Último relato erótico presentado al juego “¿Qué tengo entre las piernas?
Hoy sale el último de los relatos. Me da a mí que ya estamos un poco cansados de tanta adivinanza, pero os pido un último esfuerzo y ya mañana hacemos balance y sacamos conclusiones. Hagámosle pleitesía ahora a éste al que le tocó ir de último.
Leed esta fantasía erótica e intentad adivinar si la ha escrito un hombre o una mujer:
La llave
Los pies descalzos de Isabel comienzan a brincar sobre los charcos de agua tratando de alcanzar su carro. En ropa de oficina habitual (blusa manga larga abotonada a una cuarta del cuello, falda hasta la rodilla gris oscuro, tacones medianos, cerrados, que ahora bailan en su mano) le resulta bastante difícil correr ya que cualquier movimiento brusco pareciera sacar al aire alguna parte privada. Hasta que Isabel logra salvar la distancia.
Abre la puerta como puede y entra pero o puede evitar sentir como la sibarita le hierve por dentro. El piso mojado, sus pies descalzos y la ropa completamente pegada al cuerpo le encienden la sensualidad como árbol de navidad.
Estando dentro de la privacidad de su carro y los vidrios ahumados, intenta introducir las llaves dentro de la ignición pero por la humedad de sus dedos se le resbalan, cayendo justamente entre el monte de venus. Sus dedos impacientes comienza a buscar una llave que se hunde en el pecado de sus pensamientos y que, a pesar de encontrarla, le desconcierta toparse con una ropa interior tan mojada que resulta inexistente ante el roce.
Mirando por el vidrio se percata que sería imposible que alguien notase que ella está ahí: juguetona, intentando justificar con las llaves perdidas aquella caricia a su vulva traviesamente. Así que agarrando con su meñique la llave, comienza a explorar su entrepierna sin ningún pudor: recorre su exterior ejerciendo presión con fuerza mientras con su dedo índice acaricia un clítoris que estaba expectante y dispuesto. Sin más miramientos se percató que podía apartar el hilo dental que llevaba puesto mientras dejaba a su mente fantasear libremente.
Sus dedos pasearon y se deleitaron con su aquella sorpresiva humedad: unos dedos acariciaban suave y fuerte por el exterior, mientras otro se introducía al principio tímidamente y luego audazmente en la oscuridad de aquel placer súbito y trepidante. Su otra mano comenzó a acariciarse cada uno de sus senos por encima de la ropa que se encontraban duros, erguidos, culposamente eróticos. Del blanco de su piel no quedaba recuerdo y aquel rosa-rojizo estallaba a brotes por todo su escote. Su mano derecha seguía incesante entre sus piernas, cabalgando ahora con ritmo mientras una respiración agitada comenzaba a empañar los vidrios. Un dedo índice que ya no quería salir de si, un dedo pulgar que parecía querer despellejarle al clítoris su orgasmo. Una humedad tal que desbordaba sus dedos. Un pulso, un instante, una centella que se veía en el horizonte y segundos después un trueno que acompañaba un escalofrío que le recorrió entera. Un instante y todo en calma, en silencio.
De pronto un golpeteo en el vidrio le hizo volver a la realidad: ¡un vigilante! Isabel baja el vidrio y le indica al joven que perdió la llave, que no la alcanzaba, mientras hacía el ademán sin percatarse que la blusa había perdido un par de botones dejando expuestas a unas “maría y lucía” sonrojadas de placer para el deleite del muchacho. Sin inmutarse ni entender lo que ocurría el hombre se da la vuelta, mientras Isabel se recomponía del suceso y arrancaba el motor del carro para irse a casa.
………….
¿Qué género tiene el autor de esta fantasía erótica?
Deja tu opinión-voto en los comentarios.
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Comentarios
Mientras towanda escribía estaba yo dando una rápida primera lectura antes del café…
Lo tengo aquí delante, el café… Y no, no pienso votar antes del café.
Me quedo con tres detalles rondando la cabeza: el carro, el vigilante zombi que no se entera de nada en una calle lluviosa, y la tormenta-escalofrío…
Luego vuelvo y voto, si me permitís un tiempito de reflexión y una lectura más paciente, como se merece este último relato, igual que los demás, claro que sí.
Hola,
Veo que soy el primero hoy.
En este relato me parece que es un HOMBRE. Me parece que se corresponde más con el deseo de un hombre que de una mujer.
Besos.
Pues lo he leído detenidamente y no consigo llegar a una conclusión muy clara. Es que hoy he tenido que madrugar y estoy media dormida…
Me parece más bien la fantasía de un hombre.
Voy a votar HOMBRE esta vez. De nuevo tenemos un relato muy centrado en ella. El vigilante zombi es demasiado anecdótico, apenas interactúa, ¿ni una palabra, a Lucía o María? Un “tápese señora que le va a coger el frío”…
Las camisetas mojadas les ponen más cachondos a ellos que a ellas, las que están mojadas, quiero decir…
He dicho… y votado..
Yo en éste no puedo votar. Por un despiste el/la autor/a me lo envió, y aunque no lo leí, recordaba el título.
De modo, que hago el recuento, que es fácil porque todo dios opina que es un caballero, un machote literariamente hablando (anda que como sea mujer…).
¿nos dices ya quien eres?, ¿esperamos un poco más? ¿prefieres que sea Chousa el que lo haga?
joder susana, jajaja, que prisas te entraron! deja que llegue la noche! férveche aquilo, eh!
pois eu vou votar que é un home.
no relato trece que me escarallou a boa media, non o pensei, o relato era feminino, resultou ser un home, pero era feminino.
Este é masculino.
Explica la masturbación con el juego de dedos que suelen utilizar los hombres cuando masturban a su compañera. No es la manera de como nos solemos autosatisfacer. (si eres mujer, te felicito por el buen juego de muñeca)
HOMBRE
¡¡Yo pensé lo mismo cuando leí la descripción de la masturbación!!!.
Voy a votar hombre, por ese detalle, pero tampoco lo tengo muy claro…
Supongo que fue demasiado obvio. Pero si, hombre. Vaya que se le ve las costuras.
Lamento ser tan obvio, pero si, es de mi autoría.
De todas formas, gracias a Susana y Chousa por tanta paciencia. Y a los demás por la atención.
Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado……..
Que esto hay que repetirlo, que me lo he pasado genial, y saludos a todos.
Y Susana, la foto con las sandalias amarillas, venga porfa!!!!!!
Gracias a ti, Alberto. La verdad es que al haber salido tu relato de último, me parece a mí que ya vamos teniendo más tino. Habría que ver qué habría pasado si hubiese sido de los primeros.
En cualquier caso, no es negativo que se te distinga como hombre. Henry Miller, por ejemplo, más masculino no podría haber sido en sus relatos, y es uno de los grandes (a mí me encanta su erotismo).
No te despidas Antonio, por favor.
Tengo cientos de cosas más que ofrecer. Tengo un tocho de libros -calentitos- en mi biblioteca que me muero por enseñar, tengo un montón de cuentos, algunos guardados en archivos, otros todavía en mi fantasía, una porrada de historias, las de antes y las que vendrán, tengo sorpresas por enseñar y secretos por descubrir. No te despidas Antonio, que aquí la juerga continúa.
(¿todavía pensando en las sandalias amarillas? ¡qué tio!)
Claro, Alberto, no es malo que se te distinga como hombre. Además no es que fuese tan obvio, es que estamos entrenados, que eres el número 15.
Es más, la subjetividad es un plus, sobre todo en erotismo, creo yo… Creo que quien se mete a leer erotismo busca precisamente eso, algo muy íntimo y personal, entrar en lo más secreto, en lo más profundo del autor. No cualquiera está preparado para entregarse así en sus relatos…
Yo también quiero ver esas sandalias amarillas!!
Mujer y confieso que es un relato muy bien contado.Casi, casi. lo he vivido.Lo del vigilante estuvo espectacular.Buena ocurrencia
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¡¡¡Ualá!!! He llegado primer!
Vista la racha imparable de desaciertos que llevo en este juego tan original, sugerente y educativo-descubridor, voy a opinar sin tener referencia de los sabios comentarios de l@s habituales; un salto sin red, vamos… (Pedazo de leche me voy a dar!!!
Bien, fuera rollos: opino que es HOMBRE.
Ando que vuelo, así que los razonamientos del relato y del juego serán para otro rato, erotóman@s míos.