Dos accidentes. Parte I
Amigos, amigas, hoy estoy aquí de milagro. He tenido un accidente de tráfico aparatosísimo. Pero no os preocupéis, me encuentro perfectamente, un poco emocionada después de los acontecimientos tan intensos que me han tocado vivir ¡qué susto! Hoy estamos y mañana no y, de repente, valoro más que nunca encontrarme aquí, en compañía, en vez de ingresada en la planta de traumatismos o lo que sería peor, en la fría tumba de piedra, con todos esos difuntos alrededor. Uff, ¡meigas fóra!.
El crash fue en un cruce y la culpa la tuvo el otro, que se comió el semáforo en rojo y me embistió de lleno dándole un bocado inmenso al lateral derecho de mi coche. Me puse nerviosísima, me temblaban las piernas, las manos y mi cerebro estuvo unos diez minutos absolutamente atontado. El del otro coche resultó ser un portugués joven, que se puso tan flan como yo. Aceptó su culpa y me pidió disculpas. Sí, asumía toda la responsabilidad, pero no llevaba la documentación encima y se ofreció a darme su teléfono para enviarme los datos con posterioridad. Nanai del peluquín. Aun a pesar del atolondramiento general, aun a pesar de que el tipo parecía honesto, como buena gallega desconfiada, decidí que mejor le acompañaba a buscar su documentación para cubrir el parte amistoso hoy mismo, en caliente.
Debía dejar mi coche en algún sitio y le pedí que me siguiera con el suyo hasta mi taller habitual. Memoricé a toda velocidad su matrícula, por si se daba a la fuga, pero resultó ser un exceso de celo por mi parte. Allí fuimos, yo con mi coche destartalado a quince por hora y él detrás en el suyo, como un corderillo. Lloré un poco ahora que estaba sola y eso me tranquilizó bastante. Una vez mi coche en manos de mis mecánicos de confianza, me subí al suyo para ir hasta su casa donde decía tener el papeleo y donde podríamos cumplimentar el parte amistoso.
“¿Me estaré pasando de confianza?” me dije una vez sentada en el asiento de copiloto, observando de reojo al portugués -que tardó en ponerse el cinturón de seguridad-. A primera instancia no me había resultado atractivo, pero a medida que pasaban los minutos, y gracias a que se comportaba de forma tan amable, le fui viendo con mejores ojos.
Llegamos, aparcó, bajamos,
- Você fique na cafetería que eu venho agora com a documentação.
- Vale.
Vi como se alejaba y mira qué culo. Fuí al baño y con mi kit de urgencia recompuse mi rostro y mi pelo y, ya puesta, desabroché el botón superior de mi blusa, el que deja ver el comienzo del canalillo, que es una carta de presentación fantástica. Una nunca sabe detrás de qué puerta se esconde un buen polvo.
Volvió con su estuche y nos llevó un rato cubrir los apartados del parte. Hicimos el croquis de los hechos y él firmó su culpa, con que ya me distendí. Al haber visto todos sus datos supe que era dos años menor que yo, que era de Oporto y que trabaja aquí, en la construcción, charlamos un poco, me dijo que tenía un hijo adolescente – que debió de tener siendo jovencísimo- y charla que te charlarás me di cuenta de que le apetecía tanto como a mí abrazarnos, festejar la vida, espantar al meigallo.
- Muchas gracias por todo, le dije, así da gusto tener accidentes.
- ¿quer que a leve a algun lugar? Eu hoje já não trabalho.
- Pues no se me ocurre, yo tampoco pienso ir a trabajar.
Entonces entré al trapo, sin pensar en las consecuencias de mis palabras:
- Esto merecería … Imagínate que se me ocurre homenajearnos con una botella de champán e ir a algún sitio para celebrar que estamos vivos – a veces ni yo misma me creo lo bicha que puedo llegar a ser-.
Se puso serio, titubeó, “vamos, vamos”, y ya se levantaba corriendo. Pero yo:
- No hombre, ¡era broma!, dije, zorra hasta la muerte.
- Não, não, vamos comprar champanha, me cogía de la mano. Noté la aspereza de la suya.
Hala. Ya. Tenía lo que quería, ¿era realmente lo que quería? Allí estaba yo, en un supermercado comprando cava con este héroe del andamio y mira qué casualidad, allí enfrente hay un hotel, ¡anda sí!, ¿vamos? vamos.
Mientras los acontecimientos se precipitaban, en mi interior comenzaban a surgir dudas ¿estás segura de que te apetece, Susana? A ver, bonita, no tienes necesidad ninguna, piénsate lo que haces ¿no estás yendo en plan “poner una nueva muesca en la solapa”? ¿de veras te apetece este portugués?
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Comentarios
no me voy a disfrazar yo ahora de adivino, pero vamos que me entran ganas de pasar por Galicia y darle un tantarantán a tu coche,
sí, sí yo también aceptaré la culpa,
besos,
Hola,
La verdad es que se te ocurren unos shocks un poco raros… Pero bueno, si el portugués está bueno, que te embista por donde debe y no con el coche.
Besos.
Eso. y con el cava “del tiempo” del super! y bebido en el vaso de los cepillos del cuarto de baño!
¿no tenía el portugués la casa allí mismo, al lado de la cafetería donde se decidió “la celebración por la vida”?
Si es que las decisiones impulsivas nunca son bien pensadas! jajaja
De todos modos, vivan los impulsos vitales!
Que salir ilesa de un accidente, con toda la adrenalina acumulada necesita… necesita… ¿necesita un polvo con un desconocido? que encima por poco te mata? jajaja
[yo ya iba a correr a abrazarte para calmarte los temblores del susto y secarte las lágrimitas de nervios, y mira que giro!] Me ha encantado este post jugando con la ficción y la realidad, estimulando el morbo del personal.
Sí Zeltia, tenía la casa allí, pero si no me invitó a subir por algo sería… desde luego no pregunté.
Y sí, el cava en la bolsa del Gadis auguraba … pero no voy a destripar el cuento (Me encanta tu forma de leer, tan al detalle).
Muy elocuente Lobato con lo de “que te embista por donde debe y no con el coche.
tantarantán, je, cerdo!
Y me despido como Antonio: sed felices … y libres.
Cuidado con el portugués, que nunca sabes qué te puede abollar ahora ya con unas copas encima.
Y entonces crees que lo del hijo adolescente fue a causa de algún otro “accidente”?
Una foto ilustrativa de tu post bastante desafortunada, no tiene nada que ver tu parte de accidente amistoso, con un intento de reanimación respiratoria por electrocución en un poste de alta tensión.
Jjjjjj, me encanta el comentario de Chousa. Me encanta el relato, y especialmente esa parte final de lucha entre los impulsos y la razón, que a veces te salva y a veces te condena. ¡Si se puediera dejar de pensar, de vez en cuando, qué alivio sería!!!!!!!!.
Casualmente me he topado con el super donde el infractor y la víctima, el albañil y la literata, la bestia de manos callosas y la bella de piel sedosa se compraron su cava (semiseco y caliente, como yo). Esto es lo que se llama un parte amistoso.
Bueno, dr. Mikel, sí tiene algo que ver, metafóricamente hablando. En cualquier caso, la imagen es bella (ganó el Pulizzer). Como los mexicanos, como los gallegos, me gusta reirle de cara a la muerte.
De abollar nada, Lepis. Pocas veces se incluye en la literatura erótica el uso del condón, pero ¡amigo! es condición si ne quanum.
Ananda, no voy a colgar la foto que me enviaste por no hacer publi, pero se agradece el detalle.
Y sí, Wendy, yo también me reí con el coment de Chousa.
Seguimos, si os apetece.
la verdad es que para el susto que te llevaste te recompusiste en seguida, vaya que sí, ya te veo desabrochando el botón, diablilla…
es que el albañil siempre ha tenido su morbo en los cuentos, ya nos contarás si en la realidad también.
¡lo de beber el champán en los vasos de plástico!… dille a Zeltia que poderíades pedir uns de cristal en recepción, aínda que a mín o champán gústame en calquera sitio… ata mismamente nun corpo, fíxate tí que rariña son.
biquiños,

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No te demores en la continuación, quiero saber se te paso el shock postraumatico, con tan original tratamiento.
Se feliz…., y libre.