolo su marido! El oportunista dios, para aprovecharse a gusto, triplicó en el tiempo esa noche de frenesí continuo. Luego Zeus desapareció y llegó el verdadero marido que, fogoso, se metió en el lecho de Alcmena. Ella flipaba con la potencia de su esposo, que creía el mismo de antes y se entregó de nuevo, sí, pero ya un poco cansada de tantos bríos.
El caso es que entre tanto tejemaneje entre marido y presunto marido, Alcmena concibió dos niños, uno fruto de su unión con Zeus, el otro de Anfitrión.
A los diez meses de haber nacido los mellizos, se supo que Heracles era el hijo de Zeus porque Hera, la esposa engañada del dios, conspiró para matarle. Ella odiaba a los hijos ilegítimos de su esposo, y envió a la cuna de los bebés dos violentas serpientes venenosas. El Heracles chiquitín, con sus manitas rechonchas, las estranguló como si tal cosa.
De modo que Heracles creció fuerte como corresponde a un hijo Zeus y al cumplir dieciocho años fue llamado por el rey Tespio para que se enfrentara a un león terrible que merodeaba por la cadena montañosa de Citerón y tenía al pueblo atemorizado. El rey Tespio, anonadado ante la fortaleza del bravío joven, se empeñó en que sus hijas fornicaran con él y de ese modo disponer de nietos fortachones que mejoraran su estirpe.
Lo curioso del asunto es que Tespio disponía de cincuenta hijas y Heracles copuló con todas y cada una de ellas, en el tiempo récord de siete días -con sus correspondientes noches- ¿imagináis el follón de entradas y salidas que habría en su lecho?- Se las tiró, además, haciéndose el longuis, como si no se enterara de los cambios, actuando como si todas fueran la misma. Lógicamente, entre tantas hija, las había bellísimas y también algún adefesio, desde la escuálida a la obesa, unas cálidas y sensuales, otras frías como cubitos de hielo. Con todas cumplió el machote. Pero es que además Heracles no daba puntada sin hilo y todas quedaron preñadas - la mayor y la menor de gemelos- para orgullo de su abuelo oportunista.
Por supuesto Heracles también mató al león y una vez realizada su encomienda, marchó con la piel de la bestia como capa dejando un mogollón de progenie en camino.
…..
Ananda ha puesto voz, música y ha hecho una interpretación libre de este cuento:
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Comentarios
Siguiendo con el tono divulgativo-festivo de la historia, yo cambiaría el título. En mi tierra nunca le llamaríamos Heracles el portentoso, sino Heracles el picha brava…
Bicos!
¿Y no se cogió al león? … Digo, ya encaminados.
Yo creo que aquí hay un buen tema para una película de esas de sábado en pareja. “La lanza portentosa de Hércules”
Una película para verla a medio desvestir, echar porras, comer palomitas y gritar ante las hazañas. ¡DURO, DURO, DURO, DURO!
O, a lo mejor, al narrador le Pirraba Herácles, porque lo que le hubiera gustado es que se lo hubiera zumbado a él unas 50 veces, más o menos. Todo puede ser, ¿no?.
Aquí ben se pode dicir aquilo de que calquera tempo pasado foi mellor (nunca pensei que o diría): hoxe todos somos máis modestos.
[...] Heracles no quiso participar del festín, su historia personal nos dice que era un gran amador., ¿recordáis? Share Tags: culto a afrodita. Jason, lemnos Erotismo en la mitología [...]

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Hay ocasiones que supongo no deben perderse. Auqnue a mí me agota, si lo pienso, y me excita, si hago lo contrario.