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SusanaMoo

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Los gemelos

Publicado por Susana Moo
19 octubre, 2010

El tipo que le gusta a mi amiga Ana es muy campechano, dicharachero y bocazas. Yo no sé qué le ve, pero está pirrada, no ha parado de hablarme de él en la última semana y hoy se ha empeñado en venir a esta disco para encontrárselo. Nada más verle, me hago una idea del espécimen de pájaro que la trae loca. Me doy perfecta cuenta del percal: éste reparte sus aficiones entre el bourbon y los escotes, el mío le encanta a tenor de las miraditas, miraditas no disimuladas con las que se pasea por mis formas sin cortarse un pelo.
No me voy a poner cursi diciendo que me molesta que un hombre me mire por debajo del cuello. Me gusta, me halaga y a veces incluso me excita, pero se da el caso de que Ana, que está a mi lado y usa dos tallas menos de sujetador que yo, está loquita por el tonto éste, que se va pareciendo cada vez más al can de Pavlov, babeando por la carne que dejo ver en mi escote con este vestido rojo, un poquito exagerado de más, que maldita la hora que me dio por ponérmelo hoy sin sostén ¡a quien se le ocurre! un vestido de tela tan fina.
Es una situación muy violenta porque el tipo parece que ha decidido quien será su presa esta noche, o mejor dicho, quienes son sus presas y esas no son otras más que mis dos tetas. No es que yo sea una creída, me atengo a los hechos, a cómo gira los ojos del uno al otro de mis senos como si estuviese presenciando un partido de pin-pon. Ana, pobrecilla, cada vez más colorada, y yo más abochornada y se me ocurre una solución así, a bote pronto, que es plantar la conversación, girarme noventa grados y darle palique a sus amigotes.
Son dos gemelos, sus amigos íntimos al parecer, y van a convertirse en mi tabla de salvación para librarme del furor causado por mi pechamen en el elegido de mi amiga y así, dejarle el campo libre a la interesada. No me gustan los gemelos. Al igual que su colega, son campechanos y dicharacheros, se hacen los simpáticos, chillan al hablar, y no consiguen decir nada interesante, pero yo me río, me troncho de risa, me esmendrello de risa con cada una de sus idioteces. A ellos también les interesa lo que esconde mi vestido al parecer, pero creo que les interesa más todavía ser muy graciosos y pretenden mantenerme a mandíbula batiente toda la noche. Yo me carcajeo para hacerles las delicias y miro de reojo los avances de Ana con el otro, que parece que va bien, el par de tallas menos no van a resultar impedimento.
Los gemelos rivalizan entre sí como hermanos celosos, supongo que es normal, como tienen la misma cara, han de desarrollar otras facetas a destacar, y os aseguro que eso, destacar, lo intenta el uno con ahínco y lo pretende el otro con frenesí. También rivalizan en pagarme las copas y ya voy por el tercer Ginger: todo es poco para seguirles riendo las gracias a estos dos pollos.
Vistos objetivamente no son feos, tan jóvenes y energéticos, con los ojos sumamente brillantes, cuatro ojos color miel igualitos. Hay un follón de miedo en la discoteca que se ha llenado de gente y casi no puedo ver a Ana, que ahí sigue, de palique todavía pero ya muy cerquita las bocas al hablar. Estoy aprisionada contra la pared y los gemelos se me acercan muchísimo, sus olores-idénticos- y sus voces -idénticas- reverberando a ambos lados de mis orejas me hacen sentir como en una nube, sus alientos me soplan el cuello y para mí que todos estos roces no son casuales. Copa va, copa viene, me toquetean a discreción con el dorso de la mano, con sus brazos y mis pezones se erizan sin querer. Es posible que sea su táctica para ligar a las chicas, noquearlas de tanto parlotear, realmente presiento que he de hacer algo para que se callen si no quiero desmayarme ¡Y mira tú lo que se me va a ocurrir!
Me bajo los tirantes y tan fresca permito que el vestido resbale hasta mi cintura y este sencillo acto es mano de santo, los gemelos enmudecen ipso facto, su gesto congelado ¡es mágico! como si hubiera sacado un conejito de mi chistera. Los gemelos ni siquiera parpadean ahora, pero claro, toman ésto como una invitación al desayuno y ahora sus bocas se lanzan a lo que sin duda les parece una nueva y apasionante actividad.
Y yo, la verdad, ya no no sé si la idea ha sido buena o mala, no tengo muy claro las consecuencias de todo esto, pero desde luego he cumplido mi objetivo: por fin han enmudecido…
Mi amiga y el otro por fin se comen las bocas.

…..

Traducción ao galego aquíKuhn.Mona

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Tags: cuento erótico pechos femeninos
cuento erotico

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Comentarios
Comentario by uncerdo el octubre 19, 2010 @ 8:52 am

si hablo mucho… ¿?

besos,

Comentario by Pitima el octubre 19, 2010 @ 10:09 am

Hacía mucho que no escuchaba lo de esmendrellar… jaja. Me ha encantado…

Las tetas son una delicia que nos hacen enmudecer desde bebés…. ¿verdad?
Quien los vería mamando a diestra y siniestra, cada uno la suya. Y luego intercambiándose…

Si digo yo, mamar y follar, todo es empezar… Ya sé que yo siempre defendí la genitalidad como principal plato sexual, pero la verdad es que la boca, el comer, el beber, el tocar, las tetas, el culo… la piel…. aisss. El sexo está por todas partes ofreciéndonos entrantes bien suculentos!!

Bicos, Guapa rubia galega!!! jaja

Comentario by sexodos el octubre 19, 2010 @ 10:24 am

Coño, me has sacado de la oficina y me has metido en la disco sin darme cuenta. ¿O era en tus tetas?
Si escribes siempre así de bien me meterás donde quieras y cuando quieras.
Mis respetos.
Y mis besos.

Comentario by Raquel el octubre 19, 2010 @ 10:48 am

Moi divertido, Susana! Gostei moito do conto. Bonito nome para os peitos, que si, moitas veces parece que teñen vida propia. Ademais, hoxe é un día moi axeitado para que sexan protagonistas dunha historia en un ton tan optimista e divertido.

Comentario by Fernando Lobato el octubre 19, 2010 @ 11:27 am

Hola,

No me puedo creer que fuese casual lo del vestido rojo, fino, escotado y sin sujetador!! ;)

En cuanto al desarrollo, ha sido la mejor opción. No hay nada que odie más que me estén taladrando el cerebro con chillidos en una discoteca. Cuando no se puede hablar en un sitio, lo mejor es actuar.

Pobrecita la protagonista que tuvo que lanzarse a que unos gemelos apasionados den buena cuenta de sus pezones y quien sabe si algo más… ;)

Eso sí, todo un detalle con su amiga. Porque a veces las amigas se clavan unos cuchillos que dan miedo.

Besos.

Comentario by Lepis el octubre 19, 2010 @ 2:46 pm

Hombre, el que escribe es hombre.

¿No, verdad?, ya acabó ese juego.

Los “gemelos macana” conocen a las “gemelas maravilla” sería un buen título.

Divertido…….me trae recuerdos que no vienen al caso.

Saludos

Comentario by Wendy el octubre 19, 2010 @ 5:11 pm

Curiosa obsesión con las tetas, la verdad sea dicha. Que llamen la atención, lo puedo entender. Que te las quedes mirando fijamente por tiempo indefinido, ya me va tocando más las narices…

Comentario by Chousa da Alcandra el octubre 19, 2010 @ 7:09 pm

En verdade xúroche Susana que non é nada doado manter a mirada por riba do pescozo dunha muller. Vai resultar que, despois de complacerse nos ollos, na sonrisa e na faciana en xeneral, unha especie de imán carnívoro atrae ollos e mirada cara abaixo de xeito irremediable.
Téntase que non sexan miradas “por tempo indefinido”; pero nesa procura o único que facemos é delatarnos con máis énfase… E que para os homes o voso corpor está plagado de zonas de alta voltaxe que nin podemos (nin queremos) obviar.

DOUS bicos!

Comentario by Kaplan el octubre 19, 2010 @ 7:35 pm

Diga que si, muller: se non é unha obra de caridade calar así os xemelgos desde logo estalle ben perto de selo.

Comentario by Beatriz el octubre 19, 2010 @ 9:23 pm

Estupendo relato, seguiré las aventuras de la del vestido rojo y sus tetas hipnóticas.

Comentario by Zeltia el octubre 19, 2010 @ 11:48 pm

Vistos objetivamente no son feos, tan jóvenes y energéticos, con los ojos sumamente brillantes
vistos objetivamente… y con tres “ginger ale” encima!
(porque al principio no le gustaban nada)

Tus últimos relatos me parecieron más originales que éste, pero igualmente está muy bien, eh;. No sé, no me hagas mucho caso, que hoy no estoy muy a tono. Seguro que a todo el mundo le encanta. Quizá la protagonista me contagió su propio pasotismo.

Comentario by Wendy el octubre 20, 2010 @ 10:48 am

Es un estilo distinto al habitual, ¿pubicaste este relato en Certo, o en otro sitio?, no sé, me suena de habértelo leido antes, pero quizá esté equivocada.

Chousa, al menos por mi parte, todos los esfuerzos por no mirar insistentemente al escote son bien recibidos. Lo poco/discreto halaga, lo mucho violenta mucho, al menos a mi. Me rebelo, pienso: tengo cara, ojos, labios,…cerebro; también tengo tetas, pero no soy tetas. Igual soy rarita, pero aunque me agrade que se fijen, no soporto que se queden en “stand by”, me violenta y me cabrea.

Comentario by Susana Moo el octubre 20, 2010 @ 12:31 pm

Sí, Wendy, este relato lo había publicado en Certo en gallego hace un tiempo. Lo escribí hace un año aproximadamente, conque la crítica de Zeltia me la tomo como un piropo, ¿es posible que vaya mejorando mi estilo? Ojalá.

En cuanto a lo de mirar ¿es que a vosotras no os pasa? A mí sí, si la mujer que tengo delante muestra un escote llamativo, se me va la mirada y me tengo que contener, con lo cual, les entiendo a ellos, a Chousa concretamente. Otra cosa es quedarse pasmado, que puede resultar violento (dependiendo del contexto). Aquí estamos en un contexto erótico, así que las miradas son bienvenidas.

Saludo especial a sexodos y a Beatriz, que es la primera vez que comentáis. Bienvenidos.

Comentario by Wendy el octubre 22, 2010 @ 12:45 pm

¡A eso me refiero, a lo de quedarse pasmado!, lo otro me parece dentro de la lógica; también yo me quedo prendida de una espalda o de unas manos, pero no me quedo parada mirando a esas partes de la anatomía del maromo en cuestión, como si no tuviera otras.

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